Ceguera


5- ceguera

Ella imaginó estar viviendo ese tipo de amor peregrino que sólo le sucede ciertamente a alguien una vez en la vida. Era un sentimiento tan maravilloso, que cuando ella miraba a esa otra persona se le sacudía el alma, y en el instante que él tomaba sus manos entre las suyas todo lo demás perdía importancia y conciencia, al punto que cuando la besaba sentía que quería quedarse allí, quietita, toda la vida.

¿Todo eso por qué? Acaso porque ella sobrevivía en la indiferencia y llenaba la soledad de su vida con otras soledades que tenían por pretensión entretenerla a todo coste mientras soñaba tratarse de un amor que le había dado un pellizco al alma.

Quizás ella era como ese tipo exótico de flor de un día que habita en un retraimiento de espantos diminutos, de expectativas inalcanzables, bajo un cielo sin galaxias y sin estrellas, o tal vez en una calle sin esquinas, en un bosque sin arboledas, en un jardín sin rosas ni malvones.

¿Quién se anima a testificar o impugnar que ese afecto perenne que cultivaba, no decía respecto a un sentimiento que tenía cuerpo pero efectivamente carecía de alma?

Los más viejos dicen que, para suerte de ellos, todos los humanos llevamos guardado dentro de nuestra cajita de emociones una cordura siempre vigilante, donde no son pocas las veces que su suprema sabiduría nos mete a la fuerza dentro del corral de la razón.

En efecto, la ceguera es una diversidad funcional de tipo sensorial que consiste en la pérdida total o parcial del sentido, que tanto puede ser de la vista como del espíritu o hasta en el corazón de un apasionado.

Y si acaso ese tipo de ceguera ocurrir en el corazón del apasionado, bien sabemos que la vida no deja de ser un error, aunque sin duda alguna más error es la muerte si no existe a quien amar.

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Cuando uno Decide Romper los Platos


¿Ya se preguntó por qué las personas que daban la impresión de ser bastante racionales antes del divorcio, se tornan maníacas completas e hiperdefensivas cuando el proceso de separación y divorcio comienza? Puede que no sea exactamente su caso, pero resulta asombroso observar como parejas que concordaron en divorciarse respetuosamente, de repente se transforman en furibundos enemigos íntimos.

A bien verdad, no es de asustarse ya que este comportamiento “maniático” es muy previsible y normal en tales circunstancias. Evidente que esto no es una disculpa, pero al ver como los otros se postran de rodillas ante este tipo de situación, es justamente cuando uno comienza a entender mejor lo que causa tales comportamientos, y alcanza un razonamiento que hace posible realizar elecciones más saludables y abordar los sentimientos de manera diferente.

El sitio “Your Tango” se ha encargado de listar cuales son los gatillos que hacen que las personas se comporten así durante el divorcio. Pienso que vale la pena que el lector se entere, ya que nunca se sabe. ¿Quien dice mañana le resulte útil saberlo?

La decepción y las expectativas que no fueron atendidas – Cuando decimos “sí”, uno crea varias expectativas sobre como el casamiento será. Pero tal vez uno nunca tenga compartido esas expectativas con alguien que realmente diese sus votos en el altar. Es que muchas veces no articulamos nuestras expectativas específicamente porque acreditamos que la otra persona ya debería saberlo. No en tanto, nadie más habita en nuestra cabeza más allá de nosotros mismos.

El gran desafío del casamiento es colocar las expectativas de la pareja cuanto las de uno mismo sobre la mesa, y enseguida trabajar en conjunto para crear acuerdos mutuos y una visión de cómo el casamiento ira realmente funcionar.

El miedo de la mudanza – No de los muebles, claro. Me refiero a que durante los periodos de inmensa y drástica mudanza (como suele ser el divorcio), nuestro cerebro entra en modo de sobrevivencia, pronto para pelear o retrucar por lo más mínimo.

Si nuestro miedo es perder el status (social, financiero, etc.), un sentimiento de incerteza sobre el futuro, una preocupación de que uno no pertenecerá más a su círculo social, o apenas un sentimiento de injusticia, la parte de su cerebro que es ligada a la resolución de problemas no consigue hacer su parte. Es ahí que uno entra en pánico.

La salud también queda más susceptible a problemas, y nos deja propenso a privarnos del sueño y tener baja resistencia justamente en el momento en cual uno está tomado por montañas de papeles extremamente importantes, decisiones, y detalles que hacen parte del divorcio.

Se sentir impotente y fuera de control – Es que en la vida normal, uno está acostumbrado a ser competente y responsable, pero ahora está siendo empujado para lo desconocido, sin saber cómo hacer las cosas derecho en el proceso de divorcio (y en su nueva vida después de la separación). Uno está siendo forzado a tomar decisiones importantes de última hora y sin tener tiempo para pensar mucho. Para eso existe el abogado (¡caro!) a ser contratado: ¿al final, quién ira a ayudarnos con los aspectos legales? Pero la contratación de un abogado puede ser vista por la otra parte como un ataque; o de haber elaborado una estrategia que ahora conduce a la guerra.

Como la comunicación es mala, uno se siente impotente e incapaz de controlar totalmente las cosas que afectan profundamente nuestra vida. Pero uno necesita confiar en su abogado, así como responder las preguntas de los otros familiares e hijos sobre todo lo que está aconteciendo. No es de admirar que en esos momentos las personas queden como en las nubes.

Un censo de derecho – Dividir en dos partes todos los bienes (y memorias asociadas) que los dos adquirieron con mucho sudor, equidad y dinero batallado puede parecer una transacción comercial rencorosa. Cada uno de los dos tiene un censo de propiedad y usa palabras como: “eso no tendría acontecido sin mi esfuerzo”, lo que deja claro que las decisiones ahora están dominadas por las emociones, y no por la razón de solucionar los problemas. Y si uno tiene hijos, es probable que exista una enorme sensación de culpa y preocupación, y la experiencia de divorcio podrá afectar a estos. Pueden hasta pensar que es culpa de ellos que sus padres se estén separando. Los menores acaban sufriendo también y eso complica aún más la situación. La batalla de ego trabada entre uno y la otra parte en la busca de “justicia emocional” acaba aumentando cada vez más.

Claro que estas son algunas de las razones -ínfimas- por las cuales las personas pierden la compostura cuando se están divorciando. Por eso, mi leyente amigo/a, es sumamente importante que coloque siempre las cosas en perspectiva y mantenga la calma, para que después no acabe pasando por una situación que le causará falta de confort y tristeza en el futuro… Aunque una pléyade diga que será de intensa alegría… ¡Habría que verlo!

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: http://www.bubok.es/

No Estereotipe con Discriminación


No es ningún secreto que los estereotipos, mismo que den la impresión de ser bastante precisos, no son verdaderos y aplicables para todos los miembros del grupo a ser estereotipado. Algunos son divertidos, unos ofensivos y otros apenas agravantes. No obstante una cosa es verdad: todo lo que decimos sobre los otros puede realmente ser prejudicial, principalmente cuando perpetuamos estereotipos de género.

Puede que el lector no concuerde con el acertijo, pero de acuerdo con James Michael Sama, discursista y escritor de relacionamiento, éste nos recuerda en su texto para el “The Good Man Project”, que ni todos los hombres son iguales… Lo que parece una obviedad, pues hay gordos, flacos, altos, bajos, peludos, pelados con H mayúsculo y sin H alguna, etc., etc., etc.

Con la cansina intención de aclarar algunos pensamientos estereotipados, me he tomado la incumbencia de reproducir aquí parte de su parecer:

Ellos no son intimidados por su actitud – Algunas mujeres dicen que si un hombre no quiere estar con alguien que tiene una personalidad dominadora, es porque no consigue “lidiar” con eso, cuando en realidad es porque él simplemente no se siente atraído por ese tipo de mujer. La cuestión es que a las personas no les gusta admitir que tal vez ellas tengan atributos poco atrayentes -eso obviamente vale para ambos géneros-. Algunos de nosotros adoramos estar en un relacionamiento amoroso con una mujer que no se orgulla de sí misma por ser una “persona de actitud”. Empero, generalmente siempre hay alguien que dice que los hombres no consiguen administrar un noviazgo con una mujer así, o lo que es peor, que ellos no consiguen lidiar con la actitud.

