El Vampiro de una Secta


Es comprensible que muchos sólo hayan oído hablar de las “sectas” por primera vez a través de noticias aparecidas en los medios de comunicación. Con todo, para otros ateos en la materia surgirá siempre una pregunta de forma espontánea: ¿qué es una secta?

Fuera estos impíos pensamientos, es difícil dar una definición precisa: por un lado, una secta puede considerarse un grupo de personas que defienden o comparten la misma doctrina dentro de una religión o creencia; por otro lado, se dice que cuando en el seno -en este caso tanto da que sea el derecho como el izquierdo- de un determinado grupo el lado mayoritario o solamente un sector se escinde de ese grupo como un todo, la otra parte lo considera, a veces, como una secta.

Por su vez, a una infinidad les resulta difícil comprender por qué alguna gente queda atrapada en una secta considerada falsa. Sin embargo, posiblemente sea más fácil apreciar y compadecerse de la situación de esos “prisioneros espirituales”, pues es sabido que todo eso cautiva, seduce, hipnotiza y finalmente atrapa a muchos.

Luego surgen más dudas: ¿Cómo es posible que gente sincera crea lo que en realidad es una mentira? ¿Por qué quienes están en una secta o en una situación de abuso no se dan cuenta y simplemente salen de ella?

En primerísimo lugar, gran parte de quienes recurren a las sectas es gente crédula, que sinceramente busca cómo apaciguar la ira de Dios por sus fracasos y pecados, cómo aliviar su culpa y cómo hallar el camino de una vida mejor. Evidente entonces que gran parte de las sectas prometen todo esto y más todavía: sanidad física, financiera y emocional; la divulgación de “misterios” antes ocultos y ahora revelados al “ungido”.

Es indudable también, que para muchos es más sencillo dejar que otro (los líderes del grupo) tome las decisiones y que les digan qué creer y qué hacer. Entonces la secta ofrece una manera visible (externa) de medir la espiritualidad. Como el legalismo es externo, eso demanda obediencia a reglamentos humanos. Nunca olvidemos el poder y la astucia del enemigo de nuestras almas.

Con todo, en lo referente a “sectas satánicas”, después de estudiar en la biblia casi todos los pasajes relacionados con el diablo, llegué a la conclusión con las lecturas de ciertos fragmentos, de que Satanás pasa la mayor parte de su tiempo en engaños y mentiras en busca de un camino que apela al ego humano; de que éste cuestiona la salvación de los fieles y los acusa haciéndolos sentir culpables; y que edifica grupos falsos que en realidad son “sinagoga de Satanás”.

No imagine el cófrade leyente que hablo de cosa antigua, pues se sabe que la policía de México arrestó, no hace mucho, a tres personas acusadas de matar a un amigo al intentar transformarlo en “vampiro” durante una ceremonia satánica.

El bárbaro crimen ocurrió en la ciudad de Chihuahua, en el norte del país, -la misma urbe que fabrica esos perritos minúsculos de igual nombre-, donde el funcionario de un restaurante, Edwin Juárez Palma, de 24 años, acabó muriendo luego de ser golpeado, torturado y estrangulado dentro de un cyber café llamado “Freak Shop”.

Los responsables serían la adolescente Iveth López, de 18 años, que está entre los presos, mientras los otros dos reclusos son Gustavo Dorantes, también de 18 años y Omar Sánchez, de 25 años. Por lo que ellos pueden llegar a ser sentenciados a pena de hasta 40 años de prisión.

Por su lado, la policía afirma que Edwin fue muerto después que aceptara participar de una especie de “ritual macabro de iniciación” para ingresar en una secta satánica. Durante el proceso de admisión, él fue convencido de que precisaba ser sacrificado para retornar a la vida como un vampiro.

Un compañero de trabajo de Edwin lamentó su muerte y afirmó que no se preocupó nunca con los gustos de su amigo… “Él era una persona honesta y siempre tentaba mantenerse lejos de los problemas. Su interés en vampiros era apenas un hobby y nada más”, anunció.

Actualmente, una cuarta persona está siendo procurada por la policía. Según las autoridades, ella sería el jefe de la secta satánica conocida como “Hijos de Baphonet 1”… O quizás “hijos de mala madre”.

Puede que todo esto no ayude en nada a comprender la Nada en que vivimos, pues lo cierto es que no podemos olvidarnos de la importancia de las contradicciones, donde se puede llegar al punto de admitir que la esclavitud era una ley natural de la vida en las sociedades sanas y que los vampiros -excepto los de la saga Crepúsculo-, me lleva a pensar sobre lo que pienso y lo que entonces pensaba y me llevó a escribirlo… ¡Qué audacia!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

El Voto de la Democracia


Cualquiera sabe que hay muchas preguntas sin respuesta que carcomen el cerebro del votante cuando, al entrar en el soberano cuarto oscuro, él tiene que elegir la boleta que irá a parar en esas bocas de opinión que son las urnas; aunque ahora se cuente en algunos países con un sistema un poco más moderno y seguro por causa de la tecnología. Pero como fuere el sistema, al fin y al cabo su fin es el mismo.

Pero para muchos, mismo cumpliendo con su papel patriótico, también les queda algo directamente relacionado con ese tema, y que le sigue martillando la cabeza por querer entender el comportamiento de algunos patéticos ejemplares de la clase dirigente que, dos por tres, aparecen en los programas de noticias por verse envueltos con corrupción, coimas, valijas misteriosas, dinero en los calzoncillos, aeropuertos fantasmas, corralitos, censura, persecución, catástrofes evitables, o, al tener que realizar un trámite, estos patrios ciudadanos descubren a los mediocres funcionarios ninguneando por todas las reparticiones, etc., etc., etc.

Pero eso es vivir bajo la “Democracia”. Una doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno político de un Estado. Es el derecho que los ciudadanos tienen de ejercer de modo directo o indirecto, eligiendo, generalmente, por sufragio universal, representantes, en quienes delegan su soberanía para el ejercicio de funciones legislativas. Entonces, lo que resultó de aquellos papelitos colocados en la urna, es lo que después tendremos por laya dirigente.

Y en el supuesto de que vivimos “en” democracia, es pertinente meditar si vivimos “la” democracia. Pues vivir la democracia nos exige una acción volitiva cotidiana. Por lo tanto, es común exigir a la sociedad jurídicamente constituida, que proceda democráticamente. Pero, como colectivo e individuos, somos responsables de dar vida a la democracia. Ello requiere de audacia.

Empero, se oye decir que los héroes de la modernidad son los audaces. Los que, con más o menos capacidad y reflexión, hacen lo que otros no se atreven. Son de una época en la que hacer, es más que ser.

Pero claro, mal entendiendo el significado de las palabras, están los que “hacen” fortuna al calor de la oportunidad, sin el menor sonrojo por el modo inmoral de lograrlo. O los que, al ritmo de su palabra fácil, se apropian de la voluntad de los ingenuos que creen en sus falacias. Incluso los hay que crean miedo para consolidar sus posiciones de poder… Todos “hacen” lo inaudito. Son los admirables audaces del “hacer”.

En todo caso, también sabemos que hay otra versión de audacia, la de “decir”. La palabra permite afirmar lo que se le antoje al audaz. La tecnología puede registrar lo dicho, pero con su audacia la desmiente, argumentando que lo dicho ha sido mal transcrito o “sacado de contexto”.

Por consiguiente, vivir “la” democracia exige a todos, mandantes y mandatarios, la audacia de “ser” que ha desaparecido. No es común quien se precie de ser, porque es un esfuerzo doloroso que exige mirarse con sinceridad, sin el embellecimiento del ego y el adulo.

Es un riesgo que requiere rectitud moral. Hay quienes viven bajo las etiquetas que les pegó la vida en la frente desde su infancia. Se disfrazan de audacia para no ser ellos mismos, no saben que nadie resulta un fraude si es quien es, sin pretender ser lo que no.

Por eso pienso que es inaplazable recuperar la audacia de “ser” para poder vivir “la” democracia con entereza moral, sin resquebrajaduras, sin maquillajes. Solo así podremos entender la democracia como una profesión de vida.

Por otro lado, todo individuo debe concientizarse que aprender a votar; eso también ayuda mucho… ¡Si es que me entienden!

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