Sencillez


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Hurgando en los mamotretos, además de insectos y toda su escabrosa parentela, encuentro el registro que dice que la sencillez corresponde a algo simple que es formado de un solo elemento que carece de lujos aparentes o adornos, sin composición ni complicación, algo fácil de comprender y hacer, que no posee un artificio retórico. Un asomo que es de carácter natural y espontaneo, y que tiene menos cuerpo o volumen que las otras cosas de su especie.

Esas son explicaciones que se aplican al burdo material, a lo tangible, sobre algo que nuestros dedos pueden palpar, pero que de igual forma es una virtud visible a los ojos perceptivos del ser humano, visto que esa palmaria actitud representa humildad, candor, simpleza y afabilidad entre otras cosas por el estilo.

Sin embargo, poseer esa cualidad especial y privativa, pasa a ser, a su vez, uno de los ingénitos sustantivos más complicados de exteriorizar en cualquier rincón del mundo en que vivimos o en el lenguaje que le apliquemos.

Esto se debe a que cuando una persona es sencilla en su substancia como también en sus actos y palabras, incluso en el lírico plectro de su instinto y percepción de la vida, ésta corre un enorme riesgo de ser catalogada de inmediato como un ser tonto, un alucinado, un bobeta soñador que anda por las esquinas de la vida desparramando utopías insanas llenas de exaltación poética.

Con todo, es fácil percibir que esos mismos censores de los actos ajenos que hacen profesión de desconfiar de todo lo que los circunda, mismo que no los entiendan, les parece que tienen cierta destreza innata para avanzar por fuera del misterio, haciendo de su ignorancia una forma inédita de indiscreción. Tal vez estos sean, no lo dudo, seres que se afanan en no ser, y, especialmente, en no parecer sencillos.

Esa altanería, esa pompa, su soberbia, son su concha de carey protectora, y se olvidan que en la sencillez, jóvenes y viejos, hombres y mujeres o el género que sea, se amparan y a la vez se comprenden, en cuanto esos que caminan por el laberinto de la complejidad de proceder anidan entre la desconfianza y los rencores, sin tener en cuenta que la muerte es el vértice de la sencillez.

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Diga No a la Embriagues Chichuleana


Sea sincero: ¿usted nunca se ha preguntado cómo se forman las tendencias? ¿Quién decide qué se lleva y cómo, lo que está “in” y lo que no? Con todo, por favor no se confunda de estilo y en lugar de moda piense que todo se trata de un modismo, ya que un “modismo” es un hábito, un lugar común, una costumbre lingüística que tiene la función de ahorrarnos energía en la manera de hablar, algo que se encuentran presentes en todas las lenguas y en el habla de todas las personas.

Así que, en definitiva, ¿qué es una tendencia? Normalmente se dice que una tendencia, en el mundo de la moda, es lo último, lo innovador, lo que está en la onda. Aunque en resumidas cuentas y aplicándolo a todo lo que nos rodea, todo no pasa de costumbres e inclinaciones que la gente comienza a adoptar y que de cierta manera marcan alguna época o lugar específicos. Lo interesante del caso, es que son justamente los consumidores los que deciden qué es tendencia y qué no lo es, y a cada año surgen nuevas modas en el mundo… ¡La lista es casi infinita!

Pues bien, en este caso específico no se trata de algo diferente, ya que una nueva moda o manía delirante ya está comenzando a preocupar a los ginecólogos en el mundo entero. Conforme relatos de algunos de estos profesionales -cuyo trabajo es sumamente arduo y por su vez animado-, muchas mujeres hoy día están mojando tapones de absorbentes íntimos con vodka y colocándolos dentro de sus vaginas -vulgarmente llamadas de “chichulas”- para alcanzar la embriaguez con más facilidad.

Es más, si se realiza una rápida búsqueda sobre el tema en “Youtube”, de cara aparecen por lo menos 6 mil resultados relacionados a esta práctica. Por tanto, frente a esta nueva onda, médicos ya están realizando fórums de discusión en las redes sociales para aconsejar a esas jóvenes de poca materia gris entre oreja y oreja, a abandonar cuanto antes esa peligrosa experiencia.

Mismo así, el invento de utilizar productos embebidos en licores para potencializar sus efectos, no es de por sí una práctica reciente. El primer relato de casos como éste aconteció en la helada Helsinki, la capital de Finlandia, en 1999. Por esa época las jóvenes se sometían a ese tipo de experiencia para poder beber sin que sus padres percibiesen cualquier vestigio de alcohol en sus hálitos.

