Viejo sí, Pero no Como los de Antes


Es comprensible que la transición del trabajo a la jubilación represente un cambio muy importante al punto de la persona llegar a sentir estrés. Eso suele ocurrir porque puede suponer la pérdida de ingresos, la identidad profesional, el estatus social, los compañeros y la estructura cotidiana del tiempo y las actividades… Sin considerar la parte anatómica, por supuesto.

Con todo, el hecho de un individuo jubilarse y cuándo hacerlo se encuentra entra las decisiones del estilo de vida más cruciales que necesitan tomar las personas al aproximarse a la vejez. Sin ellas olvidar que estas decisiones irán afectar tanto su situación financiera como su estado emocional, así como las formas en que irán pasar sus horas de vigilia y las maneras de cómo se relacionan con la familia y los amigos.

Por su vez, para los administradores públicos existe la problemática de tener que proporcionar apoyo financiero para una cada vez más grande cantidad de ancianos jubilados, lo que también tiene serias implicaciones para la sociedad, en especial cuando la generación “baby-boom” se acerca a la vejez.

Analizado por otro ángulo, existe un inconveniente que está relacionado a la necesidad de contar con arreglos adecuados de viviendas y cuidados para los ancianos que ya no pueden manejarse por sí mismos… O sea, los que ya están en la uña.

Lo cierto, es que las personas mayores de hoy en día se están dando cuenta de que el ser mayor ha cambiado completamente desde que sus padres llegaron a los 65 años, y notan que están más sanos y vigorosos que sus homólogos de hace varias generaciones. Tienen aspecto más juvenil, se sienten mejor y actúan con más vitalidad que sus padres y abuelos de la misma edad… Bueno, no todos, algunos ya llegan a esa edad hechos trapo.

Teniendo en cuenta lo antes dicho, la tecnología moderna, además de facilitar nuestro día a día, también ha traído muchos beneficios para la salud, y los que hacen parte de la llamada tercera edad -léase viejos añosos- ya están sintiendo en la carne los beneficios. Al final, para los viejos de cuerpo pero no de espíritu, el soporte “high-tech” promete ser cada vez mayor, lo que en parte contrarrestaría la actual tendencia mundial de reducción de la natalidad y el aumento de la expectativa de vida.

Para tener una idea, según estimativas de la “OMS” (Organización Mundial de Salud), el número de ancianos en el mundo debe duplicar hasta 2050.

Evidente que la independencia también es otra ventaja que la tecnología trae para la vida de los más viejos. En el futuro, la idea que se está encubando, es que existan drones para la realización de tareas domésticas, con el intuito que servirían para buscar objetos en lugares de difícil alcance, ayudar en la limpieza, entre otras ideas varias presuntuosas.

No crea el pretérito lector que estamos lejos de ello, pues esa propuesta ya está siendo estudiada y experimentada por la investigadora Naira Hovakimyam, de la “Universidad de Illinois”, Estados Unidos, ya que en 2015 ella recibió una bolsa de estudios de U$S 1,5 millón de la “National Science Foundation” para el proyecto “Aspire” (Automation Supporting Prolonged Independent Residence for the Elderly).

Elemental decir que la propuesta no es crear solamente drones, sino que también robos, los que serían adaptados para tareas domésticas.

Por tanto, si doña Naira lograr dar con la tecla, todo eso será bienvenido para facilitar la vida de los más viejos y achacosos. Con todo, vale recordar que mucha tecnología también puede traer soledad. Por eso también ya se habla que drones y robos no deben substituir el amor y la presencia de los familiares.

No sé bien porque razón, pero pienso que para los que se dan cuenta un día que se han puesto viejos, no habrá tecnología que valga cuando de repente se detengan a mirar el colchón de su amada cama y recuerden hechos trascendentales como lo sería ponerse a revivir el momento de años ya muy lejos donde su mujer perdió la virginidad, donde habrá ella sangrado por su último hijo, donde pereció el sueño infinidad de veces y demás etcéteras que suelen ocurrir sobre un colchón, comportándose mentalmente como si estuviera componiendo una oda sáfica, y laboriosamente luchando con la métrica reacia… ¡Mágico asunto!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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Quedó Elucidada la Vieja Manía Canina


Y a causa de ese nuevo develamiento acabo de desilusionarme con mi abuelo, a quien siempre tuve en alta estima. Aunque también es cierto que no estoy triste por ello, pues pienso que todo se debe a esa ignorancia propia que tenían los antiguos. A bien verdad, recuerdo que cuando yo era chico, y de ello ya se van muchos años, él me contara sobre la manía del por qué los perros se vienen oliendo la cola desde los tiempos antediluvianos, explicándome que se debía a un hecho lógico.

Y digo “lógico” por no decir fortuito ya que, según él, todos los perros del mundo fueron llamados por Noé a una reunión previa antes de éste terminar de construir su famosa Arca. Sin embargo, existía una determinación categórica: nadie podía entrar a la reunión con las bolas puestas. Eso originó que todos los perros dejasen las suyas en la puerta. Con todo, en medio de la tertulia aconteció una tremenda trifulca y todos salieron corriendo echando mano a lo que veían primero. Así pues, a partir de ese día, cada vez que ellos se encuentran se huelen uno a otro, que es para ver si alguno lleva las suyas puestas por equivocación.

Obvio que en aquel momento di el hecho por sentado, pues lo que él me contara hacía sentido; pero pasados los años uno se da cuenta que la respuesta para esa cuestión no es tan sencilla como parece… O mejor dicho, no era, puesto que en pocas palabras, se ha descubierto que los perros lo hacen para poder recolectar la mayor información que puedan sobre el otro animal… Por lo que algunos ya estarán deduciendo que estos animales tienen un chip escondido en el orificio.

En realidad, el secreto, conforme asegura la “Sociedad Química de Estados Unidos” (ACS por su sigla) en un artículo que fue publicado por la cadena “BBC”, estaría en la química, debido a que los perros tienen un olfato tan desarrollado que llega a ser entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el humano.

El asunto es que cuando dirigen sus hocicos a la cola de otro perro -tal cual un pendrive-, lo que hacen es recolectar un montón de información sobre el otro animal, desde lo que come hasta su género o estado emocional, llegaron a explicar los técnicos al medio de información británico.

Años atrás, George Preti, un conocido experto en feromonas y olores humanos, se dedicó a estudiar las secreciones anales de perros y coyotes, por lo que identificó los componentes de las secreciones que producen las glándulas alojadas en dos pequeñas bolsas… Lo que por sí sólo deja evidenciada la delicia de su trabajo.

De acuerdo con lo que informó el oledor de Preti a la BBC, este lenguaje químico del que habla estaría compuesto de trimetilamina y ácidos grasos volátiles; empero el aroma pueda cambiar de acuerdo a la genética y el sistema inmunológico del animal… Además de las porquerías que le den de comer en casa.

Por lo demás, todo indica que los perros, conforme llegaron a explicar los expertos de la ACS, tienen un sistema olfativo auxiliar diseñado específicamente para la comunicación química, un órgano que tiene nervios que se comunican directamente con el cerebro… O sea, que es algo así como un enchufe que lo conecta en el c… Bueno, es fácil uno imaginar a donde.

Pues bien, este sistema odorífico, aseguraron los especialistas consultados, le asegura no tener interferencias de otros aromas y dedicarse sin distracciones a leer las “tarjetas de presentación” de los terceros.

Reflexionando sobre esta revelación, es como si yo le digiera al perro: “el diablo no acecha siempre tras la puerta”. Aunque reconozco que a causa de la manifiesta diferencia de conceptos y la distinta naturaleza de los vocabularios entre él y yo, no podrá el perro aspirar siquiera a una mera comparación preliminar de lo que yo pretendía comunicarle, y en cierto modo menos mal que así es, porque, condición indispensable para pasar al siguiente grado de entendimiento, tendría que ser él preguntarme qué era eso del “diablo”, figura, entidad o personaje, como se supone, ausente del mundo espiritual canino desde el principio de los tiempos… ¡Guau!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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