Condena


El amor, cuando cabe todo él dentro de una sencilla flor, puede llegar a ser infinito, pero cuando de repente uno ha sido desterrado de ese refugio seguro que nos proporciona el amor y la pasión, entonces avanza contra el mundo y al mismo tiempo le teme.

En ese pasadero instante, con el corazón hecho añicos, uno construye con sus versos tristes otro mundo artificial que lo sustituya, dejando que sus poemas giren en torno a él, así como las flores lo hacen frente al sol en las mañanas de primavera.

Lo que nos queda, es esa gran sensación de vacío que se adueña del cuerpo cuando alguien se te mete en los sueños de tu vida, los destruye y luego se marcha. Restan entonces las mañanas en que ya nadie nos despierta y las noches en que ya nadie nos espera.

Ha de ser siempre así, como si las palabras y su tiempo estuviesen desajustados, como lo que debiera decirse ya no fuese oportuno, así como no lo será el día en que nos falte la vida y nada podrá ser dicho ya.

Recuerdos


Suspicaces afirman que en ambos lados de los árboles de los bosques suelen crecer infinitas flores que pertenecen a un colorido jardín que ha sido construido con palabras y pensamientos aun sin confesar.

Estos bien que pueden ser extravagancias o liviandades que repentinamente surgen del olvido y se introducen sin permiso en nuestro asombro y nos causa consternación, ya que no importa si de ojos abiertos o cerrados, de la nada veamos brotar ecos de voces de un pasado remoto, mismo que ese pasado sea una colección de silencios ahogados de los que aún quedan partículas calladas que nunca quisimos contar.

Todo lo perdido ya tuvo su color exclusivo y original; sin embargo, junto a las sístoles de un jadeante corazón viejo, cuantiosos de esos serrines de recuerdos nos invaden en la quietud de la noche entonando su partitura inoportuna para corear los pensamientos que no revelamos, y mucho más si los hemos ahogado en llantos junto a la almohada.

Esos pensamientos disipados se asemejan a una luna llena que imaginábamos elíptica en un oscuro firmamento sin estrellas, aunque a todo momento manifestemos la sana intención de borrarlos o dejarlos escondidos en las sombras del vacío. Pero todo esfuerzo resulta en vano, porque ahí están, como lobos solitarios que aúllan en las madrugadas, que corren, simulan que se detienen y vuelven a correr con sus mandíbulas abiertas deseando desangrarnos.

Cada persona tiene sus propios vaivenes, pormenores que ha ido acumulando en el joyero de su intimidad. Claro que cualquiera de ellos puede que sean algo artificiales, pero las fotografías del antaño lejano y no tanto así no lo son. Estas son fieles testigos de los pensamientos de la época y de palabras repentinas o aleatorias que un día quedaron presas en los dientes por no animarse a traspasar los labios.

Yo mismo no paso de un bosque y una noche de árboles oscuros, pero puedo garantir que quien se anime y no tenga miedo de mi oscuridad, podrá encontrar también en mí enormes canteros de rosas en medio a mi floreta particular.

Flores Marchitas


61-flores-marchitas

Los cuentos suelen pasar de boca en boca, pero al ser repetidos una y otra vez, estos nunca mantienen intacta su historia. Veremos que tal sale éste.

…Sin fallar siquiera una vez que fuese, todos los meses Rosita iba al cementerio para depositar flores en el túmulo de su fallecido marido. Claro que para ella, esas visitas no eran una obligación, sino más bien una prueba del enorme respeto hacia su memoria y el vivo cariño que siempre tuviera por él, ya que ellos se habían dado tan bien en el relacionamiento conyugal.

“Mi marido, -repetía incesantemente Rosita para todas sus conocidas, junto a una tierna sonrisa-, siempre fue un hombre maravilloso. Él adivinaba mis pensamientos, hacía todos mis gustos y deseos. Y si bien, a causa de su trabajo, seguidamente se veía obligado a viajar permaneciendo por un día o dos lejos de casa, a la vuelta siempre me traía un regalito. Incluso, hubo ocasiones en las cuales yo no sabía por dónde andaba metido, pero él igual me telefoneaba, siempre apurado, pobre; tanto, que ni me daba tiempo a preguntarle en qué lugar se encontraba”.

