Alarmas del Alma


Nos acostumbramos a vivir de alarma en alarma, al punto de inventar para nuestro estilo de vida los propios alertas emocionales capaces de enfrentar los desvaríos humanos.

Durante el transcurso de la vida, el sosiego y la inocencia de nuestra primera infancia se alteró por las peores alarmas de espanto, hasta que finalmente vemos que está implícito que no hay tiempo a perder en tonterías.

Cuando llegamos cerca de la mitad de la vida, digamos entre los cuarenta y los cincuenta, al fin aceptamos que la eternidad no existe. Es entonces cuando suele aparecer un sentimiento inmenso y notable llamado aceptación.

Pasamos a conocernos más que nadie, a saber quiénes somos y que nadie vendrá ya a contar un cuento chino o un sueño de Disney, y surge esa gloriosa sensación de decir lo que nos viene en mente y aliviar el alma sin guardar formas.

Es un tiempo en que hemos ido acumulado mil historias privadas que nos causan risas inesperadas, y que nos hacen revivir el brillo que tenían las travesuras de niño… Pero eso sí, ahora con intemperancia de adulto.

 

 

La Alarma


109-la-alarma

Quiérase o no, uno siempre termina por acostumbrarse a que cuando suena la alarma interior que llevamos dentro y ésta se ha convertido en un estilo de vida que nos obliga a vivir en un permanente estado de alerta, casi siempre la imaginamos la antesala de la muerte.

Todos entienden por alarma, la señal o el aviso que nos advierte sobre la proximidad de un peligro cualquiera, por lo que debemos seguir ciertas instrucciones de emergencia dado que se ha presentado una amenaza inminente.

No me refiero exactamente a ese fragmento virtual que está instalado en el corazón de un individuo apasionado, visto que, técnicamente, intuimos que un sistema de alarma corresponde a un dispositivo material de seguridad pasiva, aunque estos aparatos no eviten tener que enfrentarse a una situación anormal, pero que sí están aptos para advertirnos un peligro, cumpliendo así, una función disuasoria frente a posibles problemas anormales para el usuario.

Sin embargo, dentro del desvarío humano que causa el amor, hacemos oídos sordos a nuestra alarma inmaterial, aunque por veces ésta también suele fallar, y existan casos extremos en que el alerta tácito no ocurre de modo alguno, por lo que dejaría nuestros sentimientos a la intemperie para sufrir las inclemencias de la pasión, otro tipo más endémico de la antesala segura de la muerte.

En algún día de nuestra vida, a todos se nos ocurrió jugar con el fuego de la candela durante el desarrollo de alguna conquista amorosa donde, mismo sabiendo que la relación no era exactamente lo que soñábamos, seguíamos enfrente con la firme esperanza de que la relación pudiese funcionar mañana, y así continuamos a jugar con fuego pensando que nunca nos quemaríamos, rebuznando ante los señales de alerta que nos avisaban que ese tipo de amor no nos convenía, y, de oídos sordos, convertirnos en una letra de tango de un vals de una nota sola en indiferente melodía.

Un Mal Whisky Puede Afectar el Cerebro


Ya no sorprende a nadie enterarse de que en la tierra de la octogenaria Reina existe mucho más que llovizna, bastante neblina y buenos whisky, mismo que diversos habitués a empinar la copa no sepan distinguir la diferencia entre el scotch whisky, el whisky escocés y el bourbon whisky o bourbon whiskey. En todo caso, haciendo un paréntesis frente a lo primordial del asunto, le diré que el primero es el clásico por antonomasia, el whisky propiamente dicho, el de toda la vida, elaborado en Escocia -y no en Paraguay-; y el segundo, pese a formar parte de la familia de los whiskies, es más conocido como bourbon simplemente… Algo así como si fuese un primo distante, o un paria sin apellidos.

Pues bien, retomando la cuestión de mi propósito una vez aclaradas las destiladas diferencias de alcurnias líquidas, tengo que agregar el lado siniestro de mi intención para comentarles que una mujer británica de 56 años y su marido, de 57, terminaron por ser declarados culpables del asesinato de los padres de ella después de que, 15 años más tarde, fuesen descubiertos sus cadáveres, enterrados en el jardín de su casa.

Sé que parece algo más confuso que fatídico, pero en verdad, Susan y Christopher Edwards, el abnegado esposo que la ayudó a encubrir los hechos y a cobrar el dinero y la pensión de las víctimas, acaban de recibir un dictamen de culpabilidad en el “Tribunal de Nottingham” (al centro de Inglaterra), mientras todo el vecindario espera que sean sentenciados en otra audiencia… Y lo que parece peor, sin ellos poder acercarse a la botella de scotch, traicionera compañía.

No sé, puede que el hecho de estar asistiendo a muchos partidos del mundial por la TV y no el whisky con que los acompaño, me esté afectando la composición de esta redacción, pero el asunto de esta pareja ha causado conmoción luego de la policía hallar los cadáveres de Patricia y William Wycherley 15 años después de su muerte ocurrida en mayo de 1998, y porque los autores pasaron todo ese tiempo pretendiendo mostrar que los difuntos seguían con vida para percibir sus prestaciones sociales.

En todo caso, Susan Edwards, que durante el juicio ha confesado que a veces tiene dificultades para distinguir fantasía de realidad, asegura que su madre mató a su padre, y que ella la mató porque le había provocado con comentarios desagradables, como por ejemplo… Bueno, no es necesario detallarlos.

Está bien, ya que el lector insiste, agrego que, según Edwards, quien admite el homicidio pero no asesinato, después de disparar a su padre, que entonces tenía 85 años, la madre, de 63, pasó a provocarla diciéndole que era una hija (…) no deseada y que sabía que había sido abusada sexualmente por su progenitor.

Así que, una vez que el leyente tenga dado rienda suelta a su imaginación de lo que pudo haber ocurrido luego de recibir tan aciagos comentarios, sucede que tras matar a la madre, la autora le confesó a su esposo el asesinato y el fin de semana siguiente ambos enterraron los cuerpos en el jardín trasero de la casa de los Wycherley. En todo caso, en 2005 ellos vendieron esa propiedad con los cadáveres allí enterrados.

Independiente de su juicio, mi amigo leyente, añadiré que esta pareja, que tenía dificultades financieras, no vaciló en vaciar las cuentas bancarias de los muertos y que durante años percibió sus pensiones, hasta un monto de 245.000 libras (más de trecientos mil euros).

Pero como la mentira -al igual que un enano- tiene piernas cortas, la voz de alarma la terminó dando la madrastra de Christopher Edwards, a quien él le confesó los hechos cuando se vio necesitado de dinero, y ello condujo posteriormente a que la policía desenterrara los cuerpos, envueltos en ropa de cama, el 10 de octubre de 2013.

Durante el proceso judicial, la fiscal, Dona Parry-Jones, dijo que fue “un asesinato frío y calculador, motivado por la avaricia”, y que ambos podrían afrontar la cadena perpetua cuando sean sentenciados en una fecha aún no especificada.

Por tanto, mencionado lo concluido y fuera de toda la morbosidad del caso en cuestión, queda clara la interferencia de un mal whisky en el raciocinio de cualquier viviente, momento que somete a la perplejidad popular el poco potable hecho llamado de Waterloo, que por la propia insalubridad acuática del nombre ya lo dice todo, principalmente ante la corruptela existente en la actual coyuntura, rellenada de figuras inexpresivas y personalismos exacerbados… ¡Todo culpa de la hormonal sed de Poder!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

A %d blogueros les gusta esto: