La Tolerancia Tiene un Límite


Estaría demás decirlo, pero a fines del siglo XVIII la tolerancia quedó indisolublemente ligada a la libertad y la igualdad entre todos los individuos con el surgimiento de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”.

Sin embargo, mi estimado amigo, cuando esta es cultivada en exceso, puede hacer creer a quien la recibe, que el límite es el infinito. No hay mejor ejemplo que para calibrar lo acertado de esta advertencia de Edmund Burke, el padre del liberalismo-conservadurismo, cuando dijo: “hemos sido tolerantes y asistido impasibles a la vandalización de nuestro pasado, presente y futuro, como si ello fuera una virtud”.

Por lo tanto, al presente permitimos indolentes que se adultere la matriz ética de la nación y, con tilinguearía, creemos que las consecuencias no nos alcanzarán. La ajenidad es tal que el “no te metás”, “hacé la tuya…” y “cuidá tu propia chacra” parecen haber llegado para quedarse. Siendo así, pasamos a creer que las cosas malas sólo les suceden a otros y seguimos mirándonos el ombligo hasta que un día vamos a despertarnos con el ombligo bajo el agua…

Ahora vivimos tiempos en que lo público se confunde con lo privado; el interés sectorial prevalece sobre el general; el antojo personal se eleva a rango de precepto; y que el fin justifica cualquier medio. Y partiendo de este punto, nos dejamos conducir por soberbios y mediocres, groseros y ladinos, irresponsables e improvisados que pasan a manejar nuestros asuntos como cosa propia.

Hoy en día ya se ha corrido la voz en el vecindario de que todo vándalo es recibido como un señor en estas tierras. Que tenemos dirigentes que siguen deslumbrándose con espejitos de colores y ponen sobre el escenario cualquier burda comedia, seguros que nadie les pedirá cuentas.

Hasta el “The Wall Street Journal” recomienda a los nuevos conquistadores para desembarcar en los puertos del Río de la Plata, donde seguramente encontrarán viejos chamanes dispuestos a vestirse de luces para distraer con yerba encantada a los alicaídos ciudadanos.

Por lo tanto, se va perfeccionando cada vez más, el sistema para no soltar su botín. Ya no basta entregar cargos gubernamentales, puestos estatales, embajadas o licitaciones acotadas. Ahora pagan con publicidad oficial, campañas costosísimas para entes monopólicos, espacios en canales y emisoras públicas, financiación de espectáculos “culturales” o deportivos, y todo aquello que el dinero de los contribuyentes pueda transformar en votos… Aunque todo ello se ve muy similar en los países sudamericanos que integran los regímenes del denominado “socialismo del siglo XXI”.

En los días de hoy escuchamos con resignación a funcionarios que nos amenazan públicamente y sin recato; a funcionarios inamovibles reivindicando cristalinidad con igual autoridad que Al Capone; a directores de Entes haciendo política con nuestros dineros; a jueces participando en actividades políticas; a fiscales que no se abstienen de intervenir en asuntos que los implican; o legisladores que votan reparaciones pecuniarias mientras patrocinan a los damnificados devengando suculentos honorarios; a ex ambientalistas que se pliegan a la mega-minería, a la destrucción de nuestras reservas naturales y a toda actividad que dé dinero sin importar el costo.

La educación siempre ha sido el punto de resistencia para todo vandalismo organizado, por lo cual se alienta ahora la cultura del Pan y Circo. Ellos piensan que las nuevas generaciones deben ser iletradas y analfas, para lo cual ya se ha ordenado bajar los estándares de la enseñanza como forma de que los estudiantes pasen de grado más fácilmente. Ni las pruebas actuales de capacitación se salvan, no sea cosa que alguien se dé cuenta que vamos en caída libre.

Los chamanes decidieron que hay que cambiar el método de medición y ahora se tendrá que usar otro índice, para medirnos contra nosotros mismos.

Por lo tanto, mi amigo, creo que si no reaccionamos, no tendremos futuro… ¡O sí lo tenemos, este estará repleto de ignorantes!  ¡Piénselo!

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