A causa de esos lindos recuerdos, ella no podía dejar de prestarle su justa homenaje, llevándole siempre un ramo de las flores que a él tanto le gustaban. Cierta vez le habían mandado a casa un gran ramo con sus flores predilectas. Fuera un amigo que le hiciera esa gentileza. Pero en ese momento él no quiso mostrarle el origen de la tarjeta, que era por sí muy elogiosa, ya que eso de cierta forma a él lo violentaba, pues no se hallaba merecedor de tantos elogios y loores.

Sin embargo, una cosa Rosita extrañaba todos los días 15, que era justamente la fecha del mes que comparecía al cementerio. Es que al fallecido le gustaba mucho esa cifra. Decía que ese alguarismo le traía suerte.

El caso es que cada vez que iba, Rosita encontraba en el túmulo un ramo con las mismas flores que ella le llevaba, por lo que se preguntaba cómo podían durar tanto. Un mes entero. ¿Será que mi marido, mismo muerto, tiene un poder extra natural para que las flores no se marchiten?

Cierta vez ella se animó, y le contó dicha ocurrencia al padre de la iglesia que concurría, pero el sacerdote quedara medio estupefacto con el extraño relato y ella nunca más lo mencionó. Decidió que no tocaría más en el asunto, porque tampoco quería que la voz corriese entre los feligreses y luego estos la tomasen por loca.

El caso es que ella iba al camposanto a la tarde, hasta que un día resolvió ir por la mañana. Precisamente, ese día, su cuñada estaba de aniversario y la celebración sería por la noche. Hacía tanto que ya no cuidaba de su apariencia, que antes quería ir a la peluquería, para arreglarse un poco, ya que comparecerían muchos conocidos y ella no quería mostrarse abandonada.

Cual no fue su sorpresa, entonces, que esa mañana, al llegar cerquita del túmulo del fallecido, notó un grupo de personas, inclusive un par de chiquillos. Luego pensó: “de seguro, estarán enterrando a alguien al lado del sepulcro de mi marido”.

Pero, no, no era. Aquella gente toda estaba de pie frente a la sepultura de su marido. A pasos comedidos, Rosita fue acercándose, al punto que oyó a una señora de media edad, indicar a los niños:

-Hínquense de una vez, y recen por vuestro padre, que siempre fue muy bueno con ustedes.

Rosita les dio la espalda, largó las flores en un cesto de basura y se marchó a pasos decididos. ¡Nunca más volvió!

Abjuración


22- abjuracion

Aun no soñaba en conocerte, vida mía, pero ya me dedicaba a plantar flores y madrigales en el camino. Tuve como propósito que ni un sólo día de mi vida me faltasen las mariposas.

Pero luego que te conocí desenredando festivamente ese viento primaveral que se levanta en el ocaso, me distes un beso, y nuestros besos se transformaron pronto en danza y la sonrisa se hizo niña en tu rostro.

Tiempo después, sumergidos en un lento juego de luces noctívagas, mientras miles de nuestros besos varaban en un ansia anidada, nuestras manos construyeron diligentes una alianza de amor perpetuo. Entonces el suave toque de mis manos de pergamino convirtió mágicamente tu cuerpo en rosas y en mi estómago nacieron nuevas mariposas.

De inicio no lo advertí, pero traía tu amor, tal cual una estrella fugaz del firmamento, una larguísima hilera de emociones y dolores, un largo rayo mancillado de espinas; y, sin querer, ciegos de amor y pasión, decidimos cerrar nuestros ojos al mundo para que ninguna herida nos separase jamás.

En ti los ríos cantaban, pero de rebato, nada más que de repente, tú partiste y los minutos de mí vida se volvieron horas. Desde ese día mi cama pareció vacía, y la falta de tu toque se convirtió en pura agonía cuando la adversa campana solitaria del crepúsculo cayó de vez sobre tus ojos.

Desde ese día la tierra ya no canta. No es culpa de tus ojos este luto mío, no buscaron tus pies este camino y tus manos no clavaron esta espada, pero la simple evocación de tu piel perfumada hoy me causa un agito de escalofrío y mis lágrimas se tornan puras antes de ahogarse en el hondo torrente de un río.

El delicioso gusto azucarado de tu boca lo busco ahora en toda fruta madura, y encuentro la mirada de tus ojos en toda nube oscura. Fruto prohibido de mis quimeras, mujer de ensueños y alucinaciones noctívagas, rumor de olas quebrándose en la playa, en tus brazos me he rendido un día después de haber sido ladrón de corazones.

Farsante impío y despiadado que ha pasado toda la vida esquivando balas, siento que de repente me ha matado tu abrazo, tus besos, una despedida, y un hasta nunca más.

Encomiende Ya su Lúdico Robot


Algo anda sonando como a exotérico en el huerto del Señor, si bien no hay dudas que para la mayoría de los humanos pensantes que necesitamos vivir en él sin pisar en las flores, la idea de practicar sexo con máquinas frías y sin vida puede no parecer tan atrayente y encantador como cualquiera pueda imaginar.

Con todo, por el amor a Afroditas, la fogosa deidad que los dioses disputaban a las patadas, esos mismos pensantes sentimentales de hoy pueden que estén rotundamente equivocados, pues todo indica que ese nuevo juego lúdico-libidinoso puede tornarse normal más temprano de lo muchos imaginan.

Esta excentricidad me trae a la memoria algo que me contó mi vecino el otro día, cuando me dijo: “Antes de ayer necesité hacer una recarga para mi celular, pero como yo estaba ocupado mandé a mi empleada, que me pidió que le anotara mi número en un papelito… Obvio, le puse uno falso, porque tengo novia y la amo”.

Dejando de lado esas ridiculeces de mi impulsivo y enamorado vecino y lo sucedido con Hefestos, Ares y Adonis en las tierras de la vieja Corinto y Atenas, y volviendo a la originalidad que mencioné al inicio, debo advertir que el Dr. Helen Driscoll, de la “University of Sunderland”, comentó hace poco que los avanzos tecnológicos en el campo de la realidad virtual y de la robótica pueden permitir el surgimiento de lo que él pasó a llamar de “tecno sexo”… Que no es lo mismo que “tengo sexo”.

Incluso, este catedrático agregó que las personas pueden acabar apasionándose por sus parejas robóticas, pasando a dar preferencia a las relaciones sexuales con ellas… Mismo que estas resulten más frías que un témpano de hielo.

Conforme avisa el Dr. Driscoll -que no debemos confundir con el Dr. Scholl, ya que al contrario éste cuida sólo de los pies-, parecería que lo dicho puede causar sobresaltos porque “nosotros tendemos a pensar sobre cuestiones como la realidad virtual y el sexo con robos dentro de las normas vigentes”.

Sin necesidad de mostrar espasmos del intelecto, en su dialéctica, el Dr. Driscoll fue más lejos y comentó: “Con todo, si pensamos un poco en las normas sociales vigentes sobre el sexo hace 100 años atrás, veremos que las diferencias de hoy son radicales”… “Como la realidad virtual se está tornando más y más realista, ella ciertamente será capaz de imitar o mismo mejorar la experiencia sexual que hoy se tiene con una pareja humana”… “Es concebible que a futuro algunos han de escoger esta nueva tendencia, dejando de interesarse por compañeros humanos de juegos a dos en la horizontal y en la cama”… “Y digo más, esas mismas personas también pueden terminar apasionándose por sus parejas virtuales”.

En cuanto estas prestidigitadas teorías no se cumplen, agrego que hace poco, por ejemplo, me divertí con una impresionante investigación en el campo de la medianidad. Por ejemplo, sabiendo que el jardinero poseía tales poderes, lo até al sofá y le ordené que evocase alguna cosa. Enteramente poseído, él evocó luego un aumento de sueldo, por lo que me vi obligado a darle unos golpes con mi bengala. Procurando entonces ser compasivo y no exigir más de la cuenta del pobre hombre, comencé por cosas fáciles: hacerle bajar el espectro del chorizo que saboreaba… Él espumó un poco, es verdad, sin embrago, en minutos, un ectoplásmico cochino apareció y, al ser sometido un vasto interrogatorio, terminó por contarme que además de monótono, el Más Allá era una pocilga… ¡De no acreditar!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Como Agradar a su Mujer


De aquí a la China, es muy común ver las parejas caer en la insidiosa rutina de la vida, y por ello, mi amigo, es frecuente que a partir de un cierto punto del relacionamiento, cada uno pare de prestar atención en su compañero. Empero, para salir un poco de ese automatismo en el que anda metido, y buscar de alguna manera alegrar y valorizar a su amada, ¿que tal si usted intenta realizar algunas prontitudes sentimentales y pasionales de vez en cuando?

Claro que mi amigo no necesita pasarse las 24 horas por día desdoblándose en mil para poder agradarla, -eso es imposible-, pero creo que también no le cuesta nada realizar alguno de los gestos cariñosos que hoy le indico, para mostrarle lo cuanto ella es especial para usted… Aunque entiendo que haya casos que ya no tienen más tramitación.

