Un Dios Vengativo nos Influencia


¿Por qué a lo largo de la historia de la humanidad tantas sociedades acreditaban en la existencia de dioses vengativos que enviaban castigos violentos a sus propios devotos?

En primerísimo lugar, cuando hablo de una “civilización” me refiero a una sociedad que ha alcanzado un gran desarrollo tanto en su economía como en su organización política, su producción cultural y su religión. Siendo así, la civilización pasa a ser el grado más alto de desarrollo que puede alcanzar una sociedad.

Sabemos que a lo largo y ancho de la historia se ha ido creando gran cantidad de civilizaciones y cada una de gran relevancia: Civilización Romana, la Civilización Griega, la Civilización Maya, la Incaica, o la Civilización China… Mismo así permanece una duda: ¿qué es exactamente una Civilización?

Pues bien, una civilización implica una eficaz adaptación al medio, ya que debe alimentar a enorme población. Dicha adaptación puede lograrse a través de agricultura de roza (como los Mayas) o de agricultura intensiva (Egipto, Incas, Aztecas, etc.). De acuerdo a las características particulares del medio ambiente en que cada civilización se ha desarrollado, fueron implementadas diversas técnicas para favorecer los cultivos y superar los obstáculos naturales propios de la región.

Cuanto a las creencias y religión de esas multitudes, muchas de las creencias de los pueblos primitivos se basan en las creencias mesopotámicas. El convencimiento de que los astros como el sol o la luna eran seres superiores a los hombres, hicieron de estos dioses los mayores junto con los cinco planetas más importantes, Marduk o Beli, Dios de Júpiter y de babilonia e Ishtar, diosa del planeta venus, que representaba la guerra y el amor que era especialmente venerada en Nínive. Los dioses eran considerados como seres terribles que solo protegían a los pueblos que los adoptaban y que veían con agrado como sus fieles mataban a los hombres. En las elecciones de reyes, estos siempre se referían a sus hazañas bélicas y a como peleaban en nombre de sus dioses.

Luego los dioses fueron reemplazados por figuras animales, aunque en la época babilónica estos tenían forma humana y solo los brujos y los dioses malos tenían la cabeza en forma de animal. Por ejemplo, los babilónicos creían que la voluntad de los dioses podía interpretarse por el vuelo de los pájaros, por los sueños, por la posición de los astros.

En la China antigua coexistieron e interactuaron el confucionismo, el taoísmo y el budismo. Las dos primeras surgieron en China, y la tercera fue importada desde la India.

Los egipcios, por ejemplo, eran politeístas ya que creían en varios dioses como Amón, Anubis, Apis, Bastet, Bes; Cnum, Hathor, Horus, Isis, Neftis, Osiros, etc.. Y en los Mesopotámicos la religión era politeísta, y en cada ciudad se adoraba a distintos dioses, aunque había algunos comunes. Entre estos podemos ver a: Anu, Enki, Innanna, Ea, Enlil.

Con todo, en relación a la pregunta inicial, se afirma hoy día que una de las razones puede residir el hecho de que la creencia en un Dios con esas características -y el miedo que adviene con ella- parece inspirar a las personas a dejar el egoísmo de lado y trabajar juntas en un fin común… Inclusive a los políticos, afanosos en común por la plata.

Ese fundamento que ahora se alega, resulta del estudio de unos científicos de la “Universidad de British Columbia”, en Vancouver, Canadá, quienes se encargaron de entrevistar a 600 personas de comunidades indígenas con varias creencias y religiones diferentes, incluyendo el cristianismo y el budismo.

Para tal fin, los estudiosos solicitaron que los entrevistados jugasen un tipo de juego en el cual deberían distribuir monedas -de mentirita- entre los otros participantes, incluyendo personas que compartían la misma fe, pero que ellas aún no se conocían.

El caso es que las personas que acreditaban en la existencia de los castigos de Dios mostraron una probabilidad mayor de dividir sus monedas con los de su misma fe, de que con personas de religiones diferentes.

Como consecuencia, los investigadores afirmaron: “Nuestros resultados apoyan la hipótesis de que la creencia en dioses moralistas y punitivos es lo que aumenta el comportamiento imparcial direccionado a personas que comparten la misma religión, y por tanto eso puede contribuir para la expansión de la sociabilidad”.

Opino que luego aparecerán los mismos escépticos de siempre para querer probar lo contrario. Sin embargo, ha de quedar siempre en suspenso si la Realidad existe mismo o sería solamente un músculo de los medios para atiborrar nuestros cerebros con pretensas ideas de algún placer engañador… ¡Habría que ver!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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