Desvelo


88-desvelo

Tuve el presagio de que ésta no sería otra noche más de mis calladas luchas. Por la ventana, noté que el cielo había anclado su huraña sombra negra entre dos serranías y la lluvia en la errante oscuridad caía formando cortinas de agua, impulsada por un viento intenso que hacía teclear las celosías de la ventana mientras mi corazón daba vueltas como molino loco.

Dentro de la habitación no había vestigios del viento de mi angustia que suele arrastrar mis sueños que se tumban. Ahí estaba ella, apegada a mis brazos como una enredadera en cuanto en mí ardía una hoguera de estupor como lo hace el mar a la orilla de un faro.

En eso andaba yo, cuando luego de haberla besado de manera apremiante y prolongada, de haber acariciado lo más suavemente posible sus cabellos lacios y depositar varios besos breves en su cuello de gacela y en su hombro reprimido cubierto de piel rizada, de mirar más de mil veces ese par de ojos profundos donde ciertamente cada día la noche alea, de repente se me ocurrió buscar imperfecciones en su cuerpo, cualquier falla invisible, más específicamente esos pequeños pero significativos defectos anatómicos.

Entre sus brazos de flor y regazo de rosa los encontré, y tuve certeza que desde ese día en más me sería posible conquistar el mundo desde cualquier punto de su espalda, tan sólo usando como trinchera sus lunares y perderme ahí, entre sus sueños, sus miedos y pudores. Sin embargo, hubo específicamente un diminuto lunar que me desveló. Estaba ahí, donde más se desea.

Ahora todo en mí lo ocupa ella, arco de esperanza, pues es en ella que mientras las aguas de los ríos cantan, que mi alma en ella huye como lo desea y hacia donde ella quiera.

Te escojo a ti, vida mía, porque me di cuenta que tu encontraste al fin mi punto débil. Has sido la única que descubrió la forma de calmar esta alma indomable que poseo. Te elijo, alma de mi alma, porque descubrí que vales la pena, vales los riesgos, vales la vida.

Abjuración


22- abjuracion

Aun no soñaba en conocerte, vida mía, pero ya me dedicaba a plantar flores y madrigales en el camino. Tuve como propósito que ni un sólo día de mi vida me faltasen las mariposas.

Pero luego que te conocí desenredando festivamente ese viento primaveral que se levanta en el ocaso, me distes un beso, y nuestros besos se transformaron pronto en danza y la sonrisa se hizo niña en tu rostro.

Tiempo después, sumergidos en un lento juego de luces noctívagas, mientras miles de nuestros besos varaban en un ansia anidada, nuestras manos construyeron diligentes una alianza de amor perpetuo. Entonces el suave toque de mis manos de pergamino convirtió mágicamente tu cuerpo en rosas y en mi estómago nacieron nuevas mariposas.

De inicio no lo advertí, pero traía tu amor, tal cual una estrella fugaz del firmamento, una larguísima hilera de emociones y dolores, un largo rayo mancillado de espinas; y, sin querer, ciegos de amor y pasión, decidimos cerrar nuestros ojos al mundo para que ninguna herida nos separase jamás.

En ti los ríos cantaban, pero de rebato, nada más que de repente, tú partiste y los minutos de mí vida se volvieron horas. Desde ese día mi cama pareció vacía, y la falta de tu toque se convirtió en pura agonía cuando la adversa campana solitaria del crepúsculo cayó de vez sobre tus ojos.

Desde ese día la tierra ya no canta. No es culpa de tus ojos este luto mío, no buscaron tus pies este camino y tus manos no clavaron esta espada, pero la simple evocación de tu piel perfumada hoy me causa un agito de escalofrío y mis lágrimas se tornan puras antes de ahogarse en el hondo torrente de un río.

El delicioso gusto azucarado de tu boca lo busco ahora en toda fruta madura, y encuentro la mirada de tus ojos en toda nube oscura. Fruto prohibido de mis quimeras, mujer de ensueños y alucinaciones noctívagas, rumor de olas quebrándose en la playa, en tus brazos me he rendido un día después de haber sido ladrón de corazones.

Farsante impío y despiadado que ha pasado toda la vida esquivando balas, siento que de repente me ha matado tu abrazo, tus besos, una despedida, y un hasta nunca más.

