Una Cerveza Paquidérmica


Tiene mucho más que ver con la prudencia que con el miedo, los límites que algunos seres humanos se autoimponen. No es por miedo que uno cuida su salud no metiéndose cosas perjudiciales en la boca, ya que todos sabemos que más tarde o más temprano nos iremos de este mundo, pero la prudencia es la que nos dicta algunas reglas para que el viaje sea lo menos lastimoso posible.

Por otro lado, la ansiedad decurrente de los innúmeros problemas personales y económicos no resueltos, llega a  producir en el viviente un apetito descontrolado que le hace devorar todo cuanto tenga a su alcance; o sea, que busca en la adversidad y el afuera a los culpables, eximiendo a su falta de voluntad, a su gula y a su propia responsabilidad de toda posible culpa.

Por consiguiente, si uno come desenfrenadamente hidratos de carbono al por mayor regados con abundante alcohol y gaseosas, y sigue ese régimen por un tiempo prolongado, seguramente engordará, perderá su cintura, encontrará una panza que nunca imaginó y asistirá escandalizado al nacimiento de papadas, rollos y redondeces parecidas a cubiertas de tractor.

Y por ser así, no es de extrañar los motivos por los cuales los fanáticos de la cerveza siempre están dispuestos a probar nuevos sabores de la bebida, en especial cuando se refiere a aquellos que provienen de la industria artesanal. Sin embargo, el bombástico producto que acaba de presentar una empresa cervecera de Japón parece haber llegado demasiado lejos, pese al éxito que demostró tener en su primer día de venta.

Existen varias centenas de mezclas de granos e ingredientes que se agregan al lúpulo y a la cebada para acentuar un determinado saborcillo en el paladar del degustador, y por tanto, las cervezas hechas en base a granos de café son populares en todo el mundo; pero la japonesa “Kono Kuro” parece haber llevado sus experimentos al límite de lo imaginable. Su bebida está hecha, nada más ni nada menos que en base a los granos de café que, tras pasar por el tracto digestivo de los elefantes que, luego de defecados, son recogidos y procesados industrialmente.

De acuerdo con la información divulgada por la “Fox News”, la novedosa cerveza se agotó en el primer día que se puso a la venta, y para mayor detalle de los consumidores, las botellas cuentan con una simpática ilustración en la que se ve unos cuantos granos de café que salen del trasero del elefante y su proceso posterior… ¡Paquidérmico!

Aparentemente, mi pretérito leyente, aunque usted se extrañe, parece que esta técnica hace que las proteínas del café se modifiquen y le den a la cerveza un sabor más suave… Aunque sólo pueden compararlo todos aquellos que se acostumbraron a comer aventajadas podredumbres.

En todo caso, los especialistas de la compañía nipona llegaron a explicar que gracias a este advenido método, los granos de café se impregnan de aromas de banano y caña de azúcar, lo que “da al producto final un sabor único”… Y no es de dudar.

Por otro lado, pienso que el miedo de probar, ya que el miedo como todos los pegadores, tiene su seducción morbosa, a veces nos confunde; pero la prudencia y la astucia junto con la razón, han hecho cosas mucho más positivas por la humanidad que el propio miedo… Por ejemplo, está eso de ponernos a juntar boletos y tickets para llevarlos más tarde al zoológico, y entregárselos al domador de elefantes para que les dé un buen uso… ¿Eso no es pretencioso de nuestra parte?

(*) Si quiere continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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El Hambre en Nuestra América


El peor negocio que puede hacer cualquier sistema político es crear pobreza, y la peor inversión de cualquier Estado es la especulación desenfrenada. Condicionantes que afectan y deterioran las estructuras de un país desde lo edilicio hasta lo orgánico.

Ya estamos cansados de ver como muchos gobiernos han hecho esos “malditos negocios” con una prolijidad digna de mejor causa. Como consecuencia, su resultado ha sido fabricas cerradas, falta de trabajo, destrucción del sistema productivo, castigo a las fuentes de riquezas y recursos naturales, corrupción al por mayor, falta de ejemplos de conducta y probidad, indiferencia ante los primeros signos de crecimiento de pobreza extrema, desnutrición y vejez abandonada.

En derivación sus actos resulta que el hambre hoy, ya afecta a más de mil 200 millones de personas en el mundo. No obstante, hace unos años, jefes de estado y de gobierno reunidos en las Naciones Unidas, se comprometieron a reducir a la mitad para 2015, el porcentaje de personas que viven en la indigencia.

Ya se han logrado algunos avances, y ya se puede ver una disminución en el porcentaje de personas que viven con menos de un dólar al día. En compensación, en muchos países el número absoluto de pobres se ha incrementado.

El trabajo de las Naciones Unidas es enfrentar todas las amenazas, incluido el uso de armas. De cualquier manera, es evidente que un mundo en el que muchos millones de personas padecen opresión y miseria extrema, no deja de ser muy inseguro además de injusto.

Un informe interesante muestra que, para salir de la pobreza y cumplir las metas de la “Cumbre del Milenio”, se necesitaría un crecimiento per cápita de 3%, una cifra utópica que todos ya sabemos de antemano que no se alcanzará.

Parece que no lo quieren ver, pero las causas de la pobreza extrema en las naciones en desarrollo, son las finanzas y el comercio internacional, un fortuito juego en el que los países de más bajos ingresos cuentan con una soberana desventaja.

Es por tal motivo que los estudiosos del asunto afirman vehementemente que, para que la globalización funcione en beneficio de todos, debemos promover un sistema de comercio que permita a todos los países salir de la pobreza.

Sin embargo, todo indica que es necesario insistir en que hay que ir más allá de la pobreza medida en función del ingreso, y considerar el concepto más amplio de la pobreza humana, pues la equidad, la integración social, y los derechos humanos también son importantes factores a considerar.

Es obvio que la capacidad de nuestro planeta para sostenerse está disminuyendo a ojos vista, y ésta es también una forma de empobrecimiento. El deterioro de los ecosistemas y la creciente vulnerabilidad social y ecológica tienen suma influencia sobre todos los humanos, pero en realidad, son los pobres los que sufren sus consecuencias más que ningún otro grupo étnico o social.

En resultado, pasa a ser el principal reto de los países en desarrollo, garantizar el acceso a alimentos, agua potable, saneamiento, educación básica y servicios de salud.

Algunas cifras recientes indican que América Latina tiene más de 220 millones de pobres, y cerca de 100 millones de ellos viven en la indigencia total.

Otro dato alarmante nos muestra que una de cada cinco personas en países como Bolivia, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y República Dominicana padece hambre crónica.

Es fácil para cualquier cristiano o no, entender que la pobreza es una negación de los derechos humanos, pero igualmente tenemos conciencia de que el mundo ha alcanzado un nivel de riqueza y avances tecnológicos que nos permitirán salvar a la humanidad de este flagelo… ¡Basta quererlo!

La ONU trabaja en ese sentido, pero falta ver si los políticos y los gobernantes de plantón también se disponen a lograrlo, claro.

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