Locura


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Claro que esto tiene sus propios bemoles, pero es más que obvio que no existe nada substancialmente gracioso en la imperfección de los sentimientos, mismo que siempre exista alguien que se eleva por encima de la desesperanza y, estando un poco loco en ese instante, logre de cierta manera sobrellevar la desgracia.

Esto se testifica en un hecho ya confirmado por cotejo científico, ya que todos estamos un poco locos, no mucho, por lo que efectivamente nos sentimos mejor al momento que logramos tomar contacto con nuestra locura periódica. Por supuesto, siendo así, no se puede descartar que el amor es la sabiduría de los locos, un sentimiento provisional que a su vez se convierte en locura en los sabios.

Hay una infinidad de personas que siguen suprimiendo la alegría creyendo, desafortunadamente, que la vida es una empresa seria. No los envidio, pues, con frecuencia, ellos consideran que la tontería y la puerilidad son regresiones del comportamiento en lugar de comprender que cada uno tiene algo de ridículo y que el niño que existe en nosotros es una de nuestras posesiones más preciadas.

Me refiero a todos esos que cultivan el refinamiento y la sofisticación a expensas de la espontaneidad y la diversión, esos mismos individuos de mirada estrafalaria y faltos de amor que hacen que la sonrisa cortés sustituya la risa espontánea y que sus impulsos de alegría surjan en forma moderada o, en todo caso, directamente desaparezcan por deferencia al sentido común y al buen gusto.

Podemos catalogarlos como seres reprimidos de espíritu que olvidan que en cada uno de nosotros existe una reserva de alegre libertad, de locura, si lo prefieren.

Ya que vivimos en un mundo en el que no se escatima el absurdo, sostengo que ninguno debería dudar un instante siquiera frente la posibilidad de poder sumar con alegría y en broma nuestro propio toque de insania, ya que éste es uno de los mejores modos de vida que conozco.

Y si la vida es así, ¿por qué no hemos de regocijarnos con nuestra tontería contenida?

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Todo Quedó a Medio Ventilar


Tengo el presentimiento de que quizás el distraído leyente no se haya enterado de tan aireado asunto, pero la verdad, es que más de 60 ciudades de todo el mundo se sumaron a una nueva “jornada sin pantalones en el metro”. Es que desde Sídney a Nueva York, pasando por Londres y Buenos Aires, varios miles de pasajeros de esas ciudades viajaron en los subtes durante un bochornoso domingo cualquiera del enero pasado, solamente en ropa interior, lo que terminó por provocar risas o miradas perplejas de otros usuarios de ese medio de transporte… Y es de suponer que estos oyeron un recitado de improperios que fueron proferidos por esas piadosas viejecitas que todas las tardes acuden a la iglesia de su barrio.

Pues bien, resulta que estos atrevidos viajeros formaban parte de la 13° edición internacional de “viaje en metro sin pantalones”, un tipo de chanza organizada este año en unas sesenta ciudades del desquiciado mundo en que vivimos.

El prosaico creador del calzonudo evento, Charlie Todd, quien incluso coordina la organización del programa en la propia Nueva York, fue uno de los primeros en quitarse el pantalón, sin perder el rostro serio, en el metro…. ¿El objetivo? “Divertirse”, explicó él… Y “provocar risas y sonrisas”, agregó.

Según testificó Todd, entre 3.000 y 4.000 personas, desde los tres meses a los 71 años de edad -estos últimos sin miedo de esconder sus arrugados pliegos de piel y las azuladas várices-, viajaron tranquilos con las piernas más frescas en el tren subterráneo de la metrópolis estadounidense, ya que, desde siete puntos diferentes, los participantes se dispersaron por las líneas del metro, para luego volver a reunirse en Union Square, en la propia Manhattan.

“Tenemos que actuar de manera normal… Recuerden mantener un rostro serio… Respondan de manera cordial que se les olvidaron si alguien les dice que no tienen pantalones… Y sí, hace frío, desafortunadamente”, les explicó Todd.

En todo caso, los participantes debían usar ropa interior, y aunque se permitían los diseños llamativos en sus taparrabos, los organizadores preferían que las personas copartícipes usasen una vestimenta normal, al menos de la cintura para arriba, para causar una sorpresa mayor en los demás pasajeros. Incluso, se alentaba el uso de trajes formales o de uniformes, así como llevar bicicletas, cochecitos de bebé, bolsas de la compra o maletines… Y las partes pudendas guardadas.

Pedro, uno de los solidarios con la idea, en calzoncillos rojos y de calcetines, parado sobre el andén, vestía un sombrero, mientras lamentaba que hiciese frío… “Pero es muy divertido”, declaró sonriente…Y con aquello morado.

Ya en Buenos Aires, y según lo constató la AFP, decenas de argentinos se sumaron a la jornada quedándose sin pantalones en los vagones del metro ante la sorpresa del resto de los pasajeros… La convocatoria local, que se hizo por la red social Facebook, señalaba que los participantes debían “estar dispuestos a quitarse los pantalones y poder mantenerse serios, sin gesticular o reírse por no traer pantalones”.

Mientras, algunos irreflexivos pasajeros los miraban risueños, sin embargo todos lograron permanecer imperturbables. Por su vez, cabe aclarar que las mujeres se quedaron con sobria ropa interior, y ellas y sus bombachas fueron las que más atrajeron las miradas de los tarados viajeros del metro.

“Todos insistan en decir que era una coincidencia en que otros también se olvidaron sus pantalones”, señalaban los organizadores, que también les prohibieron a los participantes a hablar entre ellos.

En el Viejo Mundo, precisamente en París, el encuentro se produjo en la estación Charles de Gaulle-Etoile, para viajar hasta Bastille, y donde más de 1.200 personas se habían inscrito en Facebook para participar.

Por causa del fuso horario, la ventilada jornada comenzó en Sídney, ciudad que al igual que Buenos Aires, se encontraba en pleno verano austral, donde un pequeño grupo se quitó el pantalón antes de aventurarse en el metro en el centro de la ciudad, cuando desfilaron parsimoniosos ante la mirada circunspecta de varios turistas. Además, otras personas se animaron a participar en Melbourne, Adelaide y Brisbane.

No muy lejos de allí, en el concurrido tren subterráneo de Hong Kong, unas 40 personas, entre ellas la australiana Bess Hepworth y su hijo de 18 meses, también se unieron a la diversión… “Es la primera vez que él se va a quitar los pantalones en público”, dijo la mujer de 37 años en referencia a su hijo… Por lo que da a entender que ella ya estaba acostumbrada a realizarlo.

En el colado continente de esta isla, en Pekín, un grupo de personas sin pantalones usó el metro, provocando miradas confundidas de otros pasajeros, -ya que a ellos les costó un poco abrir los ojos… “Quiero mostrar que (los chinos) nos hemos internacionalizado”, dijo Huang Li, de 22 años, vistiendo un bombacha azul con puntos… “Pero mismo así, la gente piensa que estoy loca”, añadió la joven.

Pues bien, en medio de toda esta humareda visual sobre rieles, donde algunos seres que por allí circulan dejan la vida transcurrir esperando que el planeta vuele en pedazos, y donde casi nadie espera vivir muy largo ya que andan apurados tragándose cada momento antes que los sorprenda el Apocalipsis, me parece que muchos de ellos no tienen tiempo para examinar el propio ombligo y tomar nota, como se usa ahora. Es que delante de esta insofismable prueba de prestidigitación geométrica, puede notarse como a cada día se ofrecen tesoros ante papilas babeantes… ¡Impresionante!

(*) Si desea seguir la misma línea y enfoque de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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