Mientras Dormía


26- mientras dormia

Se despertó casi súbitamente, pero tardó un instante en recordar adonde se encontraba y quién era esa mujer que dormía, desnuda, a su lado. La oscuridad del cuarto era total; el silencio, muy hondo. El aire de la habitación tenía olor a cal y portland, a albañilería reciente.

Detrás del silencio y como jugando con él sin romperlo, el hombre oyó el fatigado malhumor de aguas corriendo, el perene rezongadero de las olas en la noche calmosa. Un río corría cerca de la casa.

Permaneció quieto sin moverse durante varios minutos. Se sentía tranquilo, despierto, ligeramente ido o despegado de todo. Pensó que afuera habría un cielo sin luna y con la vislumbre azul de todas las estrellas. Imaginó que debería faltar mucho para el amanecer.

Le parecía extraño haber despertado tan limpiamente y a tal altura de la noche. Por lo general despertaba solo, en su cama, en el apartamento donde vivía en la ciudad, a media mañana y luego de una etapa de duermevela, y emergiendo a la luz del día con jirones y hebras de sueños como suciedades adheridas a su mente.

Se dijo que aquel despertar inusual lo debía a la presencia de la mujer. Lo debía sin duda, siguió cavilando, a que él, aun dormido, no había dejado de sentirla a su lado y tal vez de quererla. Pensó esto y otra vez más pronunció sin voz las sílabas que la nombraban, y casi de inmediato se dio cuenta que le nacían muchas ganas de tocarla.

También él estaba desnudo; movió un poco su cuerpo, con cuidado, para ajustarlo mejor al cuerpo cálido de la mujer. Era aquella una noche tibia, de fines de verano, y a ambos los cubría solamente una sábana, arrugada. La cama olía a hombre y mujer juntos, a hombre y mujer que han dormido y, sobre todo, que se han amado hasta el jadeo y el sudor.

El hombre recordó los juegos, las caricias, los cuerpos entrelazados y entregolpeados en la caricia última, y pensó, o semipensó, que estaba queriendo mucho a aquella mujer de sonrisa siempre dócil y ojos que a menudo se hacían como de mirar lluvia, a aquella desconocida que era su amante desde mediados de invierno.

Ocho sílabas eran el nombre y el apellido de la mujer; por dos veces las pronunció, sin voz. Después movió otro poco más el cuerpo, procurando arrimar algo más la piel suya contra la templada piel de ella. Y sonrió, se sonrió a sí mismo, en la oscuridad del cuarto, e inconscientemente extendió el brazo para encender la veladora.

Varias veces este hombre había visto dormir a esta mujer, pero nunca la había mirado dormida como la estaba mirando ahora. El sueño, la inmovilidad, la clausura de los ojos, la boca sin quehaceres, daba a su rostro una unidad que parecía definitiva y algo, mucho quizás, del misterioso ensimismamiento de los muertos. Era más que siempre esa cara, simultáneamente, un paisaje con un acento fugaz y esquivo y un perfil único en el mundo que a su vez era también irrepetible, el que estaba además como absuelta del tiempo, o simplemente evadida de un tiempo inocente o de fingida inocencia. Ninguna cara tan de ella y a la vez tan libre de la carne y la memoria, ninguna tan investida cifra suya, ninguna como para sentir al mirarla, como sentía el hombre, el llamado de un alma y un cuerpo confundidos fibra a fibra y fascinantemente singulares.

Se inclinó de leve sobre la mujer dormida. Creía adivinar que aquel rostro estaba a punto de decirle algo y que no se lo decía, o quizás se lo decía tan secretamente que él nada podía entender. Sentía que el amor crecía en su pecho pero asimismo que, falto de la complicidad esencial, no alcanzaba una presencia que pareciera con vida propia y donde ellos, como por añadidura, pudieran instalarse en un sistema de encuentros mutuos o una especie de comunión.

Quiso ver también el cuerpo de ella y tiró de la sábana, lentamente, para verlo todo descubierto. Los ojos mucho le dieron y mucho le negaron. No había, seguramente, en toda aquella piel que miraba un solo centímetro que él no hubiese acariciado o besado, pero ahora pedía a sus ojos mucho más de lo que sus manos y su boca habían podido darle. Como no pudo cerrarlos, la siguió mirando, y de nuevo intentó cerrarlos, en vano. Creyó ver que aquel cuerpo estaba allí como olvidado, como abandonado por error a una soledad devorante, y cerró los ojos. Se dio cuenta que en los ojos estaban todas las verdades que la boca no suele decir.

Sin duda ella registró desde su sueño la mirada del hombre sobre su cuerpo, porque estiró las piernas, largas, giró un poco el torso, y sus manos sonámbulas recogieron casi hasta la garganta el borde de la sábana. Él apagó la veladora y ella dormía ahora muy quietamente. Él ajustó su cuerpo al de ella y reclamó, con los párpados apretados, el sueño: la paz animal, la unión profunda en el sueño con la mujer dormida.

Huellas de Tristeza


20- huellas de tristeza

Recuerda, muchacha soñadora, que no tiene cualquier sentido deponer de nuestras ilusiones y quimeras, pues lo que en verdad se necesita derrumbar, son las barreras que nos impiden cumplirlas.

Nunca te fíes ni un poco en la tristeza y la melancolía. Nunca permitas que ellas pasen por la rendija de tu agonía, ni tampoco escuches la seductora tonada de sus arrullos, ni te cobijes en ellas cuando te refugies en tu soledad. Échalas lo cuanto antes así que las presientas.

No confíes en tu intuición, esos aciagos sentimientos siempre dejan huellas en el corazón y suelen esconderse hasta en tus viejas canciones, en los ajados álbumes de fotos que guardan tus recuerdos, y hasta en los potes de polvos y perfumes que guardas en tu tocador.

Tíralo todo, deshazte ya de todo eso. La tristeza no es buena amante, sólo te traerá recuerdos que son mentiras, y siempre te querrá sola.

Ten en cuenta que de inicio, silenciosa y muda, fría como el blanco mármol del sepulcro, ella habitará primero en tus ropas y en tus cabellos, luego tomará cuenta de tu piel y de tu alma, hasta que de repente, cuando menos lo esperas, acabará sin más doliéndote en los huesos.

Vive la vida, muchacha soñadora, y el día que la tristeza te aprese bajo su desventurado velo, necesitarás revelarte, alzarte, saltar, huir, caminar, correr, escapar hacia lo más lejos. Hacia mis brazos, por ejemplo… No te dejes paralizar por ese alacrán siniestro que te consumirá en vida.

El momento demanda construir algo bonito. Deja de pensar en ti y en lamentaciones. La tristeza no tiene poder fuera de tu ego. Y tú eres mucho más que un ego, eres todo lo que amas, y todo el amor que has recibido y recibirás hoy y mañana. La vida solamente acaba cuando dejamos de soñar, cuando dejamos de creer, y el amor agoniza en muerte lenta cuando dejamos de cuidarlo.

La tristeza nunca pudo nada contra el amor, ella sólo entiende de rencores y desamores. Abrázame, abrázate ya al amor, muchacha soñadora, para nunca despeinar tus utopías y expulsar la tristeza de tu alma para siempre.

Una Muerte Entre Subida o Bajada


Inevitable mencionar que la historia terrenal se ha encargado de registrar innúmeros casos de muertes horripilantes y macabras, y también algunas de ellas jocosas al extremo. Cito entre muchas, por ejemplo, la del rey Eduardo II de Inglaterra en 1327, quien después de ser depuesto y encarcelado por su reina Isabella y el amante de ella, Roger Mortimer, fue asesinado al introducirle una barra de hierro incandescente a través del ano… Lo que, sin duda, fue un hecho ardiente.

