La Soledad


78-un-lugar-interior

Es cierto que todos tenemos nuestras debilidades; por tanto, no creo que alguien conozca a mucha gente perfecta. Las habrá, no digo que no, quizás por eso cuando mueren viran santos; pero en lo que atañe al tema, se me antoja que a mí no me gustaría conocer a ninguna de ellas.

Cualesquiera se ponen a hablar acérrimamente sobre la superación de sus debilidades y la alegría de acercarse a la paz y a esa luz fundamental para vivir. Pero en contrario a sus parladas victorias, yo registro que mi vida es una lucha constante contra las debilidades, intentando superarlas.

Tomemos un caso, la soledad, por ejemplo. Ésta se ha convertido muy rápido en el gran mal de la humanidad, al punto que una cuarta parte de los individuos en este mundo sufre de soledad crónica.

De nada sirve que le diga a nadie que la soledad es muy dolorosa. En realidad, nos hace sentir seres casi totalmente desconsolados, que nos produce sentimientos equivocados, que desalienta el riesgo y socava los recursos emocionales.

En consecuencia, no debería sorprendernos el hecho de que ciertas personas prefieran continuar con relaciones que resultan totalmente insatisfactorias en lugar de arriesgarse a estar solas. Sin embargo, la soledad tiene poco a ver con estar físicamente solos.

En realidad, algunas de las personas más solitarias están constantemente inseridas entre la multitud, o rodeadas de prójimos. Empero, sea cual fuere la situación de ellos o la nuestra, todos en algún momento nos sentiremos solos.

Casi instintivamente, tenemos la precaución de ahorrar algún dinero para el futuro, nos aseguramos contra reveses económicos y nos preparamos para una infinidad de hechos impredecibles, pero hacemos poco y nada, o no pensamos en el momento en que tal vez tendremos que enfrentar las cosas solos, o en que nos encontraremos desconectados de los demás, cuando entonces seremos obligados a luchar contra sentimientos de vacuidad y falta de valor.

Llegado el amargo momento, un sinnúmero encuentran pocas reservas interiores de fortaleza o, quizás, lo que es más importante, no tienen sentido alguno del yo. Pese a que esas mismas personas actúan en tales situaciones según la opinión que ellas tengan de sí mismas, más que por cualquier otro motivo.

La soledad nunca es agradable, pero no se trata tanto de luchar contra nuestra soledad sino de utilizar la fortaleza que surge del conocimiento propio, para entonces colocarla en su perspectiva adecuada. Eso siempre exige de nosotros, que trabajemos activamente a través de un periodo de ajuste o cicatrización, que es a su vez un tiempo para el aprendizaje y el crecimiento, pues eso requiere examinar y volver a evaluar nuestra persona y el mundo que hemos creado artificialmente, para conocernos mejor.

Es una pena que, con frecuencia, esperemos hasta que la soledad nos esté estrangulando para tratar de entender sus complejidades, aunque es cierto que todos necesitamos un mundo separado, lejos de los demás. Un lugar donde a veces podamos retirarnos en silencio para reagruparnos, para volver a tomar contacto con nuestro íntimo. Siempre debe existir un lugar interior del que podamos depender y que sea únicamente nuestro.

Por consiguiente, para conquistar la soledad, debemos asumir el compromiso sagrado de convertirnos en personas completas, y, fundamentalmente, definirnos a nosotros sin incluir siempre a otra persona en la definición.

Anuncios

Existen Peleas de Carácter Testicular


Suena extraño, pero suele ser muy común que, en una relación de pareja, las dos partes tengan debilidades y fortalezas; si bien existen relaciones en las que uno de los miembros asume ser el débil, mientras el otro se manifiesta de forma agresiva y parece el más fuerte.

Por ejemplo, sin ir más lejos, hace pocos días, cuando estaba en la rueda del bar junto con amigos, uno de ellos comentó con entonación sorprendida al ver lo avanzado de la hora: ¡Bien, amigos, ya me tengo que ir!

¿Por qué?, quisimos saber todos al instante, por lo que él simplemente contestó: Mi esposa me pega si no lavo los platos. Evidente que a nosotros nos asombró muchísimo su disculpa, por lo que luego indagué: ¿Y vos te dejas pegar?

Ese amigo me miró enseguida con ojos de lechuza y dijo: Obvio que no. ¡Yo siempre los lavo!

En realidad, de alguna manera eso se explica, ya que la gente que no es feliz por veces rompe mucho las pelotas. Con todo, desde el punto de vista científico, en ciertos casos, es el hombre débil el que teme dejar un lugar infantil donde se creía omnipotente con su madre. Eso ocurre porque él no ha podido aceptar los límites que el crecimiento adulto impone, ni construir una virilidad que le haga dirigir su deseo hacia otra mujer fuera de la familia. Su posición entonces es de una dependencia excesiva hacia su pareja. Por consiguiente, este tipo de hombre suele encontrar a una mujer que le controla e incluso, a veces, es agresiva con él.

Por su vez, este tipo de mujer se pelea mucho con esa clase de varón -con minúscula- porque lo ve “poco hombre”… Literalmente: “le faltan bolas”. Aunque no sabe que ese “poco” de él es lo que a ella le permite sentirse fuerte. Afirman los entendidos que eso es lo que le gusta inconscientemente, aunque también finalmente le canse la situación. El deseo de someterlo está promovido por la fantasía inconsciente de que el hombre es más que ella. Si logra dominarlo, se demostrará a sí misma lo contrario.

Una vez comprendido lo que aseveran los estudiosos del comportamiento ajeno, cuando existe esta combinación de pareja, la mujer necesita sentirse poderosa para evitar reconocer sus debilidades; él, sentir que lo manejan para no asumir su fuerza como adulto. Por tanto, él deja a la mujer, en cierta forma, sola; ella lo rechaza aunque necesite controlarle. Elemental decir que como el resto de parejas similares, Marinela e Ionel, crea el leyente o no, ya han hecho su elección guiados inconscientemente por su historia emocional.

Me refiero a Marinela Benea, una ama de casa de 40 años, que simplemente arrancó los testículos de su marido con las propias manos. Empero, a pesar de practicar esa brutal agresión, ella no se siente ni un poco arrepentida. En una entrevista que fue concedida a la prensa local, ella dijo: “Él tuvo lo que merecía”… Mismo que sus criadillas tuviesen pocos años de uso.

Por su vez, Ionel Popa, el desbolado marido de 39 años, fue encaminado de inmediato para un pronto atendimiento de emergencia después de sufrir el deshonroso ataque femenino. Con todo, se comenta en el pueblo que dicha agresión habría sido motivada después que ese día Ionel se recusara a ayudar a Marinela en las tareas domésticas y se olvidara de darle aunque más no fuese un ramo de flores por el “Día Internacional de la Mujer”.

El caso ocurrió en la pequeña villa de Dragomiresti, en el interior de Rumania. Para lograr prestarle un mejor atendimiento, la víctima fue derivada para un hospital de la ciudad de Vaslui, donde entonces pasó por una operación para reconstrucción de la bolsa escrotal… Que sin duda quedará como un saco plástico usado de supermercado, toda arrugada y surcada, prestes a reventar si un día la vuelve a utilizar.

Como sea, en sus declaraciones a las autoridades, esta belicosa rumana afirmó que no conocía su propia fuerza. A más, declaró que su marido llegaba todas las noches en casa embriagado y se recusaba ir a trabajar al día siguiente, motivando entonces una permanente discusión. Mismo así, la pareja está junta desde hace 15 años y tienen un hijo… Por lo que indica que en ese tiempo no ahorraron ejercicios nocturnos.

Pese al tremendo impacto de la noticia, necesito volver cuanto antes a la llamada “Realidad Vulgar” que nos rodea, mientras, aun atónito, me restan fuerzas para ponerme a meditar acerca de los problemas de la longevidad, un momento deletéreo en que se van los dientes y permanecen las encías desnudas… ¡Doloroso Tema!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Sólo Quiero Saber Algunas Cosas…


No me interesa saber cómo te ganas la vida. Quiero saber lo que anhelas, y si te atreves a soñar con lo que tu corazón aspira.

No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en cuadratura con tu Luna. Quiero saber si has llegado al centro de tu propia tristeza, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por miedo a nuevos dolores…

Quiero saber si puedes vivir con el dolor, con el mío o el tuyo, sin tratar de disimularlo, de atenuarlo ni de remediarlo.

Quiero saber si puedes experimentar con plenitud la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con frenesí y dejar que el éxtasis te penetre hasta la punta de los dedos de los pies y las manos sin que tu prudencia nos llame a ser cuidadosos, a ser realistas, a recordar las limitaciones propias de nuestra condición humana.

No me interesa saber si lo que me cuentas es cierto. Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma…

Quiero saber si puedes ver la belleza, aun cuando no sea agradable, cada día, y si puedes hacer que tu propia vida surja de su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y de pie en la orilla del lago gritarle a la plateada forma de la luna llena: “¡Sí!”.

No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de aflicción y desesperanza, agotado y magullado hasta los huesos, y hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.

No me interesa saber a quién conoces ni cómo llegaste hasta aquí. Quiero saber si te quedarás en el centro del fuego conmigo y no lo rehuirás.

No me interesa saber ni dónde ni cómo ni con quién estudiaste. Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás se derrumba.

Quiero saber si puedes estar solo contigo y si en verdad aprecias tu propia compañía en momentos de vacío…

Oriah Mountain Dreamer

 

Puede que el carismático lector necesite tomarse un tiempo para responder a tantos cuestionamientos, o que el artículo requiera de sí varias relecturas para que logre asimilar su contenido antes de confesar sus debilidades que, por ser humano, ciertamente las tendrá… ¡Reflexione!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: http://www.bubok.es/

A %d blogueros les gusta esto: