Ameritando


Unos ya nacen sin necesidad de poner mucha voluntad por ameritar toda la fama que por casualidad en vida les toca. Otros, no obstante, sobre seguro se merecen otros bemoles no tan misericordiosos que se diga.

Es que siempre existirá un precio a desembolsar cuando un determinado individuo elije ser es un célibe mujeriego. Tarde o temprano las mujeres empezarán por abrumarle la vida, momento en que se cansará de las chicas, semidiosas de cuentos de hadas, semiluciérnagas de la noche, y cierto día la cortina caerá y se pondrá romántico y tonto, minuto en que empezará la búsqueda por alguien a quién se ligó fuertemente en el pasado. Mejor dicho, por un tipo de mujer que con sus armas nunca podría competir con la emoción de sus encuentros fugaces. Desde ese día en más, a medida que pase el tiempo, el individuo irá de asombro en asombro, de estupor en estupor, al hallar que las nadas de sus ayeres rebosan de toda insignificancia.

En estos casos, cuando el estupor nos invade el alma, es porque ya andamos cerquita de la orilla de la vida, junto del final de la existencia o, como quien dice, en busca de la sepultura que paciente nos espera, para adentrarnos luego en un nuevo e insólito mundo que en un cerrar de ojos se convierte en nada, aunque, eso sí, dentro de sus murallas es posible escuchar voces de rostros que son máscaras.

Por eso que en este mundo nuestro, todos andamos en estado de alerta cuando llega el atardecer, momento en que se cierran los párpados, que, como pesadas cortinas de un bufo escenario, nos deja solísimos, pensando en lo que fuimos pero sobre todo en lo que no fuimos, hasta que nos abrace el sueño.

Sin embargo, percibo que no debemos rendirnos, ya que la vida es justamente eso, continuar el viaje, perseguir los sueños, destrabar como sea el tiempo, correr los escombros para finalmente destapar el cielo.

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El Detonador Repudio Perruno


No me extraña nada que otro viviente le haya dicho a Jerry Allen que el tiempo nunca se detiene y que nada es capaz de interrumpir su perene caminata. Tal vez le hayan comentado la existencia de otros avatares casi con esas mismas palabras, siempre repetidas, no obstante uno comprenda que nunca falta quien se impaciente con su lentitud olvidando que se necesitan completar veinticuatro horas para que pase un día. Aunque si él esperase pasar ese tiempo, cuando llegase al final del día se daría cuenta de que no había valido la pena, pues al día siguiente todo volvería a ser igual, y por tanto sería mejor para él saltar por encima de las semanas inútiles para vivir una sola hora de plenitud, un minuto fulgurante, si es que el fulgor puede llegar a durar tanto.

Excepto esas evaluaciones filosóficas sobre cuestión de tiempo y espacio, puede que también haya influenciado la psicótica mente de Jerry los designios contenidos en el libro “El hombre unidimensional”, de Marcuse, el filósofo que después de haber canjeado los densos raciocinios de Frankfurt por las amenidades existentes en las tierras californianas, luego entró en cortocircuito y acabó por caer directamente en el centralizador abismo de las historias banales.

Como sea, resulta que a Jerry se le ocurrió librarse de vez de los cachorrillos hijos de una perra de la raza pastor alemán, y sin otra acabó herido, la semana pasada, de forma inusitada en el Estado de Florida, Estados Unidos.

Según lo notificó la rede de noticias “NBC News”, Jerry Allen Bradford, de 37 años, por no conseguir encontrar nuevos dueños para esos pobres animalitos de apenas tres meses de vida, sin quemar mucho los sesos resolvió usar un revólver para matarlos.

En ese entretenimiento estaba Jerry cuando tres de los siete perritos ya habían perdido la vida luego de escuchar el mortal estampido, hasta que de repente uno de ellos, el que sería la próxima víctima, terminó por salvar al resto de la cachorrada.

Resulta que el ladrador “héroe” estaba siendo sujetado en el brazo de Bradford, cuando, accidentalmente, porque no hay otra manera de explicarlo ya que animales no raciocinan ni premeditan, el canino bicho colocó la pata en el gatillo del arma. De pronto el revólver disparó y la bala penetró en el pulso Jerry.

En consecuencia, las otras cuatro crías que sobrevivieron a la escatológica acción de Jerry fueron llevadas para un órgano de control animal del condado de Escambia, donde afirman que pronto ellos deberán quedar disponibles para adopción.

En entrevista concedida a la red americana de TV, y aprovechando eses cinco minutos de fama a que todos tienen derecho por lo menos una vez en la vida, el sargento Ted Roy condenó la acción del hombre. Con todo, para Jerry Allen esta historia no terminará por ahí, ya que la policía local entró con un pedido de prisión en su contra por cuenta de la crueldad contra los animales.

Dicho esto con la benedictina sabiduría de siempre, pienso que si tuviese a Jerry a mi alcance, lo expulsaría de este mundo con un soberbio puntapié en las nalgas para luego yo poder retornar al buen camino del ascetismo, de donde no debería haberme apartado jamás. Sin embargo, el estrago ya está hecho y la idiotez de Jerry obliteró mis ductos creativos y en consecuencia mi trapense obra quedará truncada… ¡Espantoso!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Cuando la Curiosidad Mató al Gato


Observe el lector que a la hora de analizar una determinada “figura pública” -que difiere en mucho de la comúnmente citada figura retórica-, no nos basta con querer identificarla, sino que es preciso valorar y explicar la importan­cia y significa­ción que dicha figura alcanza en un contexto concreto, mismo que ésta no obedezca al propósito de alcanzar una expresión innovadora y atrayente.

En realidad, las figuras públicas suelen aparecer de la noche al día en cualquier ám­bi­to de nuestra vida, lo cual no significa que sólo podamos encon­trarlas en él. Tanto en la vida cotidiana como en los distintos ambientes especializa­dos, es posible hallar un inventario rico y variado de éstas figuras; inclusive, porque al­gunas de ellas surgen casi inconscientemente; otras lo hacen de manera deliberada y responden a los más diversos propósitos, como: la persuasión (en el mundo de la publicidad), la necesi­dad de captar rápidamente la atención del lector, del radioyente, del que asiste TV y de saber mantener­la (en el periodismo), el afán de crear un efecto estético (en la literatura), etc., etc., etc.

Por su vez, la noción que uno tiene de “figura pública”, -a los fines de justipreciar el criterio aplicable al evaluar el derecho constitucional de una persona a la libre expresión frente a una acción de difamación-, a bien verdad está estrechamente vinculada a la adquisición de relieve, prominencia, fama o notoriedad esencial o general en la comunidad, que como corolario, de modo significativo le permite de ordinario a una persona cierto acceso a los medios efectivos de comunicación para exponer, adelantar y debatir sus puntos de vista ante la opinión pública, aunque, como resultado, ella corre el riesgo de estar más expuesta al escrutinio, atención e interés público en contraste con un ciudadano privado.

Pues bien, dichos esclarecimientos litúrgicos y puntuales, son los que permiten al amigo lector y a mí, lograr comprender sin necesidad de usar más retórica, el hecho de que una reportera de TV de los Estados Unidos acabase siendo presa bajo acusación de hurto, luego después de ella ser reconocida en la pantalla chica cuando dio la cara -bien maquillada- en un programa de televisión que fue al aire el último fin de semana.

Haciendo uso de la información revelada por el periódico “The New York Daily News”, agregaré entonces que la eficaz policía de la “Big Apple” ha informado que Sabrina Rodríguez, empleada del canal “Fox 40 News”, está siendo acusada de hurto por haber substraído de una tienda nada menos que cerca de 10 carteras femeninas que suman el valor total de U$ 2.500. Aparentemente, en la ocasión del despojo, ella estaría junto con una comparsa también mano ligera.

El mismo medio periodístico llegó a afirmar que el crimen fue cometido en marzo de 2013; sin embargo ella sólo fue identificada la semana pasada por los empleados de la tienda saqueada. Fue cuando reconocieron la cara de la cleptómana luego de ésta aparecer de repente al vivo y en directo en un informativo televisivo del mencionado canal.

No obstante, cabe agregar que después de haber sido accionada por la policía americana, la profesional -de robo y TV- decidió entregarse, aunque acabó siendo libertada después de pagar una fianza de, aproximadamente, U$ 10 mil. En todo caso, ella deberá comparecer a una pre audiencia judicial que ocurrirá este mes, corriendo aun el riesgo de ser procesada por formación de cuadrilla.

Según el periódico “Daily Mail”, un portavoz del canal “TV Fox 40 News” llegó a declarar en carácter oficial, que “Sabrina se dice inocente de las acusaciones” y que “le fue concedida a ella una licencia en la empresa”.

Da qué pensar, pues es bien probable que desde niña, Sabrina haya sido una mala alumna, o quizás sus padres o maestras no le enseñaron que la mejor dignidad de uno es ser discreto y fingir virtud… Digo “fingir”, porque aquello que se hace de callado no importa, mientras no se sepa o a uno se le ocurra poner la cara dentro de la pantalla chica… ¿No es verdad?

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Los Tonos Grises ya Pasan de un Centenar


Puedo afirmar que el asunto aquí no es aleatorio ni circunstancial, porque siempre que a alguien se le da por querer hablar del libro “50 Tonos de Gris”, aparece aquella misma muchedumbre de siempre, reclamando, diciendo que el libro es malo, que es leve demás, que para quien gusta de literatura con ese tipo de prosa debería leer las obras del Marqués de Sade… Resumiendo, no dude, mi amigo, que invariablemente existirá gente queriendo colocar reglas y elecciones en la vida ajena.

Aquellos fanáticos de mentes cuya materia se halla suprimida de ese mismo tono del texto y que ya se entretuvieron leyendo los tres libros, aseveran que lo hicieron apenas para entender el fenómeno sadomasoquista y luego salir a contar por ahí lo que entendieron -mal-. No en tanto, una gran parte de los leyentes de ese sadomasoquismo existente en “50 Tonos de Gris” creen que el libro los ganó por causa de su lectura fácil y un lindo cuento de hadas.

Sí, un cuento de hadas, mi amigo. Porque la historia nada más es, que la utópica ficción de una joven poco segura que termina por conocer a un tipo increíble que se apasiona por ella. Y es con esa loca pasión que ella consigue entenderse, conocer y aceptarse mejor, lo que la torna segura y todavía más atrayente para ella misma, para él y para el mundo.

Claro que en internet rolan millones de sugestiones sobre el enredo, y hasta hay gente queriendo insinuar que la chica se apasiona porque el sujeto es rico, lo que no hace el mínimo sentido, ya que el libro fue basado en la trilogía de Crepúsculo, que relata una historia de amor entre un vampiro y una humana cuyo paño de fondo es, como siempre en las historias de vampiro, una metáfora sobre la virginidad.

Es por ello que cuando uno va leyendo los otros libros de la serie, nota que el asunto es apenas amor. Por tanto, es fácil deducir que ella no quiere el dinero, la fama, el sexo violento e increíble -a pesar de aceptarlo de una forma normal, como cualquier una lo haría-, pues lo que ella quiere mismo es el amor, es sentirse amada, querida, indispensable… ¿No es justamente eso lo que la gente más quiere cuando se apasiona?

Pues les diré que lo que las personas quieren sentir, es que la otra persona sienta lo mismo que nosotros, que comparta nuestros planes y sueños, saber que siempre estará a nuestro lado no importa lo que suceda. Y, claro, también queremos sexo. El buen y viejo sexo.

Un trecho de la obra que comprueba lo que estoy diciendo es aquel, en Anastasia, cuando bien en medio de la transa, ella piensa así: “Es tan erótico -la necesidad que él tiene de mí”. ¿Entendido? Eso dice mucho más sobre amor de que sobre sexo.

Por ser una obra sobre el amor, es que la autora de esta trilogía ganó tantos simpatizantes -y dinero-. Por consiguiente, que le quede claro, mi amigo, que el sexo ayuda, pero él es sólo una parte del amor. Y si es así, ¿por qué no debería estar presente?

Y lo otro que aparece en el libro: el sadomasoquismo, bondage y otros etcéteras, ni son tan fuertes como para lograr abochornar nuestro espíritu. Diría hasta algo más, son todas cosas que las parejas pueden hacer en sus casas ya que las ideas sugeridas son óptimas y bienvenidas para salpimentar ese relacionamiento suyo que ya anda medio desmayado.

Empero, no podemos desconsiderar, mi estimado amigo, que de cada uno de nosotros se considerarán las razones para el paso que dimos, por ingenuidad o por malicia, por voluntad propia o por imposición de terceros, y será la sentencia de acuerdo con el tiempo y el juez que nos toque, y el resultado que quedará en la balanza de todo lo que hayamos hecho durante la vida toda que vivimos… ¿No es formidable?

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