No Quiero


Insisto, no me inventes cualidades ni virtudes, que yo no soy diferente a miles de mujeres que mueren o las que nacen a diario. No soy perspectiva, soy realidad.

Tampoco quieras cargarme con la responsabilidad de una mirada encantadora. No me incluyas en tus sueños de mujer prefecta. No quiero que me idealices con las cuestionables mansedumbres de la vida. No puedo, no quiero serlo.

Entiende que la cadencia de mis caderas no tiene el ritmo de tus deseos, ni mis labios saben a tiempo o a miel.

Yo no tengo ese tipo de dulzura con la que todo hombre enaltece a su dama, como tampoco llevo la fragancia de un perfume inolvidable preso a mis cabellos.

Lo que sí quiero, es que te sea indiferente si mi voz canta o grazna. Yo no soy canto, soy tan sólo palabra.

No coloques otros roles a mi vida. Soy, sin más, realidad, defecto y caos, y es justamente así como puedes nombrarme.

No permitiré jamás que me pretendas mujer celestial. No puedo. No quiero serlo.

 

Borrarte no Puedo


76-borrarte

Turbado en la noche en mi firme empeño, me alcanzaba su visión tenaz mientras la pensaba en silencio, entre letras sobre versos, uno por uno, coma a coma, en suspenso.

Ella no percibía que yo la recordaba en los estertores de la noche, a lo lejos, como lejos están las mañanas cuando nos desvelamos, o como una lágrima cayendo igual a golpe de remo que hace saltar la espuma del mar. Mis suspiros se volvían aire que al aire van, y las lágrimas en agua que van al mar.

Pero a ella se le ocurrió borrar las páginas de ese amor que entre los dos habíamos escrito con una pluma de fuego y pasión. Intentó borrarlas con lágrimas, con licores, con vino. Empezó a borrarlas de a una, pero sus lindos ojos negros siguieron siendo líneas que bordan un horizonte a lo lejos. Seguían siendo su norte.

Le habían recomendado olvidar nuestro pasado, y todas las noches ella lo olvidaba. Y cuanto más intentaba borrar los restos de nuestro amor, irónicamente, no lograba apagar la imagen de aquel hombre milagroso, de cabello enredado y revoltoso, cariñoso y dueño de esa sonrisa tan particular que siempre le arrancaba deseos de besarlo, y amo de esos ademanes únicos que tanto la enloquecían.

Empezó a borrarme, y al hacerlo, se le iban borrando las líneas que yo había trazado sobre su piel con mis sabias manos. De a poco apagó también todas las figuras y trazos que yo le diseñé en aquellas noches llenas de estrellas, que iban dando formas reales a un fantasma de bufa invención.

Empezó a borrar todavía el sabor de mi boca. La misma boca que había recorrido las líneas y los dibujos que mis manos habían trazado, delicadas como estelas de mar, en todo su cuerpo de mujer madura.

A cada noche intentaba borrarme, y cada vez ocupaba más vino para olvidar el sabor de mis labios en su boca, pero perdida entre esas aspiraciones se quedaba dormida. A lo mejor mañana logrará olvidarme nuevamente.

Yo, mientras tanto, continuaré a pensar en ella mientras dibujo la sábana arrugada con la yema de mis dedos para sentir su cuerpo.

¡Ay, amor! Hoy como ayer, mañana como hoy, siempre igual, un cielo gris, un horizonte pétreo. Si tú supieras que cuando te escribo yo también tiemblo.

Fantasías


71-fantasia

Nunca ponga en duda que el día que nos acose el amor, pasaremos a vivir la eterna fantasía, pues no nos importará dejar de lado el sentido social de una conmoción que revela todo ese conjunto de prodigios, situaciones, sucesos e ideas que formarán parte de nuestra fértil imaginación, y que nunca tendrán correlato verídico con la realidad.

Mismo que pueda resultar parecido, ese sentimiento que se arraigará pérfidamente en un huequito del corazón, poco tiene a ver con esa prenda de vestir de colores variados que lleva muchos adornos o dibujos demasiado imaginativos y poco corrientes que también llamamos de fantasía, al igual que una aderezo de bisutería más requintada, puesto que el despertar de nuestro amor será más que una alhaja que nos regaló la vida.

Por veces, claro está, esa sensitiva pasión causada por el despertar de un impoluto amor, nos incitará a escribir con frenesí loas, elegías, versos, poemas o coplas. Pero, en tal caso, nuestra alucinante fantasía tampoco hará parte de lo que coloquialmente llamamos literatura fantástica, ya que éste es un tema de contenido extraordinariamente confuso debido a la gran divergencia de criterios respecto a su aplicación.

Cuanto a esto último, hasta puede que pulse parecido en nuestra mente embaucada por un delirio apasionado, pues lo que usualmente conocemos por literatura fantástica, es lo que atañe a cualquier relato en que participan fenómenos sobrenaturales y extraordinarios, por lo que poseerían una diferencia rotunda con nuestra musa inspiradora de carne y hueso, ya que esos prodigios habitan en la magia o admiten la intervención de criaturas inexistentes.

Sin embargo, el hecho de ser estas meras imaginaciones o creaciones del consiente o inconsciente de un individuo, eso no significa que no tenga valor, o que el valor nos falte cuando nos apasionamos. Por el contrario, de acuerdo a lo que establecen diferentes ramas de la psicología, la fantasía es el modo en que un individuo expresa sus incontenidos intereses, deseos, objetivos, miedos, y hasta perversiones.

En esencia, la fantasía siempre tendrá que ver con la creación de situaciones a nivel mental o imaginativo que pueden o no llegar a darse en la vida real, o que ciertas veces han de permanecer reprimidas por causa de ciertas pautas morales o sociales.

No obstante a lo mencionado, en el lenguaje pueblerino común, la idea de la fantasía del amor siempre tiene una connotación sexual, como sucede con la idea de fantasías sexuales o eróticas no cumplidas de un individuo, pero, la verdad, es que la noción de fantasía se puede aplicar a diversos tipos de situaciones o realidades imaginadas. La fantasía deja de ser tal, cuando llevada a la práctica, porque es ahí donde pierde su carácter de imaginación o irrealidad.

Por supuesto que, por las noches, cuando la fantasía del enamorado suele jugarse su principal carta, ésta resulta ser la aliada fundamental de la imaginación y el delirio, ya que eso pertenece a la capacidad cognitiva humana que permite abstraerse y representar imágenes en nuestras mentes a partir de datos o experiencias conocidas, y que dividen la reacción de personajes, objetos, entre otros.

Queda evidenciado pues, que la fantasía es una facultad mental típica y exclusivamente humana del apasionado, que le permite elaborar imágenes que jamás existieron, excepto en su mente febril, y reelaborar cuestiones ya sabidas aportándoles condiciones singulares, o su efecto puede consistir en anticipar situaciones que aún no han sucedido. Y, respetando lo aquí disertado, no puedo decir que ella es la mujer de mis sueños, pero seguro es simplemente la más dulce de mis realidades.

Flores Marchitas


61-flores-marchitas

Los cuentos suelen pasar de boca en boca, pero al ser repetidos una y otra vez, estos nunca mantienen intacta su historia. Veremos que tal sale éste.

…Sin fallar siquiera una vez que fuese, todos los meses Rosita iba al cementerio para depositar flores en el túmulo de su fallecido marido. Claro que para ella, esas visitas no eran una obligación, sino más bien una prueba del enorme respeto hacia su memoria y el vivo cariño que siempre tuviera por él, ya que ellos se habían dado tan bien en el relacionamiento conyugal.

“Mi marido, -repetía incesantemente Rosita para todas sus conocidas, junto a una tierna sonrisa-, siempre fue un hombre maravilloso. Él adivinaba mis pensamientos, hacía todos mis gustos y deseos. Y si bien, a causa de su trabajo, seguidamente se veía obligado a viajar permaneciendo por un día o dos lejos de casa, a la vuelta siempre me traía un regalito. Incluso, hubo ocasiones en las cuales yo no sabía por dónde andaba metido, pero él igual me telefoneaba, siempre apurado, pobre; tanto, que ni me daba tiempo a preguntarle en qué lugar se encontraba”.

A causa de esos lindos recuerdos, ella no podía dejar de prestarle su justa homenaje, llevándole siempre un ramo de las flores que a él tanto le gustaban. Cierta vez le habían mandado a casa un gran ramo con sus flores predilectas. Fuera un amigo que le hiciera esa gentileza. Pero en ese momento él no quiso mostrarle el origen de la tarjeta, que era por sí muy elogiosa, ya que eso de cierta forma a él lo violentaba, pues no se hallaba merecedor de tantos elogios y loores.

Sin embargo, una cosa Rosita extrañaba todos los días 15, que era justamente la fecha del mes que comparecía al cementerio. Es que al fallecido le gustaba mucho esa cifra. Decía que ese alguarismo le traía suerte.

El caso es que cada vez que iba, Rosita encontraba en el túmulo un ramo con las mismas flores que ella le llevaba, por lo que se preguntaba cómo podían durar tanto. Un mes entero. ¿Será que mi marido, mismo muerto, tiene un poder extra natural para que las flores no se marchiten?

Cierta vez ella se animó, y le contó dicha ocurrencia al padre de la iglesia que concurría, pero el sacerdote quedara medio estupefacto con el extraño relato y ella nunca más lo mencionó. Decidió que no tocaría más en el asunto, porque tampoco quería que la voz corriese entre los feligreses y luego estos la tomasen por loca.

El caso es que ella iba al camposanto a la tarde, hasta que un día resolvió ir por la mañana. Precisamente, ese día, su cuñada estaba de aniversario y la celebración sería por la noche. Hacía tanto que ya no cuidaba de su apariencia, que antes quería ir a la peluquería, para arreglarse un poco, ya que comparecerían muchos conocidos y ella no quería mostrarse abandonada.

Cual no fue su sorpresa, entonces, que esa mañana, al llegar cerquita del túmulo del fallecido, notó un grupo de personas, inclusive un par de chiquillos. Luego pensó: “de seguro, estarán enterrando a alguien al lado del sepulcro de mi marido”.

Pero, no, no era. Aquella gente toda estaba de pie frente a la sepultura de su marido. A pasos comedidos, Rosita fue acercándose, al punto que oyó a una señora de media edad, indicar a los niños:

-Hínquense de una vez, y recen por vuestro padre, que siempre fue muy bueno con ustedes.

Rosita les dio la espalda, largó las flores en un cesto de basura y se marchó a pasos decididos. ¡Nunca más volvió!

Insomnio


28- insomnia

Montado en la vieja caracola de la vida, me acostumbré a vivir en un mundo nuevo en que decir te quiero es como decir buenos días, en el que un beso significa que cuerpo atractivo tienes y los para siempre duran cuando mucho dos meses, donde las palabras expresadas están llenas de falsedad, donde los abrazos ocultan verdades e insultos se convirtieron en caricias tiernas. Vivo en un mundo en el que ya nada es lo que parece.

Indiferente a todos esos pareceres de ocasión, a mí aún me estremece la imagen de un soleado atardecer, la luz de la luna reflejada en desoladas planicies, estrellas desnudas en la noche oscura, el sorbo de un buen café, el compás de una bella melodía surgiendo dócil de una victrola, el cálido calor de una mirada, el sublime vigor de un beso, el poder compartir un vino durante una charla amena, y la tórrida autoridad de una caricia.

Pero cuando se llega a cierta edad en el tortuoso camino de la vida, es fácil comprender que así, sin más, nada lo es para siempre. Pero, porfiados, todavía nos enamoramos, aunque sabemos que no será para siempre.

Creo que por eso nos arriesgamos, y quizás sea por eso nos entregamos hasta quedarnos vacíos por dentro. Y una vez apasionados, en las noches nos entretenemos con las estrellas, ansiosos por capturar la que empieza a florecer, para, melancólicos, conseguir sostenerla algunos breves instantes entre las manos.

Con una puntada de dolor en el alma, hoy confieso que has sido siempre una imagen, una efigie alada, un excelso dibujo de diosa que yo creé a partir de un conjunto de anhelos, de antojos fragmentados, de deseos incumplidos, de pequeños fracasos…

Aun así, yo querría tenerte en mi cama de la manera más inocente, para saber si roncas, si hablas dormida, para escuchar tu respiración, los latidos de tu corazón, y sentir el calor de tu cuerpo, y entonces, cuando despierte por la mañana, poder decirte otra vez lo mucho que deseaba vivir ese momento.

Rodeas mi insomnio, amada mía. Hoy te extraño y esa añoranza corta como navaja afilada. Es como el viento frio levitando mi alma y yo esperando aquí, como un vino envejecido para beberte de un solo trago.

Algo de nosotros ha de permanecer, no solamente una noche fría… Mismo así, ¿qué más da vivir otra noche de desvelo, si ya no sé qué duele más, el no dormir pensando en ti, o estar despierto y recordarte?

Pequeños Deseos


18 - pequeños deseos

A veces me parecías niña, a veces divino ángel y a su vez demonio, fragancia de flor antes de marchitar, pero siempre, siempre, una gran mujer. A veces te creía fruta o pan de miel, jazmín en flor o rosa desabrochada… Otras veces, en días de lluvia, quizás todo a la vez.

Oh, mujer alada de mis desvelos y letargos, estopín de mil delirios y emociones, miscelánea de milagro y mar, melancolía y maravilla a la vez, espuma de mar que muere letárgica en la arena, alma dura como un junco de bañado que el viento adverso sacude y dobla pero nunca quiebra, pero siempre siempre mía.

Ruego que me enseñes a jugar como tú, que ilusionas, pero no te ilusionas; que enamoras, pero no te enamoras; que rompes corazones pero nadie logra corromper el tuyo. Enséñame el amor, que ya bastante herida está mi alma como para soportar otra caída más…

Mi problema no son los sueños, me gusta soñarte. Mi problema son los amaneceres, el despertar y no tenerte, el abrazar la nada… Ese es ciertamente mi problema, soñar contigo y despertar si ti.

Hoy, por no tenerte a mi lado, tengo los días hechos de pequeños deseos, de vaporosas nostalgias, de perpetuas ilusiones, repletos de silenciosos recuerdos y melancólicos desconsuelos.

Lo único que mi mente turbada alcanza a imaginar ahora, es vivir un tiempo sin tiempo, desvestido de edades, miedos, desconfianzas, conceptos y expectativas.

Un indescifrable tiempo donde apenas solamente ser sea posible; y así, como las Juanas y las Marías, yo no pierda la extraña manía de tener fe en la vida.

Heterosexuales Ven a la Mujer como Objeto


Es recontra sabido que en el “Día Internacional de la Mujer” se conmemora la lucha de la fémina por su participación, -en pie de igualdad con el hombre-, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Como se celebra todos los 8 de marzo, creo oportuno adelantarme a esa fecha y mencionar que cuando muchas historias parecidas se cruzan en la vida de ellas, considero que debo escribir algo que pueda acrecentar el asunto. Lo que sucede, es que diversas mujeres comentan y discuten sobre los motivos que llevan a los hombres a creer que siempre podrán hacer sexo con ellas.

Es aquella vieja historia de una mujer disfrutar de una relación súper legal con un determinado sujeto en su trabajo, o en la academia, la facultad, el curso, la panadería, o donde sea, y de ahí, así que surge una chance, el individuo insinúa querer algo más con ella… Pero, espere un momentito, ella nunca tuvo esa intención, sólo buscó tratarlo bien, pero parece que el tal sujeto no lo entiende así.

Claro que esas chácharas de muchas mujeres hablando de lo mismo y dejándolas más estresadas y cansadas de lo que sería normal, llama la atención de cualquiera, y tal vez fue por ello que apareció un post que considero prodigioso: “Estudio muestra que hombres heterosexuales ven a las mujeres como objetos –literalmente-”, nombre que da título también a este escrito que el curioso lector está leyendo.

En realidad, el estudio en cuestión es de la psicóloga Susan Fiske, de la “Universidad de Princeton”. Parece no ser nada extraordinario, pero resulta que ella logró captar imágenes del cerebro de hombres heterosexuales en cuanto estos miraban imágenes sexuales de mujeres usando biquini.

El resultado de su estudio fue que la parte del cerebro activada en esos hombres, era aquella que normalmente se enciende cuando las personas van a utilizar alguna herramienta, o sea, que ellos veían a las mujeres como objetos inanimados que recibían una acción suya. Más nada.

Los individuos que tuvieron mayor incidencia de ese tipo de comportamiento, fueron aquellos que más conseguían desactivar la parte del cerebro que lleva en consideración las intenciones de otras personas (el córtex medial pre-frontal). Por tanto, ellos respondían frente a esas imágenes como si las mujeres fuesen no-humanas.

Esa explicación viene del libro: “The Equality Illusion: The Truth about Women and Men Today” de Kat Banyard… Para el caso de que cualquiera se interese por leerlo.

Pero buscando no apagar el entusiasmo del aplicado leyente, agrego que lo que en realidad busca demostrar la explicación del mencionado libro, es que los hombres -ni todos ellos, claro- miran para la mujer como si ella estuviese allí para servirlo. Es casi como si cualquier mujer fuese una muñeca inflable a su disposición, llevando luego el asunto para el sexo. Y pienso que eso es extremamente nocivo para la sociedad y las relaciones entre los géneros.

Claro que todo eso es posible de ser mudado. Hay miles y miles de hombres que tratan a las mujeres con respeto, que entienden que ni toda mujer se interesará por él y que no estará disponible para el uso en un sexo casual. Conciben con sabiduría que es obvio y elementar que las mujeres tienen deseos, pero respetan eso de ser ellas mismas quienes rigen sus decisiones.

No tengo dudas de que los hombres pueden entender esa parte, pero una gran mayoría deles no quiere, así como una buena parte de las mujeres tampoco. Entonces cabe a nosotros, hombres y mujeres conscientes, intentar colocar ciertos límites y de alguna manera luchar contra la exploración que ese tipo de pensamiento tan arraigado en la mayoría de las sociedades causa. Incluso, juzgo que es ese mismo tipo de idea equivocada, lo que hace con que estupradores se sientan seguros, así como los agresores.

El hombre necesita comprender que la mujer es humana y se siente ofendida cuando tratada de otra manera. Y como ellas también tienen deseos, voluntades, sueños y aspiraciones, creo que no merecen nada menos que respeto. Por tanto, todo individuo necesita discernir que son ellas quienes toman sus decisiones y solo ellas pueden escoger con quien quieren dividir su tiempo, su cuerpo y sus deseos.

Ya los hombres, profeso que deben repensar la relación que tienen con las mujeres. Si el lector siente que ese tipo de efecto maléfico acontece consigo, puede comenzar luchar contra él, abrir la cabeza, mudar de posicionamiento. Nada es inmutable, como nunca es tarde para empezar.

Por su vez, estudios como los de la psicóloga Fiske sirven para que la gente se dé cuenta de que la sociedad, de la forma que hoy actúa, causa daños permanentes en el cerebro de ellas. Mudar no es simple. Salir del patrón impuesto por la sociedad y los amigos también no lo es. Pero todo eso es valioso, libertador y hace con que uno consiga observar el mundo con un poco más de clareza. Esa mudanza está en las manos de cada uno. Dejar de repetir posturas que no acrecientan nada al mundo sólo depende de cada uno de nosotros… ¡Piénselo mejor, mi amigo!

(*) Si desea seguir la misma línea y enfoque de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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