Imposible


No tiene sentido decirlo, pero junto a ti me gustaría escribir un diccionario de locuras, un manual de abrazos, una enciclopedia de besos y una colección de recuerdos nuevos. Me gustaría escribir una vida contigo. La tuya, la mía y la que hagamos nuestra.

No tiene sentido que te lo diga, porque es imposible convertirlo en realidad. En verdad, lo imposible no pasa de una burla sarcástica de los dioses, los que quieren que nuestra obsesión nos invada la conciencia y nos robe la sensatez. Quiera o no, todos venimos a este mundo con la contumacia de utopías, y pretendemos poseer siempre lo que no se puede, mismo que la utopía tenga el garbo de sus mitos, el prodigio de las quimeras.

Frente a ese desafío de lo imposible, yo sigo aquí, en la resaca de un cupido que no madura; sentado en el borde extenso de una cama solitaria; soñando con todos los besos mudos que nos debemos, y con tus caricias, que se equivocaron de estación.

Los Abrazos


Por el rumbo que ha ido tomado las cosas, pienso que nos está haciendo falta algo esencial en este mundo loco en el cual nos ha tocado vivir. Presumo que a causa de todas las realidades mundanales que de ordinario irrumpen la existencia del más desavisado, convendría que existiese la figura del “abrazador profesional”, un individuo que sea experto en su labor y que actúe al igual que los médicos de cuerpos o de mentes.

En éste caso en particular, no se trataría de un individuo apto para curar una insanidad cualquiera, sino más bien de alguien a quien podríamos recurrir de vez en cuando, justo en esos momentos que muy bien nos vendría un abrazo que nos acomode un poco, que nos dedique, aunque más no sea sin emoción, uno de esos apretones de quebrar costillas, para que él nos haga ver que no estamos tan solos, ni tan locos, ni tan rotos.

Es más que evidente que los abrazos y el contacto físico son importantes para nosotros, los seres humanos, ya que todos somos muy dispares y gozamos, sobre todo, de un amplio abanico de diferentes emociones. Por tanto, no hay sorpresa alguna en que existan tantos tipos diferentes de abrazos. Consecuentemente, hace sentido que cada tipo de abrazo revele mucha información sobre la relación entre los dos que se abrazan.

Pero no todos tienen quien, más allá del lenguaje verbal que tenga esta palabra, con quien a veces lograr ponerlo en práctica. La lengua de los abrazos no entiende de idiomas, es una lengua universal, es un modo de comunicación no verbal muy necesaria para el ser humano y su bienestar.

Esos doctores en “abrazoterapia” a quien me refiero, se ocuparían de poner en práctica esta forma de decir un verdadero “te quiero” sin la necesidad de contar, por el motivo que fuere, con quien nos lo diga. Estos doctos nos servirían para demostrar afecto y limpiar nuestra alma, ya que todos poseemos corazón y sentimientos, y debemos alimentarlos con algo de afecto.

Los escépticos dirán que en algunas culturas abrazar al prójimo no está bien visto, ya que abrazando se demuestra la sensibilidad, y el acto parece un roce demasiado carnal.

No disiento de ellos, pero lo cierto es que abrazar nos ayuda a sentirnos mejor interiormente, algo necesario para que la mente y el espíritu se mantengan en buena forma más allá de este punto de vista tan anticuado; y porque el hecho de abrazar a alguien es algo muy necesario: nuestra mente y corazón lo necesitan, pues al tocarnos, los sentidos se agudizan y ejercitamos los músculos.

Además, cuando abrazamos, aliviamos la ansiedad y los estados depresivos, y esto ayuda a dar confianza al que está necesitado. En definitiva, si no hay quien nos los de, recurriremos al abrazador, quien nos ofrecerá mucho a cambio de nada.

Recuerdos


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Los recuerdos suelen doler de acuerdo con la intensidad que nuestra memoria esté preparada para guardar imágenes y momentos que han quedado detrás del tul de la nostalgia. Pero cuando estos surgen, agoreros, descabezados, siempre habrá un precio a desembolsar.

Con todo, hay que tener en cuenta que un recuerdo es aquella imagen del pasado que guardamos en la memoria, ya que ésta tiene la capacidad condescendiente y generosa de lograr almacenar, retener y recordar alguna información del pasado. Es más, no pasa de una función cerebral que gracias a las conexiones sinápticas entre las neuronas, nos permite retener las experiencias vividas. Implícitamente los amores fallos, los besos perdidos en el viento de primavera o los abrazos que estrechamos rompiendo corazones.

Ese dolor causado por el recuerdo, nos viene de la mano de la nostalgia, porque ella es descrita como un sentimiento de anhelo por querer revivir un acontecimiento, momento o situación del pasado que el amor nos concedió.

Usualmente, cuando se nos ocurre hablar del recuerdo, nos remitimos a un sentimiento que cualquier alma puede atravesar en cualquier etapa biológica de su vida, pero que suele traer a sus espaldas el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido o vivido en una época y ahora no se tiene, está extinto o ha cambiado, aunque la nostalgia se puede asociar a menudo con la memoria cariñosa de la niñez, de un ser querido, un lugar, juego, objeto personal estimado, o un suceso en la vida del individuo o grupo.

Sin embargo, los recuerdos de amores de ayer no dejan de ser como las palabras. Y aunque una multitud diga lo contrario, a éstas no se las lleva ningún viento. Porque cada palabra destruye o edifica, hiere o cura, maldice o bendice, o nos hace caer de rodillas si se trata de la pasión.

Para evitar sufrir con esos sentimientos dolorosos de los recuerdos, debemos aprender del árbol, ya que todo lo que él tiene de florido, viene de lo que tiene sepultado en sus raíces y se convirtió en recuerdos.

Mi Gloria


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Habían existido algunos prefacios y varias preliminares entre nosotros. Empero, cuando esa noche ella se desnudó, donde me aseguraba que le sobraban kilos yo juré que le faltaban besos. La besé sin pedir permiso y fue la gloria.

Creo que podríamos haber hablado de frío a no más de tres centímetros de distancia, e ignorar tiritando de deseo cuantos veranos fuesen posibles caber en nuestros abrazos.

Es más, hasta esa noche yo no había logrado entender el verdadero significado de la sed hasta no sentir sus manos acariciarme la nuca. Me di cuenta que de rodillas el cielo estaba exactamente a la altura de mis labios, mientras sus muslos se abrían como quien abre un inmenso paréntesis en el arcoíris, o como quien cierra un pasado.

Inclusive, podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia, observar con la inocencia perdida nuestro reflejo en los charcos, pero decidimos ser los dueños de la próxima tormenta, porque desnuda ella me parecía una playa donde naufragan las islas.

Gemía, y toda la habitación bailaba como si ella tuviera en la garganta los acordes de mi vida. Como si la música no existiera sin su boca. Traduje sus suspiros al idioma del deseo y toda mi existencia se resumió a sus labios.

Nos leímos despacio, y me di cuenta que tenía adjetivos en las caderas que aún ni conocía. Tenía en las manos miles de puntos suspensivos, y en sus ojos había una infinidad de signos de exclamación. Decidí llenarle la vida de palabras esdrújulas, con sueños de verbos en futuro perfecto y un amor en el pluscuamperfecto.

Pero nada es infinito en esta vida, y tuve que cerrar el paréntesis después de silabear su nombre en un susurro. Como quien cierra una estrofa. Para quedarnos dentro, perdidos en un abrazo eterno. Pero si por acaso nos quedó algún recuerdo escondido, ciertamente las canciones lo han de encontrar mañana.

Revelo sin necesidad de alarde, que desde esa sublime noche nos pusimos a coser los meses de invierno en el quicio de la puerta e intentar descifrar la vida en el vaho de los suspiros, porque nombrarnos nos sabía cómo un beso largo en la boca. ¡Una gloria sin fin!