Quien no ve Cara no ve el Resto


Es evidente que la buena iniciativa de Masih Alinejad en “Facebook” ha sido todo un éxito que, innegablemente, ha logrado levantar ampollas de antipatía e inquina entre los sectores más radicales del Irán de los Ayatolás rubicundos; por lo que en las últimas semanas estos han pasado a convocar varias manifestaciones en Teherán para exigir al Gobierno y la Policía que hagan respetar la ley islámica y el uso de lo que consideran un “hiyab correcto”, o sea, uno que les cubra completamente cuerpo, brazos, piernas, cabello y cuello, en vez de permitir ese modelo más relajado y revelador que muchas jóvenes iraníes pretender poner en práctica con la llegada del calor.

La cuestión, es que tras el éxito obtenido con la página “Las sigilosa libertad de las mujeres iraníes”, que en menos de un mes ha recibido cerca de 400.000 “me gusta”, su creadora, una reportera exiliada en Londres, ha recibido cientos de e-mails con insultos y amenazas, algunos de ellos de muerte.

En realidad, Masih Alinejad, es el nombre de la periodista iraní que se le ocurrió crear la página de Facebook en la que cientos de otras mujeres iraníes han publicado ya sus fotos con el “pelo al aire en espacios públicos” -ojo, no confundir con pelos púdicos al aire libre-, por lo que con ello estas fotogénicas han violado la exigencia de usar el velo islámico. No en tanto, fue Masih quien ha sido amenazada de muerte.

En la conversación telefónica mantenida con la agencia EFE, Masih explica: Todos los días recibo e-mails con amenazas, tanto en mi buzón personal como en el de la página, además de mil calumnias y difamaciones en los medios radicales iraníes, como lo son la agencia “Fars”, “Raja News” o “Jeibar Online”.

“Vamos a cortarte la cabeza delante de tu casa”… “Tendrías que ser violada delante de tu hijo” o “Vas a morir pronto”, son algunas de las lindezas escritas con verborragia que ella recibe de usuarios anónimos… Aunque también existan otras amenazas que son menos terrenales, como la que menciona “Alá te va a matar”.

Según ella, en los medios y páginas web extremistas han llegado a publicar noticias absolutamente falsas, como el que menciona que ha sido violada por tres hombres en Londres… “Cualquiera puede no estar de acuerdo con mis ideas y discutirlas, pero… ¿insultar?… ¿Decir que me han violado?… ¿Publicar que tengo relaciones sexuales con varios hombres fuera del matrimonio?… Esto es una forma de querer lavar el cerebro a la gente”, afirma una Masih irritada… Pero eso sí, sin llegar a desmentir las acusaciones.

“Trato de ignorar todo lo que me dicen, pero, honestamente, a veces no puedo… Publican cosas sucias… En ocasiones me asusto, pero otras no me lo tomo en serio y pienso que no pueden hacer nada”, añade un poco más conformada.

En verdad, le acusan de buscar arruinar la imagen de las mujeres iraníes y de ser antirrevolucionaria -en referencia a la Revolución Islámica- y de ser antiislámica. Sin embargo, ella argumenta que como periodista, tiene la obligación es reflejar la realidad de su país -al que tiene prohibido volver- pues según ella: “no es solo Irán que cree en el hiyab, el velo islámico”.

“Hay millones de mujeres en Irán que no quieren llevar hiyab. Y como ellos no pueden detener ese deseo, entonces intentan pararlo en “Facebook” y en “Instagram”. Y como tampoco así pueden, tratan de atacar a las personas como yo, buscando dañar su imagen”, concluye la reportera.

En todo caso, ella recuerda que su página “respeta a las mujeres que deciden llevar hiyab, y que no pretende obligarlas a que no lo lleven, empero vemos que ellos sí, ya que nos obligan a llevarlo a nosotras” -añade.

No sé, puede parecer un exagero de mi parte querer amonestar al leyente con detalles de aparente insolencia, pero juzgo que algunos iraníes, de mente tan antigua como la penicilina sintética, no se importan mucho con ese movimiento de Masih en la nube, puesto que cuando estos empiezan a recordar cosas ocurridas en periodos del remoto pasado de sus vidas, al momento miran los álbumes de fotografías y en ellas no logran reconocer a nadie… Pura estupidez onomatoprestidigitadora.

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

¿Cuál es el Mejor Soutién?


Esto es algo así como la fábula del lobo, que ése, aceptando el riesgo de equivocarse, inmolaba a los corderos tiernos a cuenta de los carneros endurecidos en que estos acabarían por convirtiéndose un día, o de los otros que les habían dado al ser.

