El Perfume no era de Mujer


Puede, a causa del maldito problema de la falla de la memoria, que muchos no recuerden que el lema ¡Haz el amor, no la guerra! fue usado por primera vez por quienes se oponían a la Guerra de Vietnam, pero desde entonces ha sido invocado sucesivamente en otras situaciones ya sea contra el sistema o contra la guerra, y para reivindicar el pacifismo y el antimilitarismo.

“Haz el amor, no la guerra”, -para los poliglotas en el original inglés: “Make love not war” y en francés “Faites l’amour, pas la guerre”-, es un lema o eslogan antimilitar asociado con la contracultura de la década de 1960 en los Estados Unidos. Dicen que Gershon Legman se considera el inventor de la frase, pues en abril de 1965, en una manifestación contra la Guerra de Vietnam en Eugene, Oregón, escribió la frase a mano en su suéter. Una foto de Diane Newell Meyer atestiguaría este hecho además de estar impresa en el “Eugene Register-Guard”.

Por supuesto que tan ingeniosa frase tuvo continuidad en los acontecimientos protagonizados por otros jóvenes y estudiantes, como ocurrió en la Revolución de 1968 y de Mayo de 1968 en Francia y su extensión a otros países, como lo fue el movimiento estudiantil en México de 1968, siendo una de las causas de los movimientos contra el sistema, como el movimiento hippie y la ampliación del movimiento pacifista.

Además, el lema “Haz el amor, no la guerra” aparece en diversas manifestaciones musicales y culturales, como es el caso en 1973 con John Lennon, en la canción “Mind Games” y en el mismo año con Bob Marley, en la canción “No More Trouble”: “¡Make love and not war!”.

Evidente que la frase no cayó en el olvido, -por lo menos de aquellos que no sufren de alzhéimer-, y los ocurrentes hermanitos Castro la han rescatado para hacerla valer en su querida isla, pues en Cuba, una empresa estatal ha desistido de los planos de desenvolver fragancias en honra a su héroe revolucionario Ernesto “Che” Guevara y al ex presidente de Venezuela, Hugo Chávez, alegando -por fuerzas mayores- que el proyecto era una falta de respeto con los dos “sagrados” símbolos revolucionarios.

Eso se debe a que el comité ejecutivo del “Consejo de Ministros”, uno de los principales órganos del gobierno comunista, dijera en un comunicado divulgado la semana pasada, que los responsables por promover las fragancias serían disciplinados por su “grave error”.

“Estos tipos de iniciativas nunca serán aceptas por nuestro pueblo ni tampoco por el gobierno revolucionario. Los símbolos de ayer, hoy y siempre, son sagrados”, registra el comunicado.

El tal aviso surgió porque la empresa estatal química y farmacéutica “Labiofam” acabara de anunciar esa semana sus planos de desenvolver las fragancias “Ernesto” y “Hugo”. Durante el desarrollo de encuentro de divulgación, la Labiofam llegó a investigar más de 100 personas presentes a la reunión, testando las fragancias que aún estaban en desenvolvimiento, mencionó el director de pesquisa y desenvolvimiento de la Labiofam, Mario Valdés, el jueves pasado.

En realidad, ellos proyectaban un lanzamiento comercial para el primer trimestre del próximo año, agregó el perfumado hombre.

En todo caso, el comunicado del gobierno no llegó a mencionar si Valás era uno de los que serían disciplinados. Pero al ser consultados por los reporteros el último sábado, ellos no atendieron las llamadas.

Las familias de Guevara e Chávez nunca aprobaron el uso del nombre de sus parientes para las fragancias, que nunca llegaron a ser registradas o producidas comercialmente, menciona el documento.

Esto me lleva a pensar que la fragancia de “Ernesto sería semejante a la de un puro cubano, mientras que la de “Hugo” sería a la del pajarito muerto… ¡Vaya uno a saber!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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No Sea Infeliz por no Saber Matemáticas


De chicos, a la mayoría de los estudiantes se le ponen los pelos de punta y sudan la gota gorda cuando les toca la clase de matemáticas y/o rendir examen de tan aterradora materia. Evidente que estos mismos no comprenden que el estudio de las matemáticas tiene gran importancia en la vida, puesto que sus analíticas cuentas son fundamentales para el desarrollo intelectual futuro de la persona, ya que los ayudará a ser lógicos, a razonar ordenadamente y a tener una mente mejor preparada para el pensamiento, la crítica y la abstracción.

Hasta puede resultar difícil encontrar una definición completamente abarcadora del concepto de matemática. En la actualidad, se la clasifica como una de las ciencias formales -junto con la lógica-, dado que, utilizando como herramienta el razonamiento lógico, se aboca el análisis de las relaciones y de las propiedades entre números y figuras geométricas… Principalmente, ¡las llenas de curvas espectaculares!

Por tanto, uno debe tener en cuenta que las matemáticas ayudan a configurar las actitudes y valores que garantizan una solidez en nuestros fundamentos, seguridad en los procedimientos y confianza en los resultados obtenidos. Todo esto crea en las personas una disposición consciente y favorable para emprender acciones que conducen a la solución de los problemas a los que se enfrentan cada día.

A su vez, las matemáticas contribuyen a la formación de nuestros valores, determinando nuestras actitudes y conducta, sirviendo como patrones para guiar nuestra vida, como sería un estilo de enfrentarse a la realidad lógico y coherente, la búsqueda de la exactitud en los resultados, una comprensión y expresión clara a través de la utilización de símbolos, capacidad de abstracción, razonamiento y generalización y la percepción de la creatividad como un valor.

Pero será que el leyente ya se preguntó: ¿Es posible medir con ella la felicidad?

Pues le diré que algunos sabios británicos acreditan que sí. Diría que aun más que ello: esos mismos acaban de crear una ecuación matemática que hace posible medir la felicidad, puesto que ellos relacionaron el nivel de satisfacción del cerebro delante de inúmeras posibilidades de elección… Que no debe confundirse con erección, ya que en ciertos casos para ella no hay trigonometría que ayude.

Puede que el calculista lector no acredite, pero el estudio acabó de ser publicado en la revista “Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias de los EUA” (PNAS, por su sigla en inglés). Así que, de acuerdo con el informe, la sensación de felicidad ocurre cuando conseguimos un desempeño mejor que lo esperado delante del pavoroso dilema riesgo-recompensa. En todo caso, para asentar mejor el estudio, estos científicos analizaron las imágenes de los circuitos cerebrales ligados al bienestar y al placer. Por lo que después de examinar los datos, los científicos montaron una ecuación.

Para llegar a esa ecuación, los versados expertos pidieron a 26 voluntarios la realización de tareas con recompensas monetarias. Por veces, ese premio era garantido. En otras, envolvía riesgos. Junto a esto, los cerebros de los participantes era escaneado durante la realización de las tareas. Finalmente, ellos concluyeron que las expectativas y la recompensa efectivamente recibida eran determinantes en el nivel de felicidad.

Sin embargo, no se puede dejar de lado algunas conclusiones sobre el estudio. Por ejemplo, la felicidad es siempre relativa. El segundo punto es sobre las expectativas: quien espera demás de las situaciones tiende a decepcionarse con el resultado obtenido… Principalmente, cuando está sin ropa.

No en tanto, el último punto es sobre riesgos posibles y existentes: la felicidad tiene mucho que ver con la cantidad de riesgo uno está dispuesto a correr para que el “saldo” entre la expectativa y el resultado sea mayor… Por lo que, según apunta el geométrico de mi vecino, se necesitaría tener un globo de cristal para encontrar la solución de la ecuación… Ahora, con la mano en el corazón, ¿usted es capaz de medir su propia felicidad?

