Sueño Mágico


79-sueno-magico

Siento que usted no está capacitada para percibir cómo a mí me gustaría ser un nigromántico del amor, y así lograr prever nuestro futuro, mismo que yo, dulce mujer de mis desvaríos, sólo sea un triste hombre que vive a soñarte.

Anoche te vi nuevamente entre sueños y te noté más preciosa que siempre, mejor dicho, magnífica. Quizás, eras mucho más que una Diosa, porque advertí que la venturosa piel de tu cuerpo exhalaba odas y poesía.

Te sentí tan cerca de mí, que juro alcancé a respirar la esencia de tu piel. Te veías tan viva, te veías tan veraz, que llegué a imaginar cuántas loas, cuántos versos entre letras gigantes como mis demonios internos, dormían en ti, tal cual un pájaro dolorido que duerme calmo entre las ramas esperando la caricia del sol al amanecer.

Es posible que hoy mis noches estén más llenas de recuerdos que de estrellas. Por eso me he asomado a las más altas cimas de la tierra y del cielo buscando verte, con los ojos y con el pensamiento.

Sin embargo, perdido entre la agonía y el tormento de mi corazón apasionado, he descubierto tardío, que tú eres el único medio posible que necesito para tocar las nubes. Nada más.

Mis ayeres están poblados de ti y no hay noche que no te vea entre mis sueños, momento en que se asoma a mis labios otra sonrisa, otro dolor, al preguntarme si acaso tú ríes como yo. Mismo así, aunque me duela infinitamente tu lejanía, estoy dispuesto a soñarte todas la noches, todas las semanas, todos los años del resto de mi vida, sin que tu supongas cual sería el tamaño de la suerte mía el poder tenerte a mi lado al despertar.

Saeta voladora que cruzas mis sueños nocturnos sin yo saber dónde caerás, ola de pasión gigante que el viento riza y empuja caprichosamente hacia el mar llevándote tan lejos de los brazos de mi amor, hoy me resta un consuelo y nada más, que imaginarte, amor mío.

Ven a mi mundo, para que puedas sentir libre tu alma. Ven a soñar conmigo, dueña de mis quimeras, pues, si soñamos juntos, será mejor para los dos.

Abjuración


22- abjuracion

Aun no soñaba en conocerte, vida mía, pero ya me dedicaba a plantar flores y madrigales en el camino. Tuve como propósito que ni un sólo día de mi vida me faltasen las mariposas.

Pero luego que te conocí desenredando festivamente ese viento primaveral que se levanta en el ocaso, me distes un beso, y nuestros besos se transformaron pronto en danza y la sonrisa se hizo niña en tu rostro.

Tiempo después, sumergidos en un lento juego de luces noctívagas, mientras miles de nuestros besos varaban en un ansia anidada, nuestras manos construyeron diligentes una alianza de amor perpetuo. Entonces el suave toque de mis manos de pergamino convirtió mágicamente tu cuerpo en rosas y en mi estómago nacieron nuevas mariposas.

De inicio no lo advertí, pero traía tu amor, tal cual una estrella fugaz del firmamento, una larguísima hilera de emociones y dolores, un largo rayo mancillado de espinas; y, sin querer, ciegos de amor y pasión, decidimos cerrar nuestros ojos al mundo para que ninguna herida nos separase jamás.

En ti los ríos cantaban, pero de rebato, nada más que de repente, tú partiste y los minutos de mí vida se volvieron horas. Desde ese día mi cama pareció vacía, y la falta de tu toque se convirtió en pura agonía cuando la adversa campana solitaria del crepúsculo cayó de vez sobre tus ojos.

Desde ese día la tierra ya no canta. No es culpa de tus ojos este luto mío, no buscaron tus pies este camino y tus manos no clavaron esta espada, pero la simple evocación de tu piel perfumada hoy me causa un agito de escalofrío y mis lágrimas se tornan puras antes de ahogarse en el hondo torrente de un río.

El delicioso gusto azucarado de tu boca lo busco ahora en toda fruta madura, y encuentro la mirada de tus ojos en toda nube oscura. Fruto prohibido de mis quimeras, mujer de ensueños y alucinaciones noctívagas, rumor de olas quebrándose en la playa, en tus brazos me he rendido un día después de haber sido ladrón de corazones.

Farsante impío y despiadado que ha pasado toda la vida esquivando balas, siento que de repente me ha matado tu abrazo, tus besos, una despedida, y un hasta nunca más.

Huellas de Tristeza


20- huellas de tristeza

Recuerda, muchacha soñadora, que no tiene cualquier sentido deponer de nuestras ilusiones y quimeras, pues lo que en verdad se necesita derrumbar, son las barreras que nos impiden cumplirlas.

Nunca te fíes ni un poco en la tristeza y la melancolía. Nunca permitas que ellas pasen por la rendija de tu agonía, ni tampoco escuches la seductora tonada de sus arrullos, ni te cobijes en ellas cuando te refugies en tu soledad. Échalas lo cuanto antes así que las presientas.

No confíes en tu intuición, esos aciagos sentimientos siempre dejan huellas en el corazón y suelen esconderse hasta en tus viejas canciones, en los ajados álbumes de fotos que guardan tus recuerdos, y hasta en los potes de polvos y perfumes que guardas en tu tocador.

Tíralo todo, deshazte ya de todo eso. La tristeza no es buena amante, sólo te traerá recuerdos que son mentiras, y siempre te querrá sola.

Ten en cuenta que de inicio, silenciosa y muda, fría como el blanco mármol del sepulcro, ella habitará primero en tus ropas y en tus cabellos, luego tomará cuenta de tu piel y de tu alma, hasta que de repente, cuando menos lo esperas, acabará sin más doliéndote en los huesos.

Vive la vida, muchacha soñadora, y el día que la tristeza te aprese bajo su desventurado velo, necesitarás revelarte, alzarte, saltar, huir, caminar, correr, escapar hacia lo más lejos. Hacia mis brazos, por ejemplo… No te dejes paralizar por ese alacrán siniestro que te consumirá en vida.

El momento demanda construir algo bonito. Deja de pensar en ti y en lamentaciones. La tristeza no tiene poder fuera de tu ego. Y tú eres mucho más que un ego, eres todo lo que amas, y todo el amor que has recibido y recibirás hoy y mañana. La vida solamente acaba cuando dejamos de soñar, cuando dejamos de creer, y el amor agoniza en muerte lenta cuando dejamos de cuidarlo.

La tristeza nunca pudo nada contra el amor, ella sólo entiende de rencores y desamores. Abrázame, abrázate ya al amor, muchacha soñadora, para nunca despeinar tus utopías y expulsar la tristeza de tu alma para siempre.

A %d blogueros les gusta esto: