Mujer Madura


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Uno debe estar muy atento a esas mujeres maduras que andan campantes caminando por las calles con su atrevido miedo, llevando sus años de experiencia a cuestas, lindas, leídas, viajadas, sensibles, prácticas.

Digo, cuidado, porque muchas de ellas vienen de cerrar una puerta con decisión extrema, pero sin pizca de olvido. Son mujeres que amaron, construyeron, parieron, y con eficacia inaudita cumplieron con la vida.

Ya han agasajado con respeto a su hombre, han dado alas a sus crías y ahora desentumecieron las suyas, por lo que se las ver intactas, brillantes, soberbias, majestuosas, listas para el vuelo, que ciertamente no ha de ser el de un horneros y sí el de una gaviota, soberana, curiosa.

Es de suponer que ellas saben de la vida y de su hambre porque con su cuerpo han sabido saciarla. Pero al tornarse expertas en todo nivel de estupidez en sus más variados matices, se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor y soportaron mucha hasta el dolor.

Luego, lo sabrán distinguir, no lo dude nadie. Por eso que una vez que alcanzaron su madurez, se han vuelto versadas en economía; la aplican en el gesto, en el andar y en su exacta sensualidad. En el movimiento rítmico de sus caderas, las que ya se estiraron y contrajeron más de mil veces, se estremecieron y agitaron.

Saben del amor, en todos sus colores, desde el rojo resplandor al mustio gris. Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía. Y prontas a sentir la vida, van con una vieja canción en los labios, profunda intensidad en la mirada y delicada seguridad en su sonrisa.

Sin embargo, por si acaso esta advertencia llega tardía, y alguien descubre que ya no puede dejar de pensar en ella, entonces, lo recomendable es cuidado de ahora en más. No caiga en el mismo error de los inmaduros, no se equivoque, no lo arruine todo, no le mande mensaje de texto. Lo mejor sería invitarle a un café con tiempo.

No recurra al correo electrónico, ya que ellas preferirán sin duda un poema en servilleta. No le haga promesas, no les venda imagen, ya que es mejor exhibir su autenticidad más despojada. No caiga, por querer rellenar el momento, en aturdido vacuo. Deje que ella respire un silencio común.

No se olvide que vienen de quemar las naves y cambiar la comodidad indolente por riesgo vital. Avanzan por un camino incierto, pero elegido.

Seguramente, en su cartera, habrá fotos, un perfume y unas cuantas lágrimas. Pero en su mirada habrá, con toda certeza, una decisión.

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Una Mala Decisión Puede ser Macabra


Una gran diversidad de pensantes sabe que el hecho de uno “equivocarse” cuando vive en alguna esfera cosmopolita de nuestro descalabrado mundo, “está penado”… Por lo menos cuando lo hace socialmente y en el caso aquí en cuestión. De mi parte, atribuyo a que tal vez eso se deba porque nadie quiere admitir que cometió un error o que fracasó… ¿Por acaso el intelecto lector ha visto ya algún twitt donde alguien diga: “sí, este negocio ha sido una ruina”? Yo no, y creo que ni los veré nunca.

Siendo así, todo lleva a creer que lo que más interesa por el momento, es tener historias de éxito que contar y, de alguna manera, querer aparecer como si fuese el Superman que va a salvar el negocio de los demás.

Pues bien, nada contra ello. Pero se me ocurre que a mí me gustaría reivindicar el derecho a uno equivocarse. Más bien, el derecho a cometer un error, definir mal la estrategia o a tomar malas decisiones en un determinado momento crucial. Incluso, opino que se puede aprender mucho más de un error que de algo bien hecho… O, mejor dicho, los errores nos obligan a mejorar, mientras que el éxito nos acaba poniendo en una posición cómoda que, muchas veces, hace que rebajemos nuestro nivel de atención.

Cuando uno se dedica a definir estrategias en algún instante perentorio de nuestra vida, sean estas simples o complejas, parece difícil establecer, a priori, cuál será la correcta… Más bien, uno toma la decisión en función de lo que ha podido recopilar de información y/o del acúmulo de experiencia propia. Así que, como necesariamente se tiene que tomar una decisión, eso siempre, siempre, entraña un riesgo.

Por ende, decir que tal o cual decisión fue un error una vez que pasó el momento, es lo más fácil del mundo. Eso lo hace cualquiera, -principalmente los jerarcas-. Por tanto, el hecho de cometer errores no debería ser nada extraño en el mundo actual, donde todo va tan rápido que hay que tomar decisiones en milésimas de segundo sobre cualquier tema… Después se verá.

Empero, uno también puede quedarse quieto y no hacer nada, dejando que otro decida. Sin embargo, yo estoy entre los que creen que lo peor es quedarse bloqueado, parar, no saber hacia dónde ir sin tomar una decisión, aunque esta resulte equivocada. Mismo que para algunos caminantes signifique mucho pedir para que su capacidad de tomar decisiones no se arrugue ante las dificultades que acechan su camino.

Pues bien, si éste es el caso, puede que los dos individuos contratados para limpiar una residencia que se encontraba vacía en la ciudad americana de Tampa Bay, Estado de Florida, tomaron una rápida decisión y pasaron a cortar en pedazos, para luego tirar a la basura, el cuerpo de un hombre que ellos pensaron ser de un maniquí, de acuerdo con lo que informó el viernes pasado la prensa local.

Los dos limpiadores, identificados como siendo Israel López y Adam Hines, acreditaron haber encontrado un extraño maniquí en el garaje del inmueble que les mandaron limpiar y, por tanto, concretaron que lo mejor era cortar el mismo y lanzar los pedazos en un contenedor de reciclaje del vecindario, lugar donde a posterior los recogedores de basura pudieron ver el tamaño de la equivocación citada y accionaron a las autoridades responsables… Léase aquí: agentes de la ley.

De acuerdo con lo citado por la “Agencia EFE” en base a una declaración de la policía del condado de Hernando -no con fundir con El-blando-, el cuerpo encontrado podría ser el de un hombre de 33 años, que se habría suicidado hacía varias semanas y cuyo estado era “similar al de una momificación”.

Por su vez, los dos limpiadores que tiraron el cuerpo a la basura, alegaron a las autoridades que el cadáver se parecía con un muñeco de “Halloween”, que, según ellos, pensaron que habría sido dejado por los antiguos inquilinos como una especie de jugarreta y tomada de pelo.

Habiendo visto ya la penitente situación practicada con tanto celo por Israel y Adam al pretender acomodar de la mejor manera posible sus raciocinios lógicos en el interior de sus cráneos, y dado mi conocido carácter cósmico-filantrópico, diré que lo que nos resta es ser prácticos y deleitarnos con ciertas cosas acomodados de antemano en suaves cojines para, finalmente, asistir la llegada de Armagedón confortablemente sentados… ¡Infernal!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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