Esa, ni Tarzan la Sabía


No ocurrió exactamente en la frondosidad de la jungla, pero hace poquísimos días algunos médicos del “Hospital Universitario de Daca”, de Bangladesh, se depararon con un caso nada común a los ojos humanos. Como consecuencia del suceso, ese equipo de galenos se está preparando ahora para operar dentro de poco a Abul Bajandar, que, por increíble que pueda parecer, desenvolvió verrugas con apariencia de “cáscaras de árboles” en las manos y en los pies… Porque puede que necesiten consultar primero a un ingeniero forestal, un botánico y un auxiliar de jardinería antes de efectuar el proyectado desmoche en Abul.

Dejando de lado estas imaginaciones de carácter socio-político-ambientalista, el problema de este joven es conocido como “dolencia de hombre árbol”, una condición rarísima en los humanos -que ni Tarzán sabía de su existencia-, según lo informa la coordinadora del sector de cirugía plástica del mencionado hospital, Samanta Lal Sen, en entrevista concedida a la agencia EFE.

Dicha anormalidad física comenzó a surgir poco a poco hace 10 años. Hoy con 26 años -y sabiendo ya que no eran las uñas lo que le crecían-, Abul es incapaz de usar sus pies y manos para trabajar en la región donde vive, en la ciudad de Khulna. Con todo, él terminó siendo internado el último sábado 30 de enero y ahora aguarda para saber cuándo realmente podré ser operado.

“Se trata de una “epidermodisplasia verruciforme”, enfermedad rara no contagiosa de la cual conocemos pocos casos en el mundo. Yo misma nunca había visto una cosa igual”, confesó Samanta, aseverando que los médicos del hospital realizarán análisis y estudios más detallados durante las próximas semanas para evaluar si realmente es posible operar el paciente.

“A priori, no existe cura para esa enfermedad. Nuestro objetivo será proporcionar un alivio al paciente, mejorar su condición de vida e intentar conseguir con que sus manos y pies vuelvan a ser funcionales”, afirmó la especialista. Entre tanto, considera que existe la chance de las verrugas volver a surgir con el pasar del tiempo.

Por su vez, el joven Abul es casado y tiene una hija de tres años -dejando evidente que las verrugas no le impidieron entretenerse por las noches entre las sábanas y cuatro paredes-. Una familia que sustentaba con su trabajo de chofer, no obstante después de perder las manos para la anomalía, largó el empleo y ahora pide limosnas en la calle… Si bien perdió la oportunidad de trabajar camuflado como guardabosques.

El propio Abul fue quien se encargó de explicar al periódico “The Daily Star”: “Actualmente necesito de ayuda para realizar todas mis actividades diarias, inclusive comer y tomar baño -incluso cuando mueve el intestino-… El peso de las verrugas hace con que mis brazos cedan y el dolor aumenta cuando tengo que moverme”….

Desafiando escepticismos, sobradamente justificados después de millares de relatos leídos y oídos sobre las vidas ejemplares de perros y su impertinente dedicación en querer regar cuanto árbol encuentran, diría que la decisión de Abul ir definitivamente al médico no tendría porqué sorprendernos, una vez que, según las apariencias, se sintió cansado de que hasta los perros lo mearan todos los días… ¡Un absurdo!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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