Aquí Estoy


Me sorprende como así, sin más, de pronto un leve golpe de viento abre las puertas y ventanas de mi vida, dándome dan ganas de saltar y bailar. Ganas de volar también, porque a esto que yo siento le llamo caída libre, ya que contigo nadie me empujó. Fui yo quien se lanzó de vez al infinito de la pasión, sin importarme si tú eras abismo, o acaso si tus profundidades serían oscuras… Simplemente me enamoré.

Sé que estás ahí, en las puestas de sol, en los amaneceres de hoy y de mañana, sembrando tu confianza en un mundo arruinado atiborrado de amores imposibles.

Sé que estas frente al mar, en cada ola que besa la arena blanca, mientras yo te descifro a solas en la soledad, sin que mis preguntas indiferentes alcancen tus oídos, sin que mis preguntas ciegas admiren tu rostro.

Aquí estoy, con una respuesta rota, con mis dudas pobres y agónicas, con mis imperfecciones. Pero no debes juzgar mal este falso abandono mío, pues yo estaré siempre donde tú menos los esperes: en tu alma de mujer madura.

Cómo Olvidarte


Cada día es un comienzo nuevo, porque esa es la hora y el mejor momento para amar y ser amado, cuando todo se asemeja a las eternas rocas que sobresalen mismo estando enterradas en la tierra. Quien las contempla sabe que son motivo de escaso goce, pero al mismo tiempo comprende lo cuanto son necesarias para el equilibrio del mundo.

Pero a mí me persigue su sonrisa… maldita sea. ¿Alguien ha visto alguna vez un atardecer en la playa? Ella tiene esa misma calma, la misma magia, el mismo hechizo, pero en su boca.

Cuando llega la noche la almohada pide que le hable de otras cosas, que le cuente algo más interesante. Perdidos en esas pláticas ahogadas, de a poquito en poquito experimento olvidar lo que por las noches tanto me ha hecho llorar, hasta que el perdón logre borrar lo que el tiempo no pudo.

A bien verdad, en absoluto podremos olvidar totalmente a quien amamos, si es que en algún momento de nuestra vida escuchamos juntos una canción y la hicimos nuestra.

 

 

No Quiero


Insisto, no me inventes cualidades ni virtudes, que yo no soy diferente a miles de mujeres que mueren o las que nacen a diario. No soy perspectiva, soy realidad.

Tampoco quieras cargarme con la responsabilidad de una mirada encantadora. No me incluyas en tus sueños de mujer prefecta. No quiero que me idealices con las cuestionables mansedumbres de la vida. No puedo, no quiero serlo.

Entiende que la cadencia de mis caderas no tiene el ritmo de tus deseos, ni mis labios saben a tiempo o a miel.

Yo no tengo ese tipo de dulzura con la que todo hombre enaltece a su dama, como tampoco llevo la fragancia de un perfume inolvidable preso a mis cabellos.

Lo que sí quiero, es que te sea indiferente si mi voz canta o grazna. Yo no soy canto, soy tan sólo palabra.

No coloques otros roles a mi vida. Soy, sin más, realidad, defecto y caos, y es justamente así como puedes nombrarme.

No permitiré jamás que me pretendas mujer celestial. No puedo. No quiero serlo.

 

Condena


El amor, cuando cabe todo él dentro de una sencilla flor, puede llegar a ser infinito, pero cuando de repente uno ha sido desterrado de ese refugio seguro que nos proporciona el amor y la pasión, entonces avanza contra el mundo y al mismo tiempo le teme.

En ese pasadero instante, con el corazón hecho añicos, uno construye con sus versos tristes otro mundo artificial que lo sustituya, dejando que sus poemas giren en torno a él, así como las flores lo hacen frente al sol en las mañanas de primavera.

Lo que nos queda, es esa gran sensación de vacío que se adueña del cuerpo cuando alguien se te mete en los sueños de tu vida, los destruye y luego se marcha. Restan entonces las mañanas en que ya nadie nos despierta y las noches en que ya nadie nos espera.

Ha de ser siempre así, como si las palabras y su tiempo estuviesen desajustados, como lo que debiera decirse ya no fuese oportuno, así como no lo será el día en que nos falte la vida y nada podrá ser dicho ya.

Alarmas del Alma


Nos acostumbramos a vivir de alarma en alarma, al punto de inventar para nuestro estilo de vida los propios alertas emocionales capaces de enfrentar los desvaríos humanos.

Durante el transcurso de la vida, el sosiego y la inocencia de nuestra primera infancia se alteró por las peores alarmas de espanto, hasta que finalmente vemos que está implícito que no hay tiempo a perder en tonterías.

Cuando llegamos cerca de la mitad de la vida, digamos entre los cuarenta y los cincuenta, al fin aceptamos que la eternidad no existe. Es entonces cuando suele aparecer un sentimiento inmenso y notable llamado aceptación.

Pasamos a conocernos más que nadie, a saber quiénes somos y que nadie vendrá ya a contar un cuento chino o un sueño de Disney, y surge esa gloriosa sensación de decir lo que nos viene en mente y aliviar el alma sin guardar formas.

Es un tiempo en que hemos ido acumulado mil historias privadas que nos causan risas inesperadas, y que nos hacen revivir el brillo que tenían las travesuras de niño… Pero eso sí, ahora con intemperancia de adulto.

 

 

Voces y Rumores


Suele suceder. Por veces afloran épocas en que el mundo se convierte en nada en un santiamén, aunque escondidas en medio a toda esa nada suenen voces.

Son voces variadas que se complementan con ecos de gente que grita, solloza, canta, habla y hasta despotrica en causa propia contra ese destino sorpresivo que los asestó en media a un trance inesperado.

Dentro de esa misma nada también existen otras voces que imploran y oran con cierta convicción dudosa, mientras tanto otras no pasan de exhalaciones y suspiros de esperanza dirigidos hacia algún santo casamentero mal recomendado.

Los que gimen y sollozan dentro de esa nada tienen el llanto transparente, pero para eso tienen los párpados, que sirven para tornarlo opaco antes que resbalen sus lágrimas.

Dentro de esa intención primaria está también el drama de la desencantada que carga con su fantasma. Sin embargo ese día ella se quedó en silencio, cuando él la abrazó por la espalda y le murmuró suavemente al oído: “Quiero llenar tus días de alegría, déjame acariciar tus tristezas”.

Devaneos


Mientras afuera llueve, permitamos que el cortinaje gris que en pesadas gotas se desmorona con prisa de un cielo lloroso, se asemeje mucho más a una reja que nos aprisiona y prende en un devaneo de amor.

Ven, siéntate aquí, junto a la ventana. Demos cuenta ya del café mientras, silenciosas, nuestras miradas se cruzan y nuestras mentes vagan entre sueños e ilusiones.

No hables, por favor, no digas nada. Tan sólo consiente a que una de mis manos se ahueque serena en tu rostro para que pueda sentir el jadeo de tu piel de durazno maduro.

Toma ya mi otra mano entre tus manos. Mantenla presa como quien detiene la vida entre suspiros.

No, no hables. Cierra los ojos y permite, como si fuese el humo que se eleva de dos ascuas en llamas y se enreda en uno solo, que nuestras almas se unan también en una sola y se eleven a la eternidad, perdidas en la oscura noche de las ilusiones.

Entonces verás que nada nos detendrá ya, ni los sueños, ni las quimeras.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes

A %d blogueros les gusta esto: