Desánimo


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Hermosa eras tú, altanero yo; y poco a poco nos fuimos acostumbrando uno a querer dominar, el otro a no ceder, y seguimos andando por esa apremiante senda hasta que nos resultó inevitable el choque, y un día concordamos en dar adiós a las mutuas manos y a las sienes que acercaban el amor. Hoy en día sólo ha quedado entre nosotros la fiel memoria y los desiertos días.

Ya no me resulta mágico el mundo si me has dejado. Ya no compartimos de manos dadas y pausados pasos la clara luna ni los serenos jardines. No existe más una luna que sea espejo de nuestro pasado. Sólo ha quedado en mí un cristal de soledad, un sol de agonías.

Como si fuese un enjambre de abejas irritadas, desde un oscuro rincón de la memoria surgen a perseguirme con insolencia los recuerdos de nuestros ayeres. Medroso y triste, entrego mis pensamientos a tocar el pentagrama de tu belleza y afinar mis melodías para un amor que ya se fue. Esfuerzo inútil. Los recuerdos me rodean, me acosan, me maltratan, me aguijonan el alma unos tras otros con fatuo encono.

Mismo así, he percibido en medio a mi dolor, que nadie pierde sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, y que no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.

Ensimismado en ese contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, creo que si una próxima vez vuelvo a perder a alguien, esa vez no será por tener pensamientos demasiado profundos, por tener estándares muy altos o sueños muy grandes, por tener demasiada alma, por tener los pies en la tierra, por amar demasiado, por empujar a otros a creer que el pasto es verde solamente si lo riegas.

Un día te rogué que no me tentaras. Y ya lo ves, hoy no puedo olvidarte.

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Somos Cautivos


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Una vez tocado por la varita mágica de la desventura, me siento como barcarola solitaria y perdida en un mar oscuro y cuajado entre las tinieblas del infortunio. No hay en estos casos lo que se pueda hacer, ya que esos reveses de la vida generan pensamientos entristecidos que acuden a mi ánima en toda y cualquier circunstancia: sucesos, gozos, aprensiones y tribulaciones.

A lo mejor tan elemental y excéntrica perspectiva de mi existencia, aunque no del todo comprendida por mí, se asemeje a un ancla que tarde o temprano ha de traer una luz de alegría al penoso piélago de mi vida de martirios. ¡Oh, en donde te encuentras feliz ensenada que aplaca la soledad, si allí logra hacer pie todo desconsuelo el día que encontremos quien nos ame!

Siempre ha de existir algún ser venido a este oasis de amargura para darnos un poco del amor que la vida nos roba. Es posible que los dioses quieran que haga yo lo que está en mis manos para que florezca la alegría aceptando lo que en verdad no está en mis poderes gobernar, como si fuese designio venido de los suyos.

Estas quimeras es lo que me ha sostenido y mantiene viva mi esperanza para enfrentarme a los duros esfuerzos de la vida. Al fin y al cabo, de una manera u otra, todos en este mundo somos cautivos. No de grillos y cadenas de hierro, sino de cuantas circunstancias nos tocan en suerte en este valle de lágrimas.

Es cautiva la nacencia, porque no es escogida; pero una vez que la aceptamos, es principio de libertad. Cautivan también las ilusiones que apresan las voluntades en la vana sombra de los sueños. Cautiva el amor, que nos hace esclavos de las amadas personas. Pero pienso que quizás es peor uno ser cautivo del futuro, que es incierto, falaz e indomable.

No nos hace cautivo lo que nos sucede, sino lo que nos imaginamos que sucede: un desengaño, una desilusión, un desastre. Pero no es el aparente infortunio sino la suprema razón de la existencia. La máxima tentación es ver en los males el sinsentido de esta pesarosa vida.

Sin embargo, hay asimismo entre tanta infelicidad, momentos inmensamente plenos de dicha, que es cuando se enciende de repente una llama en el corazón al descubrir la Diosa que nos ama… ¿Quién osa vivir sin amar?

Soy Culpable


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Confieso, emocionado, que la reconocí inmediatamente, aunque algo denodado, considero que igual la podría haber distinguido perdida en medio de una multitud.

De inmediato sentí una indescriptible emoción, y creo que me dieron unas ganas locas de ser parte de ese viento rabioso que la despeinaba. Había pensado tanto en ella, que durante varios meses llegué a imaginar innúmeras cosas, pero luego al verla ya no supe que hacer. Es que en cuanto ciertas personas hacen de todo para tornarse substanciales, otras, a pesar de todo lo que las rodea, actúan naturalmente y se tornan inolvidables.

