Imposible


No tiene sentido decirlo, pero junto a ti me gustaría escribir un diccionario de locuras, un manual de abrazos, una enciclopedia de besos y una colección de recuerdos nuevos. Me gustaría escribir una vida contigo. La tuya, la mía y la que hagamos nuestra.

No tiene sentido que te lo diga, porque es imposible convertirlo en realidad. En verdad, lo imposible no pasa de una burla sarcástica de los dioses, los que quieren que nuestra obsesión nos invada la conciencia y nos robe la sensatez. Quiera o no, todos venimos a este mundo con la contumacia de utopías, y pretendemos poseer siempre lo que no se puede, mismo que la utopía tenga el garbo de sus mitos, el prodigio de las quimeras.

Frente a ese desafío de lo imposible, yo sigo aquí, en la resaca de un cupido que no madura; sentado en el borde extenso de una cama solitaria; soñando con todos los besos mudos que nos debemos, y con tus caricias, que se equivocaron de estación.

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Entre Querer y Amar


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Presumo que usted todavía no esté lista para entender cuál es la efectiva diferencia entre amar, querer y estar enamorada, debido a su completa ingenuidad actual y a esa inocencia que los traspiés de la vida ya se han de encargar de destruir. Así como opino que no le basta con que haya escuchado hablar sobre el tema, ya que muchos suelen confundir los términos querer, amar y estar enamorado como si ello se tratara de lo mismo. En primer lugar, le diré que esas palabras son tres cosas distintas.

Por ejemplo, querer es un sentimiento introspectivo que nos impulsa a dirigir nuestro cariño y aprecio hacia una persona, a un objeto, a un lugar e inclusive a una situación. En cambio, amar va mucho más allá del querer, puesto que es un acto, es ser, es principalmente aceptación pura, libre de juicio, por lo que cuando experimentamos el amor, nos elevamos, y como consecuencia, esa práctica nos conduce a un elevado estado de conciencia, cuando no de demencia.

Por supuesto que cuando a uno se le ocurre externar el aspecto sentimental de los humores temporales de nuestro corazón, nos referimos a dos términos que suelen parecer lo mismo, y sin embargo no nos damos cuenta que existen grandes diferencias entre esas palabras que van más allá de los verbos “amar” y “querer” que regularmente envuelven nuestros sentimientos.

Al escuchar esos dos términos, luego los involucramos en cuestiones sentimentales, lo qué, si bien es correcto, al emplearlos para expresar todo el sentir de los profundos afectos, puede hasta sonar muy hermoso a los oídos de un incauto, no obstante el sentimiento a veces nos lleva a cometer un error, y esto nada más es que confundir el significado de los dos vocablos.

Amar, es un verbo que proviene de la palabra “amor”, que significa la acción de expresar un sentimiento intenso, que por su iniciativa busca encontrarse y unirse con otro ser. Es decir, que tiene una innata atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, cuyo objetivo primordial es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres. Y ese empeño implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades.

Por su vez, querer es también un verbo que significa que un individuo pretende cumplir su deseo. O, dicho en otras palabras, que él busca poseer o apetecer algo o a alguien, para su propia satisfacción personal. Es decir, que hay una inclinación, un interés, teniendo una connotación egoísta y posesiva. En suma, tenemos que el acto de amar es un sentimiento altruista y desinteresado, mientras querer es un deseo que implica buscar una satisfacción.

Ahora, enamorarse o estar enamorado, en cambio, es una obsesión que no tiene nada que ver con amar y muy pocas veces con querer. El hecho de alguien enamorarse implica luego en apego e ilusión, una proyección en alguna situación, persona o cosa, donde alguno pretende hacer coincidir artificialmente características de un modelo que fue idealizado en la mente del que sufre la obsesión o enamoramiento y el objeto real.

Es por eso que erróneamente decimos que el amor es ciego. Y no es así, ya que el amor no es ciego. Ciego nos hace estar enamorados porque ensoñamos un sentimiento en lugar de apreciar. Y me arriesgo a decir que a diferencia del enamoramiento, cuando amamos apreciamos las cosas, las ideas o las personas tal como ellas son, sin idealizarlas.

Lo que es muy diferente al querer, porque se aceptan las ideas, cosas o personas sin querer cambiarlas o dominarlas, o sea, que se aceptan con sus virtudes y debilidades. Y lo que es muy distinto del enamorado, que, dada su obsesión, proyecta su ilusión sobre otro ser, haciéndole coincidir artificialmente con las características de alguien que sólo existe diáfanamente en su mente a través de una previa construcción ilusoria, por lo que muchas veces este individuo suele exacerbar los atributos que considera positivos  y, sin otra, justifica, niega o ignora aquellas características que obvia pero que luego, con el tiempo, considerará “defectos”.

Así que, el enamoramiento tiende a durar poco porque el rigor del día a día va desvaneciendo la espesa niebla de la ilusión que impide ver quien lo padece, y, poco a poco, al pasar su “ceguera”, empieza a percibir aquellos aspectos que siempre estuvieron allí pero que habían sido pasados por alto, aquellos que jamás observó o tomó en cuenta.

En fin, los años ya le ensañaran a usted a descubrir esas sutiles diferencias, pero no se olvide que es preciso amor para hacer pulsar el corazón, se necesita paz para poder sonreír, y una lluvia de amor para hacer florecer una rosa como usted.

Mi Alma en un Corazón de Plástico


Sin ir más lejos, el otro día, conversando con mi vecino, él me dijo: ¿Sabes?, ¡en mi próxima vida quiero ser un despertador! Como no entendí el significado de su deseo, luego le pregunte por qué, y él me respondió muy orondo: ¡Sólo por joder!

Lo cierto es que tengo serias dudas que mi vecino esté preocupado con la rencarnación o la existencia de vida luego después de uno finiquitar. Con todo, el gran misterio de la existencia humana de si hay vida después de la vida, parece que ha dado un paso más hacia la comprensión de lo que muchos de nosotros consideramos un tránsito y no un final definitivo de la vida humana dentro de un sobretodo de madera.

Recientemente llegué a mencionar que se ha llevado a cabo un estudio médico sobre experiencias cercanas a la muerte, y mediante el mismo se ha descubierto que existe -o permanece algún tipo de conciencia- después de la muerte cerebral. Tal aserción sale de los científicos de la “Universidad de Southampton”, en el Reino Unido, que han dedicado cuatro años al estudio de más de dos mil personas que habían sufrido paro cardiaco en quince hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria.

Sin embargo y en paralelo a este hecho, a otro grupo de científicos australianos se les ha dado por afirmar que ya no será necesario mitigar melancolías y ponerse mirar fotografías viejas, videos o cartas de aquellos que nos dejaron y partieron para una mejor -sí, porque peor que aquí no ha de ser-, pues todo indica que esos propósitos son algo ultrapasados.

Estos estudiosos acreditan tanto en las actuales conquistas humanas en el campo de los avanzos robóticos, así como en la evolución de la medicina en lo que dice respecto al conocimiento cerebral, que decidieron comenzar a estudiar una forma de mantener la consciencia de quienes partieron en algo parecido con lo que físicamente ya se forma en cuerpos biónicos… Lo que parece caso de ficción científica, o quizás ellos han mirado muchas películas por el estilo.

En todo caso, de acuerdo con lo informado por la compañía “Humai”, mismo no siendo un “Jesucristo frente a Lázaro”, ahora ellos pretenden “resucitar” los muertos y transformar la permanencia de la consciencia humana en algo infinito.

Por si el irreflexivo leyente no cree en lo que aquí escribo, le aviso que en el web sitio del proyecto está registrado: “Nosotros estamos usando la inteligencia artificial y la nanotecnología para reunir datos sobre el estilo de conversación, modelos comportamentales, procesos de pensamiento e informaciones sobre el funcionamiento del cuerpo de dentro para fuera. Esas informaciones luego serán codificadas en un sensor con múltiples tecnologías, que será acoplado a un cuerpo artificial”.

Como se puede ver, el desafío es significativo, ya que pretenden colocar dentro de un cerebro ya “muerto” códigos que lo tornen artificialmente vivo nuevamente, a partir de un encaje bastante fino que sería realizado en una máquina con base de silicona. Con todo, cuanto a experiencias, pasado, energía vital, personalidad y características del individuo que ya era y no respira, todos estos deberán ser reproducidos nuevamente.

De acuerdo con el CEO de la “Humai”, Josh Bocanegra, en entrevista concedida a la revista “Popular Science”, afirma: “cada paso que damos en los descubrimientos de cómo funcionan los pensamientos, representa que el desenvolvimiento de la tecnología final está cada vez más próximo. No obstante, solamente mediante un test final, que la cirugía y el trasplante nos darán, es cuándo podremos decir que es realmente posible tornar la ficción en realidad”.

¡Pronto! Atendidas tales exigencias, juzgo que han de surgir luego algunas preguntas sobre autores abstemios… ¡Horror! No obstante se justificarán diciendo que la pérfida Albión era un túmulo. Puede ser, porque después del desaparecimiento de Geoffrey Chaucer, Shakespeare, John Keats, William Blake y eventualmente Manley Hopkins, sólo un poeta como Dylan Thomas para salvar un imperio destinado a la igualdad de la limpidez de sí mismo… ¡Reverberante!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

De Conciencia Moribunda


Existe una infinidad de caminantes que acreditan piamente que existen ocasiones en la vida en las que debemos dejarnos llevar por la corriente de lo que sucede, como si nos faltasen las fuerzas para resistir; empero, de pronto uno comprende que el río se ha puesto a nuestro favor y nadie más se ha dado cuenta de eso, sólo nosotros, y quien nos mire creerá que estamos a punto de naufragar, no obstante nuestra navegación nunca fue tan firme.

Básicamente existe un consenso que está arraigado entre los seres humanos sobre el cuestionamiento de la siguiente duda: ¿Qué acontece cuando morimos?… Más allá de dejar de respirar, evidente.

Desconcertados, algunos llegan a preguntar la opinión a sus vecinos, aunque sabemos que otros no lo hacen por no dar a saber de su vida, pues es verdadero que cuando estamos preguntando algo estamos diciendo sobre nosotros mucho más de lo que se podría imaginar. Con todo, lo que nos salva es que las personas preguntadas, en su mayoría, no tienen el oído preparado para comprender lo que se oculta tras las palabras aparentemente inocentes como lo pueden ser las que utilizamos para la pregunta.

Pues fue justamente pensando en todas esas vicisitudes y en la respuesta correcta que tendría que ser dada, que la ciencia pasó a desenvolver varios prototipos de investigaciones dirigidas para esa área específica… Sin necesidad uno tener que preguntar nada al Diablo.

Pues bien, ahora, un equipo de científicos de la “Universidad de Southampton”, al sur del Reino Unido, confirma un develamiento increíble. Estos investigadores dicen ya saber con certeza por cuanto tiempo funciona la consciencia humana después de decretada la muerte clínica.

Para eliminar dudas y escepticismos, -principalmente de todos aquellos que hacen de ellos su laboriosidad-, el estudio en cuestión fue desarrollado, según los investigadores, en larga escala. En total fueron entrevistadas 2 mil personas que ya atravesaron períodos de muerte clínica y retornaron a la vida… Medio tambaleantes, pero al fin volvieron. Y fueron más del 40% de los entrevistados los que dijeron y afirmaron que estaban conscientes durante todo ese difunteado tiempo que les tocara vivir.

Después de finalizadas las exhaustivas investigaciones junto a esas ex cadavéricas personas, los médicos llegaron a la sabia conclusión de que existe un período estimado de tiempo en que las personas permanecen conscientes. Según ellos, ese medio-tiempo tendría una duración entre dos y tres minutos… Lo que bien puede llegar ser una eternidad si lo tienen que pasar al lado de sus suegras.

En fin, sin importarse del talante es éstas, los investigadores afirman que en total, apenas 150 de los 2 mil entrevistados afirmaron que, durante ese período, los muertos vivos tuvieron plena consciencia y recuerdan de las técnicas y tratamientos que fueron realizados para salvar sus vidas en aquel momento. Ya otros 330 afirman que no tuvieron ayuda médica para volver a la vida… Lo que de por sí ya es un milagro mismo que no se llamen Lázaro.

Sabiendo de lo poco común que es tomar conciencia de tantas potencialidades simultaneas, aprovecho esta fabulosa ocasión en que la inteligencia colectiva parece exhibir con los pies lo que podría ser hecho con las vísceras, para humildemente reconocer que no paso de un ventrílocuo hablando conmigo mismo… ¡Pavoroso!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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