Las Anomalías no se Maquillan


Es esencial anticipar que en este caso existen controversias, pues lo que se cuenta por ahí, es que el día que dos viejas chismosas se reunieron metódicamente en la puerta del almacén de la esquina del pueblo de Narendra Kumar, en la India, surgió el siguiente diálogo: ¡Qué desilusión! Le encontró un lápiz labial en el portafolio del novio.

La otra indiscreta, ni corta ni perezosa, le respondió con ese tipo de pregunta ingenua pero a la vez maliciosa: ¿Tiene otra?

De inmediato, la primera de las facundas sobre interpretación de la vida ajena, le afirmó categórica: No. ¡Se maquilla!

Por su vez, queda cada vez más claro que los humanos realmente conocemos muy poco sobre nuestras actitudes, gustos y constitución del cuerpo humano. Ya han pasado millares de años desde el inicio de nuestra existencia, y aun nos sorprendemos con nuestros deseos, preferencias de género, enfermedades y anomalías que simplemente no conseguimos concebir ciertos sucesos.

Para una mejor explicación, que lo diga entonces un equipo médico que fue llamado para atender una emergencia en el antedicho pueblo indiano. Es que al efectuar los chequeos pertinentes en un paciente, que hasta ese instante reclamaba de fuertes dolores estomacales, descubrieran dentro de él un feto vivo con cabellos e dientes… Sí, eso mismo que acaba de leer.

El caso, considerado completamente fuera de lo normal, llamó la pertinente atención de diversas autoridades médicas del referido país asiático, y el caso logró ser solucionado prontamente. Según los médicos, se trataba de un parásito denominado “fetus in fetu”, o sea, nada de lápiz labial sino una condición rara que fue registrada apenas 200 veces en todo el mundo.

En verdad, se trata de una condición rarísima que acontece apenas durante las primeras etapas del embarazo de gemelos. En este caso, uno de los gemelos se tornó un parásito y continuó a vivir dentro del cuerpo de su hermano. Con todo, en esta historia en específico, el embrión demoró bastante tiempo para manifestarse.

Lo que suena impresionante es como todo sucedió en esta historia, y también el nivel de desenvolvimiento del feto. Conforme los médicos del “Hospital Swaroop Narayan”, donde el hombre fue operado, el “gemelo parasitario” pesaba nada menos que 20 kilos en total, y estaba compuesto por cabellos y dientes y alojado dentro del estómago de su hermano de 18 años… Cuando entonces constataron que no usaba lápiz labial.

En fin, cuando removido del estómago del joven, el feto ya tenía 20 centímetros y continuaba vivo y desenvolviéndose como si nada. A causa de su anomalía, el joven vivió todos sus 18 años con enormes dolores. Mismo así, los médicos relatan que apenas la medicina de punta podría haber detectado el parásito.

Con respecto a estas efemérides, dudo que Freud tenga logrado notar a tiempo esa íntima correlación lingüístico-intestinal, porque está más que claro que ese tipo de cosas no es para amateurs. Además, porque muchos vivientes no poseen la visceralidad peninsular necesaria para tornarlos idóneos en esos meritorios asuntos fecales. Sólo un surrealista de grueso calibre podría darse el trabajo de revelar al mundo tales descubrimientos… ¡Terrorífico!

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El Verdadero Beso Animal


Lo aprendimos en la escuela: humanos son animales, se comportan como animales… Más tarde, a esos mismos perseverantes en el aprendizaje se les ha ido inculcado que el ser humano se interesa por otro de su misma especie no apenas por cuestiones ligadas a la personalidad, inteligencia o estilo, sino también por el “vaho” -no necesariamente de las sudoríparas axilas-, de las hormonas que son liberadas por el cuerpo. Por tanto, la cosa es química y no hay como negarlo.

Con todo, es caso de preguntar: ¿Por acaso alguien ya vio a algún animal besándose?

No es un dato científico, pero la gran mayoría de bípedes claudicantes que andan por ahí, afirma animales no se besan. Puede que hasta algunas especies refrieguen sus rostros, pero nada de besos en sí.

¡Respuesta equivocada, mí vertebrado leyente! Científicos afirman que los chimpancés se besan, aunque eso ocurra sólo entre los machos de la especie, y como forma de reconciliación entre ellos. Además, el “bonobo” -que no es igual que lo hagan a uno de bobo-, un primate más conocido como “chimpancé pigmeo”, también se besa y hasta usan sus lenguas, así como también tranzan así que se conocen, sin mucha ceremonia ni rodeo. Visto así, su beso no parece realmente tan romántico como cualquiera pueda imaginar.

En todo caso, excepto estas especies, nada de beso entre animales. El beso, mismo, sólo ocurre entre los humanos, aunque no esencialmente tal acto sea aceptado en todas las culturas.

