Fuego Fatuo


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Ciertamente no existirá un mañana si ya no existen el hoy ni los ayeres. Mismo así, creo que si borrase todos los errores de mi pasado, estaría borrando toda la sabiduría de mi presente.

Así como suele ocurrir con todos los estereotipos etiquetados, existen demasiadas excepciones como para que a uno se le antoje llevarlos demasiado en serio. Quizás no sea exactamente eso, lo que ocurre, principalmente, con todos aquellos individuos flojos de amores y pasiones muertas en solitario silencio.

Envueltos por la ceguera pasional, no percibimos a tiempo que los años transcurren sin darnos cuenta, mismo que a veces éstos simulen que se detienen ante un amor furtivo, para luego volver a correr hasta que la luz de la llama mortal nos envuelva, absorta, pálida, doliente.

Durante cualquier ínterin, siempre suele aparecer alguien que, en medio de la oscura perspectiva, alza en sus manos el cirio del amor que nos obliga a ver con ojos entornados el lado íntimo de los sueños que produce una pasión.

Es incuestionable que ese cerillo a que me refiero, pueda ser tan sólo una idea, una primicia de lo que en verdad suele ser el fuego que consume el corazón de quien se enamora, cuando ese mismo fuego fatuo que todo lo consume, ya no le permita más diferenciar entre la belleza ni lo feo, no distinga contrastes entre lo llamado pudor y lo impúdico, mientras la ausencia del suelo se le escapa rauda bajo los pies.

Como consecuencia de ese afanoso acto de los dioses que es hábilmente practicado por las manos de los querubes, esta misma llama que de pronto se enciende promiscua en los sentimientos, nos quemará sin poner condiciones, y día y noche arderemos bajo la flama de su luz sin tregua, y ya no conoceremos más la quietud.

Ese albor misterioso que en torno al crepúsculo nos hace dar vueltas como hélices cuyas aspas nos llena de fuego la vida, hace regresar las cosas ocultas en nuestra alma, grandiosas, fecundas, magnéticas, y nos tornará esclavos de un circulo negro y dorado que se sucederá hasta la muerte lenta de las cosas bellas.

Con todo, esa luminosidad de que hablo, sin embargo, es la que nos permite acercarnos sin temor a los árboles desnudos, un boscaje impoluto donde habita un cuerpo de mujer, mitad diosa, mitad humana, de níveas colinas, muslos blancos, suave piel de seda en la que un día nos distraeremos contando lunares sin poner condiciones a nada.

No obstante, adrede, deba advertir que esa misma llama que nos quema y nutre, tiene únicamente un enemigo: la lluvia que nos cae del cielo.

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Desventura


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Desventura, suerte adversa y aciaga que me persigue con rumor de quebrado, oscura sombra de amor que la vida me ha dado, suceso que va en contra de mi deseo y mi interés, ventura de envidia que me maldice por tu estar tan lejos de mis brazos.

Surgí para vivir para siempre entre tus manos, pero hoy me he convertido en movimiento sombrío de nave que deriva en un invierno, en agua que corre como torrente de río revuelto, rumor de ventanas que se cierran, ruido de vidrios rotos, paciencia sagrada de ese cenagoso mar que me impele a andar y navegar por esta tierra fatal.

En otros tiempos se notaba de lejos lo mucho que nos amábamos, teníamos entonces un fuego en la mirada y una inmensa pasión hipotecada en el alma. Sin embargo, aunque los dos éramos tan diferentes, no fueron pocas las veces nos chocábamos, y muchas veces peleábamos, pero lo cierto es que cuando estás lejos, te extraño locamente.

No camines más entre la niebla y los ladrillos, amada mía. Intenta ser feliz en cuanto puedas, vedada criatura de la corte celestial, porque aquí en esta región de extensas penas las injusticias siempre se pagan, porque el dolor siempre se supera y porque los errores al fin nos enseñan.

No sé por qué motivo, hoy me dio por extrañarte más que otros ayeres, por echar de menos tu presencia. ¿Será tal vez porque el amor le deja a uno más huellas que la nada?

Seguramente herido voy sin ir sangrando la vida, por no ser y ser sin que tú seas. Es como una melancolía inaudita, es volver al lugar donde un día fuimos felices, pero esta vez acompañado solamente de recuerdos.

No lo escondo de ti ni de nadie, porque a mí tú me sigues gustando, aunque hoy piense que lo nuestro ha de seguir siendo un amanecer imposible.

El Resbalón del Doctor Llegó al Corazón


No hay porqué dudar, todos saben que los errores en el habla los cometen de forma ocasional todos los metidos a verbosos, no obstante para ello existan las llamadas explicaciones psicolingüísticas. Es que estos se producen con mayor frecuencia cuando los hablantes están nerviosos, cansados, ansiosos o intoxicados. Por ejemplo, durante una retransmisión en vivo por televisión o radio, los hablantes no profesionales e incluso los locutores habituados, cometen a menudo errores del habla porque están bajo mucho estrés.[]

Es también común que algunos presuntos oradores parezcan ser más propensos a los errores del habla que otros; aunque los expertos digan hay una cierta conexión entre la tartamudez y los errores del habla. El mismo Charles F. Hockett nos explica que “cada vez que un orador siente un poco de ansiedad por un posible lapsus, tenderá a centrar la atención más de lo normal en lo que acaba de decir y en lo que él está a punto de decir. Evidente que esto es un caldo de cultivo ideal para la tartamudez”.

En rigor, desde el punto de vista del psicoanálisis en general, la cuestión de los “lapsus” abarca a casi toda actividad humana en la que participan las funciones psíquicas superiores, principalmente, -aunque no únicamente-, aquellas en las que se encuentran involucradas las áreas subcorticales y basales en las cuales se mantiene la memoria humana, y las áreas corticales de síntesis en el lóbulo frontal, y radica en el afloramiento de deseos inconscientes… Por lo que sólo el propio Freud lo explica.

Por otra parte, un elemento facilitador de lapsus está dado en las semejanzas ya sean estas visuales, acústicas, etc.; ya sea produciendo una inhibición del tipo olvido; o ya sea provocando una expresión errónea. En tales casos todo parece indicar que un mecanismo neurológico facilitador -y no ocasionador-, por el cual suelen producirse diversos tipos de lapsus, es el de la coincidencia de vías nerviosas al intentar efectuar un acto que resulta fallido.

Recuerdo que una de las leyes de Murphy -que no era Freud- dice que “En el peor momento en que algo pueda salir mal, algo saldrá mal”. Lo que parece ser una frase muy cierta, pues en verdad no es coincidencia que muy frecuentemente los errores más grandes ocurren en los peores momentos. Mismamente lo indica el proverbio japonés que dice: “Todos cometemos errores, por eso se inventó el borrador”. Elemental decir que esto nos recuerda que errar nos hace humanos, y a la vez nos dice que tenemos el poder de corregir nuestros propios errores; como es el caso obvio del hospital “Mediclinic”.

En realidad, mi infalible lector, las equivocaciones ocurren y siempre ocurrirán, y juzgo que a este asunto de hoy uno bien podría titularlo de lapsus, acto fallido, error, equivocación involuntaria, traspié, o quizás de “mala praxis”, ya que éste es un término que normalmente se utiliza para referirse a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia.

Pues bien, es que por cuenta de un desentendimiento originado entre dos médicos, una anciana mujer de 83 años acabó pasando por una cirugía de corazón, de la cual no necesitaba. A bien verdad, Rita du Plessis sólo estaba siendo tratada por infección respiratoria en el hospital privado “Mediclinic”, situado en la ciudad de Kimberley, África del Sur. Empero, y conforme lo afirma el comunicado oficial del hospital: “Una confusión entre dos especialistas llevó el paciente errado a ser operado”.

Por su vez, el periódico surafricano “Beeld”, informó que el médico percibió la equivocación solamente en la mesa de operaciones, durante el proceso quirúrgico. En realidad, la octogenaria Du Plessis estaba internada en la misma enfermería que el paciente que debería ser operado, y porque ambos enfermos estaban bajo los cuidados del mismo médico.

Así pues, tal cual lo sugiere el proverbio japonés, usando el borrador lingüístico, tanto el médico como el hospital pidieron disculpas por el error… “Después de tomar conocimiento del incidente ocasionado por el médico, el hospital y los médicos tuvieron discusiones constructivas con la paciente y su familia”, apuntó la portavoz del hospital, Denise Coetzee a la agencia de noticias internacionales “AFP”. La misma Coetzee también se apuró en explicar que la señora Du Plessis “lidió bien con la operación” y no necesitará que pagar por el procedimiento.

En fin, que hacer, si una vez enterado de la hospitalaria solución tipo “abracadabra”, necesito arrepentirme amargamente de haber retirado mis tapones de oído para tener que escuchar una vez más las equivocaciones habituales del tipo “nada que preste”, y el ruido ensordecedor de los onomatopéyicos discursando su salacidad para una multitud de enfermos auditivos que permanece en una quietud pasmarota del tipo quien nada piensa y cuyos argumentos no llenarían de aire ni mismo preservativos vacíos… ¡Mala suerte!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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