La Alegría en Versión Biónica


-¿De qué se ríe, doctor?… ¡Buen día!… Por su fisonomía, enjuicio que la vida le ha de estar resultando de pura despreocupación.

-Para usted también, mi amigo… Y cuanto a su percepción, creo que otra vez erró el tiro. Desde ya le aclaro que no me rio de la vida, que suficientes preocupaciones ésta ya me otorga gratuitamente.

-Sinceramente, ¡no lo comprendo, doctor!… ¿Puedo saber por qué sonríe?

-Es que apenas lo vi a usted ahí, sentado frente al pocillo de café, algo me trajo a baila su parecido con Mohammed Abad.

-Debe ser algún conocido suyo, porque no tengo idea de quién puede ser ese sujeto.

-La verdad, es que yo tampoco; pero como su caso es insólito, no puede abstenerme de compararlo con usted… ¡Disculpe!

-No sé porque yo tendría que aceptar sus disculpas, doctor. Por lo visto, ha de tratarse de algún chisme barato de los que usted siempre trae.

-No sea ingrato, hombre. Sólo buscaba ser urbano.

-Fenómeno, pero eso tampoco explica por qué anda tan alegre.

-No estoy alegre ni feliz, verdad sea dicha. Era tan solo la unión de dos contingencias.

-Ya viene usted con sus charadas… Sepa que hoy no estoy para acertijos… O me cuenta lo que sabe, o tire de una vez esa máscara chusca de su faz.

-Usted es un avinagrado, mi amigo. Por eso se parece mucho a ese individuo…

-¿Qué hombre?… ¿Podría explicarse mejor, por favor?

-Por supuesto, ¿qué mal hace?… Le cuento que cuando aun era un muchacho imberbe, Mohammed Abad sufrió un horrible accidente de automóvil.

-No me atinge su indirecta, doctor. Nunca fui atropellado en mi vida.

-¿Quiere que termine el relato, o va a comenzar con sus impertinencias?

-Dele nomás, suelte la lengua, doctor. Ya estoy curioso para saber de qué se trata.

-Como le decía, ese día Mohammed fue arrastrado por un vehículo por cerca de 185 metros, por lo que tuvo su pene sumariamente arrancado y tuvo que conformarse en vivir así durante casi treinta años.

-¡Ja! Luego imaginé que se trataba de alguna chacota de su parte…

-Está bien, no le cuento más nada.

-Si empezó algo, doctor, tiene obligación de continuar. Prometo que no lo interrumpo.

-Algo que dudo, pero sigamos. Resulta que la vida de este individuo que hoy tiene 43 años, de repente ahora mudó totalmente.

-¿No me diga que acertó a la lotería?

-Fue mejor que eso, hombre. Fíjese que luego de pasar por una cirugía bastante complicada, él acabó por ganar un pene biónico, y tres décadas después pudo conocer lo que era una erección. Por lo que su sueño ahora es perder la virginidad y formar una familia.

-Ya me lo imaginaba. Usted me quiere tomar el pelo, como siempre.

-Está bien, paro por aquí…

-No, no… Ahora siga. No se comporte como un maleducado, doctor.

-Usted me prometió que no iba a interrumpir mi relato.

-Entonces, le renuevo mi promesa. Continué nomas.

-Usted ya me sacó las ganas, hombre; pero si insiste, acreciento que para construir el tal pene biónico, los médicos tuvieron el delicado trabajo de retirar piel de los brazos del paciente y trasplantarla para dos tubos que se inflan cuando él presiona sus testículos.

-Esas cosas sólo pueden ser inventos suyos, doctor. Si fuese así, ese tal de Mohammed quedaría como el gallo que agita sus alas cada vez que cacarea.

-Eso, yo no sé, pero lo cierto es que días después de la cirugía, el hombre probó el aparatito y confirmó su funcionamiento, avisando que “ahora quiere conocer a alguien con quien pueda practicar sexo, ya que intentará llevar la vida normal que nunca consiguió”.

-Lo que no es de dudar, doctor. Al fin de cuentas, el sujeto perdió su juventud sin probar nunca lo que era experimentar el alivio manual.

-Se equivoca rotundamente, mi amigo; pues durante cierta época de su vida, él llegó a ser casado, aunque escondiera el problema de su mujer. En todo caso, como los dos no se relacionaban sexualmente de manera alguna, ella acabó pidiendo el divorcio… Por eso me reía de usted cuando esta historia me vino a la cabeza…

-¿Sabe una cosa, doctor? ¡Váyase al diablo!… O, mejor dicho, me niego a seguir escuchando sus gansadas… ¡Me voy!