No podemos discordar mucho de tal parábola, porque antes, todo era mucho más sencillo, y cualquiera podría llegar a ser un dios; pero ahora ya no, ahora nos pasamos la vida interrogándonos sobre si las aguas ya vienen turbias de la fuente o si fueron enlodadas por otras travesías.

Son crueles dudas que avivan en el espíritu una pequeña llama de curiosidad, o como si a nuestro alrededor se reuniesen millares de personas para oír discursos, frases y palabras que aplaudirán, dejando la convicción en unos y otros, los que hablan y los que escuchan, que por ser mujeres de naturaleza tan poco indagadora, serán indulgentes con las expresiones de los rostros y de los gestos.

Pero en fin, no sabiendo a ciencia cierta porque he escrito tal cosa, y volviendo a lo que expresa el exordio inicial comúnmente llamado de “título”, les diré que algunos apuntan con convicción, que lo primero que debe hacerse, es conocer el talle que le corresponde a cada una. Y aunque eso parezca simple, existen estudios que aseguran que cerca del 80% de las mujeres desconocen cuál es el que le corresponde.

Por lo tanto, para revertir tal negligencia, se debe tomar en cuenta que la talla se mide con un sostén puesto -en el pecho-, y una cinta de medir. Y estos mismos escatológicos avisan que, en Latinoamérica, a diferencia de Europa, el contorno se refleja en pulgadas. E inclusive, es bueno recordar que la cinta métrica no debe apretar los pechos, sino que debe quedar justa, mientras se mide con los brazos relajados… Pero si no sabe como hacerlo, por favor, avíseme que yo le ayudo.

Luego, la cinta se pasa justo por debajo del sostén, más o menos a la altura de las axilas. Y la diferencia entre esta última medición y la anterior, es la letra de la talla que corresponde; A (13 cm), B (15 cm), C (17 cm), D (19 cm) y DD (21).

Pero para quienes no lo saben, también es fundamental que las barbas de los sostenes no queden jamás apretando el busto al extender los brazos hacia arriba como cuando están dando gracias al Cielo por algo, ni tampoco que esté muy ajustado en el tórax, ya que podría traer malestares como neuralgias intercostales, según declaran estos “bustiales” especialistas.

“Un sostén que aprieta mucho, puede hacer presión en el nervio intercostal -ubicado entre las costillas-, produciendo una inflamación y un dolor que, a veces, es bastante invalidante”, es lo que afirman los expertos, agregando que ésta sería la mayor molestia que podría tener un sujetador muy apretado, descartando otros males que a veces se cree puede provocar, como quistes… Es algo así como si los hombres usasen calzoncillos apretados… Muy, pero muy incómodo, porque le aprieta el otro nervio.

Por otro lado, otra especialista en moda, aconseja fijarse bien si se está vistiendo un talle correcto del sostén, ya que muchas veces, cuando la copa A, B, C o D, es más grande de lo que debería, se tiende a ocupar los últimos broches del sostén, subiéndolo considerablemente en la espalda, algo que, por lo demás, hace que se asome cuando se lleva una polera de pabilos, por ejemplo.

Lo ideal, -recomiendan-, es que la prenda quede al mismo nivel por delante y por detrás y que quede perfecta en el primer broche. Así, a medida que se va usando más la prenda y va cediendo con el paso de los meses, se puede ir ajustando para que quede más firme… Eso es por causa de la vieja ley de física, tanto para el busto como para el sostén.

Asimismo, no es poco común que se acorten los tirantes cuando se siente que el sostén no está sujetando como corresponde. Eso sólo indica que la talla es incorrecta o, si ya ha pasado un tiempo, que es hora de comprar unos nuevos. En ambos casos, se deben preferir aquellos que tengan los breteles acolchados o, ojalá anchos -sobre todo si se tiene mucho busto- para evitar que se entierren en los hombros.

Claro que dependiendo del tipo de pechos que madame tenga, los dueños de las tiendas le dirán que hoy existen distintas opciones, con o sin push up, con éste abajo para subir o a los costados para unir, y con distintas formas, según el escote que se vista.

Lo principal, agregan los expertos, es que el busto siempre quede dentro de la copa, -obvio-, que los lados del sostén sean amplios y, si se es de talla grande, que el centro que une las mamas sea grueso…

Sin embargo, los otros expertos, aquellos que son sabios en el arte de lo amatorio-erótico-sexual, dirán que no usar ninguno, es lo más recomendable en estos casos… Entonces, porqué hemos de dudar sobre lo que estos dicen, si al final ellos son versados peritos en este asunto… ¿Usted no está de acuerdo?

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