La Oscura Primavera Árabe en El Cairo


Cuando al estudiante Marwan Sibar se le dio por convidar a sus amigos para inaugurar su nuevo apartamento en el Cairo, pidió para que ellos llevasen algo más que bebidas: necesitaban también de cajas térmicas para mantenerlas frías.

-Por aquí es costumbre común haber dos apagones por noche, y solo así estaremos preparados-, cuenta el alegre muchacho, mientras se ocupaba de distribuir velas por toda la casa para enfrentar un posible apagón nuevamente.

En realidad, esta ha sido la rutina en Egipto durante las últimas semanas. Las luces se apagan dos o tres veces por día, por una o dos horas, y sin ningún aviso, un motivo a más que contribuye para la creciente frustración de los egipcios con los rumbos del país desde la revolución de 2011 que derribó el dictador Hosni Mubarak. Por tanto, los apagones, antes más frecuentes en las áreas más distantes del país, llegaron ahora a las regiones más nobles de la capital, dejando barrios enteros a escuras, sin excluir industrias, escuelas y hospitales.

Por su vez, según lo informó la prensa local, un paciente internado en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) de un hospital de la ciudad litoral de Alexandria, habría muerto por causa de los apagones; y los estudiantes también protestan, ya que escuelas han quedado a oscuras en las últimas semanas del actual año lectivo, y en vísperas de rendir los exámenes finales.

-Claro que estoy frustrado. No puedo estudiar ni trabajar. Todo para hasta que la energía vuelva-, llega a reclamar el universitario Mohamed Hany, expresando el actual sentimiento común entre los egipcios, que contabilizan horas y horas de atraso y perdidas con los apagones.

La falta de electricidad es apenas un problema más que se agrega a la larga lista de dificultades que existen en el Egipto de hoy. Por su lado, el gobierno dice que los cortes son resultado de la falta de recursos para comprar el combustible usado para abastecer las usinas, además del pésimo estado de los generadores que hace varios años esperan pasar por mejorías, y la creciente demanda por energía.

En consecuencia, la incerteza política y social, y la creciente insatisfacción con el presidente Mohamed Mursi, de la Hermandad Musulmana, han hecho alejar los turistas y los inversionistas externos, las principales fuentes de moneda extranjera del país. Las reservas egipcias cayeron casi dos tercios desde la revuelta de 2011, llegando a un nivel considerado crítico. Desempleo e inflación están en alta, y la moneda local -la libra egipcia- se ha desvalorizado. Aunque voceros del gobierno afirman que el país espera cerrar pronto un préstamo de US$ 4,8 mil millones con el Fondo Monetario Internacional, pero las negociaciones se han estancado ante exigencias consideradas impopulares, como medidas de austeridad y reformas estructurales del gobierno.

Pero hoy en día llegaron los apagones, y los supermercados calculan perdidas, industrias tienen sus manufacturas perdidas, en cuanto los egipcios relatan el aumento de la violencia, una vez que hasta a iluminación pública es cortada.

La crisis energética pone aún más presión sobre Mursi, que deberá enfrentar un enorme protesto el próximo día 30 -exactamente un año después de su pose- cuando el pueblo pedirá su renuncia y la convocación de elecciones anticipadas, en más un capítulo del caos en que se convirtió el cotidiano político del país.

-El gobierno no está haciendo lo suficiente para solucionar los problemas. Antes, exportábamos petróleo y gas, y ahora lo tenemos que importar. El país está en una situación muy difícil de inestabilidad, y los inversionistas están alejándose-, mencionó al repórter de “O Globo”, el profesor Magdi Nasrallah, jefe del Departamento de Ingeniería de Petróleo y Energía de la “Universidad Americana” del Cairo.

El ministro de Energía, Ahmed Emam, hizo un raro pedido público de disculpas por los apagones y apeló a la población para que reduzca el consumo; y dice que el gobierno ha elevado la distribución de combustible a las usinas generadoras, lo que habría reducido la frecuencia de los apagones. Pero en verdad, lo que se ve, es que en los últimos días los cortes volvieron a intensificarse, y la situación debe empeorar con el aumento del calor durante el verano (que comenzó en junio en el Hemisferio Norte) y el inevitable uso del aire acondicionado en un país donde las temperaturas fácilmente ultrapasan los 40 grados en esta época del año.