Pues bien, hoy día, el Dr. Toli Onon, portavoz del “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists”, del Reino Unido, llegó a afirmar en una entrevista colectiva, que exponer la vagina a cualquier objeto mojado con alcohol -no necesariamente la lengua-es algo extremamente peligroso.

“El alcohol es de por sí un antiséptico y perjudica el equilibrio de las bacterias benéficas que viven dentro de la vagina”, explicó el doctor… Sin reconocer lo bien que la pasan esas bacterias en ese hábitat.

En todo caso el ginecólogo fue más lejos y agregó: “Con ese proceder, hay chances de aumentar el riesgo de infecciones. Además, el alcohol puede ser muy irritante para la piel vaginal y puede llegar a causar ardor e inflamación en la región”… Con lo que la “chichula” quedaría como una rosa vieja que comienza a perder los pétalos.

Por lo demás, los especialistas dejan claro que la absorción de alcohol por la vagina no es suficiente para embriagar una persona, llegando a resaltar lo siguiente: “La mucosa vaginal es semejante a la de la boca -de viejo, que como todos saben tiene labios pero no dientes-, por tanto, si alguien colocar vodka en la boca y no lo traga, ciertamente todo ese alcohol no será absorbido”, terminó comentando Onon en su soflama.

Hoy llueve fuera, no sólo de la huerta sino en el vasto mundo, por lo que con tan denso rumor es imposible que, a esta misma hora, no esté lloviendo por la tierra entera, y vaya el globo vertiendo aguas por el espacio, como peonza zumbadora… Pero eso de la perinola ya es otra cosa… ¡Válgame Dios!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

El Verdadero Beso Animal


Lo aprendimos en la escuela: humanos son animales, se comportan como animales… Más tarde, a esos mismos perseverantes en el aprendizaje se les ha ido inculcado que el ser humano se interesa por otro de su misma especie no apenas por cuestiones ligadas a la personalidad, inteligencia o estilo, sino también por el “vaho” -no necesariamente de las sudoríparas axilas-, de las hormonas que son liberadas por el cuerpo. Por tanto, la cosa es química y no hay como negarlo.

Con todo, es caso de preguntar: ¿Por acaso alguien ya vio a algún animal besándose?

No es un dato científico, pero la gran mayoría de bípedes claudicantes que andan por ahí, afirma animales no se besan. Puede que hasta algunas especies refrieguen sus rostros, pero nada de besos en sí.

¡Respuesta equivocada, mí vertebrado leyente! Científicos afirman que los chimpancés se besan, aunque eso ocurra sólo entre los machos de la especie, y como forma de reconciliación entre ellos. Además, el “bonobo” -que no es igual que lo hagan a uno de bobo-, un primate más conocido como “chimpancé pigmeo”, también se besa y hasta usan sus lenguas, así como también tranzan así que se conocen, sin mucha ceremonia ni rodeo. Visto así, su beso no parece realmente tan romántico como cualquiera pueda imaginar.

En todo caso, excepto estas especies, nada de beso entre animales. El beso, mismo, sólo ocurre entre los humanos, aunque no esencialmente tal acto sea aceptado en todas las culturas.

Un estudio realizado conjuntamente por las “Universidades de Nevada e Indiana”, en Estados Unidos, llegó a estudiar 168 sociedades en todo el mundo, y descubrió que apenas el 46% tiene el beso como algo romántico. Y que algunas de esas sociedades, como la tribu de los “Meinacos”, que vive en la selva brasileña, más específicamente en la región de Xingu, definen esa práctica simplemente como “asquerosa”.

¿Qué quiere que le diga? Al fin de cuentas ellos no están del todo equivocados, ya que se sabe que el intercambio de saliva con otra persona puede aumentar las chances de diseminar enfermedades: un beso de lengua puede transmitir hasta “80 millones de bacterias”… Una pavadita.

Siendo así, sería de cuestionarse: ¿dónde radica esa cuestión insistente con el beso?

Por lo que se sabe, la primera vez que el beso fue encontrado por historiadores, fue en textos en “sancristo védico hindú” de más de 3,5 millones de años atrás. Tal práctica era llamada de “aspirar el alma de otro ser”. A más, en las escrituras de las paredes existentes en las pirámides y otros locales de Egipto, por ejemplo, las personas aparecen muy próximas unas de las otras, pero nunca con los labios colados.

