El Club de Toby Desvirtúa el Ámbito del Mercosur


Hoy en día uno ya no se sorprende cuando se ve cometer un papelón, una grosería de marca mayor y un feo pisoteo al Derecho Internacional como el que fue provocado por el tamaño y la torpeza del elefante grande del Norte.

La decisión política del muchachito del Norte de mandar aprehender al informático Edward Snowden, quien dando con la lengua en los dientes reveló el espionaje electrónico masivo que realiza EE.UU., lo ha hecho arremeter contra todas las normas de derecho imperantes en las sociedades, presionar alevosamente a gobiernos e, incluso, someter al presidente boliviano Evo Morales a una despiadada odisea por aeropuertos de Europa, por la simple sospecha de que podría llevarlo en su avión. Se equivocaron feo sus servicios de Inteligencia porque Snowden estando donde estaba, o sea, en el aeropuerto de Moscú…

También se entiende y se aplaude la solidaridad demostrada por los gobiernos latinoamericanos con don Morales, pero hay ámbitos expresamente creados para hacerlo y otros, cuyas competencias poco tienen que ver con cuestiones políticas, que no deben ser contaminados, a riesgo de desnaturalizarlos.

Los gobiernos, por sí, pueden expresar su rechazo a lo ocurrido, o si lo prefieren, pueden hacerlo en la OEA (ámbito lógico porque da posibilidad de defensa a los Estados Unidos o, por lo menos, se escuchan sus explicaciones), o en la Unasur, un organismo regional que no integra la potencia del Norte. Cualquiera de los dos son foros políticos y tratan temas políticos.

Nada tiene que ver ello con la Conmebol o Confederación Sudamericana de Fútbol, por ejemplo, que es el órgano rector de esa actividad en esta parte del continente, o con el Mercado Común del Sur, más conocido por su sigla Mercosur, que se refiere a “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración”.

Sobre estas bases estampadas en el Tratado de Asunción, acierta a medias la presidente Cristina Fernández cuando dice en su discurso que “nadie daba dos pesos por el Mercosur”… Es cierto, pero le faltó aclarar que nadie daba, y “ni nadie da” hoy día dos pesos por el Mercosur como bloque comercial regional.

Distinto es si se lo toma como un Parque Presidencial de Diversiones. De repente se cotiza mejor. Allí concurre un grupo de amigos para hablar de cualquier tema, pero no de aquellos específicos que deberían tratarse en ese organismo. Porque de las cuestiones comerciales -las que hoy afectan a los países miembros-, no pasa nada. Los ministros de Economía ni concurren. Es la misma “Nada” que impera hace años y lo ha transformado en tan inútil como cenicero de moto. Ahí está el ejemplo de lo que acaba de ocurrir en Montevideo.

Lo más importante fue que durante la cumbre se explayaron en las exigencias de respeto de los Estados Unidos al Derecho Internacional, porque las decisiones políticas de Washington eran contrarias a la normativa jurídica. Paradojas del destino. Pensar que el presidente Mujica justificó la arbitraria suspensión de Paraguay del Mercosur con el argumento de que “lo político está por encima de lo jurídico”.

Eso deja parecer que violar el derecho está bien o está mal según quién lo haga. Las presiones de EE.UU. en el tema Snowden han sido decisiones políticas. Pero en este caso no se aplica el razonamiento del Sr. Mujica, que no sabemos si es solo de él o de la barra mercosuriana. Ahora, hasta la represión al terrorismo “debe enmarcarse en la estricta observancia del Derecho Internacional”. Parece que “lo político” ha quedado relegado, hasta… El día de San Nunca.

Se invitó al nuevo gobierno de Paraguay a reinsertarse al Mercosur. El presidente Cartes ha dicho que no: que mientras Venezuela -que ingresó por la ventana- ocupe la presidencia, no piensa volver. Y más adelante se verá.

De inicio, se invitó y se anunció la presencia de Surinam en la cumbre. Pero éste brilló por su ausencia, seguramente cuando se enteró del temario. Se percató que era una pérdida de tiempo.

Y todo eso suele ocurrir porque en estos pagos es así; y en realidad, es una lástima que continuemos yendo a contramano de un mundo que busca blindarse en grandes bloques comerciales, porque de a uno -con excepción, tal vez, de Brasil- se pierde por goleada. A eso había apuntado el Mercosur en su inicio; pero hoy parece que importa tanto como el agasajo de bienvenida a esta Cumbre: nadie concurrió, no sirvió para nada.

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