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¡Ojo! No le Mienta a los Niños


Me tomo la molestia de informarle para su propio bien, que tenga en cuenta que es mejor que no se le ocurra decirle una mentira a un niño, y ni siquiera pretenda ocultarle o retrasarle una información, porque aunque el más timorato lector no acredite en mi exhortación, es verdad que los chicos saben cuándo alguien les miente o no les dice toda la verdad… Diferente del cándido adulto.

Y agrego, además, que tampoco intente confundir a un menor dándole más información de la que él necesita, porque será pura pérdida de tiempo ya que la atención de éste seguirá clavada en el foco de lo que parece ser más importante para su cabeza, y, probablemente, no demorará mucho para echarle en cara que le aburre escuchar tanta palabrería y verbosidad de su parte.

A bien verdad, estas son las conclusiones a que llegaron dos estudios realizados por personal del “Instituto de Tecnología de Massachusetts” (MIT). En la primera investigación, el especialista en ciencias cognitivas Hyowon Gweon y su equipo, determinaron que los niños no solo detectan cuándo se les miente o se les da una verdad a medias, sino que, cuando se les oculta algo, de alguna manera ellos buscarán la forma de llenar esos vacíos de información, especialmente si el tema es de su interés.

El mismo Hyowon Gweon fue quien llegó a comentar en un boletín de la mencionada institución: “Cuando alguien les da información, no solo aprenden lo que la persona busca enseñar, sino que también algo sobre esa persona. Si la información es completa y veraz, confiarán en esa persona en un futuro”… “Pero, si esta persona enseñó o dijo algo incorrecto, cometió un error u omitió algo importante, tal vez suspendan la confianza, sean escépticos sobre una información que ella les dará en un futuro, o incluso busquen otras fuentes de información”, agregó.

Para alcanzar estas definiciones, el reporte de Gweon se basó en un trabajo previo en el que una maestra les explicaba a niños de seis y siete años solo una de las cuatro funciones que tenía un juguete… Luego se lo daban… En un inicio, los niños únicamente se enfocaron en esa función explicada, pero después exploraron otras. Al final del trabajo, se les pidió a esos chicos evaluar a la maestra, resultando que los niños que descubrieron más funciones del juguete le dieron una calificación más baja.

En el segundo estudio, los investigadores seleccionaron niños de esas mismas edades. Primero les dieron el juguete para que lo manipularan y jugaran con él a su antojo… Posteriormente, una maestra les explicó solo una de las funciones que tenía el juguete… Sin embargo, los menores participantes descubrieron rápidamente que la maestra estaba ocultando información y, no sólo eso, se lo dijeron: “le hicieron ver la información que al parecer estaba omitiendo”.

Además, a la hora de calificar a la maestra, los estudiantes fueron mucho más duros que en el estudio previo. En consecuencia, los investigadores apuntan a que hubo pérdida de confianza en el adulto.

“Esto demuestra que los niños no solo tienen sensibilidad para determinar quién dice lo correcto y quién no. Aparte de que ellos pueden evaluar a los otros basándose en que la información aportada no es suficiente”, señaló Gweon.

¿Y si la información es mucha? En este caso, Gweon y sus colaboradores también hicieron un experimento en el que un maestro daba más información de la que el niño requería para poner a funcionar el juguete.

Fue así que ellos descubrieron que cuando se da más información de la que el niño requiere o de datos que el menor ya conoce, esto es percibido a los pocos minutos, y conlleva a una pérdida de atención, además de tiempo.

Finalmente, Gweon concluye su boletín diciendo: “Esto, lo que nos demuestra, es que ya desde pequeños sabemos cómo ir construyendo nuestras actividades a partir de la forma en la que discriminamos la información que tenemos, y también sabemos cuándo debemos buscar más datos”.

Digerida la información, según parece, éste es un fenómeno del mundo actual, a lo que habría que agregar que los jóvenes ya no tienen interés en fosilizados esquemas políticos que se arrastran desde el siglo XIX, y nos pasan, o nos quieren pasar, la impresión de están más preocupados en pasarlo bien y prolongar la adolescencia lo más posible, digamos hasta los cuarenta o cincuenta años… ¡Después se verá!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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