Si Tu Vinieses


Si tú pudieses venir hoy, te prepararía un café con sabor a luna llena, y me sentaría frente a ti para contarte sin prisa cuál es la verdadera causa de mis desvelos.

Es que tú y yo es algo así como si estuviésemos juntos de a pedazos, de a rato, a fuerza de parpadeos, de sueños desatinados en los cuales mientras yo me entrego al sueño tu alma se escapa, viene y se refugia junto a la mía, cuando andariegas y unidas trajinan y vagan por los pasillos de nuestros sueños, se enlazan y enamoran mientras pasean descalzas entre naranjos en flor.

Sin embargo, tu puedes advertir que lo mío no es un amor supuesto, un emoción que ha surgido por causa del flechazo de algún cupido distraído, donde tu presencia es lo que menos importa porque eres parte de mi fantasía.

Créeme, lo mío es un amor real, un amor sin piedad y virtud que no busca reciprocidad y no se engaña, porque al conocer tus defectos, aun así te quiere.

Por las noches, al acostarme, apago el ruido de afuera y enciendo la música de mi interior, para entregarme a contar con mis dedos cada uno de tus lunares antes de ponerme a bailar en sueños la noche entera, abrazados los dos bajo un cendal de guirlandas de estrellas, llevándote aferrada junto a mi torpe corazón mientras aguardando que la madrugada muera en la aurora como la luna muere en el sol.

En mis sueños quiero, sólo quiero, que me abraces y en silencio me digas todo. Sin reclamos, sin pasado, sin nada de lo que te lastima o nos lastima. Sin nada ni nadie que interrumpa nuestro idilio.

Y ya ves, nada puedo hacer si tú no vienes. Contra eso, nada puedo hacer, vida mía.

La Boda


108-la-boda

Las historias suelen contarse por centenas, pero en este caso en particular ella será única, como también es único es el proceder del personaje.

…Cierta tarde Roberto estaba sentado en el café, cabeza apoyada sobre una de las manos, pensando seriamente en la manera de solucionar sus problemas. En eso, Francisco entra y, sin decir nada, se sienta frente a él.

-¡Qué suerte que apareciste!… ¡Estaba necesitando de una segunda opinión!

-Qué… ¿Tienes algún problema de salud?

-No, pero déjame que primero te cuente qué es lo que está ocurriendo conmigo, y luego verás que me encuentro en un callejón sin salida.

-¿Tan grave así es tu situación?

-Depende del ángulo lo mires, Francisco. Pero el caso, es que tengo dos novias: Olga, que tiene una par de piernas espléndidas, y Eva, con ese busto insinuante y adorable… Pero hasta aquí no hay misterio, pues doy cuenta de las dos sin problema alguno… Sin embargo, verás que surgió una traba enorme, puesto que para complicarme la vida, las dos resolvieron que quieren casarse este año, y yo ya no sé qué hacer, con cuál de las dos debo hacerlo.

-Si tú no me estás tomando el pelo, sin duda el caso es más que complicado. Creo que sólo te lo puede resolver un psicólogo. ¿Ya has consultado con alguien?

-No, pero tengo una conocida… Creo que tienes razón. Mejor lo consulto con la psicóloga, para que ella me ayude a resolver este dilema.

Pasadas algunas semanas, los dos amigos se encuentran nuevamente, momento en que Francisco le pregunta:

-¿Y ahí, resolviste tu problema? ¿Con cuál de las dos te casarás?

-Sí, lo resolví. Me voy a casar con las dos el 29 del mes que viene. Con Olga en la capilla que está cerca de su casa, a las tres de la tarde, y con Eva a la siete, en la Iglesia de San Pancracio.

-¿Estás loco? ¿Dónde se vio, a alguien casarse con dos? Te vas a convertir en bígamo… ¡Iras a la cárcel!

-Esa es la única solución que encontré para resolver este problema crucial, mi amigo. Mi psicóloga piensa que es una óptima idea. Dijo que conviviendo con las dos, al fin voy a resolver a quien amo más y con quien me adaptaré mejor al matrimonio.

¡Enloqueciste de vez! -Gritó Francisco, que se levantó y se marchó del lugar, abalanzando la cabeza, inconformado con tanta idiotez.

El día que estaba marcado para la realización de las dos ceremonias de casamiento, Roberto se vistió como manda el figurín. Se había comprado traje oscuro, como indica la moda, y una corbata plateada.

Cuando estaba cerca de la hora del primer compromiso, él mudó de idea y resolvió que primero debía despedirse de su psicóloga para agradecerle su apoyo.

No fue exactamente una consulta clínica, pero en medio de la conversación, ambos se subieron al coche de Roberto y se fueron a pasar la Luna de Miel en un balneario. A la psicóloga le gustaba la playa: la encontraba más excitante que las montañas.

A %d blogueros les gusta esto: