Sé que te Veré


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Mientras el alma esté en la tierra, ella siempre ha de necesitar un cuerpo en el que habitar; no obstante dentro del contexto secular y perecedero en que nos han encajado sin pedirlo, lo aconsejable es uno no ponerse a mimar demasiado el cuerpo, como para que éste no vaya a pensar equivocadamente y se crea que él es más importante que nuestros sentimientos.

Estoy convicto de que mis años vividos ya son historia; eso es algo que ya nadie puede quitármelo. Más tarde me ha de llegar la vejez con sus achaques y demás malestares a cuestas, así que por ahora mí consuelo es animarme con reflexiones consoladoras y entregarme a pensar en ti, Maga de mis sueños.

Por eso me gusta pensar que voy a verte. No sé en qué lugar, ni en qué estación o bajo qué circunstancia. No sé si será hoy, mañana, dentro de un par de años o en otra vida. Tampoco sé si ese encuentro ocurrirá siendo niños, jóvenes o ancianos; en forma de personas, o en una conjugación de agua y piedra, de luna y estrellas, de flor y tierra o como lluvia y cielo. Pero igual me gusta pensar que voy a verte.

En realidad, me encanta conceder las horas de mis días y mis noches a pensar que de algún modo voy a verte; posiblemente ha de ser en algún momento en que nuestros destinos coincidan nuevamente. Simplemente pienso en eso. Me gusta pensar que voy a verte.

Tal vez nos volveremos a encontrar cuando seamos ligeramente más viejos y nuestras mentes sean menos frenéticas, cuando entonces yo seré adecuado para ti y tú serás buena para mí, porque entiendo que justo ahora soy un caos para tus pensamientos y tú eres veneno para mi corazón.

Eso sí, prometo que volveré a verte antes de que tu preguntes: ¿De qué murió?, y mucho antes de que todos te contesten que me caí de lo más alto de mis expectativas.

No hay nada más bonito que volver a oírte decir: “me hiciste mucha falta”. Porque tú existes dondequiera, pero yo sé que siempre existes donde mejor te quiero: en mi corazón.

Cuando uno Decide Romper los Platos


¿Ya se preguntó por qué las personas que daban la impresión de ser bastante racionales antes del divorcio, se tornan maníacas completas e hiperdefensivas cuando el proceso de separación y divorcio comienza? Puede que no sea exactamente su caso, pero resulta asombroso observar como parejas que concordaron en divorciarse respetuosamente, de repente se transforman en furibundos enemigos íntimos.

A bien verdad, no es de asustarse ya que este comportamiento “maniático” es muy previsible y normal en tales circunstancias. Evidente que esto no es una disculpa, pero al ver como los otros se postran de rodillas ante este tipo de situación, es justamente cuando uno comienza a entender mejor lo que causa tales comportamientos, y alcanza un razonamiento que hace posible realizar elecciones más saludables y abordar los sentimientos de manera diferente.

El sitio “Your Tango” se ha encargado de listar cuales son los gatillos que hacen que las personas se comporten así durante el divorcio. Pienso que vale la pena que el lector se entere, ya que nunca se sabe. ¿Quien dice mañana le resulte útil saberlo?

La decepción y las expectativas que no fueron atendidas – Cuando decimos “sí”, uno crea varias expectativas sobre como el casamiento será. Pero tal vez uno nunca tenga compartido esas expectativas con alguien que realmente diese sus votos en el altar. Es que muchas veces no articulamos nuestras expectativas específicamente porque acreditamos que la otra persona ya debería saberlo. No en tanto, nadie más habita en nuestra cabeza más allá de nosotros mismos.

El gran desafío del casamiento es colocar las expectativas de la pareja cuanto las de uno mismo sobre la mesa, y enseguida trabajar en conjunto para crear acuerdos mutuos y una visión de cómo el casamiento ira realmente funcionar.

El miedo de la mudanza – No de los muebles, claro. Me refiero a que durante los periodos de inmensa y drástica mudanza (como suele ser el divorcio), nuestro cerebro entra en modo de sobrevivencia, pronto para pelear o retrucar por lo más mínimo.

Si nuestro miedo es perder el status (social, financiero, etc.), un sentimiento de incerteza sobre el futuro, una preocupación de que uno no pertenecerá más a su círculo social, o apenas un sentimiento de injusticia, la parte de su cerebro que es ligada a la resolución de problemas no consigue hacer su parte. Es ahí que uno entra en pánico.

La salud también queda más susceptible a problemas, y nos deja propenso a privarnos del sueño y tener baja resistencia justamente en el momento en cual uno está tomado por montañas de papeles extremamente importantes, decisiones, y detalles que hacen parte del divorcio.

Se sentir impotente y fuera de control – Es que en la vida normal, uno está acostumbrado a ser competente y responsable, pero ahora está siendo empujado para lo desconocido, sin saber cómo hacer las cosas derecho en el proceso de divorcio (y en su nueva vida después de la separación). Uno está siendo forzado a tomar decisiones importantes de última hora y sin tener tiempo para pensar mucho. Para eso existe el abogado (¡caro!) a ser contratado: ¿al final, quién ira a ayudarnos con los aspectos legales? Pero la contratación de un abogado puede ser vista por la otra parte como un ataque; o de haber elaborado una estrategia que ahora conduce a la guerra.

Como la comunicación es mala, uno se siente impotente e incapaz de controlar totalmente las cosas que afectan profundamente nuestra vida. Pero uno necesita confiar en su abogado, así como responder las preguntas de los otros familiares e hijos sobre todo lo que está aconteciendo. No es de admirar que en esos momentos las personas queden como en las nubes.

Un censo de derecho – Dividir en dos partes todos los bienes (y memorias asociadas) que los dos adquirieron con mucho sudor, equidad y dinero batallado puede parecer una transacción comercial rencorosa. Cada uno de los dos tiene un censo de propiedad y usa palabras como: “eso no tendría acontecido sin mi esfuerzo”, lo que deja claro que las decisiones ahora están dominadas por las emociones, y no por la razón de solucionar los problemas. Y si uno tiene hijos, es probable que exista una enorme sensación de culpa y preocupación, y la experiencia de divorcio podrá afectar a estos. Pueden hasta pensar que es culpa de ellos que sus padres se estén separando. Los menores acaban sufriendo también y eso complica aún más la situación. La batalla de ego trabada entre uno y la otra parte en la busca de “justicia emocional” acaba aumentando cada vez más.

Claro que estas son algunas de las razones -ínfimas- por las cuales las personas pierden la compostura cuando se están divorciando. Por eso, mi leyente amigo/a, es sumamente importante que coloque siempre las cosas en perspectiva y mantenga la calma, para que después no acabe pasando por una situación que le causará falta de confort y tristeza en el futuro… Aunque una pléyade diga que será de intensa alegría… ¡Habría que verlo!

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

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