Perdidos en el Basural de la Vida


Sentado en mi trono de pelagatos, normalmente puedo ver desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las golondrinas que retornan cargadas de experiencias varias y otras efemérides por el estilo. No obstante, siempre existirán cosas que nos han de sorprender. Por ejemplo, el otro día me encontré con mi amigo que, asustado, me tomó del brazo y me dijo: Mira, ayer perdí un billete de U$ 100. Por si acaso lo encuentras, es mío, dice Federal Reserve Note y tiene dibujada la cara de Franklin en la misma…

Pues bien, excepto éste relato exasperante, desde mi banqueta puedo ver también cielos que se aclaran y oscurecen sin interrupciones, y de cerebro atribulado por causa del comentario de mi amigo y otro evento casuístico, se me ocurre preguntar: ¿Lo que uno no haría si tirase por acaso un anillo de 400 mil dólares a la basura?

Ergo, si la respuesta del arrebatado lector fue algo próximo de revolver toda la basura posible e imaginable, entonces sin duda podrá muy bien ser el propio protagonista de esta historia… De por sí medio mugrienta.

El caso es que, Bernie Squitieri, un individuo de 54 años, fue, recientemente, el responsable directo por protagonizar escenas impensables para lograr encontrar un maldito anillo. Es que luego de haberlo colocarlo por engaño en la lata de basura, se vio obligado a revolver diez toneladas de residuos até encontrar el objeto.

Todo comenzara cuando Carla, la comedida mujer de este norteamericano, limpiaba la casa. Previdente, ella retiró el anillo para realizar mejor las tareas y lo dejó en la cocina, encima de un pedazo de papel toalla. El amoroso marido, loco para mostrar sus habilidades hogareñas pero desatento al extremo, en cierto momento amasó esa hoja de papel con el brillante dentro -del que aún no quitara la última mensualidad-, y lo tiró al tacho de la basura.

Al otro día, cuando Carla dio falta de la joya, tuvo una reacción que es de por sí esperada en toda buena ama de casa: tuvo un finiquito con su marido y lo obligó entre coacciones varias a que fuese inmediatamente atrás del anillo… Se supone que entre las tantas amenazas de Carla, estaba aquella de la abstinencia sexual por seis meses.

Como eso no se sabe pero se entiende, aligero que ni un rayo, Bernie decidió entonces llamar al servicio de coleta de basura de Missouri y pidió -literalmente de rodillas-, para ser informado sobre el camión de basura que pasara la noche anterior por la calle de su casa.

Poco después Bernie fue llevado a un basural que poseía nada menos que diez toneladas de residuos. Loco de la vida, el norteamericano no tuvo más remedio que arremangar la camisa y comenzar a revirar todo hasta que logró encontrar el bendito anillo de su mujer. ¿Y no es que él fue rápido? Demoró apenas 25 minutos para encontrar la joya perdida.

Por si el leyente ya se está preguntando por qué motivo alguien usa un anillo de tan alto valor dentro de su casa, independiente de cual sea, la respuesta es simple: de acuerdo con la propia Carla, la joya tiene seguro pero posee mucho más valor sentimental que financiero. Por eso forzó la barra e hizo que su desastrado marido fuese a revolver la basura, mismo sabiendo que la joya estaba protegida si la perdía.

Sin duda en este mundo nuestro, todos vivimos en estado de alerta. En un pasado no demasiado lejano, las alarmas eran de la naturaleza: inundaciones, temblores de tierra, vientos huracanados, lluvias torrenciales, aunque no hay que olvidar que a veces venían acompañadas por desvaríos humanos. Con todo, ahora son éstos los que provocan las peores alarmas… ¡Dramático!

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Cada Uno Carga con su Locura


Suena impropio, pero cuando alguien nota que otra persona está sumamente entretenida en una conversación sola en medio a un soliloquio, una de las primeras cosas que nos viene a la cabeza, es que ese sujeto tiene algún problema mental por causa de alguna patología cualquiera resultante de cables pelados en el cerebro.

Diría más, incluso muchos por de pronto se entregan a pensar que esa persona consumió alguna droga o está bajo los efectos del alcohol, ya que es sabido que si una persona está intoxicada con alcohol o drogas, ella puede alucinar y entonces generar una interesante conversación con otro ser imaginario… Incluso con extraterrestres.

Obviamente que todos los legos tiramos esa idea partiendo del presupuesto de que la práctica de grandes monólogos solitarios son característicos de los esquizofrénicos o disminuidos mentales, que mantiene ese tipo de práctica por escuchar otras voces en su propia cabeza y quieren interrumpir esos acezos actuando de esta manera. Si bien está confirmado que la gente que pasa mucho tiempo sola habla sola.

La radio y la televisión han cambiado muchas cosas, porque esos aparatos llenan de sonido espacios que de otra forma estarían vacíos. Eso lleva, es muy posible, que en algún momento a los radioescuchas y telespectadores les dé casi igual pensar en silencio que pensar en voz alta. Al igual como ocurre con muchos otros hábitos -que no son de monje-, si uno está en soledad, va perdiendo cierta percepción de la mirada del otro.

En todo caso, existen algunas preguntas consecuentes del tipo: ¿Por qué hablamos solos? ¿A quién nos dirigimos cuando lo hacemos? ¿Hablar a solas representa algún tipo de patología o un indicio de locura?

Sin duda estas son incógnitas que a veces nos asaltan por sorpresa y a las que casi nunca encontramos una respuesta. No es por nada que en repetidas ocasiones escuchamos la conocida frase “Habla solo como los locos”. Pues bien, el caso es que estamos equivocados con ese raciocinio, pues aunque muchos suelen hablar a solas, también mucha gente sin patología mental alguna también lo hace. Psicólogos y psiquiatras coinciden en que la mayoría de las personas practica esa costumbre.

El caso, mi discursante lector solitario, es que hay mucha gente suelta en el mundo que habla sola mientras camina por la calle o en su propia casa sin que tenga cualquier trazo de disturbio mental, ya que esta, inclusive, puede ser sin duda una manera bastante saludable de llevar la vida como se pueda.

Por tanto, según lo afirman los psicólogos americanos Daniel Swigley y Gary Lupya, es que en verdad existen personas que tienen ese tipo de “auto conversaciones”, y afirman que por lo general muchas de ellas resultan ser más inteligentes, resueltas y creativas que las demás.

Pues bien, para ellos llegar a tal conclusión, necesitaron estudiar un grupo de 20 personas que tenían por desafío pedir una serie de productos en un supermercado. Al dar inicio al estudio, en la primera fase del test, tales individuos no podían repetir el nombre del artículo que necesitaban encontrar, ni mismo murmurarlo. Ya en una segunda parte del programa, el mismo procedimiento fue realizado, no obstante esta vez ellos podían repetir los nombres de los productos para buscar las compras.

El resultado obtenido fue impresionante, aunque la mayoría se salió mejor en la segunda fase de la experiencia, cuando pudieron encontrar mucho más rápido lo que necesitaban sin olvidarse de nada. Quedó entonces confirmado que además del factor de la memoria, habilidades de organización de los pensamientos y aprendizaje también parece salirse mejor en este caso.

Profundizando lo antes dicho, percibo que es común ver en todo lugar gentes que anda entretenida debatiendo consigo las buenas acciones que intentan practicar, jurando que van a ser rectas, justas y ecuánimes, que de su enmendada boca no volverá a salir una mala palabra, una mentira, una insidia, aunque las mereciera el enemigo. Claro que estoy hablando aquí de personas vulgares, las otras, las de excepción, las que se sitúan fuera de lo común, las que se ajustan a sus propias razones para ser y hacer lo contrario siempre que les apetezca o aproveche, estas llegan a reírse de nosotros y de nuestras buenas intenciones… ¡Estólido asunto!

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El Atrofiado Alpino y su Espada


Una investigación llevada a cabo en Italia, más precisamente por el “Instituto de Investigación y Rehabilitación Neuromotora” de la Fondazione Santa Lucia, en Roma, analizó el cerebro de algunos de los más importantes alpinistas antes y después de ellos realizar sus expediciones. Luego llegaron a la sabia conclusión de que estos podrían estar sufriendo un sutil daño cerebral cada vez que llegan a una cumbre. Los resultados mostraron cambios en el tejido cerebral de esos deportistas, a pesar de que exteriormente no se vieron problemas neurológicos obvios, afirman los científicos en la “Revista Europea de Neurología”.

Con todo, la causa más probable, señalan ellos, sería la falta de oxígeno que se experimenta en altas altitudes. A más, el estudio apoya otro similar llevado a cabo en España y publicado en “The American Journal of Medicine”, que encontró también lesiones cerebrales causadas a altitudes más bajas… Lo que por sí comprobaría que no es necesario subir una montaña para convertirse en un fallado mental.

Fuera esta suposición cabalística, el Dr. Nicolás Fayed, uno de los autores del estudio, comentó a la “BBC Ciencia” lo siguiente: “Este estudio confirma los datos de nuestra investigación sobre la atrofia que encontramos en una parte del cerebro de alpinistas expertos”… “Pero nosotros vimos también que se producían lesiones cerebrales más importantes en los alpinistas aficionados que en los profesionales, como por ejemplo, dilataciones de vasos perforantes muy finos dentro del cerebro y que se cree pueden ser zonas de infarto cerebral”, afirmó don Nicolás.

Basta resaltar que en la cumbre más alta del planeta, el Everest, con más de 8.000 metros de altura, se calcula que la concentración de oxígeno en el aire es sólo una tercera parte de la que se encuentra a nivel del mar… Pero sin el clásico olor a marejada.

Sin embargo, además de esas consecuencias neurológicas demenciales, practicar este deporte puede traer también otras ventajas, como lo ocurrido con el alpinista que encontró por acaso y en buen estado de conservación en las montañas noruegas, una espada Vikinga de cerca de 1.200 años, conforme lo anunciara a la agencia “AFP” el arqueólogo Jostein Aksdal, de la ciudad de Bergen, donde ahora la pieza será expuesta.

La espada de hierro -que en nada se parece con las de plástico que ahora venden en las tiendas-, tiene 80 centímetros, y fue encontrada entre las rocas en una región al sur de Noruega, estimando, probablemente, que ella sea “de los principios de la era Vikinga por vuelta de finales del siglo VIII”, afirma Aksdal.

“En aquella época, toda y cualquier espada era muy valiosa porque eran armas para personas de alto escalón y mucho prestigio”… “La mayoría de los Vikingos del gentío se contentaba con poseer un simple cuchillo o puñal”, explicó el arqueólogo.

Sobre las razones por las cuales la espada estaba en las montañas, Aksdal emitió varias hipótesis: “Tal vez hay un túmulo, o fue dejada por un comerciante o fue escondida allí por otros motivos… “¿Alguien murió en ese lugar? ¿Fue una agresión, robo, asesinato, u otra cosa? Por ahora no sabemos responder. La imaginación es el límite”, dijo este erudito hombre por no saber nada del asunto.

Como sea, el local del hallazgo será escavado ampliamente durante el primer semestre del próximo año, cuando el hielo ya se habrá derretido un poco. El clima seco del lugar, con temperaturas bajo cero durante más de la mitad del año, ha contribuido para la buena conservación del objeto.

Este mismo arqueólogo afirma que por causa del calentamiento global, que provoca una considerable reducción de hielo, el número de descubrimientos de objetos antiguos ha aumentado ampliamente y de nada aparecen en la superficie… Y pienso que si sigue así, dentro de poco rescatarán los restos de la “Santa María”, la nao capitana de Colón, del fondo del Océano Atlántico, en las costas del norte de Haití, donde afirman zozobrara dejando al genovés a pie y necesitando, encabronado, montarse a La Niña… ¿Por qué no?

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Mike, el Primo de “Quique”, el Gavilán


Por supuesto que Mike no era un ave rapaz como su primo, pero igual tenía plumas y no cacareaba, a más de darse ínfulas de ser un gran cazador de gallinas… Bueno, sólo hasta el día que le deceparon la cabeza de un cuchillazo.

En todo caso, ésta tampoco es una “historieta de comics” que haga parte del show de los “Looney Tunes” ni se trate de un personaje de la misma serie animada o de cualquier otra por el estilo. A bien verdad, puede que este cuento resulte conocido de muchos vejestorios como yo; pero si no lo es, no se espante, porque esto aconteció hace 70 años.

En todo caso, por tratarse de algo sumamente curioso, es imprescindible que todo azor leyente logre comprender como esta osada historia pudo suceder un día.

Resulta que Mike, que no era más que un pollo común y corriente, logró vivir durante largos 18 meses sin la cabeza, en el estado de Colorado, Estados Unidos. En efecto, un día Lloyd Olsen estaba matando pollos en su chacra, en 1945, cuando percibió, al fin del día, que uno de los animales aún continuaba vivo y paseando campante para todos lados, mismo sin cabeza.

Ergo, a partir de ahí todo mudó pare él y el descabezado pollo. Por un motivo desconocido, don Olsen no terminó el trabajo que comenzara y colocó el pollo en una caja. Al otro día, lo más sorprendente él, fue constatar que el animal permanecía vivo.

Fue Troy Waters, un bisnieto de Lloyd, quien contó a la “BBC”: “Ese expediente viró parte de la historia excelsa de nuestra familia”.

Como cuenta también que a su bisabuelo se le ocurrió llevar el pollo decapitado y vivo cuando iba vender las demás aves muertas, y pronto pasó a usar la historia para ganar dinero en apuestas. En la ciudad donde su perspicaz ascendiente comercializaba el producto, la historia del “milagroso pollo sin cabeza” luego se desparramó por los alrededores y atravesó el horizonte.

Algún tempo después apareció el productor de un espectáculo circense que se interesó por el animal y su condición, y convidó Lloyd para exhibirlo en su show, en Salt Lake City. Fue justamente ahí que Mike fue llevado a la “Universidad de Utah”, no para cursar cualquier cátedra, y sí para ser sometido a una batería de exámenes, con la intención de descubrir cómo era posible que un bicho sin cabeza sobreviviese.

Como el mundo se compone de curiosos, el misterio ganó espacio periodístico y hasta páginas en la revista “Life”, una de las principales de Norteamérica en aquella época. Tratado como si fuese una estrella de la farándula, Mike también viajó por diversos estados norteamericanos, hasta que finalmente murió al atorarse durante una madrugada.

Sí, claro… Los escépticos de siempre ya querrán preguntar: ¿Cómo el pollo sobrevivió durante tanto tiempo?

Pues bien, no seré yo quien intente hacer entrar en razón a los irreligiosos de siempre, y sí un especialista en asuntos avícolas del “Centro de Estudios sobre Comportamiento y Evolución”. Tom Smulders, el versado hombre en estas cosas de corral y cacareo, es quien cuenta que el hecho del animal permanecer vivo mismo decapitado, sólo aconteció por simple suerte pollera, pues apenas la parte frontal de la cabeza de Mike fue arrancada. De acuerdo con él, gallinas y pollos concentran el 80% de la información de sus cerebros en la mitad trasera de la cabeza… Diferente de todo hombre que se dedica a la política.

En todo caso, a lo dicho habría que sumar, además de Mike haber continuado con la mayor parte del cerebro siendo así capaz de controlar órganos, respiración y movimientos, que él también recibía un tratamiento especial de sus dueños, ya que de un artista del escenario se trataba, cuando ellos lo alimentaban y le daban agua directamente por el esófago, al mismo tiempo de cuidar para que él no se atorase.

