Sencillez


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Hurgando en los mamotretos, además de insectos y toda su escabrosa parentela, encuentro el registro que dice que la sencillez corresponde a algo simple que es formado de un solo elemento que carece de lujos aparentes o adornos, sin composición ni complicación, algo fácil de comprender y hacer, que no posee un artificio retórico. Un asomo que es de carácter natural y espontaneo, y que tiene menos cuerpo o volumen que las otras cosas de su especie.

Esas son explicaciones que se aplican al burdo material, a lo tangible, sobre algo que nuestros dedos pueden palpar, pero que de igual forma es una virtud visible a los ojos perceptivos del ser humano, visto que esa palmaria actitud representa humildad, candor, simpleza y afabilidad entre otras cosas por el estilo.

Sin embargo, poseer esa cualidad especial y privativa, pasa a ser, a su vez, uno de los ingénitos sustantivos más complicados de exteriorizar en cualquier rincón del mundo en que vivimos o en el lenguaje que le apliquemos.

Esto se debe a que cuando una persona es sencilla en su substancia como también en sus actos y palabras, incluso en el lírico plectro de su instinto y percepción de la vida, ésta corre un enorme riesgo de ser catalogada de inmediato como un ser tonto, un alucinado, un bobeta soñador que anda por las esquinas de la vida desparramando utopías insanas llenas de exaltación poética.

Con todo, es fácil percibir que esos mismos censores de los actos ajenos que hacen profesión de desconfiar de todo lo que los circunda, mismo que no los entiendan, les parece que tienen cierta destreza innata para avanzar por fuera del misterio, haciendo de su ignorancia una forma inédita de indiscreción. Tal vez estos sean, no lo dudo, seres que se afanan en no ser, y, especialmente, en no parecer sencillos.

Esa altanería, esa pompa, su soberbia, son su concha de carey protectora, y se olvidan que en la sencillez, jóvenes y viejos, hombres y mujeres o el género que sea, se amparan y a la vez se comprenden, en cuanto esos que caminan por el laberinto de la complejidad de proceder anidan entre la desconfianza y los rencores, sin tener en cuenta que la muerte es el vértice de la sencillez.

Después de Protestar en la Calle, ¿Qué Viene?


Ahora que han dejado las redes sociales, y salieron a la calle para manifestarse consiguiendo lo que se habían propuesto al principio, ¿para dónde irán? ¿Pararán las ciudades cada vez que algo esté equivocado? ¿O volverán al Facebook con la sensación de quien hizo su parte, reclamando que “Brasil no tiene solución”?.. No me parecen soluciones viables para tirar al Brasil de esa situación. La Revolución de los Bichos muestra que no se muda de una posición bovina para una activa en actos repentinos, pues es fácil caer en la armadilla de salvadores de la patria con discursos mesiánicos, que después se rinden al sistema… Algunos ya vivimos esa historia.

Muchos parecen estar perdidos por no ser capaces de ver todo el escenario. Concentrados en la manifestación, dejan de ver la situación. Décadas de control social, de publicidad corporativa y de fabricación de consentimiento público, anestesiaron a las personas tirando de ellas la percepción de que cada uno puede ser un agente de mudanza. En la resaca de las conquistas hay una sensación natural de desorientación.

El periodista Ricardo Boechat defiende, en una bella argumentación, que lo que se vio la última semana fue un desahogo generalizado, un “basta”. Pero no parece tener dirección porque los problemas son muchos, diversos, sistémicos, y no hay como resolverlos sin una profunda y significativa mudanza.

Oportunistas procuran transformar los hechos en una situación que pide intervenciones espurias, como la del infame Partido Militar Brasilero o la del apabullante Foro de São Paulo. Son iniciativas de control que amenazan la libertad, verdaderos golpes de Estado debajo de nuestra nariz.

La solución es más compleja de lo que parece. Hasta las tales “cinco causas” tienen sus problemas. Es posible presionar por el abandono de medidas impopulares, ¿pero lo que hacer con tanta cosa equivocada? Mismo que todos los parlamentares dejen sus cargos, ¿lo que garante que sus aliados perderán el poder? ¿O qué los invisibles que los controlan largarán la mano? ¿O que los qué vendrán después no serán peores?

Mismo todo lo que el mundo adora y exige ahora, no podrá, uno solo, mudar el país. ¿Tendría Marina Silva la capacidad de barrar los excesos propuestos por la bancada de pastores, que avergüenzan los principios y preceptos religiosos de tanta gente evangélica en este país? ¿Sería Joaquim Barbosa capaz de luchar solo contra lo que el Capitán Nascimento en la película llama de “esquema”? Pienso que no. Una golondrina, dicen, no hace Verano.

Se pide la inmediata investigación de irregularidades en las obras de la copa y olimpíadas, ¿pero quién las fiscalizará? ¿Será que eso ya no está siendo realizado, sólo que por un sistema lento y que puede llevar a la impunidad como aconteció con el Mensalón? Mismo que haya una restructuración del PIB para áreas como salud o educación, nada indica que mejoraría. ¿O será que ya se olvidaron de la CPMF?

Corrupción, impunidad, homicidios, impuestos, cualidad de las escuelas y hospitales públicos son excelentes motivos para salir a la calle a reclamar e intentar mejorar el país. Pero eso es sólo el comienzo.

Políticos se apegan a los actos de vandalismo, apoyados por demagogos que usan las imágenes de ladrones oportunistas en una tentativa de manipulación. Y por más que se discorde de las líneas editoriales de determinados vehículos de comunicación, azotar la media es peligroso. Eso puede generar un control de la libertad de expresión, buscado hace tiempo por este gobierno.

Las calles mostraron que somos lo que Sérgio Buarque de Holanda llamaba de hombre cordial, que se deja guiar por el corazón. La paciencia puede que se haya agotado, pero esas cosas se resuelven con la ley, la que debe ser aplicada para todos, sin excepción. Se hace necesario substituir el típico “Jeitinho Brasileiro” por un sistema de reputación. Y la mejor forma para eso, es crear una red de transparencia y educación.

Nunca se discutió tanto la política, y eso es muy positivo. En las calles, shoppings, peluquerías, taxis, bailes y ruedas de amigos, nunca el asunto fue tan popular. Se hablaba en violencia urbana, transporte e inflación, pero el asunto luego era desviado para el fútbol y la novela del momento.

Otros temas eran casi tabú: corrupción, impunidad, educación, salud, impuestos, superfacturación, salarios bajos de los funcionarios de servicios esenciales, regalías de políticos y el comprometimiento de la media era tópicos cercados de tanta ignorancia que no tardaba para ser clasificados como “pesados” y relegados a debates de centros académicos en escuelas de ciencias sociales, en que también faltaba un debate plural.

La ignorancia es la madre de la incompetencia. Corrupción, salud y educación son temas de largo plazo, que no pueden ser resueltos en base a paseatas, bajo el riesgo de ser desviados o generar efectos colaterales todavía peores. Quien se indignó a punto de interesarse por el asunto, debe mantener su indignación en una constante auditoría. Thomas Jefferson defendía que el precio de la libertad era la eterna vigilancia. Y no olvidemos que es su época no existían tantas herramientas como hoy.

De nada sirve gritar “Sin partido” por mucho tiempo. La rebelión contra oportunistas es válida, pero no se sustenta. Países sin partido son retrocesos, sin excepción. Lo que se necesita es una concientización política. Sólo así será posible sanear las estructuras. La constitución brasilera está entre las más avanzadas del mundo, sólo precisa ser acompañada por una población que la comprenda y la utilice correctamente, no votando en payazos, cantores, pastores y jugadores de futbol, a no ser que sus propuestas sean muy claras y acompañadas de estudiosos y técnicos capaces de ponerlas en práctica.