Llanto de Zorzal


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Recuerdo que no hace mucho, a los dos nos envolvían los abrazos y a todo ceñimos juntos con un abrazo. Me refiero a esos, los de todo tipo. Sin embargo, de a poco nos fuimos olvidando de lo más transcendental que existe en la vida, hasta que nos transformamos de pronto en dos simples desconocidos con muchos recuerdos en común.

No es sin pesar, que hoy debo reconocer que tú has sido una efímera ráfaga de felicidad infinita que la tormenta de la pasión alcanzó a destruir antes de dar tiempo a que el propio tiempo pudiese cimentar las ilusiones partidas.

Hoy ya no entono poesías, niña mía. Canto penas que a duras penas arranco de las cuerdas de mi etérea guitarra. En el momento, sin rumbo, ya no canto desde mi garganta esas voces elementales que en las tardes estivales pasaban verde su canto como el torrente de llanto vertido por los zorzales.

Otrora fueron verdaderos acordes del sentimiento que lograron brotar de afecto junto al alboroto del viento que se entretenía desflecando tus cabellos. En ese entonces, yo solo ansiaba con afición que el arrullo de mi ronca voz de milenarias ilusiones, realizara en ese viaje mío una música de ensueños que arrullase el conluio de tu encanto.

Fue hundido en esa placidez sonora que alcé el cenit de mi canto, más bien por orgullo que por halago, en un cielo con mil estrellas a mis pies.

En este momento, solitario, profundamente angustiada, ya no tiembla mi guitarra como tiembla de amor una novia apasionada. Hoy sólo las sombras escuchan a quien ahora entre sombras canta, y sé que en breve, un día entre los días, Dios habrá de juzgar esa ave cantora que ahora anida muda en mi alma.

Náufrago


11- naufrago

No hay instante en que no sueñe con zambullirme en tus brazos, como mar, para, leve como barca de papel, me lleves calmamente en tus mansas olas de dulces besos, hasta las blancas arenas de una isla de ilusión.

Hoy no soy más que un náufrago del amor a deriva por este anchuroso océano de la vida, lejos de un puerto seguro donde poder acrisolar mi vagante nao.

Soy alma desamparada y mustia que clama, en gritos ahogados, por las caricias y los besos de una niña mujer que me acoja de vez en el seguro refugio de su corazón.

Ansioso y famélico de besos y ternuras, ando vagando claudicante al margen del horizonte de la existencia, temiendo morirme pronto de inanición de amor.

Desencantado, de sol a sol advierto, niña de mis dulces quimeras, que estoy sin fuerzas para mudar la dirección en que el viento sopla, aunque estoy seguro que a cualquier momento, obedeciendo a tu voz, podré ajustar las velas de mi desvencijado bajel para juntos alcanzar el destino de nuestras almas.

¡Ten pena de mí, niña! Abrázame, bésame y quiéreme ya con todo tu espíritu y todo tu ser. Salva, con tu gesto piadoso, de la muerte segura a éste desamparado del amor.

¡Ábreme las puertas de Edén! Acógeme en tus brazos y apártame de las tinieblas profanas en las que me encuentro perdido. Muéstrame con prisa todo el albor que el amor produce. Cíñeme ya con tus abrazos de amor y a todo lo ceñiremos después en un único abrazo.

No consientas que mi prematura muerte a causa de la abstinencia de tus besos, se convierta mañana en un pesado fardo de tu conciencia.

Sálvame ya de mi martirio mundano, y partamos juntos cuanto antes hacia el paraíso terrenal.

No Hagas el Ridículo al Conocer a tus Suegros


Todos saben lo cuanto es agradable disfrutar de los aguamieles del amor en compañía de esa persona que consideramos especial. Los cariños, los besos y los abrazos son parte del enamoramiento… No obstante, mientras más se avanza en la relación y ésta se va formalizando, llega el punto de dar el siguiente paso…

Al contrario de lo que ahora estarán pensando aquellos de mente empeorada, no me refiero a ello, y claro que tampoco es precisamente casarse, ni tampoco pedir su mano. Antes de llegar a estos niveles, se debe pasar por una gran prueba, y eso significa nada más y nada menos que conocer a los suegros.

Para la gran mayoría de nuestros prójimos, la primera visita siempre causa muchos nervios y, aunque uno esté bien dispuesto para enfrentarlos, siempre sentimos temor e incertidumbre por la actitud que tomarán esos temibles personajes que fuimos a visitar… Las preguntas siempre nos han de perseguir, convirtiendo el momento en un episodio un tanto hostil.

Además, por alguna extraña razón, siempre que conocemos a los progenitores de nuestra novia/novio sucede algo que nos hace quedar en ridículo, y lo único que queremos en ese momento, es que la “tierra nos trague”. Es por ello que la visita a la casa de los padres de tu novio o novia puede ser toda una odisea, ya que hay ocasiones en las que todo parece estar en tu contra.

Buscando contribuir sobre el tema, hago aquí una convocatoria para esos muchos intrépidos incautos, a fin de que compartan los “osos” que otros vivieron durante la primera vez que visitaron la casa de los padres de la novia (o). Algunos casos resultaron interesantes.

Tener nervios, tartamudear o decir tonterías. Es lo más común. Los nervios generalmente nos hacen su presa y cuando eso sucede, se derivan varias acciones, entre las que se destaca volvernos tartamudos…

Que te sirvan de comer algo que no te gusta y no puedas decir nada… Ésta situación es clásica; los padres no tienen idea de lo que te gusta o no, así que cuando vayas a la casa de los susodichos, ve dispuesto a ingerir lo que sea… Esto incluye tortitas de col, hígado encebollado y otras exquisiteces de la gastronomía…

Ir al baño y lo que resulte. Las idas al baño son de las cosas más difíciles de hacer cuando estás de visita en la casa de los padres de tu novia (o), si de pura casualidad te cayó mal la comida, el baño se puede convertir en tu peor enemigo, ya sea que lo tapes, que no haya papel, o que simplemente hagas ruidos extraños que se escuchen hasta la mesa…

Emborracharte. Si no eres muy bueno para la bebida, mejor no tomes; corres el riesgo de salir gateando y, por consiguiente, hacer varios ridículos, como vomitar, decir cosas de más, quedarte dormido, entre otras…

Cambiarle el nombre a la pareja. Los nervios traicionan y hay veces que le puedes cambiar el nombre a tu novia enfrente de sus padres, de llamarse Carmen se puede convertir en Karen…

Confundir a la madre con la abuela. Antes de abrir la boca y hacer la plática, mejor espera a que todos se presenten para evitar momentos bochornosos…

Que tires la comida en la mesa. Imagina la escena: todos sentados comiendo alegremente en la mesa y de repente, un mal movimiento ocasiona que tires varias cosas, entre ellas la salsa roja… Por si fuera poco, la mesa tenía el mantel blanco especial que había tejido la abuela…

Enfermarte del estomago. Las idas al baño pueden aumentar, pero ese no es el principal problema con el que tendrás que lidiar; las flatulencias olorosas y no deseadas pueden hacer su aparición en el peor momento, tal vez en el comedor o en la sala…

Conocer a la tía chismosa. Tía, tío, primo, prima quien sea, pero este familiar te puede arruinar la excelente tarde en casa de tus suegros, imagina que llegue y lo primero que diga sea:Ah sí, ya me lo habías presentado en otra fiesta con su esposa”.

Romper la reliquia de la familia. Nunca falta, hay familias que les encanta presumir su casa, adornos y accesorios… Y también, nunca falta el novio o novia con “manos de estómago” que todo lo que toca lo despedaza…

De esta forma simple y desnuda, queda aquí registrado un mensaje destinado a todos los abstemios encaprichados y las intachables vírgenes reconocidamente juiciosas, para que después no tengan que andar por el planeta pronunciando asnerías de gelatinosos desatinos filosofales que sólo servirán para conturbar el sistema, ni tener que repetir porquerías aquí escritas sin importancia… ¿Histriónico, no?

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