Porqué le Damos un Tratamiento Diferente


¿Qué quiere que le diga, mi amigo? En todo caso, hoy saco a la luz una reciente noticia que hace referencia sobre la muerte de más de cuarenta personas que fueron calificadas como “rebeldes” por el Ejército ruso. Tan funesto hecho terminó por capturar mi atención, y eso que el asunto venía relatado en la décima página de un periódico nacional, y que no estaba signada ni contaba con grandes titulares. Esta, por el contrario, sólo ocupaba la mínima fracción de una columna… Algo así cómo para decir: cumplo.

Tan pronto leí la noticia y digerí el acontecimiento, me entretuve pensando si el caso hubiera ocurrido dentro del territorio de otro país, como por ejemplo: los Estados Unidos. Allí, la situación se habría recogido de diferente manera; ya que seguramente ella pasaría a ocupar los titulares de toda la prensa y más que pronto se harían críticas en todos los tonos y colores del acontecimiento en mención.

En todo caso, cabe preguntarse: ¿A qué se debe ese diferente tratamiento y visor de los hechos mundiales? ¿Hay una antipatía manifiesta por la primera economía mundial? ¿Todavía ocupa ese lugar el gran país del norte? ¿Cómo la media norteamericana se encarga de magnificar los eventos? ¿Será que la libertad de expresión permite que las críticas internas a su propio gobierno sean reproducidas por los medios de comunicación?

Esta y muchas otras reflexiones análogas que han quedado en el tintero sobre lo que ocurre en el panorama mundial y el tratamiento que se le da a las noticias, me lleva a pensar en lo que está ocurriendo no solo en mi país, sino que en casi todos los otros de Sudamérica: el fuerte debate cuando analizamos las frecuentes agresiones que han sufrido los periodistas y los medios de comunicación, cuando se pretende aprobar una ley que coarta esa libertad de expresión, y también cuando tantos medios de comunicación están en manos del Gobierno.

Lo que debería tenerse en cuenta, mi estimado lector, es que las diferentes realidades ameritan enfoques diversos; pero resulta que por aquí nos queda evidente que, el tratamiento que se le da a las noticias relevantes, luce como discriminatorio.

La muerte, en cualquier lugar y circunstancia que se produzca, y más si es de decenas de personas, siempre -por los más diversos motivos- al ser humano le causa conmoción, congoja y pesar, y por lo tanto no se puede caer en un tratamiento banal o restarle importancia… ¿O no?… Piénselo mejor.

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Un Mal Final para el Asedio Electrónico


Como se sabe, algunas veces en la vida nos toca realizar grandes viajes a través de pequeñas bobadas y, francamente, ante tales circunstancias concluyo que, mismo que tengamos que encarar la Verdad, siempre será mejor si ello ocurre de un modo indoloro.

Después de malgastar mis talento en tan florido preludio, incauto que soy, me entero que un estudiante universitario que había filmado sin autorización a su colega de cuarto que era homosexual y el cual posteriormente acabó por suicidarse, recientemente fue sentenciado con tan sólo 30 días de prisión, una condenación muy inferior a la pena máxima de 10 años para este tipo de delito, y tal asunto terminó por convertirse en un caso que suscitó un fuerte debate en los Estados Unidos.

Toda la cuestión comenzó el 19 de septiembre de 2010, cuando Dharun Ravi, de 20 años, nascido en la India, colocó para funcionar su webcam “made in China” en el dormitorio que dividía con Tyler Clementi, de 18 años, en la “Universidad Rutgers” (Nova Jersey, leste), y luego se acomodó para asistir placenteramente a distancia a un romántico beso entre su colega y un otro hombre.

Aun no satisfecha su curiosidad varonil, Ravi volvió a hacer lo mismo un par de días después, pero esta vez no fue egoísta y decidió convidar a sus amigos a través de su cuenta en el microblog Twitter para que ellos compartiesen lo que acontecía entre Clementi y su amante-hombre.

Pero como le suele suceder a todos los facundos indiscretos, el destino no le fue diferente, pues Clementi, que seguía Ravi en Twitter, desligó a webcam cuando leyó la invitación de su colega de cuarto para asistir a la sección erótico-amatoria que Clementi les proporcionaría gratuitamente.

Probablemente sintiéndose abochornado por la efemérides causada, un día después, más exactamente el día 22 de septiembre, el joven homosexual, -un violinista introvertido con personalidad contraria a la de su colega de cuarto y al que todo indica no le gustaba subirse al tejado-, se arrojó a las turbias aguas del rio Hudson desde lo alto del puente Washington Bridge, que une Nova York a Nova Jersey.

Al dar continuidad al pleito que se estableció por la muerte del estudiante, un experto abogado alegó que Ravi sólo podría ser culpado por “una picardía que terminó mal”. Y así, el joven indiscreto no fue juzgado por la muerte de Clementi, y sí por intimidación y por la invasión de privacidad de su compañero de cuarto.

Antes de anunciar la sentencia, el juez Glenn Berman, de New Brunswick, Nova Jersey, se dirigió a Ravi, que estaba ya a orillas de las lágrimas, y expresó soberanamente: “Yo no escuché aquí un único pedido de disculpas”, apuntó dicho magistrado.

Sin embargo, el juez Berman denunció la “colosal falta de sensibilidad” de Ravi por haber filmado Clementi a distancia, pero acrecentó que no recomendaría la deportación de Ravi, nascido en la India. “Este señor nunca podrá apagar el dolor que causó”, afirmó el condescendiente juez.

La madre del ahora ex-aluno entrometido, imploró por clemencia ante el juez, pidiendo para que “le diesen una nueva oportunidad” a su hijo que acababa de vivir los “20 meses más infernales de su vida”.

No en tanto, la madre de Clementi, por el contrario, llamó a Ravi de joven “arrogante y malo” por haber intentado humillar a su hijo… Al final de cuentas, pienso que los padres, al igual que los maridos cornudos, siempre son los últimos en enterarse.

Ahora el caso ganó repercusión y destaque, enfureció a la comunidad gay y provocó discusión sobre el asedio electrónico -“cyber-bulling”-, y el tipo de jugarretas que son habitualmente practicadas con los homosexuales. Otros, no en tanto, afirmaran que Ravi fue una víctima más de un promotor exagerado.

Se dice que los especialistas recuperaron muchos e-mails y mensajes de Twitter de los dos jóvenes participantes del episodio, como una manera de tentar esclarecer el caso, sobre todo los de Ravi, donde éste menciona la homosexualidad de su colega de cuarto y en los cuales convidaba a sus amigos a seguirle la pista junto con él.

Al final, la sentencia determina que, además de los 30 días de prisión, Dharun Ravi tendrá que realizar 300 horas de trabajos comunitarios.

Dicho esto, para asombro de los tolos, el espanto de los lánguidos decadentes, la perplejidad de los burgueses domésticos y en pro de la verdadera rehumanización del lesbianismo, prometo que hoy en adelante dedicaré el espacio de mis sesos a pensar en la coherente suavidad de la Nada… ¿No es una verdadera proeza conseguirlo?

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