Y así, para el asombro de tolos y lánguidos decaídos, sobra la perplejidad de los burgueses domésticos que tanto buscan descubrir el Arte de cacarear en nido ajeno. Pero como se vio, aquí sólo sobró la coherente suavidad de la Nada… ¡Emocionante!

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Vivimos en un País de Locos


Uno no tiene por qué asustarse anticipadamente, pero a los expertos en esas cosas de desbravar la mente humana, se les ha dado por indicar que los costos de los tratamientos de demencia pueden llegar a la estratosférica cifra de 1 trillón de dólares en tres años.

A causa de tal desvarío, pregunto: ¿Debemos, pues, acreditar en los documentos que nos han sido legados, o debemos hacer como el Dr. Jung, y dejar que la imágenes honoríficas se mezclen con la Realidad para ser creadas y recreadas y otra vez recontadas con requintes de sadomasoquismo?

Duda de igual tamaño a la que tuviera Hamlet un día, aunque no tan cadavérica, mismo que todo parezca una inesperada carga para esa posteridad sedienta por instantáneos de la Verdad. Al final de cuentas, aparte de disfrazar los atavismos reverberantes, es como lo previera el ecuánime filósofo Stertínius: “Fuera del estoicismo no hay sabiduría y todos son locos, excepto nosotros”.

Juzgo que lo difícil en este caso sería uno tener que rehacer toda esa belleza diaria en que vivimos, para convertirla en algo escenográficamente límpido, puesto que a los investigadores del área de la salud se les ha antojado decir que actualmente existen cerca de 47 millones de personas sufriendo de demencia en el mundo todo. Lo que, no es nada, no es nada, indicaría que ese número supera la cifra de 35 millones registrada en 2009; advirtiendo que caso no ocurra un avanzo médico en ese campo específico, estos números probablemente se duplicarán a cada 20 años… Cuando habrían locos en cada esquina.

Resulta que en un informe que fue divulgado la semana anterior, los investigadores internacionales de la “Alzheimer’s Disease International”, informaron que cerca del 58 por ciento de todas las personas con demencia viven en países en desenvolvimiento; agregando aun que en 2050, casi la mitad de las personas con ese tipo de enfermedad pertenecerán a Asia. Aseverando que la tendencia de esos números es aumentar, ya que a medida que la población mundial vaya envejeciendo, más casos serán identificados.

No estoy del todo seguro si ellos ya me han incluido en esa estadística, pero de acuerdo con la “Organización Mundial de Salud”, existen 7,7 millones de nuevos casos de demencia a cada año en el mundo… Por lo que si no es hoy, seguramente será mañana.

Como advertí al inicio, ni todo delirante leyente debe preocuparse por anticipación, ya que todo se resuelve con plata, sino, como explicar que estos especialistas estiman que el costo del tratamiento de la demencia podría saltar para 1 trillón de dólares en apenas tres años. En base a ello, estos ilustrados pasaron a incentivar a que los gobiernos adopten una legislación que garanta un tratamiento mejor para los portadores de este tipo de enfermedad, ya que aún no fue encontrada la cura definitiva para la demencia.

Por las dudas, todo exaltado debe estar atento a los síntomas, porque según acrecienta la “Clínica Mayo”, personas con demencia presentan por lo menos una de las siguientes trabas de funcionamiento de su cerebro: problemas con la memoria; raciocinio; lenguaje; problemas para realizar sus actividades diarias (ellas se pierden fácilmente en cuanto están dirigiendo o tienen dificultades para administrar sus cuentas).

No obstante se diga que la pérdida de memoria ciertamente es una característica de la demencia, eso no quiere decir que automáticamente la persona tenga el síndrome… O que no lo acepte, porque de locos todos tenemos un poco.

A más, las personas con demencia no son las únicas afectadas por los efectos de la referida patología, ya que sus cuidadores también sufren con el estrés propio de la situación, y necesitan de mucho apoyo emocional.

Por tanto, le recomiendo que no nos importemos con esa vil realidad de valores dudosos, sobre todo en cualquier instante supremo, cuando se nos ocurre abrir la boca para hablar arrobos, y de pronto vemos surgir algún viviente paranoico que luego piensa en llamar a la policía… ¡Esquizofrénico asunto!