No es por nada que yo me quedé mirándola, rutilante, y puedo jurar que ya no me quedaron ganas de mirar a nadie más. Recuerdo que desde el primer momento en que la vi, había comprendido que los ojos siempre pertenecen a la persona que los hace brillar.

Desde aquel entonces ya no logré dormir por las noches para soñarla, y eternamente mis desvelos terminaban en su nombre. Un día, inconsolable, quise cambiar mis poemas por olvido, pero seguí escribiendo sobre ella.

No sé decir exactamente en qué momento ella se metió en mi corazón, para que ahora la extrañe tanto. Pero creo que ella ya me olvidó.

Lo nuestro nada más fue de esos amores pasajeros que nunca se arriesgan a entregar todo de sí, que prefieren no quedarse ni quererse, donde el orgullo tiene más valor más que los verdaderos sentimientos.

En fin, confieso que no pude. Me declaro culpable de amarle para siempre. Y me declaro culpable que mi cuerpo no admita otro cuerpo que su cuerpo. Me declaro culpable que mi boca no acepte otros besos que no los suyos. Me declaro culpable por el hecho de que amar siempre quiere decir siempre aunque ella esté lejos.

¡No la Mates!


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Por favor… ¡No la mates! ¿No percibes que sin magia ya no existirá más nada? Si la matas, ya no habrá entonces sueños, ilusiones, utopías o delirios.

Sin ella ya no existirán los cuerpos furtivos y candentes ocultos e íntimos entre las sumisas y arrugadas sábanas de la noche. Las dóciles almohadas ya no lograrán sofocar las esperanzas y los suspiros, ni tampoco acopiarán entre sus suaves texturas perfumes y fragancias de cuerpos fatigados e gimientes. Si matas la magia, matarás junto a ella las margaritas de la duda que tanto deshojan en la madrugada los amantes inseguros.

Acredita en ella tal como es, contraria al sueño de la razón que sólo nos llega para producir sus monstruos y a nuestras espaldas imaginar una bandada de aves nocturnas que nos rodean con sus picos amenazantes, batiendo alas como si fuesen enormes fantasmas.

Mi mundo era exactamente así, hasta que de repente un día llegaste tú, con mucha luz, y no te importó que tan oscura estaba mi vida, y te quedaste ahí, a un ladito mío, alumbrándome con tu hechizo de maga, con tu risa alegre de buhonera de la felicidad, con tus besos de aguamiel, con tus ojos de luna, como alma fascinadora que emerge de la nada.

Evoco en puridad aquella tarde en que te conocí con claridad, y sin embargo no recuerdo haber sentido algo especial. No tenía idea lo que pasaría después. No sabía lo cuanto llegaría a amar tus manos, esas manos que se entrelazan con las mías, ni tampoco sabía que llegaría a disfrutar tanto escuchar tu voz cada vez que ella me relata tu día a día.

En un primer momento éramos tan sólo dos extraños, dos personas que se encontraron por coincidencia, pero que luego se enamoraron… Juro que yo no quería enamorarme, pero viniste tú, con esa sonrisa, con esa mirada dulce, con esa personalidad encantadora, y sólo sé que sin ti magia ya no puedo vivir.

Lluvia


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Estoy convencido que existen personas que con solo abrir la boca y decir una palabra encienden la ilusión, que logran llegar a todos los límites del alma, que alimentan una flor, inventan sueños, las que de repente hacen cantar el vino en las tinajas, y permanecen después, serenas, como si nada.

Lo cierto de todo ello, es que cuando al fin percibimos que queremos pasar el resto de nuestra vida con ese tipo de persona, deseamos que ese resto de nuestra vida comience lo antes posible.

A mí me gusta llamarlo de amar lo sublime, de festejar los detalles simples, con la misma transparencia de advertir las cosas que me envuelven con el resplandor de una lluvia que cae y desaparece… No de aquella lluvia que cae como catarata agrupada en una sola gota opaca y pesada.

Diría, más bien, que es un amor que surge como camino mojado por las aguas de fines de Marzo, otoño que brillará entonces como si fuese cortado en luna llena, en plena claridad de la madrugada, en mitad de una fruta madura, en una boca suplicante elevada a la luz de la luna.

Un sentimiento que será igual como lo es el agitado mar que para las calles hace correr precipitada la vaga neblina del amor como aliento de animal que fue encerrado en el frio, para luego ver las desplegadas lenguas de agua que se acumularán en las alcantarillas del camino, prestes a cubrir ese mes que a nuestras vidas prometió la eterna floración de primavera.

Contigo presa en mi alma, he de volar en ese tiempo, dulce amor de mi vida, sin alas, sin dudas, pero como si fuese águila guerrera, y entonces me he de inclinar sobre el fuego de tu piel de durazno maduro, de tu frágil cuerpo nocturno sin estrellas pero con miles de pecas y lunares, y no apenas amaré entonces tus senos y tu vientre como si amase ese nuevo invierno que se ha de diseminar como niebla en tu sangre, sino tu alma entera.

Tú y yo, entonces, ya no necesitaremos zapatos ni caminos para recorrer esta tierra, errantes, para echar raíces de amor en la noche.

 

¿El Amor es Genético?


El tema es tan controvertible como impugnable. Como sea y por lo que fuere, de igual modo me animo a decir que nadie puede dudar de que todas las cosas de nuestro maltratado universo sean pasibles de amor.

Para ratificar el dictamen nos basta con entender que existen los sujetos que aman ideales y hasta topan sacrificarse por ellos. Para ejemplificar esta opinión basta con nombrar al artista que ama tanto su arte que acepta vivir mal por ella. Al perro que ama a su dueño violento. A la estoica dueña que ama a su perro viejo, ciego y sordo. Al soldado que ama la guerra. Al feriante que ama sus tomates y zapallos, y por ahí va…

Ergo, existe también ese asunto de amor sin sexo. Sexo con amor. Amor con sexo. Además amor con amor. Como del mismo modo hay hombre que ama mujer. Hombre que ama hombre. Mujer que ama mujer. Hombre que ama mujer que ama a otro hombre. Mujer que ama mujer que ama a otra mujer… Por tanto, como estos tipos de disyuntivas son tantas, mejor convido al experimentado leyente para que tome un papel y escriba otras variaciones. Aunque creo que puede que se le acabe el papel antes que logre recordar todas las variantes.

Note, por ejemplo, que existe gente que ama más los animales de que personas. Hay quien prefiera más al papagayo que a su propio hijo. A su perro que al vecino. A sus gallinas que a sus alumnos. No obstante también existen quienes aman gente y animales de la misma manera e intensidad. Por supuesto que hay quien ama a si propio por encima de todo. Como de igual modo están aquellos, pocos es verdad, que aman más a otros de que a sí mismos.

Como sea, no podemos dudar que hay amor gratuito, amor comprado, amor vendido. Amor a vista, amor en cuotas. Amor que vira amistad. Amor que vira indiferencia. Amor que vira odio. Amor que vira más amor. Amor que termina en noviazgo eterno. Amor que a veces termina en divorcio, no siempre amigable. Amor que genera hijos. E indudablemente hay amor que termina en muerte.

Por tanto, en acto de amar es una necesidad. Cualquiera encontrará siempre y en cualquier parte a quien dedicar su amor. Que sea un gatito -medio esquivo, medio tuerto-. Que sea un ídolo -perfecto y distante, perfecto porque está distante-. También puede ser su suegra, sus zapatos, su trabajo, su nariz, su ombligo. O mismo a aquella persona que uno demoró la vida entera para distinguirla entre el infinito.

Por todo esto, existe gente que dice que el amor es una especie de milagro. Él surge de repente, cae del cielo, salta de abajo de la tierra, aparece de la nada, germina de la noche al día o viceversa.

Pero no olvidemos que el amor no tiene origen previsible, ni destino cierto. Hasta el presente, ni la matemática, la metafísica o cualquier ciencia abstracta, teórica o filosófica han sido capaces de explicarlo. Ni mismo la poesía logra ser mayor de que el amor.

Nadie puede tomar cuenta del amor. Nadie puede controlarlo. Amar es lo que hay de más natural en el mundo. Personas aman. Vacas aman… Focas, elefantes, monos, payasos aman. ¿Quien sabe si hasta el famoso mosquito de la dengue también no ame?… ¿Alguien puede probar lo contrario?

(*) Si le parece bien, visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/… Libros y e-book disponibles en Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; y en: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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