Fuego Fatuo


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Ciertamente no existirá un mañana si ya no existen el hoy ni los ayeres. Mismo así, creo que si borrase todos los errores de mi pasado, estaría borrando toda la sabiduría de mi presente.

Así como suele ocurrir con todos los estereotipos etiquetados, existen demasiadas excepciones como para que a uno se le antoje llevarlos demasiado en serio. Quizás no sea exactamente eso, lo que ocurre, principalmente, con todos aquellos individuos flojos de amores y pasiones muertas en solitario silencio.

Envueltos por la ceguera pasional, no percibimos a tiempo que los años transcurren sin darnos cuenta, mismo que a veces éstos simulen que se detienen ante un amor furtivo, para luego volver a correr hasta que la luz de la llama mortal nos envuelva, absorta, pálida, doliente.

Durante cualquier ínterin, siempre suele aparecer alguien que, en medio de la oscura perspectiva, alza en sus manos el cirio del amor que nos obliga a ver con ojos entornados el lado íntimo de los sueños que produce una pasión.

Es incuestionable que ese cerillo a que me refiero, pueda ser tan sólo una idea, una primicia de lo que en verdad suele ser el fuego que consume el corazón de quien se enamora, cuando ese mismo fuego fatuo que todo lo consume, ya no le permita más diferenciar entre la belleza ni lo feo, no distinga contrastes entre lo llamado pudor y lo impúdico, mientras la ausencia del suelo se le escapa rauda bajo los pies.

Como consecuencia de ese afanoso acto de los dioses que es hábilmente practicado por las manos de los querubes, esta misma llama que de pronto se enciende promiscua en los sentimientos, nos quemará sin poner condiciones, y día y noche arderemos bajo la flama de su luz sin tregua, y ya no conoceremos más la quietud.

Ese albor misterioso que en torno al crepúsculo nos hace dar vueltas como hélices cuyas aspas nos llena de fuego la vida, hace regresar las cosas ocultas en nuestra alma, grandiosas, fecundas, magnéticas, y nos tornará esclavos de un circulo negro y dorado que se sucederá hasta la muerte lenta de las cosas bellas.

Con todo, esa luminosidad de que hablo, sin embargo, es la que nos permite acercarnos sin temor a los árboles desnudos, un boscaje impoluto donde habita un cuerpo de mujer, mitad diosa, mitad humana, de níveas colinas, muslos blancos, suave piel de seda en la que un día nos distraeremos contando lunares sin poner condiciones a nada.

No obstante, adrede, deba advertir que esa misma llama que nos quema y nutre, tiene únicamente un enemigo: la lluvia que nos cae del cielo.

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Las Causas de la Involución


No podemos dejar entre renglones que tanto Alemania como Japón, dos naciones que quedaron horriblemente destruidas a consecuencia de la guerra en el siglo pasado (por ellas desatadas a decir verdad) supieron levantarse rápidamente de sus escombros y volvieron a ser potencias.

En contraposición, países con enormes recursos naturales como Argentina, Brasil, Venezuela o México, para circunscribirnos a nuestro continente, no han sabido hacer algo parecido, a pesar de sus ventajas y de no haber sufrido la miseria de la postguerra. La Argentina, de hecho, llegó al umbral de la riqueza y el desarrollo sostenido a principios del siglo XX y sin embargo, luego involucionó en su progreso y no logra salir de su marasmo. Si miramos hacia atrás en la historia, ejemplos de culturas que cayeron en la pendiente abundan y de ello algunas conclusiones se pueden sacar.

El Imperio Otomano, en su apogeo era musulmán y rivalizaba con Venecia y Francia, en cultura y poder. Habían establecido un sistema educativo del estilo del IENA francés. Cuando las fuerzas del Sultán conquistaban una región o una ciudad, se llevaban a los chicos como esclavos. Las niñas, a los harem y los niños al palacio. Pasaban a ser propiedad del Sultán y eran educados con rigor para formar parte de la Administración del imperio. Los más capaces avanzaban de acuerdo a su desempeño y no era inusual que un esclavo, llegase al fin de su carrera, a ser nombrado gobernador de una región o alcalde de una ciudad. El imperio en su nadir era gobernado por una meritocracia donde la excelencia se premiaba. Los hijos de los esclavos eran ciudadanos libres, pero no podían formar parte de la administración pública. Al contraerse el imperio comenzó la decadencia. Ya no obtenían tantos esclavos para administrar al imperio. Se quebró el sistema de la educación en la escuela del palacio. Empezaron los acomodos y avanzó la mediocridad.

Los países exitosos han sabido desarrollar un buen sistema de educación al margen de tener una base cultural que premia el esfuerzo, la honradez, el éxito, en la cual se desprecia la holgazanería y el ocio. Gran Bretaña se caracteriza por sus “public schools”, y sus prestigiosas universidades. Lo mismo ocurre en Francia, Alemania, EE.UU., Japón y ahora China. Los hay también más pequeños, sumamente exitosos como los escandinavos. Basta contrastar su PBI per cápita y los resultados de sus alumnos en las pruebas PISA. Es una realidad que aquellas naciones que producen buenos académicos, técnicos y profesionales tienen una buena base de educación primaria y secundaria, así como escuelas tecnológicas y centros bien aceitados de aprendizaje.

Donde no existen estas condiciones, donde se ha perdido este impulso, la sociedad no sanciona a quienes no se capacitan, el gobierno no cumple debidamente con la función educadora y en lugar de fomentarse la inversión y el emprendimiento, se subsidia la holgazanería, el resultado es muy negativo.

Pensemos en el pueblo judío, el que hasta hace poco no tenía país. Por haber sido perseguido a lo largo de la historia y en muchos casos habérsele impedido ser poseedor de tierra, la forma más tradicional de acumular riqueza, tuvo que ingeniárselas de otra manera. Se dedicaron al comercio, a la joyería, al arte, a la banca, al intercambio de moneda, a la prestación de servicios y a distintas profesiones. Y por sobre todo, como sus bienes podían serles confiscados, siempre han privilegiado el estudio y la preparación de sus hijos y parientes. En la sociedad judía está muy mal visto no estudiar o no trabajar y es grande la presión de la comunidad al respecto. Los resultados están a la vista.

El número de personalidades de este origen que han hecho una diferencia en el mundo es inmenso, desde Albert Einstein, hasta Sigmund Freud, pasando por Karl Marx, el propio Jesús, Jonas Salk, Albert Sabin, también en el arte, en Hollywood, etc. Hay 14 millones de judíos en el planeta y en 105 años han recibido 15 docenas de Premios Nobel en diversidad de áreas, mientras que la población islámica que asciende a 1.4 billones, cuenta con 3 Premios Nobel, aparte de algún Premio de la Paz, según informa el pakistaní Farruk Saleem, director ejecutivo de un “think tank” en Islamabad, fundado en 2007.

Detrás de estos logros hay un hilo conductor fundamental por el que hay que apostar: la EDUCACIÓN… Por eso es bueno preguntarse: ¿Cuándo será que los gobiernos de aquí van reaccionar?

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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