Hay Veces en que el Gatillo Falla


Mismo que el desilusionado lector imagine que esto es asunto típico de una plebe chusma que se le antoja reunirse continuamente en la puerta del almacén de la esquina para entregarse al placer de una amena conversación, además de hablar mal de las vecinas y sus adyacentes hombres sin que les acuda al espíritu algún tema más apacible, como lo sería, por ejemplo, el regreso de las golondrinas o la abundancia de flores en la primavera, igualmente yo le voy a contar un secreto: “todo el mundo puede fallar en el justo momento del sexo”.

Aunque no debería meterme de pato a ganso, la diferencia de ese entorpecimiento consiste en que para el hombre eso es terriblemente visible, mientras que en la mujer queda escondido dentro de ella, aunque ésta continúe haciendo de cuenta que está todo perfecto debajo de los sudarios… Lo que en verdad es una pésima idea.

En todo caso, los motivos de esas desdichadas pifiadas del masculino suceden por  millares de causas. Que bien pueden ser físicas o emocionales. Pero al vivir en un mundo en que la competición es cada vez más intensa y los problemas no paran de caer en nuestras cabezas -superiores, obvio-, las cuestiones emocionales son cada vez más responsables por esos problemitas que surgen luego que la pareja se mete al catre y apaga la luz del dormitorio.

Es comprensible que a usted le dé un desespero en el momento que acontece la falta de erección, mismo que le satisfaga saber que nadie sabe muy bien lo que hacer frente a esa frustrante situación. Repito: nadie… En todo caso, todo el mundo puede aprender, respirar hondo y dejar que ese momento le sea menos traumático.

Cuando uno practica el arte del sexo con una persona -sea en un relacionamiento duradero o a uno apenas le dé por ejercer el sexo casual- un hombre necesita crear empatía con la compañía que tenga a su lado. Uno sólo conseguirá dar placer a otra persona si pensar como ella por algunos minutos. Sentirse en el lugar de ella.

Por tanto, si en medio del sudor y esa cosa toda que acompaña el sicalíptico momento, de repente rolar una pifiada, al ejecutar los ejercicios recomendados usted no va a encontrar el momento tan asustador como parece, al final, allí en la horizontal fue establecido un lazo fraternal.

La primera cosa que hay que hacer, es respetar el momento, pues de nada le va servir a la fémina intentar reanimar el alicaído pene de su compañero. Ya que puede ser que hasta usted no quiera, en ese momento, querer continuar con el acto sexual.

Lo aconsejable en ese instante, es parar un poco, tomarse un vaso de agua, conversar sobre otras cosas, dar un tiempito al asunto principal. Obviamente que ponerse a discutir el porqué de una pifiada es algo que no ayuda en nada.

En todo caso, ella puede ayudar mucho al hombre que escogió para dividir aquel momento apenas dejándolo a voluntad, mismo que se sienta exasperada y frustrada con lo sucedido… O mejor dicho, no sucedido.

Si el problema del masculino es la presión del día a día, lo que él menos necesita es tener a alguien a su lado presionándolo en aquel azaroso momento, ¿cierto?

Puede ser que todavía role un sexo ese día -o noche-, como puede ser que no. Pero si la otra persona está allí, a su lado, es porque ustedes pueden conversar y divertirse juntos, ¿correcto? Entonces diviértanse, relajen, transforme el desconsolado momento en algo totalmente inesperado, y dejen el sexo para otra oportunidad.

Cuando los dos se encuentren relajados de verdad y notaren que no existe presión y cobranza de ninguna especie o las sentidas razones de queja, puede que de pronto hasta sean sorprendidos por el adormecido pajarito con una bella y duradera erección.

En realidad, el secreto es no dejarse abalar por un problema que acontece siempre y con cualquier persona…. Eso de pifiar y no poder dar en el clavo no es vergonzoso, mi carpintero amigo, apenas muestra que usted es un ser humano y no un vibrador a pilas o eléctrico… ¡Consolador!

(*) Para su comodidad, existen otras lecturas amenas a su disposición en mis libros. Viste el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

La Protesta es el Camino


Por ejemplo, aunque existan muchos similares por el estilo, le diré que no hace tanto así que por las calles de Barcelona, además de los caminantes solazados en sus labores, pasaba en procesión una multitud de estudiantes y profesores encumbrando diferentes pancartas y gritando sus protestas por altavoces. Pataleaban en contra de la “Ley Wert”, que supone recortes en el presupuesto destinado a la educación.

¿El motivo del griterío? Según dicen ellos, es porque están cansados de que cada gobierno que sube al poder, en este caso el del Partido Popular, quiera imponer una nueva Ley para el sector educativo.

En todo caso, cualquier uno que acompañase la lucha de estos miles de estudiantes catalanes, podría también confirmar que los vecinos europeos, por lo general, logran expresar su descontento en condiciones realmente dignas, si es que se puede llamar de dignas estas circunstancias y los contextos de sus insatisfacciones; pero el caso es que los policías cierran gentilmente el tráfico de los vehículos para que los vocingleros estudiantes puedan pasar tranquilos. Y lo que se ve con tal procedimiento, son los rostros de la multitud despilfarrando felicidad.

Todo eso siempre cargado en la cuenta de que la protesta social es algo extraordinario. Claro que no me refiero a la actitud de protestar por protestar y no proponer. Me refiero más bien al empoderamiento que supone salir al espacio público para exigirles a quienes administran el Estado, que en una democracia se debe escuchar a todos. Esa es una voz colectiva que nace entre las multitudes y habla desde nuestra garganta.

Quienes algún día ya hemos protestado en las calles del mundo, sabemos que lo hacíamos porque no queríamos perder la fe en el país ni en su gente. Pero al ser testigo no ocular de ese bellísimo despertar de la juventud de barcelonesa, me he quedado pensado en mi propio país y lo que veo es terrible. Es doloroso el trato que la policía de por aquí les otorga a los que se les antoja marchar por las avenidas y plazas capitalinas para expresar su posición o su descontento.

No obstante la intolerancia no sea solo con la protesta sino con la discrepancia, ya que algunos resultan ser más prepotentes a la hora de defender al Gobierno. Pero el mundo da vueltas. Pocas veces puede ser vista una humillación tan cruda a una política, y es posible que ella hasta haya perdido la autonomía de la protesta cuando se ve doblegada su libertad de pensamiento. Por eso su resignada caída es triste.

Por tanto, creo que los ciudadanos del mundo no debemos perder la capacidad, tan maravillosa, de protestar de manera organizada y coordinada por las injusticias que nos rodean, por más que una docena de los que se creen sabiondos se les ocurra decirnos que un movimiento por el estilo no tiene sentido.

En todo caso, siempre es preferible eso a la inacción o al silencio cómodo. Al final, como ya lo escribió Richard Bach un día, “el vuelo de las ideas es tan real como el de los pájaros y el viento”.

(*) Para su comodidad, existen otras lecturas amenas a su disposición en mis libros. Viste el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

El Abrazo no Puede ser Gratis


Tan ensimismados vamos por la vida, mi amigo, que muchas veces caemos en un autismo digno de mejor causa. De igual modo acontece cuando nos encerramos en las engañosas torres de marfil de nuestras pautas vitales, y pasamos a creer que nuestro universo es idéntico al de los otros, con soplos que muchas veces nos llevan a ignorar cualquier otra perspectiva.

Por tanto, la alucinación emotiva es la que nos hace caer en aquél vicio de querer juzgar a los demás con nuestros engañadores parámetros, cuando en verdad, lo mejor sería que de vez en cuando, como para no perderse en el laberinto interior que tanto nos ocupa y preocupa, convendría dar una vueltita por “el afuera” para controlar qué pasa en el mundo exterior.

Quizás, totalmente empeñado en querer aplicar tan prosaica filosofía, es que un hombre acabó por ser preso en Riad, la capital de Arabia Saudita, por causa de un impulso que ciertamente a usted le puede sonar inusitado: “distribuir abrazos gratis”.

¡Dónde se vio tamaña desfachatez! Dirán un montón de enfrascados, pero todo sucedió cuando Abdulrahman al-Khayyal estaba junto con un amigo y ambos cargaban una placa donde estaba escrito con grandes letras: “Free Hug”. Sin embargo, no fue una idea exclusiva de ellos, pues su pechugona inspiración vino de un video viral que fuera postado anteriormente en YouTube.

Resulta que en el referido video viral, Bandr al-Swed terminó por ser filmado abrazando hombres con “H” mayúscula en una película de 3 minutos de duración. Por ser considerado algo anormal e inaudito, el referido filme terminó por atingir nada menos que 1 millón de visualizaciones… De aquellos que se ocupan en ver “el afuera”.

Así pues, súper animado con una campaña tan afectuosa, a Al-Khayyal, de apenas 21 años, no le tremió la mano y pasó a anunciar a través de Twitter una distribución gratuita de abrazos a ser realizada en la calle Tahliya, una de las arterias comerciales de mayor movimiento de Riad.

No en tanto, como millares insisten en seguir viviendo en sus esplendorosas torres de marfil, estos dos amigos acabaron siendo presos y sus carteles terminaron por ser rasgados en varios pedazos, según lo llegó a divulgar el periódico británico “The Independent”; porque de acuerdo con los miembros de la “Comisión para la Promoción de la Virtud y Prevención de los Vicios”, esos dos jóvenes, con su inusitada actitud, terminaron por violar las leyes locales y ejercitaron prácticas exóticas ante terceros.

Aclaro que la fuerza policial que integra la Comisión de los (malos) costumbres, no es más que es un grupo policiaco que utiliza cuando le conviene el monárquico gobierno saudita para reforzar la imposición de la “Sharia”, el código religioso y moral del Islam -el culto oficial y único permitido-… No obstante se sepa que muchos de aquel pueblo ejercitan sus malas costumbres entre cuatro paredes en “la tierra de las mezquitas sagradas”, y sostengan que lo qué no se puede, es manifestarlas en público.

En todo caso, no olvidemos que Arabia Saudita se mantiene como una teocracia desde hace más de 80 años, y que hoy en día representa una de las últimas cuatro monarquías absolutas que restan en el mundo, además de que el reino y su línea oficial (cuando les conviene) adhieren completamente a los preceptos islámicos con una de las más rigurosas interpretaciones de la sharia en el planeta, donde la mayor parte de las libertades fundamentales, si no prohibidas, están seriamente restringidas.

Pero a pesar de terminar preso, el testarudo de al-Khayyal llegó a afirmar al “The Independent” que ira a continuar distribuyendo gratis sus abrazos y que se siente muy orgulloso de lo que hizo, y no porque en la órbita de los últimos avances, los más importantes grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch continúen denunciando dura y constantemente la falta de protección a los derechos humanos en el reino.

Enterado de la cuestión, así como un Marcel Proust, que vivía corriendo atrás del tiempo mientras examinaba relojes maniáticos, noto que es desnecesario querer rescatar el tiempo perdido para confirmar que todo está bien en la casa del monarca, pues parece que así como en cualquier otro lugar del mundo, no existe amor en Riad… ¡Peripatético!

(*) Para su comodidad, existen otras lecturas amenas a su disposición en mis libros. Viste el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Use la Vibradora Bombacha Comestible


No importa cuál sea el tema del texto que impute, pues siempre habrá gente comentando y diciendo que ya sabía sobre todo esto y aquello. Y observo que mismo cuando hablo de pesquisas que acabaron de ser publicadas en algún lugar alrededor del mundo, las personas aluden que ya sabían de todo, lo que me hace parecer que todas las informaciones sobre sexo resultan obvias… ¡Qué nada!

Sé que puedo parecer un tanto confuso y perplejo mencionando estas incidencias. No obstante, intuyo que es la manera adecuada para utilizar la lógica y ver el mundo bajo el aspecto formal freudiano buscando simultáneamente comparar ballet con locura y esta con coherencia, si es que el paranoico amigo lector me entiende.

Pues bien, etimológicamente hablando, el esnob y gomoso artículo sobre el cual pretendo hablar hoy es una novedad, por tanto espero que, por lo menos, una parte de los lectores todavía no lo conozca. Es justamente la tal bombacha “vibratoria comestible”…

¡Sí!, mí abismado leyente, leyó bien, aunque por ello se pueda percibir que todo lo que viene ocurriendo últimamente nos lleve a creer que la imaginación en este maltrecho universo ya no tiene límites.

Por supuesto que con ojos brillando ante esta gran inspiración, debo agregar que la bombacha comestible ya era algo medio común en las relaciones horizontales de los vivientes. Pero frente a la notoria languidez mental de algunos, explico que ella es como una gelatina, la que uno moja, viste y luego puede ser comida durante los esparcimientos sexuales de los sádicos gatos hambrientos… Mismo sin antes pronunciar siquiera un ¡Miau!

Volviendo a la idea angelical del momento, resulta que la novedad ahora es que la fórmula de esta nueva bombacha comestible, -que viene con sabor frutilla o chocolate-, tiene además elementos que la hacen vibrar cuando entra en contacto con la piel… Entonces, conjeture por un momento, mi oscilante amigo, eso de hacer sentir la sensación continua de una punción o el aguijonazo de mil abejas, justo en las zonas que más dejan a la mujer estimulada… ¿Alucinante, no?

Así como la electrizante postura de “Ser y Estar”, opino que la flameante dicotomía de “Decir y Escribir” lo puede explicar todo, lo que me parece fantástico ya que esta idea parece ser increíble y debe dejar muy animado a todo quien ya se interesó por el uso del vibrador líquido, que parece tener el mismo principio activo de esta sabrosa bombacha.

Empero, si el femíneo leyente aún se encuentra sumergido en el luzco fusco dubitativo, le recomiendo que tenga en cuenta que la diversión es garantida, mismo que sea apenas por eso de querer colocar un nuevo elemento en la transa de la pareja y salir por algunos momentos de la insidiosa rutina en que ambos viven.

¡Sí!, mi mujeril amiga; considere que siempre vale la pena quebrar las pautas y los estándares que nuestras relaciones sexuales terminan por ganar con el tiempo; y, ya que con probar no se pierde nada, por lo menos así, usted y su pareja logran salir un poco de la zona de conforto en que se hundieron, mientras que usted misma puede descubrir cosas nuevas sobre sí misma y el susodicho compañero.

Por tanto, siendo yo un privilegiado testigo ocular de la Historia, puedo aseverarle sin ilusiones o misticismos, que hoy, gracias al Dr. Scholl y otros eficientes métodos de locomoción, la Realidad finalmente se encuentra a un paso de la locura… ¿No es esquizofrénico?

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

La Razón del Agua Fría


Cuando a ciertos vivientes se les da por querer hablar al respecto del significado de la libertad de expresión, juzgo que lo único que ellos hacen es “descubrir el agua tibia”. En todo caso, pienso que estos mismos deberían tener en cuenta que la libertad de expresión es un asunto vital del ser humano y punto… Es una histórica conquista de los pueblos.

Siendo así, es necesario que el inadvertido leyente asimile de una vez por todas, que si esa manumisión y albedrío no existiese, nunca existirán pueblos libres y, sobre todo, porque esa tal de “libertad de expresión” no es una concesión que los satisfechos gobernantes nos puedan otorgar por mandato, sino más bien porque es un derecho universal con el cual nace el hombre que, dicho sea de paso, desde que nace, lo hace “chillando”.

Por tanto, mi parlero amigo lector, lo único que los enclenques gobiernos deberían garantizarnos, es que todos podamos seguir chillando y pataleando, puesto que del otro lado también hay una pléyade de chillones mayores que son los llamados “políticos”; y elemental, mi adicto leyente, son peores que todos los periodistas juntos… Pues se sabe lo cuanto ellos roban, corrompen, engañan… y al final huyen.

¿Por acaso piensa usted que estoy generalizando? ¿Estoy siendo demasiado simplista en mi evocación? No se preocupe, mi estimado lector. Sé que no va a pasar nada, pues es sabido que con la prensa se hace lo mismo en todo el mundo.

La única diferencia que existe, es que el periodista, lo que en realidad quiere y busca con sus citaciones, es poder de alguna manera impactar y transformar a la semidormida sociedad… Muchas veces adormilada en sueños quiméricos. Además, quiere y busca influenciar de alguna forma sobre el destino de esa misma sociedad a la que representa, a veces, hasta mejor que otros que están plácidamente sentados en las tribunas y demasiado ensimismados como para lograr darse cuenta de la cotidianidad del pueblo que deberían representar.

Lo que en realidad el sencillo leyente tendría que tener en cuenta, es que el periodista no habla de la delincuencia porque sí, sino que la vive, la ve y entonces la cuenta, ya que él a menudo se traslada a los lugares más difíciles y peligrosos. Y entiendo que lo que más importa al pueblo, es que el reportero no lo haga nunca desde un corral y menos aun gozando de impunidad.

Así que, si por ahí vemos que hay políticos disfrazados de periodistas o sirvientes del poder, entonces lo que debemos hacer es desenmascararlos y pronto.

Tenga en cuenta que ningún honesto debe temerle a la verdad, por tanto, reconozcamos y valoremos de una vez a los buenos profesionales, pues sólo los mejores se juegan la vida… y a veces la pierden.

En todo caso, mi amigo, esto aquí no se trata ni de periodismo ni de verdad ni de libertad de expresión. Más bien se trata de manipulación de las masas, del valor de la comunicación y de cómo pueda influir sobre la sociedad.

Por consiguiente, hay que saber dividir entre periodistas y gente de mala fe, pero también entre lo que es política legítima y propaganda pura. Así que, creo que de una vez por todas debemos dejar de hablar del “agua tibia”, y a las claras digámonos las verdades, que tal vez sean baldes de agua fría, pero catárticas para todos… ¿No le parece?

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene mis libros impresos o en versión e-book, que ahora están disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Desde ya, le doy las gracias por adquirirlos.

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