No bastase a todo esto, es el mes del Ramada, cuando los musulmanes hacen abstinencia durante el día y se reúnen para grandes cenas a la noche, coincidirá con el verano, lo que deberá elevar aún más el consumo de energía.

-Considerando las condiciones actuales, no me sorprenderé si la situación empeorar. El gobierno está ocupado con cuestiones políticas, y no está considerando el planeamiento estratégico del país-, comentó el profesor Nasrallah.

Poe su vez, en Twitter, a cada nuevo apagón, decenas de usuarios dejan sus relatos de frustración y rutinas interrumpidas por los cortes; mientras que en Facebook, una campaña pide a la población para que no pague las cuentas de luz, y exhibe fotos de moradores que pusieron avisos en las puertas diciendo que se recusarán a realizar los pagos. “Si no hay servicio, no iremos pagar”, amenazan los organizadores de la página.

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Una Pléyade ya Piensa con Cabeza Propia


Considerando los obliteros resultados que fueron mencionados por los medios en la madrugada posterior del domingo 14 de abril, nos enteramos -algunos risueños y otro no-, de que Nicolás Maduro fue el ganador de las últimas elecciones presidenciales realizadas en Venezuela y, en el caso de éste sujeto pasar por la prueba del recuento de votos que muy justamente habrá de emprender el Consejo Nacional Electoral de dicho país, sucederá definitivamente al difunto y polémico comandante Chávez.

Sin embargo, dicho corolario deja claro que su aparente victoria brinda un mal sabor entre sus adláteres más connotados dentro y fuera de su país: el estrecho margen de votos que lo separa del líder opositor Henrique Capriles, lo que sin ninguna duda refleja una escisión social muy seria en Venezuela…O, “República Bolivariana”

En efecto, ese estrecho porcentual existente entre el 50.6% de los votos que obtuvo, cuando lo comparamos contra el 49,07% conquistados por su adversario, nos devela la fragilidad de la herencia populista dejada por su antecesor, y nada más significa que una severa advertencia a todos aquellos que buscan utilizar la imagen del ex-líder incontestable, que ahora está siendo sacralizado como ícono, como si éste fuese un fetiche capaz de garantizar una muy prolongada permanencia en el poder. Desde luego, mientras persistan en querer emplear para ello el idéntico sistema democrático hasta ahora aceptado en aquel país.

De igual modo, tampoco gozan de credibilidad todas las quejas que fueron mencionadas por Maduro antes de la elección, cuando se le dio por aludir la existencia de un tipo etéreo de conspiración en su contra, como por ejemplo: ¿Apagones planificados en su contra, luego de transcurridos 14 años de un riguroso poder chavista y del control de toda la industria eléctrica?… ¿Un desabastecimiento a propósito, pese a los mercados paralelos impulsados desde el Gobierno?

Juzgo que no es necesario que yo mencione más nada. El propio sápido lector será competente para concluir que la socorrida tesis del complot desestabilizador con participación foránea, ya no tiene algún poder de convencimiento capaz de arrastrar a las multitudes, como si estas fuesen ovejas rumbo al matadero.

Por consiguiente, gusten o no, podemos sacar a limpio que las recientes elecciones venezolanas dejan una contundente lección para todos quienes detentan el poder en América Latina, y son habitués en querer utilizar todos los recursos del Estado en contra de sus adversarios. Puede que se olviden de que, poco a poco, muchos de los votantes que les beneficiaron antaño, de igual forma se saturan con la propaganda apologética y pasan a refugiarse en el viejo recurso de pensar con cabeza propia.

En todo caso, amigo leyente, hay que tener en cuenta que el voto es el arma más efectiva que el pueblo tiene para expresar su voluntad, premiar aciertos, castigar errores y corregir equivocaciones. Hasta los más cándidos han de recapacitar un día, que los sistemas democráticos están construidos sobre las bases fundamentales de la perpetua prueba y error que las sociedades ejercitan con sus elecciones, opciones o “resignaciones” de acuerdo al panorama de la oferta que cada sector del espectro político presente en sus plataformas… ¿No es verdad?

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