El Presidiario Castigo del Fumante


A veces consigo ponerme a meditar con aquella inconmensurable postura de frade de piedra que de vez en cuando me adjudico, que entre esa hipocresía acomodaticia en que se nos antoja decir a los otros que todo está bien en el huero del Señor, y esa honestidad brutal de pretender tirarle en la cara del prójimo todos los defectos que le detectamos, seguramente tiene que haber un término medio de sensatez y sentido común.

Algunos caminantes también cuestionan esa prudencia, y debaten por ejemplo: si ¿es lícito emitir opiniones adversas hacia actos, vidas y obras de algún fulano, un individuo que no ha solicitado para nada nuestro parecer y que no demuestra el más mínimo interés en enterarse de nuestra evaluación?

Pienso que eso de no ayudar es de egoístas, pero ayudar sin que se nos pida también puede ser generoso y agradable si uno se da cuenta de que, por timidez o confusión, el otro no puede verbalizar su pedido de auxilio… Pero eso de ayudar de forma machacante y sobreactuada, igualmente es una de las mil formas de romper la paciencia y puede llegar a convertirse en delito grave contra terceros.

Todos ya sabemos que el camino hacia el infierno está “sembrado de buenas intenciones”, por lo tanto, mejor dejemos a los otros hacer su vida aunque a nosotros no nos parezca la mejor vida…. Claro, dentro de los conceptos de religiosidad en que cada uno fuimos adiestrados.

En todo caso, en otras religiones esos excesos de celo pueden comprenderse aun sin que logremos justificarlos, como por ejemplo sucede cuando uno se basa en lo que menciona la agencia de noticias EFE, cuando publica una información que bien parece ser inusitada, al narrar que un joven marroquí de 18 años terminó por ser condenado a tres meses de prisión, tan sólo por haber sido visto fumando un cigarro en la calle, en plena luz del día, durante el Ramadán, el mes de ayuno musulmán; aunque ellos afirmen que dicha información les fuera concedida por los encargados de la defensa del muchacho.

Pues bien, el hecho aconteció durante el último sábado del noveno mes del año lunar de los mahometanos en una avenida de Rabat, y el juzgamiento ocurrió el martes siguiente en el Tribunal de Primera Instancia de Salguei, según alcanzó a explicar el abogado Mustafa Lembarki.

Por su vez, el consciente pero insensato juez que quedó encargado del caso, llegó a rechazar inclusive que la familia pagase una fianza para conseguir la libertad provisoria del joven.

Circunstancialmente, el muchacho fuera visto fumando un cigarro -que no era de mariguana- por una patrulla rutinera de la policía. Al ser interrogado, él confesó que estaba con dolor de cabeza por causa del ayuno, y que compró los cigarros para suavizar su situación, así como defendió su derecho de no ser obligado a realizar el ayuno.

Ce por be, la policía lo hizo pasar por un examen médico para comprobar si era verdad que el joven poseía alguna enfermedad que pudiese exentarlo del ayuno, pero los clínicos no encontraron ningún problema que lo impidiese.

Para quién no sabe, el artículo 222 del Código Penal marroquí establece penas que varían de entre 1 y 6 meses de prisión, y que además obliga a pagar una multa a “todo aquel pecaminoso individuo notoriamente conocido por pertenecer al Islam y que quiebre ostensivamente el ayuno en un local público durante o Ramadán”.

Durante el Ramadán, ya sea en invierno o en verano, el musulmán no puede comer, beber, fumar o hacer sexo desde el nacimiento del sol hasta su puesta, debiendo consagrar esas largas horas al retiro y la meditación. La quiebra y/o la falta de respeto al ayuno, tienen por costumbre resultar en sanciones legales en un gran número de países islámicos…

En todo caso, el desayunado de mi vecino me afirma que esa omnipotencia prepotente del riguroso ayuno cuaresmal que se impone a todo muslime, no coaduna de forma alguna con sus creencias y su fe, advirtiéndome que, bajo el pretexto de instaurar una abstinencia sexual, al final esa cuestión no le hará bien a nadie, y que es una de las maneras más eficaces para ganarse el odio… ¿Será? Bueno, imagine entonces el preciado leyente, lo que ocurriría si en lugar de lugar haberlo encontrarlo fumando, a usted lo pescasen comprando condones… ¿No es notable?

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¿Sabía que la Vida Sexual Empieza por los Pies?


A pesar de la clarividente interior de una oficiosa arrogancia, los convictos de mente catártica afirman que cuando la persona está estresada, no existe nada más relajante de que recibir un masaje en los pies… Aprieta aquí, masajea allí y cuando uno ve, parece que está totalmente relajado y con el humor mucho mejor. Sin embargo, achispado por el censo crítico que poseo, he de decirles que esa sensación, si uno quiere, aún puede ser más dilatada y explayada por otras partes del cuerpo.

No en tanto, de igual modo, mucha gente, en medio a este tipo de masaje, puede comenzar a sentir un calorcito a más, un relajamiento un poco diferente cuando percibe algunos músculos contrayéndose, lo que le otorgaría una sensación un poco diferente al relajamiento… Algo así como entrar en el infierno, o ver a Marlon Brando interpretando “Último Tango en Paris”… ¡espectacular!

En todo caso, para mejorar todo esto, si en un determinado momento pasamos a utilizar unas cremitas, unos besitos y, hasta quien sabe, lamidas delicadas… ¡Si, claro, en los pies!… ¡Oh, Dios, como hay gente mal pensada!

En fin, gustos son gustos y tenemos que saber respetar los deseos ajenos, pues puede ser que para mucha gente esa descripción mía tenga pasado de los límites, y ahora los idólatras se pongan a pensar en alguien con a boca en su pies, y ello sea algo más tabú dentro de los diversos tabús del sexo. Sin embargo, mi querido lector, le afirmo que todo el mundo que ya tentó, habla súper bien de la experiencia.

Por otro lado, se sabe que existen personas apasionadas por pies -no los de gallina- y son justamente los podólogos, quienes adoran ver un pie bonito, bien cuidado e con algunas especificaciones fetichistas de cada uno. Y es por eso que, cuando usted junta una persona que curte pies con otra que curte tener los pies masajeados y tratados como estrellas da fiesta, la cosa se pone más caliente.

Con lo dicho, pretendo que el sabido lector piense un poco y recapacite, y pronto recordará que en algunas novelas, ya sean estas mexicanas, venezolanas o brasileñas, las personas insisten en llamar el asunto de periguete cuando encuentran que el punto frágil de algún actor, -al que todo el mundo le ha dado por jurar que es gay-, y ven a la chica, que, al tocar en los pies del muchacho, este no resiste y sucumbe a los encantos de ella.

¿Pero usted ya se preguntó como esto suele suceder en la vida real, como en realidad funciona?… ¿Como una fémina debe hacer para mostrar a su gato que ella adoraría un masaje más sensual en sus delicados piecitos?

Antes de todo, debo dejar claro que las personas que gustan de pies, también les gusta hacer sexo, y por ello no van querer apenas acariciar sus delicados deditos, como a mucha gente les gusta pensar. Gustar de pies puede ser encarado como gustar de senos, o de un lindo par de nalgas. Para los hombres, todas ellas son áreas de admiración y ensueño, que no necesariamente excluye a las otras. Es cosa de gustos y nada más.

En todo caso, en la hora de buscar ese tipo de placer, le recomiendo que mantenga su pie bien limpito, perfumado, con las uñas bien cuidadas —nada de uñas largas, frieras y chulé, ¡por favor!-. Entonces, pida para que su gato le haga ese tal masaje reparador. A partir de ese momento, es que usted podrá comentar con sus amigas que vio en la telenovela una escena en que el pie recibe varios besos y cosa y tal, que parecía ser interesante… Y si su amado curtir la idea, entonces no pierda tempo y permita que él la coloque en práctica, verá que sensacional es… ¡Ah!, muestre para él que usted está curtiendo la jugada, y no se me quede ahí parada como si fuese una estatua de Venus Afrodita.

Si a estas alturas de mis reparadoras frases usted todavía piensa que son pocas las personas que tienen este fetiche, he de afirmarle que está muy engañada. Vea que hasta en la red social ya existen sitios para quien tiene esa predilección.

En todo caso, sólo me queda preguntarle: ¿quien sabe si su gato no es una de esas personas que usted no imaginaba?… ¡Terrible presentimiento!

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