Hombres también entienden de moda – Muchos hombres van de compras con sus mujeres y no reclaman… (Sólo pagan). Eso ocurre porque ellos también se preocupan con la apariencia. Claro que hay excepciones, así como hay excepciones entre las mujeres también. (Inclúyase ahí los “manos de vaca”)

Ni todos ellos traicionan– “Existen muchos hombres que nunca traicionaron su relacionamiento”, revela el escritor. La frase “todo hombre engaña” no lleva en cuenta el hecho de que algunos hombres, en verdad, valorizan tener una liga significativa con alguien con quien ellos se preocupan, en vez de tener apenas una satisfacción física temporaria… (Pero son pocas excepciones)

Existen hombres observadores y detallistas – ¿Te cortaste el pelo? ¿Mudaste el color de las uñas? ¿Ese vestido es nuevo?… Algunos hombres realmente se atienen a pequeños detalles y se importan lo suficiente al punto de decir lo que ellos notaron de diferente… (Aunque después, con el paso de los años, ya ni dan bola a esos detalles).

Hombres también son sensibles – La idea de que las emociones “son cosa del sexo femenino” fue perpetuada en nuestra sociedad y es vista como una señal de flaqueza en los hombres. “Compartillo de la idea que importarse con los otros es realmente una fuerza. Al final, ni todos somos robos vacíos de sentimiento”, concluye James.

Ni todos ellos son malos comunicadores  – Es verídico que algunos hombres consiguen sentarse y mantener una conversación productiva y significativa donde los sentimientos son trocados, los problemas son resueltos, y los relacionamientos son mejorados, así como las mujeres también son capaces de hacerlo… (Al principio, al principio)

Los hombres no son todos iguales – Decir que todos los hombres son iguales es como decir que todas las mujeres son iguales, todos los italianos, japoneses o de cualquier otra etnia son iguales… Una obviedad.

En todo caso, mi adicta leyente, si usted continua teniendo experiencias malas y al mismo tiempo parecidas con los hombres que le salen al camino, tal vez esté en la hora de reevaluar los tipos de hombres con quien anda saliendo. Puede ser que ellos les dejen la sensación de ser todos iguales, por lo que cabe a usted distanciarse de esos estereotipos y darse la chance de tener una nueva perspectiva.

¿La salida para eso? Estar de mente abierta para conocer hombres diferentes de aquellos que hasta hoy andaba procurando… ¡Por ejemplo, yo!

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/

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Conviértase en un Versado Lunático


Ponerse a platicar sobre los sentimientos personales en la horizontal es un asunto tan amplio, que para algunas personas es difícil entender el motivo de uno tratar sin ambigüedad ciertos temas del cotidiano. Puede que sean los mismos que desconocen o se tapan los ojos, por no creen que el ápice del momento de la relación íntima sea aquel en que existe el toque, el cuerpo y todo lo demás. Empero, también están los otros, los que entienden que para alcanzar ese magnífico momento a dos, debe existir el sexo que vive en su imaginario y el cual está formado por diversas esencias. Óptimo, porque sin la imaginación, nadie llegaría a la parte física de tan delicado asunto.

Por tanto, parece ser importante hablar sobre el tema; porque es hablando que uno hace su imaginación trabajar, que se crean ideas, se descubren deseos y curiosidades. Mantener ese sentimiento en un ámbito restricto, es disminuir las chances de placer. Tal vez sea por eso los hombres consiguen tener más satisfacción en la horizontal de que las mujeres. Es que ellos hablan sobre el tema, y hasta cuentan más de lo que hacen, mientras que las mujeres hablan poco o nada, mismo que hagan mucho.

Explorar las opciones existentes en sus emociones, es un multiplicador que aumentará las chances de tener placer. Pero no piense que estoy hablando como un desmedido, como suele acreditar mucha gente. Estoy hablando sobre entender de que el asunto sexo es mucho más que pene, vagina y penetración. Y eso suele ocurrir, porque el cuerpo humano es todo sensual, porque cada pedacito nuestro produce sensaciones cuando tocado de la manera correcta, y creo que desperdiciar eso es algo triste… Para no decir trágico.

Una relación íntima en la que existe escasamente penetración, es sin duda una relación incompleta. Evidente que eso es lo que uno aprende en la escuela -cuando aprende-, y tal vez se deba a que allí sólo se habla de reproducción y no de placer; mismo que el acto contenga esos dos momentos.

