Recuerdos


Suspicaces afirman que en ambos lados de los árboles de los bosques suelen crecer infinitas flores que pertenecen a un colorido jardín que ha sido construido con palabras y pensamientos aun sin confesar.

Estos bien que pueden ser extravagancias o liviandades que repentinamente surgen del olvido y se introducen sin permiso en nuestro asombro y nos causa consternación, ya que no importa si de ojos abiertos o cerrados, de la nada veamos brotar ecos de voces de un pasado remoto, mismo que ese pasado sea una colección de silencios ahogados de los que aún quedan partículas calladas que nunca quisimos contar.

Todo lo perdido ya tuvo su color exclusivo y original; sin embargo, junto a las sístoles de un jadeante corazón viejo, cuantiosos de esos serrines de recuerdos nos invaden en la quietud de la noche entonando su partitura inoportuna para corear los pensamientos que no revelamos, y mucho más si los hemos ahogado en llantos junto a la almohada.

Esos pensamientos disipados se asemejan a una luna llena que imaginábamos elíptica en un oscuro firmamento sin estrellas, aunque a todo momento manifestemos la sana intención de borrarlos o dejarlos escondidos en las sombras del vacío. Pero todo esfuerzo resulta en vano, porque ahí están, como lobos solitarios que aúllan en las madrugadas, que corren, simulan que se detienen y vuelven a correr con sus mandíbulas abiertas deseando desangrarnos.

Cada persona tiene sus propios vaivenes, pormenores que ha ido acumulando en el joyero de su intimidad. Claro que cualquiera de ellos puede que sean algo artificiales, pero las fotografías del antaño lejano y no tanto así no lo son. Estas son fieles testigos de los pensamientos de la época y de palabras repentinas o aleatorias que un día quedaron presas en los dientes por no animarse a traspasar los labios.

Yo mismo no paso de un bosque y una noche de árboles oscuros, pero puedo garantir que quien se anime y no tenga miedo de mi oscuridad, podrá encontrar también en mí enormes canteros de rosas en medio a mi floreta particular.

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Sinceramiento


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Yo a usted le podría comentar mil cosas, como si fuese un sinceramiento de los sentimientos que ha despertado en mí, porque, en verdad, a medida que transcurre el tiempo, voy de asombro en asombro, de estupor en estupor cada vez que la veo y usted me sonríe.

Al principio, luego de verla pasar, sentía sonar en mí modestas y molestas campanillas. Pero mis resquemores no demoraron mucho para convertirse en un tañer enloquecido de campanas que suenan rotundas en mi cabeza.

En realidad, la primera vez que la vi, usted estaba de espaldas a mí. La miré con indiferencia hasta que entró a donde iba. No le presté más atención que la que hubiera prestado a cualquier otra mujer que merodeaba por la calle aquella mañana, y cuando cerré la ventana y volví a mi rutina, ya lo había olvidado.

Pero verá usted que después de aquel instante hay tantas cosas a decir, que se me hacen imposibles de explicarlas, y reconozco que no sé cómo decírselas, aunque bendito sea el momento, la hora, el día, el mes y el año, en el cual su encantadora mirada se encadenó al alma mía.

Entre usted y yo no ha acontecido nada sino la vaga soledad de nuestras miradas, acaso demasiado cotidianas si se quiere, como para no recordarlas. Somos tan distintos, tan opuestos, tan ajenos, que creo que es ahí donde está la conexión, y esa es justamente la coincidencia, lo que no tenemos en común.

Y, créame, no se trata de si yo la echo de menos a las tres de la tarde cuando estoy ocupado, y sí a las dos de la madrugada cuando estoy solo. Al final de cuentas, usted se ha convertido en una dulce pesadilla, debo decirlo, pues el problema no es su presencia en mis sueños, sino más bien su ausencia en mi realidad.

La escogí a usted. Sí, a usted, porque me di cuenta que encontró mi punto débil, y ha sido la única que descubrió la manera irreprochable de calmar mi alma indomable.

En fin, la escogí, porque me di cuenta que valía la pena, valía los riesgos, que valía la vida.

¡Toquetear Puede, Mirar No!


Reconozco que al inicio, así que comencé a leer el contenido de la noticia, pensé que era un “haiku”, o sea, un tipo de poesía japonesa que en español frecuentemente se conoce como “jaiku” si es que se sigue la transcripción fonética directa. En realidad, profeso que mi engaño se debe a que el haiku consiste en un poema breve que generalmente se basa en “el asombro y el arrobo” que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza…, no siempre muerta. Pero asiento que estaba rotundamente engañado al fallarme el “ojo de buen cubero”.

A bien verdad, esta última expresión campestre se ajusta mucho más al tema en cuestión, ya que equivaldría a decir: “aproximadamente, al tanteo”, mismo que en su origen, el tanteo era la destreza que necesitaba el cubero encargado de fabricar cubas, puesto que el sujeto debía tener buena vista para elaborarlas perfectas.

Pues bien, como iba diciendo al inicio, de principio agarraré para el lado de los tomates, pero igual pienso que no le erré por mucho, porque las palabras, como si ellas hiciesen parte de un juego de puzzle lingüístico, se encajan entre ellas dentro del contexto: asombro, arrobo, naturaleza muerta, tanteo, cuba y tomates.

Evidente que el lector pensará que todo esto no es más que un delirio poético-alcohólico de mi parte, y lo comprendo porque sé que luego entenderá que no es así, puesto que la noticia leída menciona que un grupo de jueces federales norteamericanos acabó de defender una nueva política que permite que los guardias del centro de detención de Guantánamo, en Cuba, el que últimamente viene siendo utilizado por los Estados Unidos en su “guerra contra el terror”, puedan revistar sin problema la región genital de los presos antes y después de las reuniones de estos con sus abogados queridos.

Evidente que mencionado así en seco hasta puede significar querer “borrar con el codo lo que se escribió con la mano”, pero el caso es que el “Tribunal de Apelaciones” en Washington DC, decidió la semana pasada, por unanimidad, que esas revistas constituyen “medidas de seguridad razonables” que promueven “la seguridad de los guardias y la de los presos para la prevención más efectiva de aprehensión de medicamentos y de contrabando de objetos peligrosos”.

No obstante a lo que el escrupuloso leyente piense en este instante, agregaré que en la mencionada decisión, que ocupa tan sólo 14 páginas, el juez Thomas Griffith, terminó por anular una decisión de 2013 que fuera decretada por el juez del Distrito, Royce Lamberth, por la que ordenaba suspender las revistas intrusivas en los presos.

“Las preocupaciones surgieron porque no revistar la región genital representaba una amenaza para la seguridad… Esas preocupaciones aumentaron con el suicidio de un detenido que tomó una súper dosis de medicamentos y con el descubrimiento de una llave inglesa y otras armas que no fueron detectadas por los controles”, justificó Griffith… Sin aclarar lo qué hacían los presos con la llave inglesa.

En realidad, los procedimientos de revista que se realizaban en Guantánamo fueron revisados en 2013, pero rápidamente suspensos por decisión del juez Lamberth… Ya que a éste no le gustaba que los guardias anduviesen con las manos en las entrepiernas.

Sin embargo, con esa nueva política toqueteante que fue aprobada, los guardias ahora están autorizados a inspeccionar la ingle y las nalgas a través de la ropa… “En ningún momento la ingle del detenido quedará visualmente expuesta para el guardia”, garantió Griffith en su sentencia… Por lo que se entiende que: ¡se puede tocar, pero mirar no!… ¡Santa Simplicitá!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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