Espejo, Espejo Mío…


En principio, no se sabe con seguridad cuándo fue que apareció el espejo en la vida de los humanos. En todo caso, lo único cierto es que él ya se utilizaba en la más remota antigüedad, en los mismos albores de la Humanidad, cuando todavía no existía la Historia, y del hecho de espejarse quedaron tan sólo oscuros recuerdos, relatos y leyendas algunas veces fantásticas. No obstante se han encontrado espejos en todas las civilizaciones, en América, Asia, África y Europa.

Independiente de como haya sido su uso, los espejos, como utensilios de tocador y objeto manual, fueron muy usados en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana. Se fabricaban siempre con metal bruñido, generalmente cobre, plata o bronce, proceso que se le conoce como plateo. A más, tenían forma de placa redonda u oval -salvo, claro, los de Galicia, que eran cuadrados-, decorada ordinariamente con grabados o relieves mitológicos en el reverso -los romanos carecen de grabados, pero no de relieves- y con mango tallado para poder asirlos cómodamente. Muchos de ellos se conservan todavía en algunos museos arqueológicos.

Durante la alta Edad Media, apenas se hiciera uso del espejo, hasta que en el siglo XIII se inventó la fabricación de los de vidrio y de cristal de roca sobre lámina metálica -o con amalgama de plomo o estaño, conocidos como espejos azogados-, sin dejar por esto de construirse los de sólo metal hasta el siglo XVIII. Con todo, el espejo, como mueble de habitación, empieza con el siglo XVI, pues aunque durante los dos siglos anteriores se citan algunos ejemplares históricos, apenas si era conocido y su uso era poco corriente.

Y fue justo en medio de estos inventos, que cierto día surgieron los cuenteros de los “hermanos Grimm”, e quienes se les ocurrió acuñar en medio de una de sus fábulas, la histórica frase: ¡Espejito, espejito de mi habitación! ¿Quién es la más hermosa de esta región?… Y todos sabemos cómo terminó esa historia.

En todo caso, hoy día parece ser imperante mudar ese relato, y sustituirlo por: ¡Espejo, espejo mío!… ¿Cuando me voy a enfermar?

Evidente que esta pregunta no tiene nada que ver con esos cuentos infantiles de los Grimm, pero ya no hay duda que brevemente ella puede convertirse en realidad por cuenta de una innovación tecnológica que está siendo desarrollada: un espejo que prevé cuando nos pondremos enfermos… No necesariamente “mentalmente”.

Como sea, aun en desenvolvimiento en el “Instituto Tecnológico de Massachussets”, el “Wize Mirror” no es más que un sistema compuesto por cámaras capaces de operar en diferentes longitudes de ondas, escáneres 3D y sensores de faz. De esta manera el sistema busca diversos síntomas de enfermedades y puede anticipar cualquier constipación.

Ahora, los especialistas que crearon dicho espejo esperan realizar los primeros test clínicos reales con su aparato mágico, lo que deberá acontecer en 2016 para, caso resulte como esperado, pasar a ser comercializado en la brevedad; no obstante su funcionamiento haya sido bastante elogiado por las personas que ya tuvieron contacto con él.

Agrego que la investigación que llevó al surgimiento de tan fausto aparato, contó con fondos provenientes de siete países europeos, no divulgados; y por eso tal ingenio deberá ser experimentado antes en Europa de que en los Estados Unidos, país donde realmente fue totalmente desarrollado.

Como una cosa induce a otra, ya que estamos hablando de ilusiones, el siguiente relato es una leyenda urbana que, así como lo que es, carece de fundamento aunque se base en hechos reales. Como sea, esta es una de las más conocidas, y no porque se clasifique en leyenda urbana significa que no sea cierta. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

Caso el leyente aun no posea un “Wize Mirror”, le aviso justamente lo que nunca debe hacer: ponerse frente al espejo nueve veces seguidas pronunciando el nombre Verónica…

¡Sí! Crea o reviente, mi amigo, porque ciertamente usted no será el primero que se ríe al conocer esta historia. Muchos han pensado que se trata de un cuento chino y se han burlado; si bien otras personas aseguran que quienes no han hecho caso de la advertencia y han aceptado el desafío, han cargado con una maldición terrible.

Pero, vamos por parte: ¿Quién es Verónica?, o mejor dicho, ¿Quién era? Pues le diré que se trataba de una chica de 14 años que estando al pedo rondando por las calles de su pueblo con sus amigos, se fueron a una casa abandonada a hacer espiritismo.

Todo el mundo sabe que meterse en esas cosas es algo tremendamente peligroso y que jamás debe tomarse como un juego. Así, contrariando esa sabiduría popular, resulta que ese día Verónica no siguió las reglas, se burló durante toda la invocación, hasta que de repente una silla que había en la habitación, empujada por una fuerza sobrenatural, cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza.

No sé qué decir, pero quien ya ha pasado por tan dramática experiencia, afirma que Verónica aún no descansa en paz. Su espíritu está condenado y vaga buscando venganza entre aquellos que no saben respetar el más allá, como le sucedía a ella en la vida real… Claro que si ya dispusiésemos de un “Wize Mirror”, bien que todos podríamos dormir más tranquilos sin necesidad de cagarnos de miedo… ¡Tema borroso y muy espiritual!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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Verne – Un Vuelo Hacia la Eternidad


Indudable que su nombre no puede llegar a ser pronunciado sin que uno se sienta como que está removiendo todo aquél difuso mundo de los recuerdos de la infancia y la adolescencia. Incluso, hasta pienso que no resultará difícil encontrar algún lector -no necesariamente vejestorio- que un día no se haya sentido seducido por el poder de sus fábulas, por su febril imaginación, además de la seducción que otorgaban sus viajes inverosímiles.

En realidad, si hay alguien a quien no se puede acusar de falta de imaginación, es a él. Todo lo contrario. Es el autor de incontables fantasías, vinculadas a momentos inolvidables de todos nosotros, sus lectores. Claro que estoy hablando de Julio Verne, quien nació hace 185 años, pero, respetando la ley de la vida, levantó vuelo hacia la eternidad hace 108 años. Sin embargo, sabemos que fue y sigue siendo, uno de los autores más creativos y seductores de los últimos tiempos, por lo que generación tras generación, se suceden sus lectores.

Si bien no llegó a ser el primer autor de literatura de “ciencia ficción”, ya que se considera predecesores de él a Edgar Allan Poe, a Shelley y una larga lista de no menos ilustres escritores que hablaron de tierras extrañas y monstruos terribles, es verdad que Julio Verne fue un pionero del género y nos ha legado muchas cosas, además de sus admirables cacharros.

De su infancia, lo único que sabemos, es que a los once años intentó huir en un barco, pero fue descubierto. En todo caso, se le atribuye una frase, demasiado literaria para ser verdadera: “No viajaré más que en sueños”. De todos modos, realmente fue lo que hizo, porque, curiosamente, Verne no fue un hombre aventurero.

Se mostró tempranamente apasionado por la literatura, y a los 22 años llegó a debutar con una pieza teatral que fue apadrinada por nada menos que Alejandro Dumas. Luego escribió el cuento “Un viaje en globo”, al que tiempo después transformaría en la famosa novela “Cinco semanas en globo”.

Al alcanzar la edad de 29 años, se casó con una señora viuda, ya madre de dos niñas. Desde entonces trabajó como agente de cambios; este oficio le permitió alcanzar holgura económica como para dedicarse a las letras, y fue lo que hizo. Trabajó como un artesano, y fue publicando un libro tras otro, sin prisa y sin pausas.

Empero, sin llegar a mover un pie de su casa, realizó sesenta y cinco viajes imaginarios, plenos de atracciones y de aventuras, en libros que tienen además connotaciones de orden histórico, científico y geográfico.

En su tiempo, cultivó un estilo que prevaleció por encima del pánico ante lo desconocido, pues aquellos lectores se acercaban a una ciencia que atemorizaba. Para ello nos basta recordar, entre sus invenciones, al célebre submarino “Nautilus”, en las páginas de “Veinte mil leguas de viaje submarino”; al cohete que se elevó rumbo a la luna desde Miami y que imaginó cayendo en el mar a cuatro kilómetros del lugar donde lo hizo, tantos años después, la nave Apolo; incluso, recordemos al “Albatros”, un adelanto del futuro helicóptero, entre tantas de sus fantasiosas invenciones.

No satisfecho con inventar solamente artilugios, Julio Verne creó también una galería de personajes que sigue viva en sus lectores, como el Capitán Nemo, los hijos de Grant, Miguel Strogoff (el correo del zar), Phileas Fogg y Robur.

Sin embargo, a pesar de todo ello, no logró ingresar en la Academia Francesa de Letras. Pero tanto da, porque pienso que igualmente ingresó en la posteridad, cuando un día dijo adiós a todos.

Supongo que debería ser clasificado como un hombre sensitivo, pues supo sacar todo de su imaginación, y permitiendo con que cualquier viajero inmóvil lo pasase de maravilla al leer toda su inventiva que lo transportaba por los lugares más inverosímiles, incluso el centro de la Tierra.

Por causa de toda su obra él está tan cerca de nosotros, porque en verdad sus libros aún viven en nuestra nostálgica memoria, y hasta tal vez enriquecidos por ella.

Ciertamente Julio Verne fue, es y será un escritor impar, que escribió sus obras sin nunca dejar de ser un hombre provinciano, retraído, sencillo, escrupuloso, infantil e inmortal… ¿O me equivoco?

(*) Siguiendo la misma línea y estilo del presente Blog, surge ahora “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, que contiene apena instantáneas del cotidiano, disfrútelo en: http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ Además, continúa a su disposición mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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