Otro caso inusitado fue el de George Plantagenet, Duque de Clarence, en 1478, que fue ejecutado por ahogamiento dentro de un barril lleno de vino Malvazia por petición propia… Lo que de por sí ya lo torna un suceso placentero.

Un tercer caso de muerte disparatada fue la de György Dózsa en 1514, un líder de la revolución campesina en Hungría que fue condenado a sentarse en un trono metálico candente, con una corona metálica también incandescente, y un cetro rojo incandescente en su mano derecha para burlarse de sus ambiciones de querer ser Rey, por la nobleza de Transilvania. Con todo, quedó registrado que luego de morir su cuerpo rostizado fue parcialmente comido por seis de sus compañeros rebeldes que habían permanecido sin comer durante una semana… Una ocurrencia que no merece más comentarios.

Dentro de estas paradójicas defunciones, tenemos la muerte de Nanda Bayin, el rey de Birmania en 1599, que se murió de risa después de ser informado que Venecia era un estado libre sin rey… Por lo que es evidente que la expiración lo alcanzó en plena alegría.

Sin embargo, el astrónomo danés Tycho Brahe, años después, en 1601, de acuerdo al mito, murió de complicaciones resultantes del hecho de retener orina en su vejiga durante un banquete, ya que para esa época era de muy mala etiqueta dejar la mesa antes de terminar la comida… Poco más tarde inventaron los pañales geriátricos.

Sir Arthur Aston, comandante de la realeza, fue golpeado hasta la muerte en 1649 con su pata de palo, porque según los soldados parlamentarios contenía monedas de oro en su interior… Con todo, el viejo astuto tenía los dineros bajo el colchón.

Se cuenta también que Molière, el excelente actor y guionista francés, murió 1649 de un ataque de tos mientras actuaba en el papel protagónico de su obra: “Le Malade imaginaire” (El Hipocondríaco)… No tenía a mano el paquetito de pastillas “Halls”.

Podría relatar miles de historias más, todas inusitadas y excéntricas al extremo, pero confieso que no encontré ninguna que se asemejase en lo más mínimo con la de una mujer que murió de sed después que quedara presa en un ascensor durante un mes en China.

Según informa la prensa local, los funcionarios responsables por la manutención de la máquina en desperfecto, no observaron la existencia de cualquier persona dentro del elevador. En verdad, los operarios fueron llamados para reparar un elevador que presentó problemas a comienzo de enero último en la ciudad de Xi´an, al norte del país. No obstante y conforme apunta la prensa del lugar, una vez allí, estos gritaron preguntando si había alguien dentro. Al no recibir respuesta, desligaron el equipamiento y se marcharon.

En la conjugación del destino, ese equipo de funcionarios salió de licencia por causa de los festejos del Año Nuevo chino, y retornó al lugar un mes después cuando entonces encontró el cuerpo de una mujer dentro del elevador que había trabado entre el 10º y el 11º piso del edificio. Dentro del cuadrilátero mortuorio, junto a la imagen cadavérica, los operarios encontraron las paredes repletas de arañones que fueron realizados por la desesperada mujer antes de morir.

De acuerdo con lo informado por agentes del gobierno, la muerte fue causada por un grave error de la empresa de manutención, que no verificó correctamente si había personas presas antes de cortar la energía del equipamiento… Lo que resultó en un verdadero desperdicio, porque la mujer tenía 43 años y vivía sola en su apartamento.

Elementar decir que la policía ya ha realizado diversas prisiones y el caso está siendo juzgado como homicidio involuntario. Lo cierto de todo esto, es que accidentes que envuelven falta de respeto a las normas de seguridad se han vuelto comunes en China, debido a la poca fiscalización de las empresas y el alto índice de corrupción entre las autoridades… Un hecho que no es nada novedoso por estos parajes latinoamericanos.

Mismo así, muertes trágicas en el mundo siempre han acontecido por error personal, como sucedió en 1871, cuando Clement Vallandigham, congresista americano y oponente político de Abraham Lincoln, murió de un disparo de bala que el mismo se hizo en corte, mientras representaba al defendido en un caso de homicidio. Pretendiendo demostrar como la víctima pudo haberse disparado a sí mismo inadvertidamente, el arma que según Vallandigham estaba descargada, disparó y lo lesionó mortalmente… Claro que la demostración fue exitosa y el defendido fue absuelto del delito.

En todo caso, en 1912, Franz Reichelt, un iluso sastre metido a inventor, cayó hacia su muerte desde el primer piso de la torre Eiffel mientras probaba su primer invento: el abrigo paracaídas. Era la primera vez que lo probaba, y la única… ¡Vaya destino trágico!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

Cuando los Hijos son Foráneos


Desde lo antiguo, lo buenos modales mandan que uno nunca debe reírse de ciertas ocurrencias por más hilarantes que estas puedan ser, y principalmente ahora, cuando nos enteramos que un grupo de mujeres no solamente acredita que llegó a mantener intensas relaciones sexuales apasionadas con extraterrestres, sino que también afirman que han tenido hijos decurrentes de esos encuentros íntimos.

Reforzando lo que dije, para que no piense el leyente que ando bebiendo temprano por la mañana, y para los que ya enjuician que estas revelaciones suenan para más allá de burlescas, incremento la información agregando que estas incitadas mujeres hacen parte de la “Comunidad de Bebés Híbridos” con sede en California, Estados Unidos, quienes acreditan que a esos sicodélicos alienígenas se les ha dado por concebir hijos medio-humanos medio-extraterrestres y a posterior se los están llevando no se sabe a donde en una nave espacial gigante.

Por ejemplo, Bridget Nelson, una fémina terráquea de 27 años, es de las que afirma que ya ha dado a luz diez bebés alienígenas, comentando: “Ellos no se llevan apenas nuestros hijos, sino que están creando una raza híbrida para mejorar la humanidad”.

Exaltada por causa de esos recuerdos lascivos-nocturnos-galácticos, ella relata que tuvo experiencias sexuales con alienígenas en sus naves espaciales… “Fue óptimo. Una experiencia sexual súper primitiva y cruda… Había mucha libertad y nosotros estábamos muy involucrados en la acción… Fue la mejor relación sexual que ya tuve en mi vida”, terminó contando al “Mail Online”.

Como sea y fuere y sin necesidad de ahondarme en comentar tales actividades carnales-lúbricas-espaciales, estas integrantes de la mencionada comunidad californiana están entre una multitud de individuos que afirman haber mantenido ya relaciones sexuales con alienígenas, como es el caso del artista David Huggins, que pinta imágenes de su amante extraterrestre llamada Crescent… Quizás por una cuestión de dolor de guampas.

En todo caso, Nigel Watson, autor del “Manual de Investigaciones de OVNIs”, llegó a comentar: “Experiencias como estas asombran las personas durante toda la vida. Por ejemplo, en su libro ‘Communion’, Whitley Strieber describe haber sido abducido por alienígenas que introdujeron una sonda de 30cm en su ano. Parecía ser algo vivo, entonces él quedó sorprendido cuando vio que se trataba de un dispositivo mecánico después del mismo haber sido retirado de su orificio trasero cúbito dorsal”… El que luego tuvo que tratar con pomadita Hipoglós.

Es el mismo Watson quien agrega: “Muchos de esos casos salieron a la luz del sol en la década de 60, pero fueron ampliamente ignorados por los ufólogos, que sólo querían probar que los OVNIs eran aeronaves robóticas venidas del espacio. Los encuentros y abducciones alienígenas sólo comenzaron a ser seriamente considerados en las investigaciones en la década de 70”… “Durante este periodo, el caso de Antonio Villas Boas fue el más impresionante. Él afirmó haber sido arrastrado para dentro de un disco volador y forzado a mantener relaciones sexuales con una bella alienígena del sexo femenino. Cuando él salió de la nave, ella apuntó para su vientre y después para el cielo, demostrando que ella tendría un hijo suyo en algún lugar del espacio”.

