Internet Satisface Más que Sexo


Así son las cosas, mi amigo. La vida muchas veces no tiene más que dos días para darnos, sin embargo, debemos conformarnos con resignación, ya que hay tanta gente que apenas ha vivido día y medio mientras otros ni eso. Por tanto, no podemos quejarnos, con rezos o sin rezos, incluso cuando estemos parados frente a una sepultura.

Lo importante es el camino que se ha hecho, la jornada que se anduvo, aunque existan algunos vecinos que no tienen conciencia de que sólo están prolongando la contemplación del tiempo sin observarse a sí mismo en cuanto aguardan a que otros lo observen mientras andan por los estrechos caminos de sablón.

Debe ser, ciertamente, porque hay una pléyade que ya no consigue vivir y no toma decisiones sin guiarse antes por lo que revelan las pesquisas. Por cierto, como existe una falange de adoradores de tales novedades, es que ellas surgen todos los días expeliendo resultados muchas veces incoherentes. Así pues, la que escogí para animar su lindo día, mi husmeador lector, también me dejó un poco asombrado, al final de cuentas vivo conectado a internet, trabajo con ella y asumo cierto vicio.

En todo caso, acabo de enterarme que a los miembros del “Boston Consulting Group” se les ocurrió hacer la siguiente pregunta a los vivientes desparramados por todo el mundo: ¿Qué lo que usted trocaría por tener acceso a internet?

Y el resultado más asustador del mundo, mi amigo, adivine de quien fue: nada menos que el de pueblerinos norteamericanos.

Pues resulta que por allá, al 21% de las personas se le dio por responder que ellos dispensarían el momento del placentero sexo en la horizontal para poder mantener el acceso a internet… ¿Sorprendente, no?

No en tanto, también mencionaron que existen otros elementos que serían dejados momentáneamente de lado para poder dar una espiada en el “Facebook”, “Twitter” o cualesquiera otras plataformas similares. Ellos son, conforme el orden de las respuestas: GPS, fast food, chocolate, happy hour, ejercicios físicos, automóvil y, por fin, pero que no en tanto parece ser mucho más revelador, es que el 7% de las personas pararían de tomar baño para tener acceso a internet.

Por otro lado, que no es ni cóncavo ni convexo, el desencuentro de sentimientos y voluntades en la hora del “vamos ver” estirado en el catre, no son una exclusividad de los que respondieron a la pregunta, pues con ello queda demostrada una vez más hasta qué punto el alma humana es un pozo infestado de contradicciones.

En todo caso, a pesar de todos los defectos -aparentes y ocultos-, la vida ama el equilibrio, pues opino que si de repente mandara sólo ella, es obvio que haría que el color amarillo estuviera permanentemente sobre el color azul, que todo lo cóncavo tuviese su convexo, que no sucediese ninguna despedida sin llegada, que la palabra, el gesto y la mirada se comportaran como gemelos inseparables y que en todas las circunstancias dijeran lo mismo.

Siguiendo vías para cuyo desarrollo pormenorizado no nos reconocemos ni aptos ni idóneos, pero de cuya existencia e intrínseca virtud comunicativa tenemos absoluta certeza, tanto como las de las nuestras propias, pienso que debe de haber sido el conjunto de observaciones que acabaron de expedir en sus respuestas, lo que hizo nacer en ellos esa idea.

No quiero ni pensar las respuestas de mis congéneres, pero curioso como todo humano, a fin y al cabo le pregunto: ¿Lo que usted dejaría de lado por causa de la querida red mundial de computadores?

(*) Siguiendo la misma línea y estilo del presente Blog, surge ahora “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, que contiene apena instantáneas del cotidiano, disfrútelo en: http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ Además, continúa a su disposición mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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Se nos ha Dado por Revalorizar la Basura


Raciocino que llega un momento en la vida de los que tenemos la suerte de haber superado el medio siglo de existencia, en el que junto al agradecimiento a nuestro dios por haber vivido tanto, también nos rebasan las comprobaciones no tan agradables como uno desearía que fuese. No en tanto, para determinados vivientes también les llegan juntos los arrepentimientos tardíos por haber sido algo perezosos y vagos para realizar gimnasia o ejercicios físicos y así lograr una mayor elasticidad de su cuerpo en la vejez.

Pero también es cierto, y en eso nadie tiene el poder y el deber de reprocharnos, de que hemos vivido como pudimos y no se nos puede criticar por haber pretendido ser lo más felices que conseguimos y, mucho menos, por gozar de los buenos momentos que la vida nos brindó mientras repartíamos trastos y ajuares por cualquier lugar.

Sin embargo, noto que ahora en Norteamérica hay muchos académicos que por no tener nada mejor con que entretenerse, se dedican a investigar el tema de la basura buscando identificar cuáles son sus significados culturales menos obvios, y de qué manera nos agobia la forma en que lo producimos, ya que se nos está haciendo cada vez más difícil ocultar las islas y montañas de desechos que oprimen todo a nuestro alrededor.

Por otro lado, también sé que existen documentalistas que han retratado, usando una estética orientada desde el ángulo del desastre, aquellos paisajes devastados que ha producido el nuevo industrialismo chino, el cual no termina nunca de saciarse con el agua de los ríos y los minerales retirados de las entrañas de la Tierra.

Entonces, sin perplejidad, nos enteramos que la era del reciclaje ha llegado con cierto furor y exaltada vocinglería. Pero si a esto lo analizamos al nivel de la sicología, se podría plantear que la humanidad no terminará nunca de procesar ese drama que el consumo origina, pues está dejando tras de sí un rastro de millones de cajas, empaques, bolsas de plástico y artefactos electrónicos de los que hay que deshacerse a como de lugar.

Aunque esto venga a ser como un cierto tipo de mentira colectiva, sin abrir la boca observamos que ese asunto del reaprovechamiento en el que nos afirman que hay que inventar cualquier cosa para lidiar con el asunto de la basura, para los no imbéciles no pasa más allá de una cortina de trastienda.

Tal vez por ello y siguiendo esta misma línea de planteo, por otro lado, en las industrias culturales del Norte ya se han inventado programas de entretenimiento en los que aparecen negociantes que compran los cachivaches que algunos vivientes encuentran depositados en sus áticos, los que al fin resultan ser piezas que pueden rematarse a precios fabulosos. Pero eso no es más que un paliativo para sentir que las compras absurdas de los ancestros tenían una función mejor que la de acumular polvo arrinconados por ahí.

En todo caso, puedo afirmar que sí, que es verdad que hay una cualidad que todavía poseen las sociedades latinoamericanas, aunque esta esté en declive, y es el hábito -bueno o malo-, que todos tenemos de querer darle un uso práctico a todo objeto viejo.

Por otro lado y sobre este mismo punto, surge el comentario del sociólogo Nelson Reascos quien considera que esto es una manifestación de lo barroco en la cultura de los latinoamericanos; es decir, permitir la aglomeración y la apacible coexistencia de bienes de distintas épocas en nuestras casas, como digamos: la máquina de coser de la abuela junto al equipo de sonido de diseño futurista y las Tv planas o los iPad.

Al considerar su pensamiento, también podemos finiquitar que ahora existe una otra dimensión dicha “nueva” de la basura revalorizada, y es la digital. Por ello los más viejos entienden y aseveran que antes solía haber un cierto pudor por querer ocultar los pensamientos inacabados y poco articulados que inundaban nuestras cabezas, así como procurábamos eliminar los borradores de algo aplazado o inconcluso en nuestras vidas. Era algo así como seguir el ejemplo del carpintero que vende un mueble y no el aserrín.

Sin embargo, el apreciado leyente descubre que esa nueva basura “revalorizada” está siendo diseminada por doquier en la Internet, un cibernético escenario en el que parecería que ahora los humanos se esmeran en hacer pulular versiones a medias de cualquier cosa…

¿Será que ellos tienen el deseo intrínseco de querer repartir con los demás su basura existencial?… Habría que comprobarlo.

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