Despedida


Aquí me tienes otra vez, luchando contra mis demonios, esos viciosos que se rinden cada vez que te ven, porque no obstante la mirada del cuerpo consiga a ser olvidada por veces, la del alma te recordará siempre.

Tantas veces me he prometido a mí mismo no volver a caer de hinojos ante mi flojedad, que creo que han sido las mismas veces que al mirarte he faltado a mi promesa de ser fuerte para no quererte otra vez.

Han sido tantas las ocasiones en que no me ha quedado más remedio que aceptar que soy yo el único culpable de la desilusión que me generas cada vez que te vas, aunque tú sigas, consiente, advertida del daño que me vas a causar.

No han sido escasas las veces que me he prometido que la próxima vez no volverá a ser igual a las demás, pero reconozco finalmente que termino por lanzarme de cabeza al abismo de tu tempestad, mintiéndole a mi mente que esta vez no tornarás a equivocarte, y hasta engañando a mis instintos que esta vez nada saldrá mal. Y ya lo ves, como resultado obvio de mi absurda debilidad, he llorado tantas veces arrepentido de ese amor tuyo que me causa tanto mal.

Pero acredito que esta vez ya no ha de ser igual, porque dirijo mis palabras a ti con absoluta seriedad, al decidir contarte que algo en mi ha cambiado en definitivo, y que después de haberte llorado tanto, hoy he despertado con nuevos planes, con nuevos sueños, pero, sobre todas las cosas, queriéndome mucho más.

Soy sincero, y te confieso que me ha costado mucho resignarme a la idea de que no eres tú quien hace mejor mi mundo, que ni hoy ni nunca serás el motivo de mi risa, y que tan solo serás un viejo recuerdo que dolerá más que cualquier otro.

Espero que comprendas que todo esto que ahora digo es sin ningún afán. Son solamente unas cuantas frases para poner un punto final. Así que hoy me marcho sin rencores, agradeciendo lo aprendido, sin nada que reprochar. Tómalo como una despedida, o quizás como un punto de partida para comenzar de nuevo sin mirar atrás.

Eso sí, nunca olvides lo mucho que te quise, ni nunca olvides que un día fuiste el buen motivo de mi calma y de mi tempestad.

Adiós


65-adios

Me pregunto quién, en sus plenos cabales, ha de tener el coraje de amarte mañana como hoy te amo yo, pues si bien nadie sabe lo que a nadie digo, las noches enteras son cortas para soñar contigo, y el día todo no alcanza para pensar en ti.

Perpetua nómade en el jardín de mi memoria, soberana que reinas esplendorosa en el castillo de mis sueños, puede que te resulten algo tardías mis agonistas palabras, pero tengo que reconocer que tú eres de esas mujeres que agradan más al corazón que a la vista, que primero se meten silenciosas por el alma y después por los ojos, de esas que son como gaviotas en la playa que en sus arenas dejan huellas que revelan un amor sincero.

Entristecido, lo confieso con nostalgia, hoy me miran con tus ojos las estrellas más brillantes mientras mi corazón sombrío te busca en llantos; fue tanta la pasión que tú anudaste a mi alma cuando percibí que ambos andábamos por ahí en la vida sin buscarnos, que pronto comprendí que estaba escrito que un día acabaríamos para encontrarnos, así como lo hace el trigal y el sol, como mariposa y flor.

Fue extraño cuando todo sucedió, por haber encontrado de casualidad todos mis deseos en una sola persona. Pero ya sin ti, me toca vivir ahora un profundo silencio poblado de retumbos, oscuras horas de nostalgia, infinitas horas de soledad… Pregúntale a la luna, ella es testigo terco de mis noches enteras pensando en ti.

Has sido mi mejor tiempo perdido, mi acierto más errado, mi desvelo lleno de insomnio, mi cáliz de veneno dulcificado. Llegaste a ser la piedra con la que tropecé por voluntad propia, una adición de sueños que terminé perdiendo, la claridad más oscura, un grito inaudible en medio del silencio, la luz del universo que resplandecía en mi alma.

Ahora, claudicante entre los despojos, sois el futuro que murió antes de llegar, un errático camino que estaba destinado a terminar. Fuiste todo y hoy ya no eres nada. Solo me ha restado un adiós en defensa propia y un ayer que no tendrá mañana.

Quizás te diga un día que dejé de quererte, aunque siga queriéndote más allá de la muerte; y acaso no comprendas en esta despedida, que aunque el amor nos une, nos separa la vida… Hoy puedo decir que tú y las estrellas lo eran todo.

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