Cómo no Quererte


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Me entretuve a observar desde mi ventana la fiesta del sol en el poniente, y si bien me confundían sus manchadas tajadas de un cielo multicolor, percibí lo cuanto te amo y te recuerdo, y como calla el tiempo en la soledad, imitando el aire que se detiene en vigilia de una gran tormenta.

A estas horas el sol ha partido ya hacia otras alboradas, pero siento que a nuestros pies el mundo se detiene y nos espera. Te quiero tanto, vida mía. Tú lo sientes ¿verdad?

Te quiero como para conducirte de manos dadas a mis lugares favoritos, y contigo a mi lado poder buscarte en la niebla de miradas que no son las tuyas pero que aun así me incitan a buscarte porque te quiero.

Lo cierto es que te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma, como pedazo de sol entre mis manos, buscando en ti la ilusión de cada día en un horizonte que tiene tu ausencia.

Quizá te quiero como para leerte cada noche, como si fueses mi libro favorito, como para leerte frase por frase, línea por línea, letra por letra, espacio por espacio mientras me oyes desde lejos y mi voz no te toca.

Dime cuál es exactamente el rincón del universo donde no has dejado aun tu sutil presencia. Dime por favor cual es la noche que no vendrás para velar mis sueños. Ya no puedo vivir porque te extraño, pero tampoco puedo morir porque te quiero.

Me has pedido tantas cosas en tus plegarias, que yo te sigo amando a manos rotas, procurando hacerme el bueno, para ver si al fin así te puedo tener a mi lado. ¡Cómo no quererte, vida mía, si te extraño tanto!

Olvido


67-olvido

Durante mi tosco andar por el solapado camino de la vida, fui aprendiendo que llegar alto no es crecer, que mirar no es siempre ver lo que se busca, ni que el hecho de escuchar es oír la melodía que toca en el corazón, así como el hecho de lamentarse no es sentir, ni tampoco acostumbrarse es querer.

Del mismo modo, deambulando con ineptitud en esa misma senda, aprendí que estar solo no es soledad, que cobardía no es paz, ni el hecho de sonreír es estar feliz, y que peor que mentir es silenciar la verdad.

Sin embargo, mi alborozado gorrión de sueños difusos, niña que has venido de tan lejos, remolino con mezcla de furia y pasión, mismo que nuestro mañana continúe a ser un amanecer imposible, tú a mí me seguirás gustando como el primer día en que te vi.

Sé que debo seguir adelante por ese mismo camino que me aleja de todo, pero me encantaría que alguien me dijese antes dónde encuentro el olvido. Alguien que pueda atajar mi angustia y me cure este cruel dolor que me devora las entrañas. Que se lleve de una vez toda esta desesperación que siento por saber de ti.

Sutil visitadora que llegaste a mí en el retoño de la flor y en el agua de la lluvia mansa, me gustaría que el tiempo girase hacia atrás para que vuelvan a llover nuevamente los “te quiero” que nos mojen la boca con besos de miel.

Mi estrella del sur, esplendor de mi alborada, desearía que el invierno robase ya el frío de tu ausencia. Que no existan más noches sin besos y ni besos sin diez minutos.

Tantas veces hemos visto arder el lucero besándonos en la aurora, que me encantaría si nuevamente mis palabras pudiesen conquistar hasta el aire de los silencios. Que la soledad huyese hacia donde habitan los miedos. Que tú volvieses conmigo como si nunca te hubieras ido.

Y si no fuera así, si otro está escribiendo hoy tu nombre con letras de humo, ruego únicamente que alguien me cuente donde puedo encontrar el olvido.

Silencios


62-silencios

Imagino que cuando alguien me habla del silencio, hace referencia a la abstención de hablar o la ausencia de ruido. No en tanto, a pesar de divergir de sus conceptos, yo no lo impugno ni me turbo, porque el tiempo, hábil maestro de las conspicuas percepciones, me ha enseñado con su rigor pedagogo, que el silencio consigue ser también un recurso proverbial que suele usarse en medio de una comunicación.

Pero, atención, porque justamente en medio a cualquier conversación, el silencio puede tener distintos significados, ya que sabe formar parte de la puntuación normal de una frase o tener una carga dramática. Y cuanto a este sentido teatral, uno puede distinguir entre el silencio objetivo, que no es más que la ausencia de sonido sin otra connotación, y el silencio subjetivo, o simplemente, una pausa reflexiva que es llevada a cabo para acentuar lo dicho anteriormente o posteriormente.

El silencio, o esas partículas calladas a exprofeso que suelen ser irrecuperables demarcaciones del mutismo, por otra parte, puede tratarse de la disminución o falta de ruido en un determinado entorno o momento, como lo explica, por ejemplo, la siguiente emoción: “El silencio de la noche atemoriza a la joven apasionadaque no sabe que entre albas y crepúsculos que se unen entre pasiones, no hay nada más allá del horizonte poco hospitalario que el más relajante silencio de la montaña”.

Dicen que el insomnio de amor tiene su propia partitura, y, por supuesto, que además de un par o dos de labios que un día probaron el sabor de los míos, a todo ello habría que resaltar el hecho de que existe una serie de expresiones que utilizamos de manera coloquial y que hacen empleo del término que nos ocupa, porque aparte de los tallos que nunca más se expandirán en rosas, éste sería el caso, por ejemplo, de la locución adverbial “en silencio”, la cual usamos los enamorados para expresar que algo se está haciendo sin llevar a cabo ningún tipo de queja, mismo que todo aquello que fue color hoy sea incoloro.

Claro que también existe la locución verbal “imponer a alguien silencio”. Pero, haciendo uso de ella, lo que en sí intentamos determinar, es que una persona obliga a otra a que se calle como se callan las estrellas cuando sale el sol, o a que guarde para sí determinados sentimientos como si estos fuesen gorriones que se ensombrecen entre uno que otro vuelo bajo un cielo raso añil.

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