Derroche Amor


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Normalmente, todo aquel que pierde el amor padece de insanos agobios al igual a cualquier otro ser cuya vida de repente se ve empañada por fortuitos pesares, momento en que, ya sin ánimo, consiente que su entorno se convierta adecuado para un ente tonto acosado por memos delirios que harían parte integrante de una obra teatral griega. No es para menos.

Sin embargo, todos necesitamos un poco de frivolidad y un poco menos de moderación de vez en cuando. No es el caso de sugerir que seamos derrochones de amor ni que no seamos moderados en esas cosas del corazón, o dejemos de hacer planes sensatos para el futuro. Pero, lo que ocurre, es que todos tenemos necesidades actuales que con frecuencia se convierten en brechas permanentes de ánimo, cuando no en inmensos precipicios en nuestra vida, al momento que esas carestías no se concretan.

El hecho de alguien pasar por alto o querer ignorar las posibilidades de amar y reír en el presente, llenar su vida con planes idílicos para un mañana que puede parecer más que nebuloso, implicaría en el peligro o la eventualidad de verse expuesto a la irrefutable posibilidad de agenciar una pérdida irreparable permanente, visto que el tiempo, sutil mediador silencioso de nuestras vidas, es limitado hasta en los más jóvenes.

Con frecuencia pasamos la vida portándonos en forma sensata, principalmente si es para el bien de los otros. Por tanto, eso del sentido común, la prudencia, la sensatez, el renunciamiento, son cosas importantes, siempre y cuando estas no sean las únicas en nuestra vida.

Ya que la falta de conciencia es con máxime frecuencia la responsable de que muchos de nosotros desperdiciemos una parte importante de nuestra vida, ciertamente, todos precisamos aprender algo de nuestro corazón aunque éste nos duela, ya que mismo siendo él un órgano hueco y muscular, de alguna manera prodigiosa se las arregla para lograr ocuparse a un tiempo de latir y de las emociones en el mismo segundo.

Ame ya, pero nunca entregue su miocardio a quien sólo se interesa por su epidermis. Encárguese de la gente que lo quiera, y deje a los que le hacen daño que se encargue la vida, porque la tragedia, quiérase o no, es que el tiempo perdido sin amar se ha ido para siempre.

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