Desamor


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Vaya esa suerte mía, ya que tengo libertad para elegir como pensar, como pasar el tiempo que me resta y cómo afrontar la vida. Dicen que para una mente amplia, nada es pequeño en este mundo incrédulo.

Estoy cansado de amores fugaces. De ahora en adelante  buscaré solamente un amor que sea a fuego lento. Un amor en el cual sus besos sean como carbones ardientes que me traspasen y los pueda sentir en el alma.

Nunca más buscaré una persona perfecta para quererla a mi lado. Intentaré descubrir a quiera dedicarse junto a mí a hacer simplezas por la vida. A alguien que me trate bien y que le encante estar conmigo.

Usted sabe que en esta excursión hacia la muerte que es la vida, ya me sentí bien acompañado junto a usted, pero hoy me siento casi sin respuestas cuando imagino que allá lejos, allende del horizonte gris, quizás usted crea poco y nada en mis dogmas antes de dormirse, como quizás no le importe cruzarse fugazmente conmigo en los pasillos de mis sueños.

Quizás esté demás decirle que por su causa, a esta altura ya no creo en predicadores ni en ordinarios ni en oradores de oropel. Como tampoco creo en el arrepentimiento de los verdugos y los impíos, o en el doctrinario catecismo del conformismo de los abnegados, ni en el flaco perdón de Dios, ni en quien jura amor y luego se olvida.

A esta altura de la vida sólo creo en las manos que me tocan y en los ojos que me miran. En especial, diría que en vuestros ojos y en vuestras manos en particular, visto que toda usted es como la ambivalencia poética de la cicatriz, que tiene dos mensajes claros: aquí dolió, aquí sanó.

Pero como lo nuestro aun no sanó ni sanará tan fácil, brindemos ahora usted y yo por lo que fuimos y ya no volveremos a ser, por lo que me dio y le di, mismo que ninguno de los dos supiese percibir a tiempo que nuestro amor existió por lo que fue en su momento.

Brindemos asimismo por ese vuestro desamor y por la nostalgia del ayer, por ese orgullo que usted no abandonó y  por la insistencia que yo no supe guardar.

Dejémonos un beso final de los míos que usted no besó y  por sus besos que ya no besaré nunca más.

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Nueva Plegaria de Adoración


En esas cuestiones de idolatría, cada uno tiene pleno derecho de escoger el dios que le parece más conveniente a sus dogmas, credos, adoración o lo que mejor defienda y ampare sus fundamentos. No en tanto, ese mismo individuo necesita tener un poco de creatividad en sus rezos y plegarias a fin de hacer valer ante quien sea sus derechos universales.

Claro que no siempre se tiene en cuenta el lado inventivo, y basta nada más con copiar las oraciones de los otros, por lo que su cómoda acción puede generar disensión en quien se cree representante legítimo de esas jaculatorias.

Por ejemplo, hace unos días, el arzobispo de Caracas, cardenal Jorge Urosa, advirtió que quienes usen la versión chavista del “Padre Nuestro” para rezarle al fallecido presidente Hugo Chávez, cometen el pecado de “idolatría”, tras exigir “respeto” a la oración “enseñada por Cristo”.

En su verbosa amonestación, Urosa llegó a decir: “Así como a nadie se le permitiría cambiar la letra del Himno Nacional para honrar a una persona, tampoco a nadie es lícito cambiar el Padre Nuestro o alguna otra oración cristiana, como el Credo”… “Quien dijera esa versión nueva e indebida del Padre Nuestro ateniéndose al texto literal, estaría cometiendo el pecado de idolatría, por atribuir a una persona humana cualidades o acciones propias de Dios”, agregó el príncipe de la Iglesia cristiana en el reino bolivariano.

Fue en este sentido que pidió al chavismo para que evite la difusión de la presunta plegaria para que “no haya otro motivo de división del pueblo venezolano”.

La raíz de la contrariedad se debe a que en el “Taller para el diseño del sistema de formación socialista”, dirigentes del oficialismo venezolano lanzaron la “Oración del delegado”, la versión chavista del Padre Nuestro, en el cual dicen entre otras cosas: “No nos dejes caer en la tentación del capitalismo, más líbranos de la maldad de la oligarquía”.

Por supuesto que no siendo ni corto ni perezoso para enfrentar tales cuestiones de herejía, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, arremetió días después contra algunos obispos de la Iglesia Católica, a quienes tildó de ser los “nuevos inquisidores” por rechazar la versión de la oración del Padre Nuestro al fallecido Hugo Chávez.

A través de la televisora estatal, Maduro comentó: “Han salido algunos de estos obispos como dueños de una inquisición a masacrar a esta mujer, a decir que casi cometió un pecado”…

Luego a seguir, el mandatario ofreció su “apoyo irrestricto” a María Estela Uribe, la delegada del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) que leyó la oración, denominada del delegado, durante la clausura de un taller de formación de los chavistas.

…“Señores minoría de obispos que no representa al pueblo católico, que han salido a perseguir a esta mujer, humilde, madre, abuela, trabajadora, a ustedes los que les brota es el odio que le tienen a Chávez, no pudieron con Chávez en vida y ahora lo quieren perseguir en el amor espiritual que le tiene el pueblo”, afirmó el mandatario en su discurso.

Por otra parte, Maduro aprovechó el momento y advirtió al pueblo que tomará “medidas radicales” para acabar con el presunto sabotaje económico que adelantan supuestamente algunos sectores de la oposición.

Como ve, mi rezandero lector, tal estrépito mediático parece no pasar de una escueta y desagradable imitación de lo que pretendían decir de verdad los dirigentes del oficialismo venezolano, vista la anuencia exhibida en el aplauso del rebaño cordato… ¡Aguardaremos entonces por la excomulgación!

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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