Pues bien, resulta que estos estólidos investigadores, ahora se les ha dado por sospechar que el beso sea algo cultural que ha ido pasando entre generaciones, y su objetivo real sería el de aproximarse de otro ser para sentir su olor y tener contacto con las hormonas expelidas por la piel, y así descubrir si esa persona es realmente el par que ella procura. Como se ve y se deduce, el beso se tornó algo romántico, pero comenzó como una buena disculpa para nuestras necesidades químicas de detectar las feromonas.

No sé, porque luego de cualquier esfuerzo, lo que en verdad se huele no es más que intenso sudor. Pero no es de dudar lo que afirmas estos catedráticos si con tanta firmeza lo afirman. Por otro lado, un hombre, si ha estudiado, aprende a dudar, mucho más siendo los dioses tan inconstantes, seguros sólo, ello por ciencia, nosotros por experiencia, de que todo acaba, y el beso siempre antes que lo demás… ¡Pura zalamería!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Lo Mejor Ahora es “Cambiar de Idea”


Recientes reseñas relatan que los lectores ingleses de hoy están fascinados con la anglo/jamaicana Zadie Smith. Por consiguiente, esta joven escritora se suma, de esta manera, a la lista de muy relevantes escritores anglosajones que pertenecen a otras culturas, como son los casos del ganador del Premio Nobel literario, V.S. Naipaul, o bien el indio Salman Rushdie.

A los 25 años, Zadie Smith alcanzó la fama con “Dientes blancos”, y luego fue la ganadora del premio a la Mejor Primera Novela y el Premio de los Escritores de la Commonwealth. Posteriormente aparecieron: “El cazador de autógrafos” y “Sobre la belleza”. Pero en este reciente libro, que el lector tiene a su disposición en traducción castellana con el título “Cambiar de idea” (Salamandra/Gussi), hace parecer que Zadie Smith ha cambiado de género literario.

Aquí, ella ha recopilado por primera vez sus ensayos, que rebosan inquietud intelectual, y con los cuales toca variados temas, desde la política a cultura, pasando por sucesos de la vida cotidiana. En estas páginas, Zadie Smith escribe sobre Barack Obama, Franz Kafka, Greta Garbo y hasta los Premios Oscar. Ello da una idea de la amplia y abierta mirada de la autora, y del espíritu lúdico de su admirable inteligencia.

Empecemos por los ensayos dedicados al Oscar. Allí, visitando el hotel Mondrian, Zadie Smith escribe: “Las chicas despampanantes son perfectas. Las actrices son bajitas; tienen la cara irregular, la nariz torcida. Las actrices son encantadoras. No tienen un moreno uniforme y oscuro, no llevan “sarongs” como los de Gucci… Hay una desconexión deprimente entre las chicas que quieren ser actrices y lo que es en realidad una actriz de éxito en Hollywood…. Y en una fiesta de celebridades, sin la prensa, que los actores famosos beben poco y comen menos, se cuidan de lo que dicen y ostentan sus arrugas, la escasa estatura o el rímel corrido…”

Y vamos al viaje que hace a Liberia. Al sobrevolar Monrovia, ve que el aeropuerto “no es mayor que la escuela de una aldea”. Llueve, pero persiste el calor agobiante. No hay una red de carreteras; debe escoger cada destino con cuidado. En un mercado las mujeres, en cuclillas, venden jabón en polvo. Una de ellas, que tiene cinco hijos, me confiesa que gracias a ese trabajo ella puede enviar a dos hijos a la escuela. ¿Cómo los elige? Responde que van los de 14 y 15 años porque terminarán antes; los de cinco, seis y siete años, trabajan con ella.

Tras analizar a Nabokov y a Kafka (“un hombre corriente”), me parece interesante terminar -aunque es imposible abarcar este libro tan seductor-, con sus consideraciones sobre el lenguaje. La escritora afirma que la adaptación de la voz sigue siendo el pecado original de los británicos: si el tono es ascendente al final de las frases estilo norteamericano, “eres un vendido”; pero “si pronuncias palabras europeas prestadas en su manera original, eres un farsante”. Y dice: “Nuestras voces son quienes somos”. Y admite que ella adquirió su voz en Cambridge, olvidándose luego de la voz de Willesdem.

Como también estuvo presente en actos de Barack Obama, nos cuenta que, para él, tener más de una voz y un oído, es un don tan interesante que le permite cambiar el estilo de su voz y, también, el nivel de sus discursos, atendiendo situación y lugar del público al que se dirige.

Como el estimado leyente puede ver, “Cambiar de idea” revela que los lectores ingleses tienen razón, siguiendo los libros de esta impar escritora.

(*) Si desea seguir la misma línea y enfoque de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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