Descubrieron el DNA de la Momia


Si el magnánimo lector no sufre de alzhéimer, además de felicitarlo por su sanidad mental, podrá entonces recordar que el film “La momia” se convirtió en una de las películas de finales de los años 90 que marcó a muchos. Sin embargo, cuando todos los cinéfilos -y todos los que hacen profesión de ir al cine para arracimarse a su novia-, creían que los protagonistas habían terminado con el malvado villano de la historia y podrían llevar una vida tranquila, Stephen Sommers volvió a colocarse detrás de las cámaras en 2001 para dirigir la secuela titulada “El regreso de la momia”. Hace 14 años desde su estreno y el tiempo ha pasado para todos, especialmente para el que esto escribe y para el actor que interpreta al hijo de Brendan Fraser y Rachel Weisz en la cinta.

Claro que todo no pasa de ciencia ficción cinematográfica para un estilo de películas de aventuras que fue interpretada, rodada, escrita y dirigida por el estadounidense Stephen Sommers, aunque esta película fue una nueva versión de la de 1932 que llevaba el mismo nombre, pero con Boris Karloff en el papel principal.

Como sea y fuere, lo que hoy se sabe, es que Sommers no fue original al extremo en su guion, ya que existía el cuerpo de un niño “inca” que fuera congelado en 1985 luego de haber sido encontrado semienterrado en la base de la montaña de Pirámide, en la provincia de Mendoza, Argentina.

De acuerdo con los estudiosos en ese tipo de despojos, la momia pertenecía a un niño andino de aproximadamente ocho años que se había muerto hacía más de medio siglo durante un rito religioso llamado “capacocha”… Lo que desvenda que no tiene nada que ver con el guion que cuenta historia del sumo sacerdote Imhotep que mantiene una relación con Anck-su-Namun, la concubina del faraón Seti I, a la que ningún otro hombre podía tocarla, y, como precaución, la habían cubierto con pintura dorada y negra -como la bandera de Peñarol pero con piernas-. En el film, diferente con la realidad andina, cuando el faraón descubre su romance, Imhotep y Anck-su-Namun asesinan al monarca.

Pues bien, lo que hoy tenemos, es que un equipo de investigadores españoles y argentinos analizó el DNA procedente de la biopsia de uno de los pulmones del niño-momia; y lo que ellos encontraron fue simplemente sorprendente, de acuerdo con los detalles presentados en la revista “Scientific Reports”.

En verdad, lo que descubrieron fue un genoma completamente desconocido y nunca antes identificado. Tal hecho significa que el niño-momia debe hacer parte de un linaje de humanos nunca antes vista -ni en la película de Sommers.

La novedad fue apellidada de “C1bi” y hace parte de una organización del material genético es pasado de madre para hijos, con valiosas informaciones del punto de vista poblacional.

El equipo que realizó el descubrimiento es liderado por el profesor y genetista Antonio Salas Ellacuriaga y por el pediatra Federico Martinón Torres, ambos de la “Universidad de Santiago de Compostela”, España. Ellos creen que esta “nueva linaje” apareció hace cerca de 14 mil años, probablemente durante las primeras etapas de expansión del ser humano por el continente americano… Tiempo en que no había cinematógrafos ni películas mudas.

Fuera ese detalle, es el profesor Salas quien explica: “Cruzaron el continente y por alguna razón que aún no sabemos, se extinguieron”… “Se trata por primera vez de un hallazgo oriundo de una momia andina que fue estudiada genéticamente”.

En efecto, la aplicación de nuevas técnicas de DNA en restos humanos antiguos abre una ventana para el conocimiento de las enfermedades y la forma de vida de nuestros ancestrales. El próximo paso ahora, es secuenciar el genoma completo del niño, para que múltiples nuevas informaciones puedan ser analizadas… Independiente de lo que fue escrito por Max Allan Collins para las cintas de la Universal Studios: “El rey Escorpión”, “La momia: la tumba del emperador Dragón”, o la “Venganza de la Momia”… ¡Pura ficción de la dramaturgia!

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Verne – Un Vuelo Hacia la Eternidad


Indudable que su nombre no puede llegar a ser pronunciado sin que uno se sienta como que está removiendo todo aquél difuso mundo de los recuerdos de la infancia y la adolescencia. Incluso, hasta pienso que no resultará difícil encontrar algún lector -no necesariamente vejestorio- que un día no se haya sentido seducido por el poder de sus fábulas, por su febril imaginación, además de la seducción que otorgaban sus viajes inverosímiles.

En realidad, si hay alguien a quien no se puede acusar de falta de imaginación, es a él. Todo lo contrario. Es el autor de incontables fantasías, vinculadas a momentos inolvidables de todos nosotros, sus lectores. Claro que estoy hablando de Julio Verne, quien nació hace 185 años, pero, respetando la ley de la vida, levantó vuelo hacia la eternidad hace 108 años. Sin embargo, sabemos que fue y sigue siendo, uno de los autores más creativos y seductores de los últimos tiempos, por lo que generación tras generación, se suceden sus lectores.

Si bien no llegó a ser el primer autor de literatura de “ciencia ficción”, ya que se considera predecesores de él a Edgar Allan Poe, a Shelley y una larga lista de no menos ilustres escritores que hablaron de tierras extrañas y monstruos terribles, es verdad que Julio Verne fue un pionero del género y nos ha legado muchas cosas, además de sus admirables cacharros.

De su infancia, lo único que sabemos, es que a los once años intentó huir en un barco, pero fue descubierto. En todo caso, se le atribuye una frase, demasiado literaria para ser verdadera: “No viajaré más que en sueños”. De todos modos, realmente fue lo que hizo, porque, curiosamente, Verne no fue un hombre aventurero.

Se mostró tempranamente apasionado por la literatura, y a los 22 años llegó a debutar con una pieza teatral que fue apadrinada por nada menos que Alejandro Dumas. Luego escribió el cuento “Un viaje en globo”, al que tiempo después transformaría en la famosa novela “Cinco semanas en globo”.

Al alcanzar la edad de 29 años, se casó con una señora viuda, ya madre de dos niñas. Desde entonces trabajó como agente de cambios; este oficio le permitió alcanzar holgura económica como para dedicarse a las letras, y fue lo que hizo. Trabajó como un artesano, y fue publicando un libro tras otro, sin prisa y sin pausas.

Empero, sin llegar a mover un pie de su casa, realizó sesenta y cinco viajes imaginarios, plenos de atracciones y de aventuras, en libros que tienen además connotaciones de orden histórico, científico y geográfico.

En su tiempo, cultivó un estilo que prevaleció por encima del pánico ante lo desconocido, pues aquellos lectores se acercaban a una ciencia que atemorizaba. Para ello nos basta recordar, entre sus invenciones, al célebre submarino “Nautilus”, en las páginas de “Veinte mil leguas de viaje submarino”; al cohete que se elevó rumbo a la luna desde Miami y que imaginó cayendo en el mar a cuatro kilómetros del lugar donde lo hizo, tantos años después, la nave Apolo; incluso, recordemos al “Albatros”, un adelanto del futuro helicóptero, entre tantas de sus fantasiosas invenciones.

No satisfecho con inventar solamente artilugios, Julio Verne creó también una galería de personajes que sigue viva en sus lectores, como el Capitán Nemo, los hijos de Grant, Miguel Strogoff (el correo del zar), Phileas Fogg y Robur.

Sin embargo, a pesar de todo ello, no logró ingresar en la Academia Francesa de Letras. Pero tanto da, porque pienso que igualmente ingresó en la posteridad, cuando un día dijo adiós a todos.

Supongo que debería ser clasificado como un hombre sensitivo, pues supo sacar todo de su imaginación, y permitiendo con que cualquier viajero inmóvil lo pasase de maravilla al leer toda su inventiva que lo transportaba por los lugares más inverosímiles, incluso el centro de la Tierra.

Por causa de toda su obra él está tan cerca de nosotros, porque en verdad sus libros aún viven en nuestra nostálgica memoria, y hasta tal vez enriquecidos por ella.

Ciertamente Julio Verne fue, es y será un escritor impar, que escribió sus obras sin nunca dejar de ser un hombre provinciano, retraído, sencillo, escrupuloso, infantil e inmortal… ¿O me equivoco?

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Hay Mucho Dimorfismo Sexual


El maestro de la ciencia ficción Isaac Asimov planteó cómo sería el asunto de la reproducción si los seres vivos nacieran de un trío, en lugar de necesitar una pareja. En su novela de los setenta “Los propios dioses”, una especie procedente de otro universo se reproduce mezclando material de tres sexos, y la cría resultante es siempre más inteligente que sus progenitores. Hay más fantasías literarias sobre el tema “número de sexos”; desde humanos sin sexo a hombres y mujeres con la actividad sexual tan disociada de la reproducción que el ser XX o XY no influye a la hora de sentir atracción por otra persona. Pero, dejando de lado la ficción, ¿hay algún motivo para que haya sólo dos sexos, en vez de tres o más? Lo cierto es que a los investigadores ya les está resultando complicado explicar por qué hay dos. Y es que el sexo, tal y como lo conocemos, es un misterio. En principio, parece un invento demasiado caro como para que la evolución lo permita. Pero no se trata sólo del precio de una cena con velas.

Desde el punto de vista evolutivo, lo que cuenta es tener crías, y el sexo no es, en apariencia, la estrategia más eficaz para lograrlo. Algunos insectos, reptiles, anfibios, peces y plantas, entre otros organismos, son capaces de reproducirse sin sexo, por partenogénesis, dejando en sus descendientes una copia completa de su ADN. Los hijos, en este caso, son clones, idénticos genéticamente a los padres. Ese método tan independiente de procrear no se da en mamíferos, excepto en el laboratorio. Un grupo dirigido por el japonés Tomohiro Kono y el australiano Patrick Tam comunicó en la revista “Nature” que había logrado por partenogénesis una hembra de ratón. A la hora de tener crías, la partenogénesis parece, en principio, el método más eficaz. En concreto, doblemente eficaz que el sexo en pareja. No sólo porque los clones no necesitan encontrar a otros con quienes mezclar sus genes (no hay que buscar pareja), sino porque supone para la especie mantener a una enorme cantidad de individuos, los machos, que, pese a no tener crías, consumen tantos recursos como el resto.

Se cuestiona el macho – En 1970, el genetista británico John Maynard Smith imaginó el siguiente escenario: en una población de individuos aparece una mutación que permite a una hembra reproducirse asexualmente, sin colaboración de ningún macho. Toda su descendencia serán hijas también capaces de replicarse solas, y como no tienen que mantener a los machos, tendrán el doble de descendencia con los mismos recursos. El resultado es que una población de un millón de individuos con sexo podría ser reemplazado por los nuevos clones asexuales en apenas 25 generaciones.

No es una hipótesis descabellada, porque, además, se sabe que algunas especies por ejemplo, ciertas salamandras, producen mutantes capaces de clonarse. Sin embargo, hoy por hoy, el sexo es la estrategia que más seres vivos utilizan. ¿Por qué? ¿Por qué no han sido desplazadas de la naturaleza las especies sexuales, superadas por las asexuales?

Vayamos por partes. El sexo, al fin y al cabo, no es más que “intercambio de material genético”, como define Juan Carranza, catedrático de Biología y Etología de la Universidad de Extremadura, y experto en el estudio del papel del sexo en la evolución. Los especialistas creen que el sexo surgió muy al principio de la historia de la vida en la Tierra, probablemente hace unos 3.000 millones de años, en organismos procariotas (sin un núcleo celular diferenciado, como tenemos nosotros, los eucariotas, que aparecimos hace unos 1.000 millones de años). Por azar debieron surgir organismos capaces de intercambiar genes con otros, y generar descendencia. Es decir, “ya había sexo, aunque no ‘sexos’ masculino y femenino, que llegaron más tarde, cuando se ‘inventaron’ los gametos”, puntualiza Carranza.