Buena parte del desinterés político viene de la complejidad del sistema y de la impotencia de sus usuarios. Presentada de forma técnica, remota y pesada, la política se tornó distante, vieja, una fatalidad. La impotencia es tanta, que lleva a muchos a olvidarse que políticos son funcionarios públicos. Por tanto, acompañar su desempeño es derecho y deber y una responsabilidad de todos.

Las Redes de comunicación basadas en la Internet funcionan como plataformas. Sobre ellas nacen nuevos productos y servicios, creando nuevas interacciones a partir de sus bancos de datos. Ese es uno de los motivos del éxito de las redes sociales. Nada impide que sean usadas para despertar al Gigante para estimular el debate, combatir estereotipos, generar conocimiento, facilitar el equilibrio entre puntos de vista y crear redes de valor.

Entrar en la Internet, todos sabemos, y es más fácil que salir a la calle a protestar. Durante mucho tiempo ese fue el argumento de quien despreciaba el activismo digital. Pero la misma red también sirvió como herramienta de concientización y motivación, transformando ciberactivos en hiperactivos.

Algunas iniciativas son loables, pero son pocas: hay quien haga vídeos explicando lo que está aconteciendo para personas de otras ciudades o países, luchando con información contra los que los llaman de agitadores. Hay quien use el Twitter para disponer atendimientos y servicios, o mismo quien libere la rede de casa para ayudar las manifestaciones de quien está en las calles. Wikipédia muestra cómo se construye contenido de cualidad rápidamente. Movimientos de monitoreo social como el Voto Consciente y el Radar Municipal muestran que es posible monitorear y fácil informar.

Ahora la proposición es por la organización de un otro tipo de movimiento. Uno que use plataformas digitales para construir propuestas concretas. Y éste no precisa de líderes. No tiene nombre ni dirección. No puede ser cooptado. Es invisible y omnipresente. Su orden se basa en reputación, no en puestos de trabajo. En el discurso competente, no en el otorgado. Tanto un presidente o un barrendero tienen en él, el mismo derecho a expresarse… Vence quien tenga los mejores argumentos.

Hasta la cámara del smartphone, que se mostró más poderosa de que el spray de pimienta y las balas de goma, puede ser usada como instrumento de movilización, registrando con ella filas, abusos y agujeros, sean físicos o estructurales, en el sistema.

No es difícil democratizar la innovación y el ambiente de participación pública, convidando a todos para que participen de su desenvolvimiento. Cuando lleguemos a ese punto, varios tantos paquidermos de la comunicación serán tan sólo puntos de la rede. No será necesario ni recomendable silenciarlos cuando entonces sí será posible relativizarlos, cosa que la TV nunca permitió.

Para resumir, el Pequeño Príncipe decía que “tú te tornas eternamente responsable por aquello que cautivas”, en cuanto el Hombre Araña defendía que “grandes poderes exigen grandes responsabilidades”… No es preciso tener mucho estudio para comprenderlos.

(*) Si quiere continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

Pare de Procrastinar


Por si no lo sabe, la procrastinación, una compleja expresión que viene del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro, o en su castellanización: postergación o posposición; no es nada más que ese mal hábito que uno tiene de querer postergar las actividades o las situaciones que uno debe atender, y que las remplazamos por otros contextos más irrelevantes y agradables. Como por ejemplo… ¡Sí!, Pero no eso mismo que usted está pensando.

Por lo tanto, mi amigo, procrastinar es algo de lo que poco se habla, pero mucho se hace. Empero, como “embromación” puede llegar a ser uno de sus sinónimos más populares, le diré que la procrastinación va un poco más allá de ello. Es un comportamiento crónico nocivo, y muy común de los humanos. Se trata de un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar, con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés).

Éste puede ser psicológico -en la forma de ansiedad o frustración-, físico -como el que se experimenta durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso- o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. Por lo tanto, el acto que se pospone puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido; es decir, estresante, por lo cual se auto-justifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, en que lo importante es supeditado a lo urgente… Por la noche es igual.

Y así, aquel hábito de dejar todo para después: como una tarea “fatigosa”, los estudios, el régimen alimentar, las prácticas físicas y sexuales, el abandono de un vicio, pasar a economizar o ahorrar, son cosas que sabemos ser menester realizar, pero que, por inúmeras razones, las vamos adiando; muchas veces engañándonos con disculpas frágiles y, no raro, falsas.

El procrastinador es alguien que hace varias cosas al mismo tiempo, exactamente para no hacer aquello que realmente debe ser hecho. Y cuando piensa en lo que en realidad tiene que hacer, siéntese preso y sin reacción.

Las consecuencias no raramente son dañinas, especialmente a largo plazo, cuando, mirando para atrás, se percibe cuanto tiempo fue desperdiciado por falta de una acción objetiva. Y al dejar de cumplir ciertas obligaciones, siempre decepcionamos a alguien y perderemos credibilidad y oportunidades.

Eso se percibe claramente en la vida conyugal, en el convivio familiar y en la carrera profesional. Por eso que después nos quedamos boquiabiertos, observando la trayectoria exitosas de otras personas, que entraron en forma, ganaron conocimientos y avanzaron profesionalmente… Además de aquello que usted ya sabe.

Cuando vemos personas queriendo emprender grandes mudanzas de inmediato, sabemos que estamos delante de un procrastinador, porque este permanece inactivo por mucho tempo y, después que percibió en los otros lo cuanto él dejó de evolucionar, resuelve mudar todo de una vez. Es obvio que no lo va conseguir, porque nuestras grandes realizaciones son conquistadas a los pocos.

De tal modo que, nuevamente derrotada, vemos que esa persona tiende a desanimarse y volver a procrastinar reiteradamente, repitiendo así un ciclo condenado a la infelicidad. Y en cuanto procrastina, la persona va absorbiendo estrese por una oculta sensación de culpa, sintiendo su perdida de productividad y cultivando vergüenza en relación a los demás, por no conseguir cumplir con sus compromisos.

La formación de un “postergador”, muchas veces comienza en la infancia. Niños pueden tornarse procrastinadores a futuro, por cuenta del tratamiento que reciben de los adultos. De ahí la conveniencia de necesitar rever constantemente nuestros credos, para librarnos de influencias negativas que adquirimos a lo largo de la vida. Al tocar en este punto, se dice que de las das vertientes más clásicas son:

Críos extremamente protegidos – Son niños condicionados a pensar que siempre habrá alguien por cerca para hacer las cosas por ellos. Cuando adultos, tenderán, inconscientemente, a sentirse inseguras para actuar por no tener a alguien auxiliándolo.

El niño que es exageradamente cobrado – Este crío puede desenvolver la característica de perfeccionismo. Así, tenderá a la procrastinación por acreditar que, mismo dedicándose, no conseguirá realizar las cosas de modo primoroso, y acabará postergando todo lo que crea ser importante.

¿Cuál es el tratamiento aconsejado? – Idóneos afirman que la procrastinación crónica es casi siempre asociada a alguna disfunción psicológica o fisiológica de la persona. Por tanto, esa mutabilidad es plausible de tratamiento, y las recomendaciones para librarlos de esas anomalías, son:

-Reconozca que cuando está enrolando, puede haber más dolor en procrastinar de que en realizar la tarea. Muchas cosas son menos complicadas do que parecen ser.

-No deje aquel quehacer fastidioso para último momento, para que este no se torne urgente y lo importune aun más.

-Experimente la sensación de alivio y el fortalecimiento de la auto-estima después de concluir una tarea, y perciba que se libró de ella de una manera positiva, enfrentándola de vez.

-Para tomar coraje, piense en lo que va a dejar de ganar o en lo que puede perder caso no realice esa actividad. Mejor, si puede, escríbalo y evalúelo seriamente.

-Si la tarea es muy dificultosa, divídala en partes y vaya realizándolas una por una, con un pequeño intervalo entre ellas, y conmemorando -¡si!- la última concluida.

-Se abra de vez para lo nuevo, dejando de agarrarse a las viejas experiencias y credos. El pasado no vuelve más; el presente es hecho continuamente de nuevos desafíos y el futuro es construido paso a paso por las acciones del presente.

-Cuando percibir que está queriendo procrastinar otra vez, propóngase a actuar por apenas algunos minutos en la acción que está intentando evitar. Puede ser que usted perciba que no es tan desagradable cuanto pensaba y venga a vencerla -¡touché!-.

-Caso le sea por demás desagradable, haga una pausa y pase a hacer algo útil (no pare de actuar), pero determine cuando volverá al asunto pendiente.

No se olvide que la principal victoria es vencer la procrastinación en sí. Se trata de una victoria para la vida entera, como la de aquella persona que un día pierde el miedo a la oscuridad. O como diría mi vecino, esto aquí es exactamente igual al espectáculo electoral, donde su mayor mérito, es eludir a la platea… ¿No es impresionante?

Cuidado con los Accidentes Durante el Sexo


La verdad, es que ni Mandrake puede llegar a imaginarse qué es lo que va a suceder durante el transcurso del acto sexual, pues es sabido que durante esos ardorosos momentos las personas se dejan llevar por sus instintos tendenciosos, aunque en muchas ocasiones ellas terminen por descubrir que esas efusivas intransigencias los llevan a concebir cosas vergonzosas… ¡aunque deliciosas!, dirá la mayoría.

Eso se debe a que entre el fárrago de la pasión, el deseo, la excitación y la adrenalina que se vive durante un encuentro sexual, pueden ocurrir muchas cosas; y no cabe dudas que entre ellas se encuentran los momentos inolvidables que recordaremos con gran placer. Sin embargo, también podemos vivir situaciones un tanto vergonzosas que en el momento nos harán sonrojarnos, pero que con el tiempo se convertirán en anécdotas muy chistosas.

Y es que no sólo en la “primera vez” pueden ocurrir momentos bochornosos, en los que no sabremos si tenemos que pedir disculpas, reírnos, o seguir disfrutando de la pasión.

Es por ello que una vez más, vestido con mi sotana de terca santidad gregoriana y apoyado en mi quimérico cayado de información que he retirado de los sitios “guioteca.com” y “blog.sexo-casual.com”, realizo un listado con los 10 accidentes más vergonzosos que nos pueden suceder durante un encuentro íntimo, los que, probablemente, nunca revelaríamos a nadie, si no fuese mi contumaz indiscreción.

Ser cachados en pleno acto. Ya sea en la casa de tus suegros o en la tuya, que un policía te toque la ventanilla del coche, o tal vez tus hijos abran la puerta de tu habitación… Puede convertirse en un momento muy aflictivo, pues además de que te han “cachado con las manos en la masa” y terminaron con ese momento delicioso, luego tendrás que dar explicaciones de tus actos… y muchas veces ni te creerán.

Romper algún objeto. Es vergonzoso que cuando estás dando lo mejor de ti, y estás a punto de llegar al clímax, de repente todo se venga a bajo porque la cama no aguantó y se rompió, o puede ser la silla, un sillón o hasta la puerta del baño o una ventana… Y es que uno nunca sabe hasta dónde nos puede llevar ese momento de deseo y adrenalina.

Ruidos extraños. Cuando estamos por primera vez con una persona que nos gusta mucho, queremos que todo sea perfecto y que el sexo sea de lo mejor, pero la verdad es que durante los encuentros sexuales nada se planea. Por eso puede ocurrir que debido al esfuerzo o al bombeo que se genera con la penetración, se te pueda escapar un soberbio estrépito de flatulencia, lo que sería un acto natural del cuerpo principalmente si comimos porotos. Es verdad que ello no es agradable ni bienoliente, pero tampoco tienes que flagelarte por ello… Hay que continuar bombeando como si nada.

Atorarte con accesorios. Debido a que las mujeres se les antoja ponerse muy coquetas para sus hombres, hay veces en las que sus accesorios como collares, aretes, pulseras y hasta el cierre de su pantalón o falda pueden quedar atorados en el cabello, o hasta en el vello púbico si es que se les dio por querer ver la cara del “birgulino”. Será una situación incómoda, claro, pero nada que ella no pueda solucionar quitándose esos artilugios y continuar con el dichoso acto.

Romperropas. Es verdad que ser impulsivos en la cama suele ser muy excitante, y más cuando te desprenden de la ropa con fuerza y pasión. Sin embargo, tenemos que tener cuidado con no romper nada importante, porque al regresar a la normalidad, no será agradable que tengas un botón menos en la camisa, que el cierre del pantalón ya no sirva o que las medias estén rasgadas, porque muy pronto podremos ser blanco de comentarios no muy agradables por parte de los suspicaces resentidos de siempre.

Ropa interior. ¡Chica! Suele pasar que tu pareja te sorprende llegando por ti al trabajo para llevarte a un lugar más íntimo, pero tú como pensabas que ese día no lo ibas a ver, te pusiste tus peores pantis, esas tan cómodas que casi ya no tiene resorte y uno que otro agujero… En ese caso, es mejor que entres de inmediato al baño y te la quietes de vez, para que él no se dé cuenta de tus harapos… El problema es si hay mucho viento en la calle.

Ser aventurero. Probar nuevas cosas con tu pareja es muy bueno y recomendable, pero si estás pensando en sorprenderla con una nueva postura del “Kamasutra” que es muy extrema, tienes que tener en cuenta tu elasticidad y la de tu pareja, porque puede ocurrir que en pleno acto orgiástico, a alguno de los dos les dé un calambre o tengan algún accidente y, sin duda, sería vergonzoso que después tus amigos te vean agarrándote la espalda del dolor.

Nauseas. Cuando una chica quiere complacer a su pareja con un excelente sexo oral, no significa que tenga que hacer lo que ocurre en la afamada película “Garganta profunda”, al tratar de llevar toda la virilidad de su hombre al interior de la boca; pues si no estás acostumbrada a ello, lo que puede ocurrir es que sientas nauseas y el encanto del encuentro habrá fracasado… ¡Qué oso!

Malos olores. No es nada agradable que te besen cuando estás con mal olor de boca o cuando tus axilas no están bien aseadas, y ni que hablar de allá abajito, donde los malos olores se concentran tipo pescadería de feria libre… Para estar con una persona en la intimidad, es importante la higiene, porque en el momento ellos te pueden poner un pretexto para no continuar con el sexo y después pueden hablar muy mal de ti.

Eyacular sin control. Si entre ustedes existe mucha confianza y ya se conocen todos sus gustos, entonces no habrá problema, pero si es de tus primeras veces con tu pareja, y se te ocurre eyacular en donde sea sin pedir permiso, eso será tu peor error; porque sabrá que no te puedes controlar… y te quedarás sin el pan y sin la torta.

Y así, al ponderar sobre los restillos de la Cultura instintiva que nos queda, el lector luego percibirá que se escucha de todo, excepto lo necesario, lo que me lleva a recordar al conde Pomponio Torelli, autor del “Trattato del debito del gentiluomo” que, no obstante la astucia renacentista de su época, terminó casándose con una viuda, se mudó para Madrasta, en la India, y acabó siendo padrastro de un indio… Pobre ingenuo.

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