Cómo no Quererte


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Me entretuve a observar desde mi ventana la fiesta del sol en el poniente, y si bien me confundían sus manchadas tajadas de un cielo multicolor, percibí lo cuanto te amo y te recuerdo, y como calla el tiempo en la soledad, imitando el aire que se detiene en vigilia de una gran tormenta.

A estas horas el sol ha partido ya hacia otras alboradas, pero siento que a nuestros pies el mundo se detiene y nos espera. Te quiero tanto, vida mía. Tú lo sientes ¿verdad?

Te quiero como para conducirte de manos dadas a mis lugares favoritos, y contigo a mi lado poder buscarte en la niebla de miradas que no son las tuyas pero que aun así me incitan a buscarte porque te quiero.

Lo cierto es que te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma, como pedazo de sol entre mis manos, buscando en ti la ilusión de cada día en un horizonte que tiene tu ausencia.

Quizá te quiero como para leerte cada noche, como si fueses mi libro favorito, como para leerte frase por frase, línea por línea, letra por letra, espacio por espacio mientras me oyes desde lejos y mi voz no te toca.

Dime cuál es exactamente el rincón del universo donde no has dejado aun tu sutil presencia. Dime por favor cual es la noche que no vendrás para velar mis sueños. Ya no puedo vivir porque te extraño, pero tampoco puedo morir porque te quiero.

Me has pedido tantas cosas en tus plegarias, que yo te sigo amando a manos rotas, procurando hacerme el bueno, para ver si al fin así te puedo tener a mi lado. ¡Cómo no quererte, vida mía, si te extraño tanto!

El Apostador


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Horacio era un hombre viciado en carreras de caballos. Pero como no era un individuo de muchas poses ni dinero sobrando, buscaba controlar su impulso, ya que no podía arriesgarse en la aventura de muchas apuestas.

Sin embargo, seguía de cerca las novedades del turf a través de los programas del propio Jockey y las premisas que publicaban los periódicos, como no perdía oportunidad de conversar sobre ese tema con los entrenadores de caballos y los amigos que curtían la misma pasión que él. En todo caso, le gustaba seguir de cerca la filiación de los animales y a quien ellos pertenecían.

Pero es sabido que el juego de turf tiene sus propias peculiaridades, ya que si se realizan veinte consultas, seguramente se obtendrán veinte candidatos en lo que se denomina una “carrera abierta” en la jerga de este deporte, o sea, que cualquier animal puede ganar, independiente de que la prensa apunte uno y otro como los más indicados. No habían resultado pocas las veces en las que Horacio presenciara un tal caballo ganador que nadie tenía en los papeles ni daba un vintén por el mismo.

Por esa época había carreras sábados, domingos por la tarde, y lunes y jueves por la noche. Pero durante los días que se corrían los Grandes Premios, también llamados de Derby, Horacio se alborotaba con el evento. Comparecía a esas fiestas con gran satisfacción, no perdiendo ninguna. Sus bolsillos estaban llenos de programas de turf y algunos pules perdidos.

No era solamente el placer del juego en sí. Ese había sido el deporte de los reyes que se iniciara con la clase alta en el reino Inglés; y por alguna razón no comprendida, a Horacio le encantaba andar metido de cabeza en ese ambiente de fiesta, cuando se le podía ver mirando con su binóculo todos los pareos. Ganase o perdiese, permanecía siempre sereno, sin dar grandes demostraciones de alegría o disgusto.

Pero resulta que cierto día su esposa soñara que una yegua en la cual su marido tenía una participación, iba a ganar la carrera, y lo incitó, diciéndole: -Apuesta en ella, vas a ganar mucho dinero.

Poco después, cuando Horacio llegó al hipódromo, el entrenador le comentó que sería imposible que esa yegua ganara nada ese día, ya que el animal tuviera un malestar cualquiera durante la noche anterior.

Con aire despreocupado, Horacio asistió a los demás pareos que se corrían esa tarde, hasta que llegara la hora de su potranca correr. Se mostraba indiferente: ¿qué podría hacer un animal enfermo?, se consoló dando de hombros.

A pesar de ello, es cuando entonces la yegua, que en la carrera venía metida junto al grupo, dispara y gana fácil el pareo.

Para algo le sirvió su hazaña: Horacio volvió temprano a su casa, y ni habló. Se quitó la ropa y se acostó: al final, la cama es un buen lugar para ahogar las desdichas.

Al día siguiente le contó lo ocurrido a su mujer, que desde ese día nunca más soñó con nada. Y si soñó, no le dijo nada a su marido. Por las dudas que ese día diese errado su palpite…

El Regalito


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El mentiroso suele contar su cuento, pero el sabio lo hace mejor. No siendo yo ni uno ni otro, veremos entonces cómo se sale éste.

…María Amelia fue convidada muy sobre la hora para el cumpleaños de una amiga. Atareada en su profesión de médica, como siempre, y agobiada por causa del acúmulo de trabajo en la clínica y el consultorio, no encontró tiempo libre para comprar el regalo.

Sin llegar a obsesionarse con ello, resolvió procurar alguna fineza que ya tuviese en casa y que sirviese para obsequiar a su amiga. Encontró un echarpe, pero no tenía papel para envolverlo. Descubrió un collar dentro de una caja, pero recordó que su amiga era alérgica a bisuterías. Unas medias, pero como ella gorda, el tamaño le resultaría pequeño. Cosas para la casa, ni qué hablar, su amiga ya le contara que no tenía más lugar para guardar nada, de tantas que poseía.

Después de mucho revolver en los armarios, finalmente encontró una caja de tamaño regular, pero con envoltorio y, por lo que recordaba, ése había sido un regalo de una persona que siempre le daba buenos presentes. Ponderó, si no estaba engañada, que era un agasajo que José Eduardo le había comprado hacía un par de meses en el free shopping de un aeropuerto lejano.

Eligió para vestirse un trajecito gris ceniza, nuevo, una blusa blanca muy bonita, se arregló un poco el cabello, pues no tuviera ni tiempo de peinarse; pero como ella lo llevaba corto le quedó muy bien. Se maquilló con prisa, dibujó unas líneas finas alrededor de los ojos, pasó un poco de rímel y, al mirarse al espejo, quedó satisfecha con el resultado.

Cuando llegó a la fiesta, la casa ya estaba llena y cada una de las comensales se encontraba con su regalito en la mano. Justamente en ese momento, la anfitriona iría recibir los obsequios, uno a uno, y mostrar para todas lo que había ganado. Esa era una invención que surgiera minutos antes de una de sus amigas que había venido recientemente de París, para que la anfitriona pudiese recordar de quien era cada mimo que recibiera.

El juego se prolongó entre gritos y risas de algarabía, hasta que llegó la vez de la querida amiga de trajecito gris ceniza y blusa blanca, que ya estaba afligida por mostrar su regalito, e imaginando por anticipado lo que dirían las otras convidadas al ver el perfume francés.

Cuando la alborozada cumpleañera abrió el envoltorio, vio que era realmente un perfume francés, de los buenos, pero dentro de la caja había también una tarjeta pequeña dedicada a la donadora, con el nombre completo de María Amelia y la firma de José Eduardo, quien había ofertado el regalo, junto con una dedicatoria romántica que la amiga se encargó de leer en voz alta.

De repente, el silencio en el salón fue total. En cinco minutos María Amelia salió de la fiesta, de rostro cubierto por el rojo de la turbación, y sin saber dónde meter la cara.

Pero, eso sí, entre protestos mudos, se juró a sí misma que nunca más daría a quien fuese un regalo envuelto sin saber lo que contenía dentro.

No Sea la Cereza de la Torta de Casamiento


En principio, todos sabemos que las fiestas de casamientos son momentos llenos de amor… Y de bromas. Especialmente lo último, porque es casi una tradición que los invitados tomen copas por demás y de que algunas parejas improbables se formen antes de llegar el final de la noche. Evidente que esto también es normal que ocurra en cualquier fiesta o encuentro cuando concurre mucha gente soltera y hay bebida gratis en un mismo lugar.

No en tanto, muchos perciben con un cierto atisbo de pasmo, que la novedad del momento pasó a ser de que algunas parejas de novios casamenteros están queriendo dar un empujoncito extra para sus amigos preparándoles un menú diferente para todos aquellos que estarán solteros en la fiesta.

Para tanto, basta con que se cataloguen los amigos solteros, se coloque foto y otros detalles de la persona, como si fuese un bellísimo plato de cocina contemporánea, y luego les entregue el menú a los amigos. Claro que para el invitado esto será una sorpresa, y solamente sabrá que sus amigos que se están casando le colocaron una especie de un tinder en papel solo después de que haya llegado a la fiesta y de cara con su propio rostro en un menú.

Quizás sea esto a lo que solemos llamar satisfacción del deber cumplido, pero al contrario de lo que podría haber parecido o imaginado, no hay ninguna ironía en estas palabras, pues lo que en ellas rezumba es tan solo un cansancio al que apetecería llamar infinito si no fuera de tal manera manifiesta y desproporcionada la exageración del calificativo y de la propia idea.

¿Dio para notar que todo puede dar todo equivocado, no? No es todo el mundo el que quiere ver su soltería siendo usada como broma o chiste; o ser expuesto/a en una fiesta. Existen diversos motivos para cualquiera estar soltero/a y apenas uno de ellos es no haber encontrado la persona cierta. No todo el mundo quiere encontrar a alguien, así como hay gente que está con voluntad de curtir una fiesta sola.

Juzgo que esta es una de aquellas ideas que los organizadores de casamientos tienen para ganar unos pesitos más y, así como las plaquitas “divertidas” o camisetas irónicas creadas para la despedida de solteros -ya vi una que decía: “quien comió, comió… quien no comió, no come más”, aunque existen otras peores-, que las personas las compran como si ellas fuesen la mejor idea del mundo sin pensar dos veces en lo que ocurrirá después.

¿Quiere mi punto de vista? No pasa de una idea pésima. Ni se le ocurra hacer ese tipo de sorpresa con sus amigos. Ellos le aman, están yendo a su casamiento deseándole a usted la mayor felicidad del mundo y por tanto merecen un poquito más de respeto de que ser tratados como un buffet humano, pues usted no es exactamente un cafetín ni un cupido para inmiscuirse en esos asuntos tan delicados.

(*) Si le parece bien, visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/… Libros y e-book disponibles en Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; y en: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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