Estimule su Sexualidad de Manera Diferente


Se cuenta que a partir de cierto momento en la vida de un individuo bípede del sexo macho, varios lémures diferentes comienzan a florecer, y luego hacen parte de su rutina insidiosa. En el caso más específico, hay que reconocer que la “impotencia” es uno de esos fantasmas que viven a rondar la cabeza masculina. Podría decirse que es hasta peor que el de la calvicie. Y para huir de ese fantasmagórico problema, muchos de ellos eligen utilizar los estimulantes sexuales antes de tiempo. Una idea que parece genial, si no fuera por los riesgos que tal práctica conduce.

Es común muy a menudo escuchar a los hombres preguntar sobre esas pastillitas o remedios llamados de milagrosos. No en tanto, cuando se escuchan esas dudas, habría que responder que el riesgo no vale el resultado que se consigue. ¿Sabe por qué?

Porque la única cosa que el sujeto va a conseguir usando el tal remedio antes de tempo, serán dolores de cabeza y musculares, diarrea, alergias, visión dupla y, si tiene mucha mala suerte, puede hasta quedarse ciego o tener un ataque cardíaco. Y eso, mi amigo, es como querer darse un tiro en el pie… O en susodicho.

Hace unos días toqué en ese mismo punto, pero vale repetir que el “Centro de Referencia en Salud del Hombre”, en São Paulo, Brasil, acaba de divulgar una encuesta realizada con pacientes entre 20 e 35 años, en la cual apuntan que 1 en cada 5 hombres usa la tal pastillita azul —y sus derivaciones— de forma equivocada. ¿Y sabe cuál es el argumento que utilizan para justificarse? Mejorar la performance sexual en la horizontal.

Pero vale destacar de qué, peor que los efectos físicos que suelen ocurrir, serían los emocionales que le suceden… “Claro que los efectos colaterales son peligrosos, pero existe también el riesgo de la dependencia psicológica. El hombre pasa a supervalorar la droga y liga su propio desempeño sexual al uso del remedio. Esta actitud genera un elevado grado de ansiedad, y el paciente se queda con aquel miedo permanente de no alcanzar a tener más relaciones satisfactorias si no cuenta con la ayuda medicamentosa”, llega a explicar el médico jefe del servicio de urología de dicho hospital, Joaquim Claro.

Pero si a usted el balero todavía le funciona bien, es ahí que entra su propia ayuda. Por lo tanto, tenga en cuanta que ninguna fémina va querer tener a su lado a un tipo lleno de dolores y problemas, ¿correcto?

A veces es mejor mantener lo que de alguna manera está funcionando dentro de sus propias precariedades, y entonces procurar por la visita a un médico especialista para que le subsane esa incompetencia viril que usted sufre.

Pero también es aquí que la mujer debe entrar más que rápido en acción, -no en la horizontal-. Me refiero a que si ella percibe que su media naranja anda con ideas estrafalarias de querer utilizar el remedio, entonces debe darle un toque, conversar y mostrarle que existen otras maneras de tornar el sexo más interesante, sin necesidad de colocar a nadie en riesgo.

Una óptima opinión que ella puede dar, es la de convencerlo a que practique ejercicios físicos, lo que convengamos, también pueden realizar juntos. No olvidando que cuando una persona se ejercita, mejora su circulación sanguínea, el condicionamiento físico y, por supuesto, lo dejará todo animado con la endorfina, que después, es sólo aprovechar el resultado.

Además, tenga en cuenta que los estimulantes sexuales no funcionan en un piscar de ojos, entonces sería algo así como si estuviese comiendo un “tic-tac” y pensando que es remedio. El doctor Joaquim Claro explica: “La medicación no es instantánea y mucho menos mágica como acredita la mayoría de los pacientes. Hasta porque si el individuo ya es sano de por sí, su pene no se va a ponerse más rígido después del consumo de la pastillita. Por tanto, no irá a existir mudanza en su desempeño”.

Pero como ya decía mi abuela: “Sobre las circunstancias actuales, darse por hallado, puede poner todo a perder”… ¡Muy interesante!

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El Uso Inadecuado del Estimulante Sexual


Me detengo a pensar en cómo llega a ser increíble, advertir como las personas vacías siempre tienen ese maravilloso don de llenar la paciencia de los otros. Pero no sé por qué le digo esto, mi amigo, ya que el tema en cuestión dice sobre un levantamiento inédito divulgado hace días por la “Secretaria de Estado da Salud de São Paulo”, el que apunta que jóvenes entre 20 ya 35 años utilizan medicamentos para la disfunción eréctil de manera irregular, debido al deseo de mejorar el desempeño sexual. Y lo peor, es que lo hacen sin consultar un especialista.

Tal encuesta fue realizada con base en los atendimientos realizados por el “Centro de Referencia en Salud del Hombre”. Dicha unidad atiende a más de 300 hombres por mes con problemas sexuales y, cerca de 20% de este total, afirma ya haber hecho uso de estimulantes sexuales por lo menos una vez, sin prescripción médica.

Resulta que en la hora de la consulta, las explicaciones son siempre las mismas: curiosidad, voluntad de optimizar la “performance” sexual y, claro, o recelo de fallar en la “hora fatídica del vamos ver”. No en tanto, el médico jefe del servicio de urología del hospital, Joaquim Claro, -que no es dueño ni pariente de los dueños de esa malévola empresa de teléfonos móviles que nunca tienen señal-, explica que los comprimidos no demuestran un buen resultado para una grande parte de los hombres.

“La medicación no es instantánea y mucho menos mágica como piensan los pacientes. Si el individuo ya es saludable, su pene no irá ponerse más rígido después del consumo del medicamento. Por lo tanto, no existirá mudanza de desempeño”, avisa el sabio doctor para todos aquellos flácidos desesperados.

De acuerdo con este médico, los estimulantes sexuales pueden llegar a causar dolores de cabeza –la superior-, y musculares, diarrea –que puede ser mental-, alergias, visión doble –como llegar a ver dos mujeres en la cama– y, en casos más severos, hasta ceguera… O sea, que si insiste, mi amigo, usted no verá nunca más a su querido “birgulino”.

Además, hay que destacar que los pacientes cardiópatas tampoco pueden ingerir este tipo de medicamento, considerado un vasodilatador, principalmente sin supervisión médica. Solamente este tipo de especialista puede diagnosticarle la necesidad de su uso y, además, el mejor método de utilizarlo, conforme criterios como: edad, histórico familiar y condición financiera… Principalmente esta última, porque un jubilado cualquiera, sobre seguro que al precio que están las pildoritas, no las podrá comprarlas jamás.

“Los efectos colaterales son peligrosos, además del riesgo de la dependencia psicológica. El hombre pasa a supervalorar la droga y liga su propio desempeño sexual al uso del remedio. Esta actitud genera un grado elevado de ansiedad y el paciente asume el miedo de no poder tener más relaciones satisfactorias si no contar con la ayuda medicamentosa”, destaca el Dr. Claro… Mismo que el enfermo viva cambiando de pareja.

Tampoco olvidemos que la práctica de actividad física es una manera saludable y eficaz de mejorar la actuación en la hora del sexo, según lo afirman los médicos. Por ello que los ejercicios contribuyen con el condicionamiento físico, mejoran la circulación sanguínea y aumentan la resistencia trabajando las regiones del pecho, hombros, brazos y piernas, además de elevar la autoestima… y el pobrecito de su querido “birgulino”, claro.

En todo caso, nunca está demás conocer otras actitudes importantes para mantener  una vida sexual activa y segura, en base a sugestiones de especialistas del “Hospital del Hombre”:

Proteja su cuerpo – No sea egoísta, cuide de su amigo. Use condón en las relaciones sexuales y evite el contacto con las enfermedades sexualmente transmisibles. No deje de visitar al médico por lo menos una vez al año para realizarse un check-up y exámenes preventivos… Además de contribuir para con el bolsillo del galeno, obvio.

Converse sobre sexo – Tenga un buen diálogo con su pareja. La confianza es importante para que el sexo satisfaga plenamente a la pareja… Y si mismo así no funciona, entreténgala recitándole unos cuentos verdes.

Prepare el ambiente – La presión psicológica y los problemas del día a día pueden perjudicar su desempeño. Por eso es importante escoger el local y el momento ideal propicio para a relación… Al final, cualquier lugar oscurito, ya sirve.

Olvídese de las leyendas – Según estudios anteriores, el tiempo medio de una relación, -excepto los jóvenes-, es de 15 a 20 minutos. Y mismo que algunos lleven horas, saber sobre esto es uno de los primeros pasos para que la pareja consiga disminuir sus propias expectativas…

¿Al final de cuentas, para qué apurarse cuando se está en una mejor?

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