Te Llamaré Vida


17= te llamo vida

Cuando tú requeriste, con voz severa, que nunca más te llamase Gaby, tu nombre, necesité expresar, decepcionado, que eso sería imposible, pues era para mí una designación cariñosa por la cual te identificaba como planta, flor, piedra, joya o vino, de algo que nace de la tierra para durar eternamente.

No era más que un nombramiento dentro de una palabra encerrada y de cuyo crecimiento de pocas letras amanece y florece la dicha como botón de jazmín en primavera, o de cuyo estío revienta la luz de los cerezos en flor.

Escasas letras que en oídos perceptivos y apasionados habrían de sonar como remansos de un río que corre perene sin detenerse, tortuoso reguero de aguas serenas que en mi corazón ardiente desemboca y nutre.

Violeta coronada de espinas, nombre de enredadera que florecisteis en mi jardín, de cipos canasteros de una pasión incontenida, hiedra de madreselvas y soto de malvones que anunciaban a mil voces la fragancia del mundo, recordad que el delicado ramillete de amores y cariños que te entregué un día, tu abrupta indiferencia lo has convertido ahora en ramo de sombra y flores marchitas junto al frio silencio nocturno.

Tu infame desidia lo ha convertido a exprofeso en un manojo florido sin fragancia que más se iguala a piedra con espuma, a sortilegios de espinas como espadas, a corona de cólera y estrellas sin puntas, a luna sin brillo, a una playa sin mar, a día sin sol.

Lo cierto es que ahora tremió la noche pavorosa sobre mi alma, y la aurora ya no llenará todas las copas con su embriagante vino, ni el sol reinará mis días con su presencia ardiente. Fui herido de muerte sin comprender que había encontrado el amor en tu territorio de besos y volcanes.

Te permito que dudes si son de fuego las estrellas, que el sol se mueva, que la luna sea de plata o que la verdad sea mentira, pero no desconfíes jamás lo cuanto te amo.

 

Sueños Delirantes


10- noche de sueños

Llegó repentinamente a mi sueño despojada de todo pudor en medio de la niebla de la madrugada, para susurrar suplicante a mi oído: ¡Ámame!… ¡Haz de mí tu mujer!

Postrado e indefenso frente a mi hada de la noche, mis dedos torpes se entrelazaron en sus cabellos y mis labios se unieron a sus labios en un largo beso sediento y ambicioso, mientras tanto mi mano palpitante se entregaba mil veces a recorrer lentamente su cuerpo de la cabeza a los pies.

Así, en medio a incalculables cariños, la fui acariciando suavemente con dedos perdidos sobre una piel dócil y perfumada como quien toca de leve los pétalos de una rosa.

Mi boca recorrió entonces su espalda, despacio, lenta, sin prisa, sin prontitud alguna que me impidiese dejar cada milímetro de su piel sin besar. Miles de besos y caricias cubrieron su cuerpo como si se tratase del regio manto de una soberana a cubrir su hechura femenina y grácil.

Mis zafios labios anhelantes llegaron entonces hasta su cintura, su vientre, y en los encaracolados bellos de su pubis mi boca sedienta se perdió en otros labios húmedos y deseosos para arrancarle gemidos y suspiros incontenidos.

Luego mis labios alcanzaron sus tiernos pechos, y en dos pequeños y tiesos botones de rosa encarnada se solazaron pausados hasta lograr aplacar mi sed, sorbiendo de ellos el néctar de la vida que alimenta y nutre.

Iracundamente, nuestros cuerpos se agitaron entre mil piruetas cuando su sexo y mi sexo se convirtieron en un sólo objeto falto y exhausto de pasión y afecto. Perdidos entre infinitos corcoveos desenfrenados, nuestros susurros dieron lugar a perenes gemidos y a esos clamores de euforia que causa un acto de amor.

De repente ella arqueó la espalda y el volcán de la vida explotó dentro de sí, cuando la lava caliente roció sus entrañas hasta tocar su alma, dejándonos desmayados y perdidos entre un abrazo… La enajenación matutina nos encontró de manos entrelazadas, abrazados en un único cuerpo oscilante y vibrante en cuanto nos entregábamos involuntarios al regocijo.

Cuando el crepúsculo mañanero corrió de vez el velo de la noche, al abrir mis ojos noté con pesar que la luz del día disipara de mis brazos la dulce maga de mis sueños…

 

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