Reconozco


Reconozco que he llegado a destruir las normas que me guiaban y junto a ellas todos mis consuelos. Logré pervertir la sonrisa, y aun así no consigo decir no por última vez a tu calma fatigada y a tu infinito sin rumbo.

Sonará extraño que lo mencione ahora, no obstante, pese a todo, tuve tiempo de decirte cuan sencillo es amar cuando no importa que el futuro sea una oscura y espesa hojarasca del rastrojal de la vida.

Es probable que mi manera tan poco suntuaria de decirlo, haya sido lo que permitió que optásemos por una de entre todas nuestras mutuas tentaciones para vivir ese prototipo de estupor alegre que no carga culpa ni disculpa, pero que sin duda es el que ha nutrido de optimismo nuestra pasión.

Lo que sigue ya lo sabes, o quizás lo supongas, pero entre tantas cosas por decir, me queda pendiente un ojalá pueda estar siempre en tu sueño junto a tu cama vacía.

Mientras tanto, te guardaré en la retentiva esperando por la luz de tus ojos en cuanto te miro con ojos de nostalgia en el recuerdo.

 

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