Nadie duda de que el intercambio de genes tenga beneficios claros. Los clones son todos genéticamente iguales, mientras que el sexo hace que los hijos sean distintos de los padres; pues bien, gracias a esa variabilidad las especies se adaptan a un entorno en cambio permanente. Los clones sólo cambian por mutaciones espontáneas, que además, según la estadística, la mayor parte de las veces son perjudiciales. Otra ventaja de “bailar en pareja”: los hijos de especies con sexo tienen dos copias de cada gen –una del padre y otra de la madre–; y eso contribuye a “inactivar” las mutaciones perjudiciales: si un progenitor transmite a su descendencia una copia defectuosa de un gen, la copia sana del otro sexo puede compensar. Los clones no disfrutan de ese mecanismo, así que van acumulando “errores” generación tras generación.

Más saludable – Hay otras situaciones en las que el sexo es beneficioso. Cuando se tiene un parásito, por ejemplo, al huésped le interesa reproducirse sexualmente. Los parásitos suelen ser organismos más pequeños, y por tanto, tienen ciclos vitales –reproductivos– mucho más cortos. Como la selección natural actúa por generaciones, el parásito evoluciona más que el huésped; para mantenerse a salvo, el huésped tiene que inventarse una manera de evolucionar más rápidamente, y así logra cambiar el medio en que vive el parásito y “descolocarle”. Es una hipótesis del escritor británico Matt Ridley, llamada La reina roja, en referencia al capítulo de Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll, en que todos corren para mantenerse en la misma posición frente a un fondo en constante movimiento. Así, el sexo ayuda a combatir la enfermedad. “La constante recombinación genética mantiene a los individuos sexuales un paso por delante de sus parásitos”, escribe Ridley, con lo que se fortalece la resistencia a bacterias y virus.

A pesar de que todos los beneficios están demostrados, ninguno de ellos parece compensar el doble coste del sexo, al menos a corto plazo. Según los experimentos, para cuando las ventajas del sexo se hacen patentes, los clones ya han copado todos los recursos y “acorralado”, en apenas unas cuantas generaciones, a las especies sexuales. Como afirma Doncaster: “Puede que los clones estén abocados a la extinción por su incapacidad para adaptarse a los cambios ambientales; pero antes de que eso pase, son muy capaces de arrasar una población sexual”.

La guerra contra los clones – Sin embargo, Doncaster ha descubierto que el coste del sexo podría no llegar a ser el doble. Usando una simulación informática de genética de poblaciones, su grupo ha demostrado que las especies sexuales necesitarían sólo una “pequeña ventaja” para evitar ser eliminadas por los clones. La razón de esta “rebaja” en el coste del sexo es que los clones, como son iguales genéticamente, ocupan el mismo nicho ecológico, y por tanto, compiten por los mismos recursos. “Los clones compiten entre sí, además de luchar contra los individuos sexuales”, explica este investigador británico. Los clones, en cierto modo, se ven amenazados por su propio éxito reproductivo.

El otro “atenuante” del doble coste del sexo tiene que ver con el papel de los machos una vez que las crías han nacido. Lo explica Carranza: “Una hembra sin pareja sacará adelante menos hijos que otra que cuente con un macho que la ayude a conseguir recursos. En las aves monógamas, una hembra sola podrá criar tres pollitos, mientras que si el macho aporta recursos, la pareja podrá criar seis”.

Pero no siempre el macho “colabora en casa”. En las especies en que el macho fecunda a muchas hembras –poligínicas–, la energía del donjuán se va en eso, en buscar muchas parejas, y no en llevar comida a casa. Son especies con machos muy vistosos y, como corresponde a lo caro de la estrategia reproductiva, con pocas crías (las aves del paraíso, los ciervos…). De hecho, los expertos en evolución, incluida la evolución humana, asocian que haya mucho dimorfismo sexual (mucha diferencia entre el tamaño de machos y hembras) con la poliginia, mientras que la monogamia se relaciona con sexos de talla similar. En las especies con mucho dimorfismo, las hembras, al elegir pareja, van seleccionando siempre a los machos con los mejores genes, aunque no cuiden a las crías; en la monogamia, las hembras apuestan más, o también, por machos de menos lustre, pero más colaboradores, con lo que no se seleccionan siempre los supermachos y no se fomenta tanto la diferencia de talla entre los sexos. Los machos de la especie humana encajan más en este segundo modelo. O deberían.

La pregunta que queda por responder, por tanto, es: ¿por qué no se extinguen las especies poligínicas, dado que tienen menos hijos? Para quien se anime a responderla, el misterio del sexo está servido…

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¿Son las Rubias Tontas por Naturaleza?


Frecuentemente nos encontramos diciendo: “La primera impresión es la que vale”, y entonces ponemos esa cara de “intuitivos natos”, que nada más es, que poner aquella cara de tontos que hablan de las cosas inmediatamente después que ellas sucedieron… “Yo sabía”, “Yo vi algo raro”, “Yo, donde pongo el ojo, pongo la bala”.

Todos creemos que somos más expertos que los otros, y que tenemos vista de lince y ojo de buen cubero, sobre todo cuando la desgracia le ocurre al vecino. Ahora, eso si, cuando nos defraudan, la retórica es diferente aunque nos cueste entender.

Eso sería algo así como ciencia ficción, y el no hacerse cargo de las metidas de pata, parece ser la ley no escrita para muchos seres humanos, que prefieren la sanata a la cruda y, a veces, amarga verdad.

Sin embargo, hay preguntas que son bastante difíciles de esclarecer, ya que el cerebro humano es demasiado complejo para entender algunos cuestionamientos. Pero al parecer, lo único que si se sabe, es que las mujeres rubias parecen ser un poco tontas después de leer chistes sobre su estupidez, y así lo demostró un estudio elaborado por el desvariado psicólogo de la Universidad Internacional de Bremen, Jens Förster.

Todo indica que el irracional experimento se llevó a cabo entre 80 estudiantes de la universidad, contando entre ellas a 40 rubias. Entonces, las estudiantes fueron sometidos a un test de inteligencia que medía la velocidad y la exactitud de las respuestas, pero poco antes, algunas de ellas fueron obligadas a leer una colección de chistes, entre los que, por supuesto, también los había sobre las rubias, como:

¿Por qué las rubias abren los envases de yogurt cuando todavía están en el supermercado? Porque en la tapa dice: abrir aquí”.

Según los resultados del test, los chistes sobre rubias surtieron efecto entre las rubias, y si los prejuicios hasta ese momento eran falsos, ellas consiguieron hacerlos realidad, pues la lectura de los chistes sobre rubias provocó inseguridad entre las estudiantes rubias, ya que se sentían aludidas por la picaresca popular.

Como conclusión, se dice que quedó comprobado que las rubias que habían leído los chistes no obtuvieron un rendimiento como el de sus compañeras, sino que tardaron más en solucionar las tareas. Sin embargo, hay que mencionar que las rubias fueron más eficientes en su trabajo, y es que a pesar de trabajar con más lentitud, cometieron menos fallos.

La culminación del estudio nos muestra que, cuando a alguien se le dice que no puede realizar bien una tarea, estos tienden a trabajar con más lentitud, pero con más cuidado, para tratar de cometer pocos errores.

Visto lo visto, si las rubias son tontas o no, todavía no ha quedado demostrado científicamente. Sin embargo, lo que si ha quedado demostrado, es que la sociedad las hace inseguras y, por lo tanto más lentas en reaccionar.

En fin, la realidad no es tan sencilla como parece y muchos creen. Nuestros valores y creencias están sujetos a replanteos y revisiones constantes, y así debe ser para que nuestra evolución sea constante, profunda y completa.

Claro que duele pegarse golpes. Claro que no los queremos ni para nosotros ni para nuestros seres queridos, pero ellos forman parte de la vida, y quien intente eludirlos disfrazándose de Superman, luego descubrirá que la kriptonita abunda en el mercado, y sentirá que su vuelo se hace cada más y más rasante, pudiendo a veces, terminar en un panzazo maestro y con el tren de aterrizaje averiado… ¡Algo inverosímil!

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