Una Trascendental Muerte Ascendente


Hace tres semanas marcó fecha en que se cumplieron 69 años de la muerte del autor de “El principito”, el libro más difundido del mundo después de la Biblia y el Corán, y al que todos hemos visitado con entusiasmo en los días de nuestra infancia, juventud o adolescencia.

Ciertas efemérides nos llenan de pesar, y obviamente existen tragedias tanto en el aire como en el mar, que son por demás conmovedoras. Una de ellas fue la de Antoine de Saint Exupéry quien murió cuando derribaron su avión el 31 de julio de 1944, poco después del mediodía.

De ese trágico hecho, en 1998 fue encontrado en el fondo del mar una pulsera de plata con el nombre de Saint-Exupéry y de su esposa, así como un fragmento de su traje. Hace trece años hallaron los restos de su avión frente a Marsella, los que fueron recuperados en octubre del 2003. El Departamento de Arqueología Subacuática confirmó que se trataba ciertamente del avión del autor de “El principito”.

Ya se cumplieron 113 años del nacimiento de Saint Exupéry; pero al dar un largo salto en el tiempo, sucedió que su avión, un Lightning P38, adaptado para tomar fotografías aéreas (eran preparatorias del desembarco de los aliados) despegó de Córcega. Y fue esa misma mañana cuando su célebre piloto voló a leyenda. Porque como bien dice en un memorable artículo necrológico Henry Bordeaux, aquella fue: “una muerte ascendente, un verdadero despegue”.

En el número 8 de la calle Alphonse Fochier, en Lyon, hay una placa oval que informa: “Aquí nació Antoine de Saint-Exupéry, el 29 de junio de 1900”. Sus padres fueron el conde Jean de Saint-Exupéry y Marie Boyer de Fonscolombe. Antoine quedó huérfano de padre a los cuatro años. Cursó estudios en la Escuela Naval, pero no los terminó; hizo el servicio militar en la aviación, obteniendo el título de piloto aviador. Ingresó en la Compañía Latécoère (que más tarde sería “Air France”) y posteriormente fue destinado a Cabo Juby. Designado en Buenos Aires director de la compañía “Aeroporta Argentina”, estableció la comunicación aérea entre Buenos Aires y la Patagonia.

El primer libro de Saint-Exupéry es de 1929 y se titula “Correo del sur”. En 1931 escribió “Vuelo nocturno”, que tenía un prefacio de André Gide, y con él ganó el Premio Femina. Este mismo año el escritor se casó con Consuelo Suncín Sandoval, una mujer viuda, que había estado casada con el periodista Enrique Gómez Carrillo.

Hacia 1939 publicó “Tierra de los hombres”. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, inhabilitado para el servicio militar, Saint- Exupéry consiguió intervenir como piloto de reconocimiento. Al caer Francia, en 1940, se fue Nueva York y allí escribió en 1942 “Piloto de guerra”. Un año más tarde, dio a conocer su hermoso cuento infantil, “El principito”, libro que es el gran clásico de las letras francesas modernas.

No hay quien no lo conozca. Este libro se sucede de generación en generación, y las emociones del inolvidable personaje han traspasado las fronteras y tocado el corazón de los lectores de todos los tiempos. Quien leyó sus andanzas -bien lo sabe el lector- lo recordará siempre. De este libro se han vendido 143 millones de ejemplares, y ha sido traducido a 230 lenguas y dialectos.

En todo caso, si abrimos ante nuestros ojos este libro, sentiremos como una mano niña nos aprieta el corazón; y si seguimos leyendo encontraremos esta frase de “El Principito”, que es tan auténtica sobre el último vuelo de su autor: “Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”.

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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