Pero digamos, por ejemplo:

Lavar la vajilla de la cena – No, esto no quiere decir el tener que convertirse en un esclavo de las tareas domésticas y olvidarse del futbol de los miércoles o de los jueves del póquer con los amigos. Pero ayuda y mucho, si de vez en cuando, con algunas tareas que ciertamente no matan a nadie, usted pueda probar para ella como es solícito y está dispuesto a ayudarla en lo que precisar. ¿Que tal probar después de que ella te prepare aquella cena deliciosa que te dejó en las nubes, si tú te ofreces para lavar la vajilla? De esta manera, ella podrá descansar y apreciarte como un compañero prestadizo, el héroe de su hogar. Con el tiempo, hasta ustedes pueden montar una rutina y dividir las tareas y, tal vez, separar las actividades en turnos para cada uno… Claro que el de las noches, no.

Dar flores sin motivo – Gracias a las tradicionales películas románticas, con la participación de aquellos galanes que son capaces de quitar la respiración de cualquier mujer y con enredos que, inevitablemente, llevaban a un final feliz, las flores se tornaron el símbolo mundial del agrado masculino a la mujer. Siendo así, ¿qué tal volver un poco en el tiempo, asumir aquel aire de intérprete buen mozo de filme romántico, comprar un bello y colorido buqué, y sorprenderla cuando ella esté volviendo de un día exhaustivo de trabajo o de una reunión con las amigas? Con certeza, ella se apreciará como la chica sentimental de alguna película azucarada y se sentirá muy feliz con el agrado…  Sobre todo en la hora del “vamos ver”.

Elogiar con más frecuencia – Sabe cuando ella posta un comentario en la foto de su amiga en la red social, diciendo “estás lindísima”, y usted mira la foto y luego piensa: ¿lo que diablos ella tiene en la cabeza? Pues sucede que mujeres, mucho más que los hombres, mi amigo, son súper vanidosas y adoran ser elogiadas desde su nacimiento. Por eso, tal vez algunas veces ella mienta para las amigas, nada más que para levantarles un poco la autoestima y dejarlas juzgándose más bonitas. No quiero decir que usted necesite mentir para ella -hay casos sin solución-, pero si existir algo en su apariencia que no le agrada, indíqueselo con delicadeza y sensibilidad. Ciertamente ella irá adorar si usted le valoriza su producción comentando lo cuanto está (o mejor dicho, es) bonita. ¿Qué tal intentar?… Al final de cuentas, ese tipo de mentiras Dios perdona.

Cena romántica – Ellas no resisten a los hombres que dominan el arte de la culinaria. ¿Conoce la expresión “conquistar por el estómago”? Entonces, ¿qué tal reconquistarla por el estómago? No necesita ser un maestro cuca para impresionarla: un plato preparado con empeño, cariño y con la cantidad correcta de sal, ciertamente ya la dejará contenta. Sólo lleve en cuenta de dar preferencia a platos que no sean muy pesados, como carne roja o pastas, caso el clima más tarde se ponga caliente entre ustedes, ya que no querrá estar con el estómago pesado en la hora del placer en la horizontal.

Darle ligeree de regalo – Además de causar una buena sorpresa, ésta siempre será bienvenida, y ella se sentirá sexy al percibir lo cuanto usted la desea. ¿Y ya sabe, no? El primer paso para la mujer dejarse llevar para un clima más caliente, es sentirse linda y deseada, y con certeza se apreciará mucho más poderosa en la cama. Créame, la sorpresita le agradará y, al final, será una ventaja extra para usted también. ¿Que tal dar algo bien femenino y delicado, pero sensual, y dejar la noche rolar? Apenas tenga cuidado para no exagerar con el tono provocante del modelito y darle algo que pueda asustarla, o sonar como una reclamación a las ligerees que ella siempre usa… Al final, usted sabe como es difícil agradarla, ¿no?

Todavía, he de decirles que mi vecino insiste en comentar que haya un absurdo yo perder mi precioso tiempo intentando enviar membretes a los sobrevivientes. Cree que sería mucho mejor si yo pudiese volver a la alquimia metafórica a la que me entrego desde hace tiempo, cuando entonces realizamos -el razonado lector y yo-, un acuerdo tácito de escuchar toda aquella salacidad pseudo-oficial, para luego ponernos a pensar mejor en el asunto, y después, bajo un orgiástico placer, perdernos en libaciones pre-caracoleras bajo el filósofo placer de la Nada… ¿Usted también cree que sería mejor?

A %d blogueros les gusta esto: