Cómo Aprender a Dibujar con Esmero


Anticipo que dé inicio necesité tomarme un antiácido para poder digerir mejor el contenido de tan teologal noticia. Pero creo no haber sido el único, ya que nadie esperaba tan impactante acontecimiento, ni mismo los aplicados alumno del “Centro Goldsmith”, una vieja institución inglesa especializada en la enseñanza de importantes cátedras como humanidades, artes y ciencias sociales; entidad de instrucción que llevó recientemente a la “Universidad de Londres” nada menos que dos actrices de la farándula del porno a la máxima potencialidad para que sirvieran de modelos vivos durante las aulas de dibujo… Que de inmediato se transformaron en animados.

Tampoco quiero que el malpensado leyente piense que tan delicado asunto quedó por ahí, perdido entre miradas bobaliconas y otras gestiones manuales de los alumnos. En realidad, las actrices fueron orientadas a practicar sexo delante de los alumnos de una disciplina que retrata modelos vivos y en movimiento… Lo que es de suponer que resultó súper difícil por causa del sicalíptico subibaja.

De acuerdo con lo mencionado en las páginas del periódico inglés “Daily Star”, entusiasmadísimos por la recepción y acogida -pero sin la “A”- de la idea, otras prostitutas y strippers también deberán ser contratados en breve para la misma función… Que es una manera de poder agradar a todos los géneros y en especial los decaídos profesores.

A pesar del escolástico hecho de las actrices -que actuaron como si el papel del personaje fuese de verdad-, éstas necesitaron mantener relaciones frente a los boquiabiertos alumnos, y se salieron tan bien, que la dirección de la institución -compuesta en su mayoría por longevos carcamanes- espera justamente que los estudiantes -dejen de masturbarse- no vean las actrices de forma sexualizada: la idea es desconstruír el viejo estigma que está por tras de esas mujeres y retratar solamente la desnudez artística.

“La idea de que alguien desnudo implique placer para las personas, es un concepto que debe ser desconstruído. No apenas para profesionales del sexo, sino más bien para todas las personas”, dijo la estudiante Lauren Zoe, alumna del último año del curso de artes… Lo que me hace pensar que de ser así, por motivos obvios yo nunca sería admitido en esa Institución… No sé dibujar.

Evidente que la idea de la universidad ya causa polémica en diferentes núcleos de la sociedad, pues muchos se cuestionan si resultará posible que los alumnos y alumnas logren prestar atención a las aulas y no a otras cosas, y acabar así con los estigmas en torno del cuerpo humano… O darán rienda suelta a sus esqueletos.

Qué quiere que yo le diga, si la vida de los otros es tan clara, tan simple y tan definida que me resulta imposible entender los motivos de estas y otras desgracias y catástrofes que se suceden imprevistamente y en cataratas frenéticas en existencias aparentemente felices… ¡Que lo diga Walt Disney!

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Una Manera Diferente de Matar


Me da la sensación de que el fenómeno se ha vuelto tan frecuente, que llega al punto de algunos empezar a tomar la cuestión como normal, y al frente a alguien que emite una opinión o hace una propuesta, luego le lanzan andanadas de palabras que lo descalifican como posible interlocutor.

Es el uso de la lógica primitiva del “mirá quién habla”… Ello incita a lo que diga un fulano no merezca ninguna consideración, no porque sea falso o incorrecto sino porque simplemente lo ha dicho Fulano. Sin embargo, detrás de esta actitud hay un burdo error conceptual.

Desde hace siglos se sabe que el valor de una afirmación no depende de quién la haga sino de lo que dice. Hace casi exactamente un siglo, el italiano Vilfredo Pareto, uno de los padres de las ciencias sociales contemporáneas, escribía en su Tratado de Sociología General: “Supongamos que mañana se descubriera que Euclides fue un asesino, un ladrón, el peor de los hombres que han existido. ¿Perjudicaría esto en la menor medida el valor de sus demostraciones?”.

Mucho tiempo antes, a Shakespeare le gustaba recordar que la verdad habla con frecuencia por boca de los tontos y de los locos. Si esto es verdad en casos tan extremos, ¿podemos excluir la posibilidad de que la verdad hable por boca de nuestros adversarios o de aquellos con quienes no simpatizamos?

La descalificación en función de quien habla es un acto de poca inteligencia, pero además es un atentado contra la igual dignidad de las personas. Como Fulano pertenece a un grupo con el que no me identifico (los que viven en mansiones, los riquitos, la derecha, pero también la izquierda, los sindicalistas o los bolches), lo declaro incapaz de decir nada que pueda tener algún valor.

En los casos más graves, esta actitud se convierte en discriminación lisa y llana. Esto ocurre cuando la causa de la descalificación es una característica que la persona no puede modificar: ser mujer, ser judío, ser “pituco”, ser universitario, ser hijo de alguien. Y, por cierto, es tan discriminador y clasista descalificar a alguien porque nació en cuna de oro como hacerlo porque nació en el suburbio.

Negarse a descalificar no significa renunciar a la discusión ni a las interpelaciones personales. Por ejemplo, no es lo mismo descalificar que exigir coherencia. Si alguien niega antes de una elección que haya dificultades económicas pero lo admite enseguida después de haber ganado, es legítimo decirle que se está contradiciendo. Pero señalar una contradicción implica tomarse en serio lo que se afirmó, mientras que descalificar implica negarse a considerarlo en función de quién lo dijo.

El que se niega a escuchar a otro por ser quién es, está contribuyendo a matar la cultura de debate público. Si todos hiciéramos lo mismo, no habría discusión posible. Pero, más grave todavía, descalificar a un interlocutor simplemente por ser quien es, implica colocarlo en la posición de quien, como un muerto, no puede decir nada. De algún modo se lo está matando con palabras.

En estos tiempos de deterioro del clima de convivencia, es bueno ejercitar ciertos reflejos básicos. Cuando se escucha a alguien zanjar una posible discusión con frases como “qué querés si lo dice éste”, “qué se puede esperar” o “a esos no les creo nada”, seguramente se está en presencia de alguien que no practica el igual respeto ni cree en el debate público.

Lo más recomendable es que no hay que imitarlo, porque eso solo contribuiría a agravar el deterioro… Pero eso sí, hay que tener bien clara su responsabilidad.

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Usted Mismo Puede Escoger su “Género”


Evidente que no quiero meter el dedo en la llaga, pero en este caso existe todo un blá-blá-blá polémico, además de que en la ONU existen claras definiciones para este juicio: funciones de género, relaciones de género, discriminación de género, igualdad de género, equidad entre géneros, análisis de género, equilibrio de género, incorporación de las cuestiones de género… Sin embargo, a lo largo de los tiempos, todas estas locuciones se han ido aceptando en declaraciones, planes de acción, políticas, programas y proyectos, o en lo que fuese necesario.

Por consiguiente, es muy común, en muchas partes del planeta, constatar un cambio en el vocabulario y una sustitución de palabras por la que “género” suplanta a “sexo”. Por ejemplo, es el caso en el que a un alumno se le preguntaba antes su sexo, y ahora se le pregunta su género. Incluso hasta en las conversaciones cotidianas ya se ha realizado ese cambio.

Obviamente que estas enunciaciones se han aceptado de manera corriente aunque no se haya comprendido completamente su significado. Para algunos, el obstáculo es el término “género”, ya que es un concepto relativamente reciente en las ciencias sociales. Además, “Género” no hace referencia al hombre y la mujer, sino a lo masculino y lo femenino, esto es, a las cualidades y características que la sociedad atribuye a cada sexo como diferenciación del ser humano.

El argumento más utilizado se apoya un que las personas nacemos con un determinado sexo, pero luego aprendemos a ser hombres y mujeres. Por tanto, las percepciones de género están firmemente ancladas, y varían enormemente no solo entre culturas sino dentro de una misma, y evolucionan a lo largo del tiempo. Sin embargo, lo que vemos, es que en todas las culturas, el género determina el poder y los recursos de hombres y mujeres.

Por tanto, como queriendo poner un punto final en toda esta polémica, la más alta Corte de Australia terminó por reconocer, la semana pasada, que una persona puede ser legalmente reconocida por un “género neutro”, además de masculino y femenino.

Es que a través de un fallo unánime, donde se rechazó la apelación que fuera realizada por el estado de “New South Wales” para que fuesen reconocidos apenas los sexos masculino y femenino, quedó decretado que: “La Suprema Corte reconoce que una persona puede no ser ni del sexo masculino, ni del sexo femenino, y permite, así, el registro de sexo de una persona como no especificado”.

El caso fue centrado en una persona llamada Norrie -que no se identifica ni como siendo del sexo masculino ni del sexo femenino-. El punto es que ella entró con un proceso en la justicia australiana para que un “género neutro” fuese introducido en dicho país.

Para que el lector comprenda mejor, todo radica en que Norrie, -que se presenta apenas por el primero nombre-, nasció como hombre y pasó por una cirugía de mudanza de sexo en 1989 para tornarse una mujer. Sin embargo como la cirugía no consiguió solucionar la identidad sexual ambigua de Norrie, eso lo llevó a impulsar su lucha por el reconocimiento de un nuevo género, no tradicional.

Por tanto, la militante por la igualdad sexual viró titular de destaque en las noticias de todo el mundo en febrero de 2010, cuando un registro en el departamento de “Nacimientos, Muertes y Casamientos” del estado de New South Wales aceptó que “sexo no especificado” podría ser usado para Norrie.

El caso luego se convirtió en una contienda, ya que poco después la decisión fue depuesta por el mencionado departamento, alegando que el certificado era inválido y había sido emitido por error. En aquella época, Norrie dijo que la decisión fue como si hubiese sido “socialmente asesinada”.

Dicho asunto generó una serie de procesos judiciales que resultaron en la decisión de la Corte de Apelación de New South Wales en reconocer Norrie como portadora de un “género neutro” en 2013. Y esta misma decisión fue apoyada por la Suprema Corte australiana el martes pasado.

Luego a seguir, la organización internacional “Intersex International Austrália” emitió una nota afirmando: “Agradecemos la decisión. Esperamos que la prensa respete la diferencia entre transgéneros y transexuales e identifiquen el género de Norrie como “no específico”.

En consideración al reciente fallo de la Corte australiana, juzgo que la ONU deberá rever muy pronto las cláusulas de sus comunicados para facilitar la comprensión del término tan importante, ya que actualmente está escrito:

Las funciones de género son aquellas conductas, tareas y responsabilidades que una sociedad considera apropiadas para los hombres, las mujeres, los niños y las niñas.

Las relaciones de género son las formas en que una sociedad define los derechos, las responsabilidades y la identidad de los hombres en relación con los de las mujeres y viceversa.

La discriminación de género hace referencia a cualquier exclusión o restricción basadas en las funciones y las relaciones de género y que impide que una persona disfrute plenamente de los derechos humanos.

La igualdad de género existe cuando las mujeres y los hombres gozan de iguales derechos y oportunidades en la vida civil y política.

La equidad entre géneros significa justicia e imparcialidad en el tratamiento de las mujeres y los hombres en lo que atañe a los derechos, los beneficios, las obligaciones y las oportunidades.

El análisis basado en el género es el estudio de las diferentes funciones de las mujeres y los hombres con el propósito de entender qué hacen, de qué recursos disponen y cuáles son sus necesidades y prioridades.

El equilibrio de género es la capacitación activa y en pie de igualdad de los hombres y las mujeres en todos los ámbitos de la adopción de decisiones, así como en el acceso a los recursos y servicios y el control de los mismos.

La incorporación de las cuestiones de género es la estrategia reconocida a escala mundial para el logro de la igualdad de género.

En todo caso, mi sastre insiste en decir que, para él, géneros hay muchos, y que lo más difícil es saber identificar el tipo de paño que a uno lo viste mejor… ¿Será?

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Ayuda Doméstica del Hombre Genera Hipótesis


Por veces me invade la duda sobre esas extrañas relaciones que existen entre los hombres y los signos, pareciendo en ocasiones emblemas que perdieron todo su sentido inicial lo mismo que un San Francisco de Asís atado por la sangre a la cruz de Cristo, o como una amenaza que vuela en vez de estrella que se alza en el firmamento. Ocasionalmente asombra el que uno no se pierda en esta confusión de sentidos, o quizás perdido está y en esa perdición uno se reconoce todos los días.

Ante tal estado de desconcierto, lo más que puedo hacer es admitir hipótesis, y entre ellas, saber que si hay circunstancias en las que callarse es mentir, mejor sería escuchar el grito necrófilo y sin sentido, paradoja bárbara que puede repugnar a muchos. Claro que entre un infinito número de hipótesis, ésta puede ser una, ya que no está mal el que las cosas tengan sentido unas respecto a las otras.

Pero como conjeturas y suposiciones no llenan barriga de lector alguno, les diré que un reciente estudio noruego, probablemente dará mucho que hablar a las pipiolas, pues éste concluyó que cuanto más equitativa es la repartición de las tareas domésticas entre una pareja, más alto es el riesgo de divorcio… ¿Será?

No sé, pero según lo indica el “Instituto de Investigación en Ciencias Sociales Nova”, el porcentaje de divorcios en los hogares en que se comparten las tareas domésticas equitativamente, es un 50% más alto que en aquellos en los que la mayor parte del trabajo es realizado por la mujer.

Y apuntan aún más, al asentar que: “Cuanto más ayuda un hombre en el hogar, más alto es el riesgo de divorcio”, según lo explicó días atrás a la agencia “AFP”, Thomas Hansen, el escatológico coautor de un importante estudio titulado “La igualdad en el hogar”.

Lo qué en sí despierta curiosidad de los auspiciosos del Apocalipsis, es saber que para estos investigadores, no hay ninguna, o casi ninguna causalidad, y esta correlación es más bien un signo de la “modernidad” de las parejas.

“Las parejas modernas lo son a la vez en términos de distribución de las tareas domésticas y en cuanto a su percepción del matrimonio, menos sagrada”, explicó Hansen, señalando que es una cuestión de “valores”…, no tan sacrosantos como a muchos les gustaría que fuesen.

En todo caso, el laborioso de Hansen añadió: “En esas parejas modernas, las mujeres tienen a menudo un alto nivel de educación y un trabajo bien pagado, lo que las hace menos dependientes económicamente de sus maridos. Por lo tanto, pueden hacer frente con mayor facilidad en caso de divorcio”… ¡Grande conclusión, cara pálida!

En todo caso, el lector necesita comprender que en Noruega, la educación de los niños se reparte generalmente de manera equitativa entre el padre y la madre (siete de cada diez parejas), según lo señaló el mismo Hansen quien fuera entrevistado en un parque mientras se ocupaba de sus hijos.

Sin embargo, en otros pagos mundanos, se estima que en siete de cada diez casos, las mujeres dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas. Información esta que puede generar nuevas hipótesis que, por razones totalmente piadosas y humanitarias, me niego rotundamente a conjeturar ya que el sápido leyente las podrá formular por su propia cuenta y riesgo… ¿No es verdad?

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