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Fatídicos Casos Cerebrales


Como todavía existen fariseos que dudan de ciertas mini verdades, opino que lo mejor sería cotejar cosas serias. Principalmente si nos atenemos a las declaraciones que han sido formuladas con tamaña proeza prestidigitadora por parte de los políticos que han sido acusados de corrupción y de aceptar soborno.

En todo caso, al asumir el riesgo de tropezar con políticos insomnes a deambular por calles decrépitas, más que alígero debería mudar mi enfoque ante la corazonada de tratar de examinar una pequeña parte de la barbarie urbana que se ha practicado a lo largo de décadas bajo la descarga cloacal administrativa.

Ni sé por qué digo esto, pues es sabido que iría madrugada adentro examinando lo que han estado haciendo con la ciudad, y me demoraría mucho averiguando si los absurdos que los noticieros apuntan son mismo verdaderos.

Así pues, cambiando de tema, lo que en realidad pretendía decir, es que una lesión en la pierna permitiera que un francés cuya identidad no llegó a ser revelada, recibiese la peor noticia de su vida.

Eso le sucedió porque al realizar una visita imprevisible a un hospital, luego de haberse lastimado la pierna, él acabara por descubrir que simplemente había perdido mitad del cerebro… Y ahora tenía un alambre entre oreja y oreja… ¡Espantoso!

Para que no queden dudas merodeando en un universo cada más delirante, me explico: Conforme fue noticiado por el vespertino “Mirror”, el caso aconteció en 2007, pero sólo fue publicado apenas esta semana por el “The Lancet”, una de las revistas de medicina más respetadas del mundo.

Mismo siendo pequeño, comprometido en estudiar el cerebro de este individuo durante tan largo periodo, el médico Lionel Feuillet acabó siendo el responsable por comentar al caso: “Fue algo inesperado. Realizamos los análisis y vimos que el cerebro entero del paciente había reducido, tanto del lado izquierdo cuanto del lado derecho, en todos los sentidos posibles. Afectó regiones que controlan los movimientos, la sensibilidad, lenguaje, visión, audición y hasta funciones emocionales”, llegó a explicar el catedrático.

La sorpresa del develamiento fue acompañada, claro, de mucha investigación. Durante los estudios, los médicos descubrieron algo aun más sorprendente: Víctima de hidrocefalia pos natal, él paciente fuera sometido a un procedimiento de remoción de líquido de la cabeza a los 14 años. Sin embargo, durante tres décadas, un resto de fluido continuó “comiéndole” el cerebro… Como si fuese la bacteria llamada “vibrio vulnificus”, el virus carnívoro “come carne”.

Como sea, fueron necesarios ocho años de estudio, lo que originara la demora en divulgador el caso, para que los médicos formulasen hipótesis sustentables sobre cómo el resignado lograra sobrevivir en esas condiciones. Con todo, hoy ellos acreditan que lo que le sobrara de su cerebro se reorganizara de manera que éste pudiese continuar cumpliendo sus funciones mismo con 50% de su tamaño inicial.

La revelación ha sido muy importante, de acuerdo con el artículo de la “The Lancet”, para poder demostrar que inteligencia y tamaño del cerebro pueden no estar tan conectados como era afirmado hasta entonces. En consecuencia, ahora los especialistas quieren saber si la vitalidad del órgano gris no es tan evidente cuanto se ha discutido hasta el día de hoy. Para lograrlo, el caso continuará siendo estudiado, ahora por más médicos.

Elemental registrar que tales aclaraciones no sirven para uno pagar “media entrada” en cualquier función de cine, pero juzgo que da una inmensa credibilidad a la cuestión… ¡No hay duda!

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Viva Mejor Después de Muerto


Sin duda existe una pléyade dispuesta a vivir a mil mientras el cuerpo aguante y su corazón palpite. Eso, porque imaginan que sus horas de francachela se acabarán tan luego se les arrugue la piel y las encías queden desnudas. Sin embargo otros continuarán el ritmo hasta estirar las patas, aunque la muerte se pueda definir como un evento resultante de la incapacidad orgánica de sostener la “homeostasis”. Por su vez, la vejez siempre les llegará dada la degradación del ácido “desoxirribonucleico” (ADN) incluido en los núcleos celulares, cuando la réplica de las células se hace cada vez más costosa.

Así pues, desde el punto de vista médico, la muerte se debe el cese global de funciones sistémicas en especial de las “funciones bioeléctricas cerebrales”, y por ende de las neuronales… Si es que el sujeto las tiene.

No es de extrañar que hasta el siglo XX la muerte se definiese como el cese de la actividad cardíaca o ausencia de pulso, la ausencia de reflejos y de la respiración visible. Con base a estas estimaciones muchas personas acabaron por ser inhumadas en cuanto vivían en estado de vida latente o afectada por periodos de catalepsia. A posterior, gracias a los avances tecnológicos y al mejor conocimiento de la actividad del cerebro -del que lo tiene, obvio-, la muerte pasó a definirse con un “electroencefalograma” que pueda acusar la ausencia de actividad bioeléctrica en parte del cerebro.

En todo caso ese procedimiento demostró ser insuficiente, ya que eventos posteriores lograron demostrar que ese proceso, en casos muy excepcionales, podía ser reversible, como resulta en el caso de los ahogados y dados por fallecidos en aguas al borde del punto de congelación.

Pues bien, recomiendo que el leyente se olvide de toda la explicación que ha sido dada para justificar tal incidente, ya que para intentar desvendar el misterio sobre el pos muerte y desanudar una de las grandes incógnitas de la historia de la humanidad, un grupo de laboriosos se ha ocupado de estudiar qué acontece después que morimos… O sea, antes que nos coloquen en el cajón y nos entierren de vez.

Por entrometido y curioso, la cuestión llevara al científico Sam Parnia, de la “Universidad de Southampton”, a coordinar un estudio sobre consciencia en el momento exacto después de la muerte… ¿Y no es que el resultado parece ser sorprendente?

Realizada con nada menos que 2000 casos de infarto en 15 hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria, la investigación terminó apuntando que el 9% del 39% de los sobrevivientes tuvieron una “experiencia de casi muerte” (EQM). O sea, ellos mantuvieron la consciencia mismo cuando eran dados como clínicamente muertos. Y, más aun, luego de ellos abrir los ojos contaron relatos de su deletérea experiencia.

“El paciente estuvo consciente por un periodo de tres minutos, siendo que durante ese mismo tiempo él estaba sin pulso. Eso es contradictorio, una vez que, normalmente, el cerebro deja de funcionar entre 20 y 30 segundos después que el corazón para, y no retoma las actividades hasta que vuelva a tener pulsación”, explicara Parnia.

Diferente de lo que pueda parecer, el objetivo de Parnia no es probar ningún evento sobrenatural ni macabro, y sí defender una tesis de que la consciencia humana no es tan dependiente del sistema nervoso… Claro que esto no se aplica a los políticos, ya que, para eso ocurrir, esta clase de individuos debe tener conciencia, lo que no se ha notado últimamente.

Pero, en fin, exceptuado la última acotación, preocupado con la vida ajena, el inconsciente especialista acabara por concluir: “Tenemos pruebas de que la consciencia se mantiene después de que el cerebro para. La realidad, ahora, es de mucho estudio para que podamos dar respuestas más precisas sobre el tema”.

Siendo así como parece, delante de la perplejidad de un público que aún respira y que se dice sagaz, debo calzar entonces mis cómodas zapatillas socráticas que gané un día de Alphio Derzen, el filósofo alemán que por motivos desconocidos daba siempre la impresión de decir adiós, y he de subir al tablado de papel con la misma destreza enfurecida de Nijinski, para tan sólo conmover la platea con mis alarmantes incendios sociales… ¡Fantástico!

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