Con todo, para algunos ufólogos estas declaraciones y muchos otros casos similares parecen indicar que los alienígenas está conduciendo un programa de reproducción híbrida con el objetivo de crear una raza de “súper seres”, no obstante el objetivo final de esta tarea sea desconocido por nosotros.

Por su vez, los escépticos de siempre que hacen profesión de desconfiar hasta de la sombra, afirman que estas experiencias probablemente son producto de la parálisis del sueño, situación en la cual las personas no son capaces de discernir entre fantasía y realidad durante un período inmediatamente después de despertar”.

¿Será que es a esto lo que solemos llamar de satisfacción del deber cumplido? Al contrario de lo que puede haber parecido, no hay ninguna ironía en esas palabras, pues lo que en ellas rezumba es tan sólo un cansancio al que apetecería llamar de infinito si no fuera de tal manera manifiesta y desproporcionada la exageración del calificativo… ¡Impresionante!

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Escatológicas Aventuras Chinas


Por ser una de las más ricas perlas de actual temporada mundana, ciertamente está eso que puede considerarse altruista con estilo medio gongorino, ya que si dudas ser amante puede ser interesante y hasta tener sus ventajas, mismo que millaradas digan que no pasa de un comportamiento sectario. No obstante cuando surgen las desventajas, mi amigo… Que lo diga entonces un “Picarón chino”, que por cuenta de una aventura sexual acabó pasando los peores momentos de su vida.

Es sublime saber que ya en el siglo pasado intestinos sueltos generaban problemas para la población, pero retornando al rumiar sociológico del momento actual, me atengo a la historia que aconteció ayer en Fujian, una provincia de China, la cual por poco no terminó en tragedia.

Resulta que un hombre, cuya identidad fue mantenida en secreto, tuvo que pasar la noche colgado de un balcón del séptimo piso para evitar ser sorprendido por el marido de la espasmódica dueña de casa.

Al percibir que su marido estaba llegando en casa más temprano que lo esperado, la mujer mandó que su amante se ocultase en el estrecho balcón y allí lo dejó, porque en ningún momento el hombre engañado y aspirante a buey dejara la casa, por lo que don Picarón necesitó pasar la noche viendo el bucólico paisaje desde las alturas. Sólo cuando el hombre de protuberancias craneanas salió para trabajar a la mañana siguiente, fue que la mujer pudo llamar los bomberos.

Uno de los bomberos que participó de la operación de rescate, afirmó: “Fue un hecho de mucha suerte, -si es que existe suerte en esta historia-, porque cuando el marido de la mujer llegó a su casa, el amante ya estaba de salida, por lo que ya se encontraba vestido. No fuese por eso, hubiera necesitado que pasar la noche colgado del balcón y sin ropa, lo que podría haber resultado nada emocionante para él”… Y se le hubieran enfriados las… Bueno, dejémoslo así.

Evidente que la operación de rescate no fue nada del otro mundo ni resultó complicada, y al final la mala noche del amante terminó bien. Para lograr sacarlo del aprieto, los bomberos colgaron una cuerda en la cual el hombre fue preso y así consiguió volver fácilmente por la misma ventana por la cual saliera. Sin mostrar lesiones aparentes -sólo en su ego-, se mostraba apenas muy cansado, según informaron las autoridades locales.

Mismo después de haber sido liberado, él no quiso contar a los rescatistas los motivos que lo hicieron pasar la noche en un lugar tan peligroso. Sin embargo, luego de mucha insistencia de los socorristas y de la entrada de otras autoridades en la historia, es que la mujer terminó confesando que aquel era su amante y contó para los oficiales de la policía, tintín por tintín, toda la historia. Ya para el bovino de su marido…

Pues bien, ya que este sujeto se sintió preso por el crimen de “descartar”, nada mejor que recordar a “Descartes”, el filósofo que descartó la escolástica adoptando la geología, mismo que nadie lo haya notado… ¡Ni su mujer!

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Nuevos Episodios de la Camorra Napolitana


Estoy inclinado a pensar que tal acto, suceso, hecho, episodio o por ventura drama teatral, dependiendo siempre del lado cóncavo o convexo que uno lo quiera mirar, tenga de inicio una fuerte raíz con el pasado del lugar donde ocurrió.

No es de dudar, porque todo el mundo ya sabe que la “Camorra” es una organización criminal mafiosa de la región de Campania y la ciudad italiana de Nápoles. Aunque se diga que en comparación con las mafias vecinas, la “Sacra corona unita y la Ndrangheta”, la Camorra se centra más en la piratería de todo tipo.

Como el origen del término “Camorra” es bastante incierto, esto se presta a bastantes interpretaciones, aunque parecería que la más aceptada es la tesis de que “camorra” viene del antiguo español “gamurri”, ya que éste era el nombre con el que se individualizaba a las bandas de malhechores que abundaban en las montañas de España que a posterior llegaron a la península itálica alrededor del 1300. No obstante también puede que la palabra “ca murra”, esto es: “capo della murra” -jefe de la murra-, surgiera en la Nápoles setecentesca por ser éste el nombre con que se apuntaba el “guappo” -capo, cabecilla, jefe- del barrio- que resolvía las disputas entre los jugadores de la murra, un típico juego callejero de aquel entonces. En todo caso, esta etimología, como todas las otras, también parece remontarse a la del “gamurri” español medieval.

Como sea, por extensión, el término “camorrista” ha pasado a ser sinónimo de matón o de pendenciero, de “quimerista”, y es así que en español “camorra” pasó a significar riña, pendencia, altercado, y los demás etcéteras por el estilo.

Con todo, mismo que ya se hayan escrito incontables obras al respecto y hasta se haya elaborado una infinidad de películas sobre las actividades insalubres de dichas organizaciones, parece que nunca está todo dicho.

Por supuesto que me refiero a lo ocurrido la semana pasada por esas bandas peninsulares, cuando la policía local informara que una mujer napolitana, que descubrió la infidelidad de su marido, terminó arrancando con los dientes un dedo de la amante del susodicho durante una discusión que se originó en la calle.

Más que camorrista, bien podría tratarse de una impulsiva agresora, ya que la descornada esposa de un serio hombre de negocios, que había descubierto recientemente la infidelidad de su marido, un buen día se encontró con la supuesta amante del mismo en cuanto hacía compras en un barrio popular de Nápoles, lo que despertó de inmediato la ira de esta señora con protuberancias craneanas al mejor estilo bovino.

En todo caso, las dos mujeres, que por acaso son parientes, no demoraron en comenzar la pelea, a pesar de los múltiplos esfuerzos realizados por los transeúntes para separarlas.

Mientras ambas se encontraban entretenidas en esas cosas juglares típicas del populacho, sin más ni menos la amante realizó aquel típico gesto mundano de colocar el dedo en ristre para la esposa engañada, por lo que la otra no se quedó atrás y comenzó a morderlo, con tanta fuerza, que se lo arrancó de vez.

Herida, la amante fue rápidamente llevada a un hospital local mientras el dedo era recuperado por la policía a fin de posibilitar una cirugía reconstructiva. Con todo, según un portavoz de la policía que fue contactado por reporteros de la agencia “AFP”, los médicos no consiguieron reconstruir el dedo.

El incognito y a su vez sorprendido portavoz de la policía llegó a comentar: “Estamos acostumbrados a ver escenas de ese tipo en nuestras calles, donde es común que mujeres se peleen con pasión desmedida, pero nunca con tanta violencia”.

Y así, pese al fantasioso cretinismo en el cual procuro encajar ciertos actos de carácter simbólico y filosófico, parece utópico querer decir preciosidades que sólo la experimentada convivencia de la lógica justifica… ¡Sacro asunto mujeril!

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