Un estudio realizado conjuntamente por las “Universidades de Nevada e Indiana”, en Estados Unidos, llegó a estudiar 168 sociedades en todo el mundo, y descubrió que apenas el 46% tiene el beso como algo romántico. Y que algunas de esas sociedades, como la tribu de los “Meinacos”, que vive en la selva brasileña, más específicamente en la región de Xingu, definen esa práctica simplemente como “asquerosa”.

¿Qué quiere que le diga? Al fin de cuentas ellos no están del todo equivocados, ya que se sabe que el intercambio de saliva con otra persona puede aumentar las chances de diseminar enfermedades: un beso de lengua puede transmitir hasta “80 millones de bacterias”… Una pavadita.

Siendo así, sería de cuestionarse: ¿dónde radica esa cuestión insistente con el beso?

Por lo que se sabe, la primera vez que el beso fue encontrado por historiadores, fue en textos en “sancristo védico hindú” de más de 3,5 millones de años atrás. Tal práctica era llamada de “aspirar el alma de otro ser”. A más, en las escrituras de las paredes existentes en las pirámides y otros locales de Egipto, por ejemplo, las personas aparecen muy próximas unas de las otras, pero nunca con los labios colados.

Pues bien, resulta que estos estólidos investigadores, ahora se les ha dado por sospechar que el beso sea algo cultural que ha ido pasando entre generaciones, y su objetivo real sería el de aproximarse de otro ser para sentir su olor y tener contacto con las hormonas expelidas por la piel, y así descubrir si esa persona es realmente el par que ella procura. Como se ve y se deduce, el beso se tornó algo romántico, pero comenzó como una buena disculpa para nuestras necesidades químicas de detectar las feromonas.

No sé, porque luego de cualquier esfuerzo, lo que en verdad se huele no es más que intenso sudor. Pero no es de dudar lo que afirmas estos catedráticos si con tanta firmeza lo afirman. Por otro lado, un hombre, si ha estudiado, aprende a dudar, mucho más siendo los dioses tan inconstantes, seguros sólo, ello por ciencia, nosotros por experiencia, de que todo acaba, y el beso siempre antes que lo demás… ¡Pura zalamería!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

La Boca lo Puede Llevar al Catafalco


¿Recuerda el lector aquel viejo dictado: “donde pone el ojo pone la bala? Pues le diré que el mismo no se aplica en este caso, salvo que lo mudásemos para: ¡ojo donde pone la boca para que no le metan bala!

Por supuesto que cuando se especula sobre enfermedades relacionadas a la boca, rápidamente todos piensan en caries, problemas gingivales, o el mal hálito entre otras variedades más, como suele ser también el tamaño de la cuenta que le presentará el sacamuelas cuando lo visite.

En realidad, lo que muchos no saben, es que algunos problemas que están directamente ligados a la boca van mucho más allá de lo que cualquiera piensa, como por ejemplo, que las infecciones donto-gingivales pueden tener repercusiones de orden sistémica y que algunas pueden llegar hasta causar riesgo de óbito.

Puede que el leyente no acredite en ello, pero recientemente fue sugerido que la enfermedad periodontal tendría un papel relevante en la salud general del individuo, y fue reconocida como un factor de riesgo para algunas dolencias.

Podría relacionar aquí una lista de ellas, pero como no soy dentista, me limitaré tan sólo a aquella que al más taimado lector le interesa saber. Es que su problema de falta de potencia y vigor en la hora sagrada del “vamos ver” en la horizontal, puede tener origen, o manifestarse, por causa del destino que le dio a su boca.

En todo caso, mismo que la impotencia aun sea un tema que presenta bastante controversia, sin embargo, se comenta que algunas investigaciones realizadas por doctos -en materia bucal y de pene-, lograron mostraron que los pacientes con disfunción eréctil presentan un mayor índice de inflamación gingival.

Una hipótesis levantada, es que la periodontitis puede disminuir la producción de la enzima “eNOS”, el catalizador responsable por la síntesis de óxido nítrico, que relaja los vasos sanguíneos y aumenta el flujo sanguíneo en el pene.

Ello viene de un estudio que fue realizado por la “Universidad Inonu”, en Turquía, por el que se concluyó que las personas con los gingivales inflamados están tres veces más propensas a tener problemas de erección.

En verdad, lo que se sabe hasta el presente, es que la inflamación es una respuesta inmunológica que puede ser muy benéfica cuando el cuerpo está luchando contra una infección; sin embargo, cuando ésta ocurre en niveles crónicos altos, esto puede ser malo para el cuerpo humano. La explicación para estas ocurrencias, es que las bacterias que permanecen en la boca después de hacer exactamente aquello que usted está pensando -colocarla en una atrayente chichula-, pueden entrar en la corriente sanguínea por los gingivales. Todo a causa de que esos microrganismos crean placas en los vasos sanguíneos, entupiéndolos.

Por consiguiente, y por si no lo recuerda, le recalco que la reducción del flujo sanguíneo es la principal dificultad para logar la erección… Y es justamente allí que usted comienza a padecer -con lágrimas- el síndrome japonés: Nikita Nipone… ¡Lloroso asunto!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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