Reflexione, pues para reproducir es bastante con encontrar una manera de unir óvulos y espermatozoides. Pero para tener placer, mi amigo, es necesario encontrar dónde está escondida esa llavecita mágica que liga diversas áreas del cerebro. Y ese pasa a ser su gran desafío.

Hacer el cerebro trabajar, es el primer paso para poder obtener una relación íntima mejor. Es necesario imaginar lo que ira suceder para uno comenzar a preparar el cuerpo. Claro que no necesita imaginar todo, pero ¿sabe de aquel frio que da en la barriga antes del primer día en la escuela? Bueno, es más o menos igual, es lo que uno necesita sentir para dejar su cuerpo alerta para lo que está por acontecer.

Existen otras cosas que influencian mucho, como los ojos, por ejemplo. Es que uno mira para la persona con quien pretende tener un momento íntimo y se le cae la baba. Uno desea a aquella persona. Quiere tener la oportunidad de verla de una manera íntima. Luces prendidas. Ropas en el piso. Por tanto, mirar al otro es tan importante cuanto tocarlo. Pero, claro, esa es una de las mayores trabas que existen: dejarse mirar y observar otra persona nos causa apremio, y evidente que se pierde mucho con ello.

Además, está la piel, que da una infinidad de oportunidades para dar y sentir placer. Es que el cuerpo entero tiene terminaciones nerviosas y son ellas las que envían los estímulos para el cerebro y activan las áreas ligadas al placer. Por consecuencia, si tiene esa materia gris entre oreja y oreja, toque, sea tocada o tocado, sienta intensidades diferentes, temperaturas diferentes, texturas diferentes. Tenga en cuenta que salir de la rutina es mucho más simple de lo que parece ser.

Así pues, con toda esa preparación preliminar, puede ser que usted alcance el éxtasis antes mismo de llegar el momento de la penetración. El cuerpo tiene mucho más a ofrecer de que ese tipo de sexo limitador que nos venden en los tiempos de escuela.

En todo caso, ni llegué a mencionar otras partes específicas o le di ideas objetivas; pero recuerde que la imaginación no tiene límites y que cada persona puede descubrir sola lo que más la excita.

Cuando al fin entienda que el acto va mucho más allá de la introducción carnal, usted pasará a comprender porque es necesario hablar de tantos asuntos correlatos. Sólo siente placer quien es libre. Sólo se siente a gusto para dar placer, quien se siente seguro en hacerlo bien. Y esa debe ser su búsqueda, que va más allá del amor propio, pues consiste en retirar las amarras que la sociedad coloca en las personas, es uno salir del cuadradito que le fue designado y buscar algo que lo emocione de verdad.

El acto íntimo es descubrimiento, es zambullirse en lo desconocido. Pasar la vida apenas repitiendo un acto de reproducción, es ofrecer apenas lo mínimo a uno mismo. Y creo que uno merece más, mucho más… Merece sentir placer, utilizando todos los sentidos… ¡Diviértase!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¡Ojo! No De con la Lengua en los Dientes


Parece un dato interesante, pues mucho se habla por ahí de qué en el universo de los nuevos relacionamientos, saber lo cuanto debemos revelar sobre nosotros mismos es algo así como pisar en huevos… Un simple silogismo, porque es evidente que no me refiero a los de uno, y si a los de gallina.

El asunto es que de acuerdo con el pronóstico profetizado por facundos estudiosos del asunto, resulta que si uno abre muy temprano sus sentimientos con la otra persona, corre el riesgo de sonar desesperado o chiflado. No obstante eso de esperar un poco más, por otro lado deja la sensación de que uno no se importa, o que es vago y distante.

Tal vez por ello la profesora de Psicología de la “Universidad de Massachusetts”, Susan Krauss Whitbourne, llega a sugerir que cuando se trata de auto revelación, uno necesita descubrir el punto de equilibrio perfecto de acuerdo con la fase en que la relación se encuentra. Según ella, querer dividir muchas emociones luego de cara -bien antes de saber lo que la otra persona piensa sobre uno-, puede llegar a complicar las cosas. Pero a su vez, si uno es introvertido y tiende a dividir menos lo que siente, casi nunca encontrará la hora cierta de bajar la guardia, afirma Whitbourne.

En un artículo que fue publicado en la revista “Psychology Today”, esta especialista calcula que todo buen oyente tiende a gustar de personas que cuentan bastante sobre sus vidas. Eso se debe a que cuando alguien le revela sus sentimientos y emociones, ellas tienen la sensación de conocer mejor al individuo; como si pudiesen prever de antemano cómo es que el otro irá reaccionar en determinada situación…. “Estamos constantemente intentando adivinar lo qué las personas harán y por qué lo harán”, garante Whitbourne.

En todo caso, visto ser imposible querer santificar mediocridades con lógica surreal, enumero a seguir algunos puntos importantes que el leyente debe apreciar:

Extroversión y ansiedad – El gran psicólogo norteamericano Carl Rogers, fundador de la terapia centrada en el individuo, acreditaba que la mayoría de las personas con dificultades psicológicas tenían miedo de dejar trasparecer lo que sentían. De acuerdo con Rogers, uno se siente ansioso porque creció en un ambiente donde los padres, profesores y otros adultos nos hicieron sentir constantemente deficientes. Esa ansiedad fue traducida por él en “falta de voluntad en dejar que los otros nos conozcan”.

¿La solución? Una buena dosis de auto revelación para percibir que no existe nada de errado en mostrar nuestras emociones. Para este psicólogo, parece que es más fácil uno abrirse con un terapeuta, por no existir miedo al ridículo o retribución.

Intimidad: una conquista – En un relacionamiento verdaderamente íntimo, los consortes saben que pueden revelar todo. Ellos sienten que pueden confiar uno al otro sus secretos más particulares. No en tanto, llegar a tal punto de intimidad no es una cosa que suele suceder de la noche al día. Sólo a medida que los lazos de los cónyuges se van estrechando, es que ambos pasan a tantear continuamente en cuales áreas y cuánto de sus vidas deben revelar.

Obviamente que no hay problema en contar a cualquiera que usted detesta cebolla. Sin embargo, pretender confesarle a alguien que uno mal conoce, que su primer casamiento acabó por causa de una traición, también no es la mejor manera de recomenzar a relacionarse.

Empatía y conexión – Cuando alguien revela alguna información personal, es probable que uno espere el mismo grado de sinceridad de la otra parte. ¿Pero será que la gente pasa a gustar más de otro/a, simplemente por trocar elogios y reclamaciones sobre nuestra propia experiencia de vida?

Pues le diré que en 2013, Susan Sprecher, una psicóloga de la “Universidad de Illinois”, desenvolvió un estudio que buscaba analizar el grado de reciprocidad entre extraños. Su objetivo era observar si la cantidad de informaciones particulares trocadas mutuamente, influenciaba de alguna manera el nivel de aprecio que uno sentía por el otro. La situación fue creada para simular el momento en que uno encuentra a alguien por primera vez y quiere pasarle una buena impresión, claro.

Sprecher concluyó que personas que evitan dividir sus emociones y sentimientos, sea por timidez, ansiedad, o por no tener lo qué decir, tiene más chances de iniciar relacionamientos con una gran desventaja a futuro. Todo, porque en vez de zambullirse de cabeza cuando la conversación está poniéndose más íntima, generalmente esos individuos hesitan hasta el punto de perder la oportunidad de “conectarse” con el otro sujeto. En estos casos, Whitbourne recomienda: “Intente comenzar por asuntos más neutros, como puede ser su preferencia por determinada estación del año, por ejemplo, y de a poco vaya hasta donde ambos se sienten confortables para la ocasión”.

Bueno, en cuanto a mí, reafirmo una vez más preferir los énfasis griegos, cuando lo Sublime quedaba restricto a Euterpes y viajes musicales en busca de lo Humano… Cosas sanas, nada más, como eso de participar de enduro en Cochabamba, extraer la raíz cuadrada de wiskis redondos o confundir tragedias de Sófocles con comedias de Platón… ¡Formidable!

(*) Si le parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Ellas Siempre Ganan las Discusiones


Al igual que un mentado cantor de boliches penumbrosos, a pedido del público presente hoy cantaré las cuarenta. Aunque desde ya aviso al imprevisor leyente que no entonaré melodía alguna, por el simple hecho de no saber otra composición que no sean mis propias letras… Todo, porque el asunto en cuestión tiene en cuenta que, cuando a un sujeto le dan salida con un soberbio puntapié en los glúteos, éste generalmente escucha de sus colegas y amigos que él debe simplemente “superar” la situación como sea. Generalmente, los expertos en este tipo de tema indican que eso suele acontecer -el mensaje y no el puntapié-, porque la mayoría de los hombres ha sido enseñado desde temprana edad a oprimir sus emociones y “proceder como hombre”.

Pues bien, es comprensible que muchos bípedes no tengan problema alguno con ese tipo de mensaje de estoicismo que reciben, especialmente cuando estos se tornan una habilidad muy valorizada en el competitivo mercado de trabajo. Sin embargo, es importante que el individuo comprenda que el estoicismo desvariado también lo puede llevar a una falta de conocimiento emocional… Y cuando es así, mi tolerante lector, el asunto se convierte en un pepino de los grandes.

Estudiosos afirman que por ser más bien volubles, -no confundir con boludos- los machos negligentes tratan sus emociones como si fuesen un punto flaco, aunque una formación emocional insuficiente sería la que acaba permitiendo que los hombres se sientan superados y engañados por las mujeres con aires dominantes.

En todo caso, según el Dr. Shawn Smith, psicólogo de la “Universidad de Denver” especializado en temas como ansiedad y depresión, parecería que eso acontece principalmente en cuestiones de conexión íntima, o sea, durante una buena crisis de RD, no obstante esas dos letras correspondan a la falta de “Reglas y Directrices”.

Siendo la cuestión tan culta y melindrosa como parece ser, para evitar problemas futuros, creo oportuno que el lector tenga en cuenta lo que dice este docto hombre:

RD: Reglas e directrices – Según Shawn, los hombres tienden a sentirse más confortables en discusiones en las cuales las reglas y los objetivos ya han sido bien definidos. Ya las mujeres dependen de directrices y, en una conversa difícil, desde el inicio es importante y necesario esclarecer si ellas quieren discutir un problema inmediato, pautas más amplias o preocupaciones cuanto al futuro.

¿Pasado, presente o futuro? – Es que como las mujeres tienden a percibir una dimensión mayor dentro del relacionamiento de que los hombres, estas consiguen asociar eventos del pasados a los acontecimientos presentes con más facilidad. Con todo, eso ni siempre es verdad, pues a veces los papeles se invierten. Diversas parejas enfrentan problemas en la argumentación porque, en cuanto uno está hablando sobre lo que aconteció en un determinado momento, el otro estaría más preocupado en resolver asuntos más amplios… Casa, hijos, dinero, vacaciones, ropa, etc., etc., y más etc.

Por tanto, no es de extrañar que muchas parejas vivan en un estado de ansiedad permanente, y sus discusiones más parezcan una disputa para la cual ambos no están preparados. Dentro de ese proceso, el hombre se siente idiota en esta competición por, aparentemente, no tener la misma capacidad de memoria o análisis de estándares cuanto ellas. Muchos se desesperan por nunca saber si tendrán (dentro de su visión) que se defender de algo que hicieron o dijeron hace mucho tiempo… O ayer.

Virando la misma página – Traer eventos del pasado a flote en una discusión, generalmente es una estrategia para erradicar modelos dolorosos: una tentativa de garantir que problemas pasados no irán aparecer en el futuro. Por otro lado, si el hombre responde agresivamente sin un motivo aparente, la situación puede llevarlos a una pelea improductiva sobre eventos particulares en vez de abordar pautas problemáticas. En otras palabras, si el hombre está enfocado en cosas que acontecieron ahora, y la mujer en eventos del pasado o en pautas de comportamiento, lo que se ve, es que cada uno está intentando resolver un problema diferente. Al final de cuentas, mientras uno de ellos esté enfocado en pautas e historia generalmente acaba sintiéndose incomprendido, mientras que el otro acaba se sintiendo punido por los errores del pasado.

En realidad, la gran mayoría de los hombres prefiere resolver un asunto por vez durante las discusiones en un relacionamiento. Tal vez este sea el resultado del entrenamiento emocional relativamente limitado que recibieron en su infancia. Empero, lo que ellos no aguantan es tener que resolver múltiplos problemas al mismo tiempo, pues se dan cuenta que ninguno de ellos está siendo resuelto. Sin embargo, si una pareja discute el pasado, el futuro o el presente, eso no importa mucho; con tanto que ellos estén virando la misma página, y resolviendo problemas como si fuesen un solo equipo.

Así pues, mi amigo, lo curioso de todo esto, es poder notar cuantos por ahí puede evocar fantasmas importantes, figuras que asombran sus alboradas con la misma furia de un talento francamente incapaz de atenuar ciertas crisis, tan sólo por el simple envolvimiento personal con un pasado al mismo tiempo tan análogo y longincuo… Debe ser el mero deleite de recordar entidades olvidadas en un mundo insulso de insidias existenciales… ¡Vaya uno a saber!

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En Busca de la Estilometría del Escritor


Recientemente fue noticiado en los medios, que meros científicos estadounidenses acabaron por dar una de Mandrake, -aquél mágico personaje creado en 1934 por Lee Falky-, cuando anunciaron el descubrimiento de un “algoritmo” que, de nada, permitiría predecir con cierto grado de acierto, si un libro será un “bestseller” o se convertirá de pronto en el infortunio y la frustración del más afanado escritor.

Resulta que ese conjunto ordenado y finito de operaciones que permite la solución de un determinado problema, sería de por sí la nueva técnica desarrollada por los investigadores de la neoyorquina “Universidad Stony Brook”, con lo que de ahora en adelante se permitirá predecir con una certidumbre del 84%, si un libro inédito será un exitazo de ventas o un rotundo fracaso cuando se llegue a publicar. Evidente que dicho servicio, sin duda, concitará el interés de autores y editores de nuestro orbe.

Para tanto, los científicos tuvieron que analizar más de 40.000 libros de todo tipo de género, índole y calaña para cotejar los resultados. Cuentan que la lista de textos analizados incluía algunos clásicos como “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens, y algunos éxitos más recientes, como “El símbolo perdido”, de Dan Brown.

Esta nueva técnica, que pasó a ser llamada de “estilometría estadística”, busca las diferencias existentes entre la literatura de gran éxito y la de obras literarias menos demandadas. Para lograrlo, se utiliza de grandes cantidades de datos a fin de definir las variaciones en el estilo literario entre un escritor o un género y otro.

Durante la investigación, se dice que trabajaron tanto sobre “ebooks” como en libros en formato papel. En el primer caso, el éxito de una obra se establecía revisando sus cifras de descarga en “Amazon”. En el segundo, los registros de ventas de librerías.

Según presupone la investigación, un alto porcentaje de verbos, adverbios y palabras extranjeras podría ser la razón por la que algunos libros fallan comercialmente. Esto también puede estar relacionado con el uso de verbos y sus respectivas conjugaciones que describen de manera explícita acciones y emociones, incluyendo expresiones como “buscar”, “se lo llevó”, “prometieron”, “gritaban”, y “aplaudieron”. Por tanto, estos libros poco exitosos también pueden haber fallado por apelar de manera excesiva a palabras “cliché” tales como “amor” y otros etcéteras.

Por el contrario, los doctos intelectuales notaron que los libros más exitosos usan más las conjunciones “y”, “pero”, u “o”. Aunque también incluyen más verbos que hacen referencia a procesos mentales, como “reconocer” y “recordar”, reveló el estudio.

Yejin Choi, el profesor asistente en la “Universidad de Stony Brook”, explica en declaraciones citadas por el periódico “The Independent”, que: “Predecir el éxito de las obras literarias plantea un dilema enorme tanto a los editores como a los aspirantes a escritores”… “Sobre la base de las novelas de diferentes géneros, determinamos la capacidad de predicción de la “estilometría estadística” para discriminar las obras literarias de éxito, e identificamos los elementos estilísticos que son más prominentes en los escritos de éxito”, agrega el analítico docente con una grandilocuencia catedrática.

“Nuestro trabajo es el primero que proporciona información cuantitativa sobre la relación entre el estilo de escritura y el éxito de las obras literarias”, agrega con concluyente engreimiento en su manifestación explicativa.

Así que, apreciada la presente materia y ya dispuesto a poner mis barbas en remojo, momento justo en que paso a recordar el embrión que fui y el viejo que jamás seré, siento pena que la libertad de expresión acabe justamente cuando no haya más nadie dispuesto a defenderla al abrir mano de la insensatez literaria-materialista del orbe, donde cualquiera con dos dedos de frente puede notar que no se ejerce más la alegría de las cosas vanas para esquivarse de la magia de tergiversar hasta de la belleza poética de un Rimbaud… ¡Pura superstición matemática!

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