-Vaya nomás, y no se olvide de cumplir con sus compromisos en casa, para que no le ocurra como a Mohammed.

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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Protecciones Para Olvidadizos


-Hoy le digo buen día, sólo por educación, doctor… ¡Ha llovido a cántaros! Como puede ver, con el chaparrón que ha caído me empapé todito.

-Porque usted quiere, mi amigo. ¿Para qué existen los paraguas?

-Que quiere que le diga doctor. ¡No sé dónde me lo dejé olvidado!

-Es habitual que cuando pasa la lluvia, gente como usted permita que los paraguas queden en el olvido.

-En verdad, que no, porque en los días nublados él es mi amigo inseparable…

-¿Quién, doctor?

-¡El paraguas! ¿Quién más podría ser?

-¡Ah! Pensé que usted se refería a alguien en especial, doctor.

-Noto que con la lluvia, sus neuronas han entrado en cortocircuito, mi amigo. Hace cada pregunta…

-Bueno, no se irrite, doctor. No entendí a quien se refería.

-Para nada, mi amigo. Ahora, tenga en cuenta que para gente como usted ya existe una solución al alcance de la mano, puesto que ha sido por eso que la tecnología salió en ayuda de los boca abierta, para que esos instrumentos no los pierdan.

-¿Se refiere al paraguas, doctor?

-Por supuesto, ya que el croata Goran Candrlic ha creado “Kisha”.

-Por favor, doctor, me hable en castellano. No me salga con charadas.

-No son charadas, mi amigo. Kisha es un paraguas inteligente que viene equipado con un chip “Bluetooth” para que pueda estar sincronizado con un teléfono celular.

-¡Ah! Debe ser cómo esos bastones para selfies.

-Más o menos, mi amigo. Estos tienen un sistema que emite un alerta en caso que el dueño se lo olvide. Además, lo que sería formidable para usted, envía notificaciones y recomendaciones de uso en función al pronóstico del tiempo.

-Usted se cree que yo soy un gil, ¿no?

-Si usted piensa así, mi amigo, que puedo hacer. A mi edad, yo no voy a ponerme a discordar de sus condiciones intelectuales. Cada uno tiene sus propias percepciones.

-Me importa un bledo lo que usted pueda pensar de mí, doctor. Pero, donde se vio que un paraguas indique el pronóstico del tiempo, si los propios cronistas viven fallando.

-Por si no lo sabe, todos sacan las informaciones sobre el tiempo directo de la central de meteorología y otros institutos similares que hay desparramados por todo el globo terráqueo.

-No se escabulle por otros vericuetos, doctor… Hablábamos de “paraguas”.

-¿Qué quiere que le diga, hombre? Hasta el momento hay tres versiones disponibles, muy similares entre sí, y los precios oscilan entre las 50 y los 100 dólares y su sistema de funcionamiento casi es el mismo.

-¿No me diga? ¿Por acaso sabe cuáles son?

-Evidente, mi amigo. Fíjese que con presentaciones similares, los creadores del “HAZ Umbrella” lograron sumar un sistema de monitoreo y notificaciones sobre el estado del tiempo, porque además del chip Bluetooth tiene una batería interna que le permite poner en funcionamiento al motor incorporado en el mango para la apertura y cierre del paraguas de forma automática.

-Pensé que eran chinos, doctor. Pero usted dijo que eran tres modelos… ¿Y el otro?

-El otro se llama “Davek Umbrella”, que por ahora se encuentra en período de fabricación. Pero que al igual que el “HAZ”, sus creadores presentaron su proyecto en “Indiegogo” y han obtenido más de 50 mil dólares para financiar su invento. Funciona igual que los dos paraguas anteriores y dicen que tiene una autonomía de dos años de uso sin necesidad de recargar la batería. Estiman que costará aproximadamente 99 dólares, y estará disponible a partir de septiembre.

-Carito, ¿no?, doctor.

-Depende lo que se considera caro, mi amigo. Hay ciertas cosas que tienen sus ventajas. Especialmente para distraídos y tarambanas igual que usted.

-Estaba demorando mucho para comenzar con sus ofensas. Si no fuese por sus chimes, ya lo habría mandado pelar cocos… ¡Hágame el favor, doctor!

-¿Qué quiere?

-¿De usted?… ¡Nada! Me voy. Quiero aprovechar que ahora sólo garua…

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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